Hay que levantarse de un salto y salir raudo a la calle, al campo, a la playa o a la montaña… Hay un espectáculo gratuito que alegra la vida, que da euforia y ganas de vivir, de hacer cosas, de ganar dinero, reir, divertirse, beber vino y trabajar, por supuesto. Sin el motor de las emociones y de los sentimientos, sin la confianza en uno mismo y en la Providencia, toda la Civilización Occidental no habría sido posible. Ese espíritu de aventura, descubrimiento, exploración es una buena razón para luchar y vivir y dejar más de lo que hemos recibido a nuestros hijos y nietos.
G. Tresmontes, 19 de enero de 2008
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