Archive for 31 diciembre 2010

FELIZ NAVIDAD !!! (via URANIA)

31 de diciembre de 2010

Deseamos que Europa encuentre sus raíces y su vocación de futuro.

Para esa misión es una buena bandera la NAVIDAD del año 2010.

…Hoy, 31 de Diciembre del año 2010 de la Era de Cristo……

YRANIA Saluda a sus colegas URANIA (www.tresmontes7.wordpress.com)

Y también a HYRANIA ( http://www.hyrania.wordpress.com).

… que DIOS reparta SUERTE a todos!

31 de diciembre de 2010

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via URANIA

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guerra y paz … ó paz en la guerra

18 de diciembre de 2010

En realidad la paz absoluta no existe….  lo que existe es una mezcla de paz y guerra, es decir… momentos de paz relativa en medio de una guerra permanente, que es el devenir de la historia… de la historia conocida y  de la prehistoria mitológica… (ALEX BLACK, …en el verano de 2006)

Esta idea, que me  ha sido sugerida por la lectura del gran Heráclito… la he visto confirmada por un texto hallado por azar en un foro asturiano. Espero que su autor, que  firma con el pseudónimo de Zarpax, no me ordene suprimir el texto que a continuación copio del citado foro:

Estudiar la guerra.
…………………

A ver Q….

Estudiar la guerra, pensar la guerra, el conflicto, que es algo que siempre ha existido desde que el hombre es hombre, no es ni desearla, ni añorarla, ni es un “¡Viva a la guerra y la muerte!”.
Tampoco el que la piensa necesariamente ha de ser un militar o un “militarista” aunque no sea un pacifista.
Este “chiste” del Q., me molesta porque es nítidamente una mentira basada en el desconocimiento del asunto. ¿Por qué es una mentira o un error? Porque los soldados que empuñan el fusil y la bayoneta como el del chiste no piensan la guerra. Ellos la hacen, pero no la piensan.

Pensar la guerra es propio de la filosofía, de una muy alta filosofía (me refiero al tema), porque la guerra es un asunto grave, muy grave, y no puede ser dejada en manos de los políticos ignorantes ni en manos de los soldados ignorantes.

Por supuesto no me refiero al estudio de una guerra concreta porque eso no es ni pertenece a la filosofía, sino a la historia. Así, hablar de los “estudios de la Guerra Civil española” es mera ideología y eso es anacrónico. Eso será una “historia” o un relato como otros muchos…, pero no será pensar lo más objetivamente posible la guerra.

No creo yo que se pueda tildar a Raimond Aron de belicista o de militarista por haber estudiado la guerra en su opus <Paz y guerra entre las Naciones>.
Ni Clausewitz ni Aron, ni ningún otro estudioso de la guerra ha expresado jamás que le guste o ser un aficionado o un defensor de ella, por mucha que fuese la fascinación del primero, de Clausewitz, ante la guerra. La guerra, siendo el horror más grande no gusta a nadie. Absolutamente a nadie. Ni a un Hitler.
La guerra, que al decir de Clausewitz es un asunto grave, no debería nuca ser tratada con ligereza, como si fuera cosa de risa o como si la risa la “desarmara” y la hiciera “pacífica” o inexistente. Al contrario, la risa sobre ella es belicista y tiende al conflicto al no saber tratarla en sus justos términos.

El graffiti que he encontrado por la Red y que ven ustedes aquí arriba es -aparte de su necia ingenuidad- un insulto a la inteligencia y una boutade, un acto inconsciente propio de un gran ignorante que, más que ayudar a la paz, ayuda al desconocimiento de la guerra y del ejército y crea una nefasta ideología que sólo sirve al ocasional “enemigo” que se aprovechará siempre de ella. Porque la guerra, digan lo que digan los alelados de los pacifistas, siempre estará con nosotros y nunca nos abandonará, ya que ella es parte inherente de las biocenosis que han dado lugar a lo que somos. Y renegar de lo que somos es de necios. El Jardín del Edén aquí no existe, y la realidad es lo dura que es.

