SIMPOSIO… Platón (V): Agatón

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5.- DISCURSO DE AGATÓN (194E-197E)

–DICES BIEN, FEDRO; YA NADA ME IMPIDE HABLAR, PUES CON SÓCRATES
podré dialogar, también, después, en muchas otras ocasiones.
Yo quiero, en primer lugar, indicar cómo debo hacer la exposición
y luego pronunciar el discurso mismo. En efecto, me parece que todos
los que han hablado antes no han encomiado al Dios, sino que han
felicitado a los hombres por los bienes que él les causa.
Pero ninguno ha dicho cuál es la naturaleza misma de quien les ha
hecho estos regalos. La única manera correcta, sin embargo, de cualquier
cosa es explicar palabra por palabra cuál es la razón de la persona sobre
la que se habla y de qué clase de efecto es, realmente, responsable. De
este modo, pues, es justo que también nosotros elogiemos a Eros,
primero a él mismo, cuál es su naturaleza, y después sus dones.
Afirmo, por tanto, que, si bien es cierto que todos los Dioses son
felices, Eros, si es lícito decirlo sin incurrir en castigos divinos, es el más
feliz de ellos por ser el más hermoso y el mejor.
Y es el más hermoso por ser de la naturaleza siguiente.
En primer lugar, Fedro, es el más joven de los Dioses. Y una gran
prueba en favor de lo que digo nos la ofrece él mismo cuando huye
apresuradamente de la vejez, que obviamente es rápida o, al menos,
avanza sobre nosotros más rápidamente de lo que debiera. A ésta, en
efecto, Eros la odia por naturaleza y no se le aproxima ni de lejos.
Antes bien, siempre está en compañía de los jóvenes y es joven,
pues mucha razón tiene aquel antiguo dicho de que lo semejante se
acerca siempre a lo semejante.
Y yo, que estoy de acuerdo con Fedro en otras muchas cosas, no
estoy de acuerdo, sin embargo, en que Eros es más antiguo que Crono y
Jápeto, sino que sostengo, por el contrario, que es el más joven de los
dioses y siempre joven, y que aquellos antiguos hechos en relación con
los Dioses de que hablan Hesíodo y Parménides se han originado bajo el
imperio de la Necesidad y no de Eros, suponiendo que aquellos dijeran
la verdad. Pues no hubieran existido mutilaciones ni mutuos
encadenamientos ni otras muchas violencias, si Eros hubiera estado entre
ellos, sino amistad y paz, como ahora, desde que Eros es el soberano de
los Dioses.
Es, pues, joven, pero además de joven es delicado. Y está
necesitado de un poeta como fue Homero para escribir la delicadeza de
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este Dios. Homero, efectivamente, afirma que Ate es una diosa delicada
–al menos que sus pies son delicados–cuando dice: sus pies ciertamente
son delicados, pues al suelo no los acerca, sino que anda sobre las
cabezas de los hombres.
–Hermosa, en efecto, en mi opinión, es la prueba que utiliza para
poner de manifiesto la delicadeza de la diosa: que no anda sobre lo duro,
sino lo blando. Pues bien, también nosotros utilizaremos esta misma
prueba en relación con Eros para mostrar que es delicado. Pues no anda
sobre la tierra ni sobre cráneos, cosas que no son precisamente muy
blandas, sino que anda y habita entre las cosas más blandas que existen,
ya que ha establecido su morada en los caracteres y almas de los Dioses y
de los hombres.
Y, por otra parte, no lo hace en todas las almas
indiscriminadamente, sino que si se tropieza con una que tiene un
temperamento duro, se marcha, mientras que si lo tiene suave, se queda.
En consecuencia, al estar continuamente en contacto, no sólo con sus
pies, sino con todo su ser, con las más blandas de entre las cosas más
blandas, ha de ser necesariamente el más delicado. Por tanto es el más
joven y el más delicado, pero además es flexible de forma, ya que, si
fuera rígido, no sería capaz de envolver por todos lados ni de pasar
inadvertido en su primera entrada y salida de cada alma.
Una gran prueba de su figura bien proporcionada y flexible es su
elegancia, cualidad que precisamente, según el testimonio de todos,
posee Eros en grado sumo, pues entre la deformidad y Eros hay siempre
mutuo antagonismo.
La belleza de su tez la pone de manifiesto esa estancia entre flores
del Dios, pues en lo que está sin flor o marchito, tanto si se trata del
cuerpo como del alma o de cualquier otra cosa, no se asienta Eros, pero
donde haya un lugar bien florido y bien perfumado, ahí se posa y
permanece.
Sobre la belleza del Dios, pues, sea suficiente lo dicho, aunque
todavía quedan por decir otras muchas cosas. Hay que hablar a
continuación sobre la virtud de Eros, y lo más importante aquí es que
Eros ni comete injusticia contra Dios u hombre alguno, ni es objeto de
injusticia por parte de ningún Dios ni de ningún hombre. Pues ni padece
de violencia, si padece de algo, ya que la violencia no toca a Eros, ni
cuando hace algo, lo hace con violencia, puesto que todo el mundo sirve
de buena gana a Eros en todo, y lo que uno acuerde con otro de buen
grado dicen las leyes reinas de la ciudad que es justo.
Pero, además de la justicia, participa también de la mayor
templanza. Se reconoce, en efecto, que la templanza es el dominio de los
placeres y deseos, y que ningún placer es superior a Eros. Y si son
inferiores serán vencidos por Eros y los dominará, de suerte que Eros, al
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dominar los placeres y deseos, será extraordinariamente templado. Y en
lo que se refiere a valentía, a Eros ni siquiera Ares puede resistir, pues no
es Ares quien domina a Eros, sino Eros a Ares –el amor por Afrodita,
según se dice. Ahora bien, el que domina es superior al dominado y si
domina al más valiente de los demás, será necesariamente el más valiente
de todos.
Así, pues, se ha hablado sobre la justicia, la templanza y la valentía
del Dios; falta hablar sobre su sabiduría, pues, en la medida de lo posible,
se ha de intentar no omitir nada. En primer lugar, para honrar también
yo a mi arte, como Erixímaco al suyo, es el Dios Poeta tan hábil que
incluso hace poeta a otro.
En efecto, todo aquél a quien toque Eros se convierte en poeta,
aunque antes fuera extraño a las musas. De esto, precisamente, conviene
que nos sirvamos como testimonio, de que Eros es, en general, un buen
poeta en toda clase de creación artística. Pues lo que uno no tiene o no
conoce, ni puede dárselo ni enseñárselo a otro.
POR OTRA PARTE, RESPECTO A LA PROCREACIÓN DE TODOS LOS SERES VIVOS,
¿quién negará que es por habilidad de Eros por la que nacen y crecen
todos los seres? Finalmente, en lo que se refiere a la maestría en las artes,
¿ACASO NO SABEMOS QUE AQUEL A QUIEN ENSEÑE ESTE DIOS RESULTA FAMOSO E
ilustre, mientras que a quien Eros no toque permanece oscuro?
[197A] P.80GEL

