Archive for 23 abril 2012

Un “Titanic” alemán, cuyo hundimiento se ha ocultado…

23 de abril de 2012

Se acaba de celebrar el centenario de la tragedia del Titanic. Por razones perfectamente comprensibles, el hundimiento del transatlántico ha venido atrayendo la curiosidad popular durante generaciones. Y, sin embargo, la del Titanic está lejos de constituir la mayor catástrofe de la historia de la navegación.

En los últimos días de enero de 1945 la II Guerra Mundial estaba tocando a su fin. Aterrorizados por la avalancha que se les venía encima, millones de alemanes del este se habían lanzado frenéticamente hacia poniente en medio de un frío atroz, arrastrando apenas unos pocos enseres personales. Huían de la persecución del Ejército Rojo, que, como una plaga de langosta, caía sobre los refugiados, asesinando, incendiando y violando, en una orgía de destrucción que nunca parecía encontrar satisfacción.

En las playas bálticas de Prusia oriental, los tanques de Rokossovski se complacían en aplastar bajo sus cadenas a los miles de ancianos, mujeres y niños que buscaban escapar hacia Occidente. Göbbels, el ministro de Propaganda del III Reich, publicitaba las atrocidades soviéticas para infundir en las tropas alemanas la decisión de resistir a cualquier precio. El líder nazi no necesitaba exagerar: la realidad ya era lo suficientemente terrible. En la psique colectiva germana había prendido con fuerza la matanza de Nemmersdorf, con sus niños de pecho estrellados contra las paredes y sus mujeres masivamente violadas y crucificadas en las puertas de los graneros.

En esa atmósfera de pánico, los civiles alemanes se habían lanzado hacia los puertos del Báltico tratando de alcanzar la salvación por mar. El gran almirante Dönitz, jefe de la Marina de Guerra alemana, diseñó una gigantesca operación de evacuación: la operación Aníbal. Para su ejecución contaba con cuatro grandes buques, uno de los cuales, el mayor de todos, era el Wilhelm Gustloff, bautizado así en honor de un líder nacionalsocialista suizo asesinado en 1936.

En la rada del puerto de Gotenhafen se hacinaban muchos miles de refugiados, tratando de abandonar la región en dirección a Hamburgo. Desde hacía horas, el Gustloff albergaba una cantidad de personas que rebasaba con mucho su capacidad; las autoridades llegaron a admitir algo más de seis mil, pero la realidad es que seguía afluyendo un número creciente de refugiados, en tan penoso estado que resultaba difícil de rechazar. Como tenían prioridad las mujeres con niños pequeños a la hora de embarcar, las madres, una vez a bordo del buque, lanzaban a sus hijos por la borda para que fueran recogidos por otro miembro femenino de la familia a fin de facilitarles el acceso al Gustloff. No pocas criaturas cayeron al agua helada o en manos extrañas.

Héroe de la Unión Soviética

Se calcula que, cuando el Wilhelm Gustloff zarpó, al mediodía del 30 de enero, habían accedido al navío, por distintos medios, unas 10.600 personas. En el Báltico, el tiempo era pésimo. El cielo estaba cubierto de espesas nubes grises, y el mar amenazaba temporal. Hacía tanto frío que la cubierta se encontraba helada. A la hora de la partida, la temperatura era de 10ºC bajo cero, pero la sensación térmica era incluso inferior. Nevaba y soplaba un fuerte viento helado. El agua estaba al punto de la congelación y, al hacerse de noche, el termómetro bajó aún más. El casco del buque chocaba continuamente con grandes trozos de hielo.

El capitán del Gustloff puso proa hacia un convoy militar que patrullaba en aguas profundas, en lugar de ceñirse a la costa, por considerarlo más seguro. Tratando de evitar a la aviación y la Marina soviéticas, el buque navegaba con las luces apagadas. Pero al hallar el convoy de la Kriegsmarine, y como la visibilidad era muy mala, el capitán del Gustloff ordenó encender las luces durante unos instantes, para hacerse visible por los buques de guerra. Aquella decisión resultó fatal: exactamente en ese instante, el submarino soviético S-13 se hallaba vigilando la línea del horizonte, y pudo observar el encendido de la iluminación de posición del Gustloff. El capitán del submarino, Alexander Marinesko, ordenó hacer fuego sobre el buque lanzando hasta tres torpedos, con tal suerte que todos ellos impactaron contra el casco.