Si, por ejemplo, la guerra “es una confrontación de voluntades” (para doblegar la una a la otra), como dice Clausewitz…, para acabar con las guerras antes habríamos de acabar necesariamente con esas “voluntades”, lo cual es, también, cosa de necios.
No se hace, pues, la guerra con la paz, sino al revés: se hace la paz con la guerra, “en su seno mismo, hay que buscar la paz; la paz en la guerra misma”, como dijo Miguel de Unamuno. ¡Si quieres la paz, efectivamente te has de preparar para la guerra!
Pensar la guerra es así cosa del hombre virtuoso, no es cosa del “pacifista” ni del que al pensar el horror que es, se desmaya sin haberlo realmente experimentado. Tampoco es cosa del belicista.
La guerra es mala, es lo peor…, pero es humana, es nuestra. Así, el mayor insulto a la inteligencia nuestra es oír aquello de que la guerra es “inhumana”, porque los inhumanos, los no humanos, esto es los animales no humanos, no hacen guerras (la selva), por tanto lo “inhumano” si acaso es la paz eterna y el diálogo habermasiano infinito del alicio de turno que piensa que la Ciudad de Dios ya ha llegado a la Tierra. Esto es una verdadera salvajada. Amén.

[Dos cosas: Una que los humanos no se arrean los unos a los otros “como todas las demás especies”. Esto es falso.]

Los animales humanos se relacionan con las demás especies de múltiples maneras (arte taurino, caza, pesca, religión (los númenes) y se come como ellas a todas las que puede, pero como ellas…, no hace con ninguna de ellas “la guerra” (werra), pues la “guerra contra las cucarachas” o contra las plagas no es verdaderamente una guerra, puesto que ninguna de esas especies es “enemigo” nuestro tal y como lo son otros hombres enclasados dentro de un “Estado enemigo”. Es decir, que la guerra sólo es posible entre Estados, y como los demás animales no constituyen Estados, no hay guerra con ellos… Ni ellos hacen jamás la guerra (bellĭcus) con ningún otro animal, sea de su misma especie, sea de otra especie. La guerra es nítidamente y solamente humana y entre humanos enclasados en alguna Unidad política, cuando esto no es así lo que hay es una “pugna”, una reyerta.
La guerra no es ni lo que dice el RAE: La “Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias”, pues ello significaría que el “estado natural” es la paz, de donde surgiría la guerra, lo cual ya hemos asentado que es falso. Es al contrario, es la paz, la firma del armisticio o el “cese de hostilidades” el fruto de la guerra, del estado natural del hombre para el hombre según la famosa teoría hobbesiana.
La guerra no es “una lacra social”…, sino un resultado lógico y ecológico del estatalismo y de la civilización, y no es tampoco lo que genera más sufrimiento en este valle de lágrimas:
<En 2000, más de 1,2 millones de personas murieron como consecuencia de accidentes de tráfico, lo que hace de ésta la novena causa más importante de muerte en el mundo. Se prevé que en el año 2020 esta cifra prácticamente se haya duplicado………..los accidentes de tráfico en carretera provocan más de 40.000 muertes en la Unión Europea y producen costes conexos directos e indirectos estimados en 180.000 millones de euros, o sea el 2 % del PIB de la Unión Europea.>
¿Alguién protesta por estas muertes y por este sufrimiento muchísimo más grande que el generado en las guerras actuales? ¿Por qué consideramos “normal” estas muertes y este sufrimiento por “accidente” de tráfico? ¿Por qué no consideramos a la guerra un “accidente”? Pues un accidente es sólo el “suceso eventual que altera el orden regular de las cosas”…, aunque esto del “orden regular” sea muy discutible y hay que tener la noción de “accidente” muy clara.
La guerra -en tanto curso de la sociedad política-, pertenece al eje circular del Espacio antropológico y solamente a él.
…………..

La otra y segunda cosa es que el sufrimiento del que habla Q., eso de “las calamitosas enfermedades que nos da la vida”, es irrecurrente y de nada vale clamar contra él. La mayor mortandad y el mayor sufrimiento lo da la vida al matarnos: la tasa de mortalidad es aquí absolutamente del 100%. Nadie excepto los alumbrados religiosos clama contra este fatum.
La causa mayor de las muertes ocurridas en el mundo son las enfermedades cardiovasculares: Principales causas de mortalidad en el mundo. La guerra no ocupa casi nunca un lugar elevado en las estadísticas: http://www.gstriatum.com/info/general/53-mundial/629-principales-causas-de-muerte-en-el-mundo .