El arte de disparar el arco, la medicina y la adivinación los
descubrió Apolo guiado por el deseo y el amor, de suerte que también él
puede considerarse un discípulo de Eros, como lo son las musas en la
música, Hefesto en la forja, Atenea en el arte de tejer y Zeus en el de
gobernar a los Dioses y hombres. Ésta es la razón precisamente por la
cual también las actividades de los Dioses se organizaron cuando Eros
nació entre ellos –evidentemente, el de la belleza, pues sobre la fealdad
no se asienta Eros–. Pero antes, como dije al principio, sucedieron entre
los Dioses muchas cosas terribles, según se dice, debido al reinado de la
Necesidad, mas tan pronto como nació este Dios, en virtud del amor a
las cosas bellas, se han originado bienes de todas clases para Dioses y
hombres.
De esta manera, Fedro, me parece que Eros, siendo él mismo, en
primer lugar, el más hermoso y mejor, es causa luego para los demás de
otras cosas semejantes.
Y se me ocurre también expresarles algo en verso, diciendo que es
éste el que produce la paz entre los hombres, la calma tranquila en alta
mar, el reposo de los vientos y el sueño en las inquietudes.
Él es quien nos vacía de extrañamiento y nos llena de intimidad, el
que hace que se celebren en mutua compañía todas las reuniones como
la presente, y en las fiestas, en los coros y en los sacrificios resulta
nuestro guía; nos otorga mansedumbre y nos quita aspereza; dispuesto a
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dar cordialidad, nunca a dar hostilidad; es propicio y amable;
contemplado por los sabios, admirado por los Dioses; codiciado por los
que no lo poseen, digna adquisición de los que lo poseen mucho; padre
de la molicie, de la delicadeza, de la voluptuosidad, de las gracias, del
deseo y de la nostalgia; cuidadoso de los buenos, despreocupado de los
malos; en la fatiga, en el miedo, en la nostalgia, en la palabra es el mejor
piloto, defensor, camarada y salvador; gloria de todos, Dioses y hombres;
el más hermoso y mejor guía, al que debe seguir en su cortejo todo
hombre, cantando bellamente en su honor y participando en la oda que
Eros entona y con la que encanta la mente de todos los Dioses y
de todos los hombres.
Que este discurso mío, Fedro –dijo–quede dedicado como
ofrenda al dios, discurso que, en la medida de mis posibilidades, participa
tanto de diversión como de mesurada seriedad.
Al terminar de hablar Agatón, me dijo Aristodemo que todos los
presentes aplaudieron estruendosamente, ya que el joven había hablado
en términos dignos de sí mismo y del Dios.
Entonces Sócrates, con la mirada puesta en Erixímaco, dijo:–¿Te
sigue pareciendo, oh hijo de Acúmeno, que mi temor de antes era
injustificado, o no crees, más bien, que he hablado como un profeta
cuando decía hace un momento que Agatón hablaría admirablemente y
que yo me iba a encontrar en una situación difícil?
–Una de las dos cosas, que Agatón hablaría bien –dijo Erixímaco–
creo, en efecto, que la has dicho proféticamente. Pero que tú ibas a estar
en una situación difícil, no lo creo.

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