No había suficientes botes para todos, y los chalecos apenas servían para unos minutos; en aquellas aguas heladas nadie podría sobrevivir. El pánico desatado tras las explosiones alcanzó el cenit al escorarse el navío. Algunos de entre quienes habían encontrado plaza en los botes cayeron al mar, golpeados por el fuerte oleaje. En menos de cincuenta minutos, el Gustloff se hundió. Los pocos que habían logrado ganar la suficiente distancia y ponerse a salvo, pudieron oír durante unos instantes los gritos desesperados de las mujeres y los llantos de los niños ascendiendo desde las entrañas del mar, hasta que este se los tragó, silenciándolos.

Aunque unos pocos torpederos y dragaminas alemanes extendieron sus redes sobre la superficie del mar y recogieron a los 1.239 supervivientes, el helado Báltico se convirtió en la sepultura de 9.343 personas, de las que unas 3.000 eran niños. Unas pérdidas seis veces superiores a las del Titanic.
En Moscú, las autoridades propusieron al capitán Marinesko para la más alta distinción de la patria comunista: Héroe de la Unión Soviética.

El Goya a pique

La evacuación de las zonas orientales del Reich que tuvo lugar en 1945 consiguió salvar de las garras soviéticas a unos dos millones de alemanes que, de otro modo, quizá hubieran sufrido un destino mucho más duro.
Pero el episodio del Wilhelm Gustloff no fue único de su género. Se repitió el 16 de abril de 1945, cuando el barco hospital alemán Goya, que también había salido de la bahía de Danzig, fue atacado por un submarino soviético con dos torpedos, que lo hundieron en siete minutos. La rapidez del naufragio significó que apenas pudieran salvarse 165 personas.

Se calcula que entre 6.500 y 7.000 refugiados fueron engullidos por el mar, hasta descender los 80 metros que los depositaron en el fondo del Báltico, en lo que fue -y sigue siendo- el segundo naufragio más mortífero de la historia.

Vladimir Konovalov, capitán al mando del submarino L-3, recibió la correspondiente medalla como Héroe de la Unión Soviética.

TEMAS RELACIONADOS:

CulturatitanicWilhelm Gustloff

Fuente:

http://www.intereconomia.com/noticias-negocios/claves/todos-los-detalles-hundimiento-titanic-un-mapa-interactivo-20120417

…judio, socialista, masón y ANTIEUROPEO!

17 de abril de 2012

LTY.- El candidato del Frente de Izquierda para las elecciones del 22 de abril, Jean-Luc Mélanchon, declara que el mestizaje es “una oportunidad para Europa”.  Jean-Luc Mélanchon, de ideas trotkistas yperteneciente a la Logia masónica del Gran Oriente, hizo estas declaracionesen Marsella, una de las ciudades con mayor población musulmana de lo que muchos ya vienen en llamar la “nueva Francia”.

En medio de las aclamaciones de los “nuevos franceses”, el candidato (judío nacido en Tanger, Marruecos) señaló que “el mestizaje es una oportunidad para Francia” antes de saludar a los árabes y los bereberes “que han traido a Europa la ciencia, las matemáticas y la medicina en los tiempos en los que el oscurantismo pisoteaba el espíritu humano”. “Estamos orgullosos y contentos de estar mezclados”.

El trotkista masón rechazó “el discurso mórbido y paranoíco del choque de civilizaciones” y ha afirmado que “los magrebíes han liberado el suelo de la patria de los nazis”. “Los pueblos del Magreb son nuestros hermanos y nuestras hermanas y no hay porvenir posible para Francia sin ellos”. Y remató el demente: “Francia no es una nación occidental destinada a seguir el carro de los EE.UU, sino una nación universalista”.

===

Fuente: http://www.alertadigital.com/2012/04/15/el-candidato-galo-del-frente-de-izquierda-dice-que-el-mestizaje-es-una-oportunidad-para-europa-los-arabes-nos-trajeron-la-ciencia-las-matematicas-y-la-medicina/

“El Pais”, diario del lobby “Liberty” en Madrid, defiende… el INCESTO

13 de abril de 2012

Con un titular tan tendencioso como “La justicia europea niega el derecho al incesto a una pareja alemana”, en su pág 34 de la edición de Madrid “El Pais” informa desde Berlín sobre un dictamen del Tribunal Europeoi de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Alemania podrá seguir prohibiendo y castigando el incesto. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha dictaminado hoy que las leyes alemanas no vulneran la convención para la protección de las Libertades Fundamentales del Consejo de Europa. Los siete jueces de Estrasburgo que se han encargado del caso reconocen que la falta de consenso entre las legislaciones de los 47 países miembros del Consejo concede a las autoridades el “margen de discrecionalidad” que se aplica en este caso.