La existencia es la que es y en esto hay que ser estoicos, “Nec Spe Nec Metu: “Nada espero, nada temo”. De nada serviría decir que así como se lucha contra las enfermedades y las muertes causadas por el tráfico, hay que “luchar” también contra la misma lucha que supone la guerra, pues la lucha contra la guerra es la guerra misma, ya que es esta guerra la que establece la paz. Y nadie, excepto el que puede, está mejor capacitado para saber y decidir cuando conviene o no conviene la guerra y cuando conviene la paz.

Nota de YRANIA: Este texto sobre la guerra está tomado de un comentario que José María Rodriguez Vega publicó en el foro Amisalas.

Los gentiles somos gentiles

4 de diciembre de 2010

*Los términos ‘gentil’ y ‘gentilidad’ no tenían, en su origen, nada que ver con ‘cortés’, ‘cortesía’, o términos afines. Eran las palabras que judíos y cristianos usaban para designar a aquellos que no eran judíos o cristianos, y se usaban de forma peyorativa para designar a todo otro –la ‘gente’, o las ‘gentes’. Estos términos son traducción del término hebreo ‘goy’ (‘goyim’, plural), de igual significación. El término griego para el caso es ‘etne’ (acuérdate de la música ‘étnica’); recuerda también que se suele hablar de religiones étnicas (a las cuales también podríamos denominar religiones gentiles), esto es, de religiones/culturas no universales, culturas ancestrales ligadas a un pueblo y que entran en pugna con el universalismo y el totalitarismo del cristianismo, o el islamismo (porque corren el peligro de desaparecer). Estos términos (‘etne’, ‘gentil’…) se usaban como equivalentes del concepto ‘pagano’ (que se refiere a las primitivas tradiciones campesinas –de ‘pago’, que significa ‘campo’ en latín), o del posterior ‘infiel’ usado por los musulmanes, y eran susceptibles de ser usados también como armas conceptuales; como conceptos generales, tenían (y tienen) la ‘virtud’ de hacer desaparecer a los diversos pueblos y culturas, de borrar las diferencias esenciales; la humanidad se dividió en cristianos y paganos, o en musulmanes e infieles.
Yo reivindico esta primitiva acepción del término ‘gentil’ para designar, como digo en el blog ‘Europa Gentil’, a la Europa no cristiana, no judía, o no musulmana; a la Europa autóctona y ancestral; a la nuestra, a la propia. Es como decir: “sí, nosotros somos los otros, los gentiles, y nos sentimos orgullosos de ello; nos sentimos orgullosos de no ser vosotros”. Es el orgullo y el honor de no haber roto el nexo milenario que te une a tu pueblo, a tu genio, a tu ser.

El uso actual del concepto ‘gentil’ (como sinónimo de ‘cortés’, ‘galante’, o ‘delicado’) comenzó en la Edad Media (siglos XII y XIII), y fueron los poetas del, así auto-denominado, amor gentil (Guitone, Guinizelli, Cavalcanti, Dante…), herederos de los poetas del amor cortés (los trovadores), los que lo retomaron y volvieron a ponerlo en circulación ya con esta significación añadida. De esta manera se distinguían de los cristianos. Era una forma divertida y sutil de oponerse a estos (a su ideología y a su poder), así como de burlar la censura. Confesarse gentil era confesarse cortés, y era confesarse no-cristiano… Hay que tener en cuenta la ambigüedad y, al mismo tiempo, la equivalencia lógica y semántica que introdujeron los poetas e intelectuales de aquel período en estos conceptos: ‘gentil’ valía como ‘cortés’, y como ‘no judío’, ‘no-cristiano’, o ‘no-musulmán’; un concepto llevaba a otro. “Sólo en corazón gentil cabe Amor…”, dijo Guinizelli. ¿Cómo hay que leer, escuchar, o entender esto?
Los poetas trovadorescos y los del ‘dolce stil novo’, los poetas del Amor cortés y del Amor gentil, son los poetas del dios Amor, del dios otro, del dios gentil. Aquella época fue para Europa un proto-Renacimiento, o un conato de ello; un destello de luz, un amago de aurora.
Todo este excurso viene a cuento por tu conexión de ‘gentil’ con ‘idílico’; te has movido en el campo de resonancias conceptuales del uso moderno del término ‘gentil’. Hay que tener en cuenta también el antiguo; o pensar en todos los usos posibles de un término, para hablar de manera filosófica.

Aclarado esto, te responderé. Ni idealizo, como dices en otro lugar, ni consideró idílico el pasado de mi pueblo, pues no se trata de eso. No se trata de que el pasado de mi pueblo fuera idílico o no (además, ¿desde qué punto de vista ‘idílico’; para quién?); se trata sencillamente de que es el pasado de mi pueblo, de mi gente, de mi sangre, de mi ser. Y no veo por qué he de abandonar o ignorar o desconsiderar el pasado propio, o, como sucede en las ‘conversiones’, abandonar el propio y adoptar el ajeno, lo que sería, en ambos casos, auto-alienación; bien al contrario, he de tener mi pasado en lo más alto, y he de anteponerlo a otros. Es lo que un pueblo no debe perder, so pena de desaparecer él mismo; es lo que un pueblo no debe perder en absoluto.
Te recuerdo que los cristianizados, sean de donde fueren, tienen a los patriarcas de los judíos como antepasados propios, y la historia de Israel y del pueblo judío como sagradas, así como santa a la tierra de Israel. Para los musulmanes, sean de donde fueren, y no sólo para los salafistas (de ‘salaf’, ‘antepasado’ en árabe), el período de los antepasados está en los primeros tiempos tras la muerte de Mahoma, descansa en los primeros califas; su propio pasado pre-islámico es como si no hubiese sido, lo que vale también para los pueblos cristianizados y su pasado pre-cristiano. El pasado pre-cristiano o pre-islámico de los pueblos es destruido, o satanizado. Es todo un despropósito. Multitud de individuos y pueblos con pasado y antepasados espurios; aquí y allá. ¿Qué pasa con sus verdaderos antepasados, su propia historia, y su tierra ancestral?

Es la propia ideología judeo-cristiana, no su manipulación, la que sumió a toda Europa en la oscura Edad Media, en un ‘invierno supremo’. Hasta el Renacimiento no se comenzó a resurgir. Se recuperaron poco a poco las tradiciones jurídicas, artísticas, filosóficas, políticas y demás de la cultura greco-romana –la democracia que tanto hoy apreciamos. Se recuperó la gentilidad. Volvimos a pisar terreno europeo. Estábamos en casa. Habíamos vuelto.
*Hay muchas historias truculentas, verdaderas y/o falsas, que pusieron en circulación en Europa los primeros cristianos para minar la confianza que aquellos pueblos tenían en sus propias tradiciones culturales. Se prodigo una visión negativa de las antiguas culturas –ya sin distinción, re-nombradas como culturas simplemente ‘paganas’. Se las despersonalizó, se las desdibujó.
Lo que padecemos hoy en Europa con los musulmanes es lo que el ámbito cultural greco-romano (y finalmente toda Europa) comenzó a padecer con los cristianos hace casi dos mil años. La misma crítica, la misma propaganda, la misma campaña de intoxicación, la misma estrategia de desprestigio y desmoralización de los pueblos a los que se pensaba cristianizar (ahora islamizar). El mismo proceso de aculturación y enculturación. La misma insidiosa destrucción de la memoria. Nuestras tradiciones discutidas, nuestros antepasados vituperados, mancillados; nuestro ser todo pisoteado.
Volverán a alienarnos culturalmente; volveremos a ignorarnos. La historia se repite. Perderemos de nuevo la recién recuperada gentilidad. (Estas frases puedes ponerlas también en interrogación; que pasen de aseverativas a interrogativas. La duda o la incertidumbre resultan menos dolorosas que la certeza; dan esperanzas.)
*

Nota de YRANIA: Este post está tomado del blog LA RESPUESTA DE EUROPA

Como comentario a este interesante e inteligente artículo… se me ocurre pensar que no fue gratuito el nacimiento de la sacterizaban por unos modos más agradables, afables, etc. que los característicos modales derivados por religiones fanatizadas o de pueblos de razas más adustas y brutales. Es así que con todo derecho podemos decir que nosotros, los gentiegunda acepción del término gentil… Posiblemente, la gente, es decir lois gentiles se fueron dando cuenta que ellos se carles, somos gentiles, es decir cortesanos, más liberales y amables…


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