El código penal alemán castiga con hasta dos años de cárcel el coito de adultos con hermanos o con ascendientes directos. El coito de adultos con descendientes directos se castiga con hasta tres años de prisión. En España no está penado, aunque la ley no permite matrimonios.

La sentencia desestima una demanda de un hombre de 36 años que fue condenado a prisión por mantener una relación íntima con su hermana, con la que tuvo cuatro hijos. El condenado, un sajón llamado Patrick S., alega que él no conoció a su hermana carnal hasta que tenía casi 24 años, porque había sido adoptado por otra familia a los tres años de edad.

Su hermana Susan K. es ocho años más joven, de modo que no tuvieron ningún contacto hasta que ella tenía 16. Susan creció con su madre en un pueblo cercano a Leipzig, en Sajonia, mientras que Patrick pasó casi toda su infancia y la primera juventud con su familia adoptiva en Brandeburgo, no muy lejos de la capital alemana. Tardó 20 años en regresar a Sajonia a ver a su madre. Entonces conoció a su hermana y empezó el romance incestuoso. Al parecer, no se esforzaron gran cosa en ocultarlo.

Dos hermanos, cuatro hijos

La pareja convivió entre 2001 y 2005. Tuvieron juntos cuatro hijos: Erik, Sahra, Nancy y Sofia. Dos de ellos, padecen retrasos mentales. La prensa sensacionalista sacó su historia bajo titulares como el siguiente: “Esta felicidad es vergonzosa”. Patrick fue detenido y sentenciado a una pena de cárcel, mientras que Susan se libró gracias a un informe psiquiátrico que la eximía de responsabilidad.

Se separaron. Ella tiene ahora 28 años y solo ha podido conservar la patria potestad sobre la más pequeña. Le parece bien que el incesto sea ilegal. Se arrepiente. Así lo declaró, al menos, ante el sensacionalista diario Bild.

Patrick y su abogado, Endrik Wilhelm, aspiran en cambio a que el incesto deje de ser punible en Alemania. Recurrieron la sentencia ante el Tribunal Constitucional, que la confirmó. Ahora les ha quitado la razón el Tribunal de los Derechos Humanos de Estrasburgo. Pueden recurrir otra vez.

Consejos para el Estado de Israel

4 de abril de 2012
Hoy, día 4 de abril de 2012, en el diario “El País” (bajo liderazgo del lobby judio Liberty, de USA) se publica un poema de Gunther Grass, quien sintiendose en la última etapa de su vida terrenal, se atreve a decir que Occidente  debería aconsejar al Estado de Israel que, en bien de sí mismo y de la paz mundial, se abstenga de atacar a Irán:
 “Lo que hay que decir”:
El poeta alemán se opone a un ataque israelí contra Irán

Por otra parte,  Jaume Farrerons, en su interesantísimo blog  FILOSOFIA CRÍTICA (30 marzo 2012)  manifiesta sus  “deseos para Israel” en un artículo que se reproduce seguidamente:

 Toda esta fatalidad fue posibilitada únicamente por el hecho que ya existía en el mundo una especie afín, racialmente afín, de delirio de grandeza, el delirio de grandeza judío; desde el momento en que se abrió el abismo entre judíos y judeocristianos, a estos últimos no les quedó otra opción que emplear contra los judíos los mismos procedimientos de autoconservación aconsejados por el instinto judío, mientras que los judíos habían venido empleando hasta entonces esos procedimientos sólo contra lo no-judío. El cristiano es sólo un judío de confesión “más libre”.- (Nietzsche, F., El Anticristo, &44).
Nuestros saludos al régimen sirio e iraní. La República Islámica de Irán es el único país del mundo que ha cuestionado la narración del Holocausto con que los sionistas oprimen a medio planeta, singularmente a los árabes de Palestina. Aunque no compartimos en absoluto la ideología del integrismo islámico y no querríamos ver la Sharia implantada en Europa, tenemos que reconocer la valentía de los guerilleros chiítas enfrentados a Israel y EEUU. Nos muestran, estos héroes, un camino que los europeos debemos seguir, pero apelando a nuestra auténtica tradición cultural, que es griega, aria, no semita.

Del judeocristianismo, ya lo proclamó Nietzsche, procede nuestra desgracia. Si Europa debe levantarse, habrá de saber identificar a su enemigo, y dicho enemigo no es el Islam, sino el sionismo, la extrema derecha judía enquistada en los grandes poderes económicos y financieros que irradian entorno a Wall Street sobre el entero hemisferio occidental. A éstos, los sionistas, los tenemos metidos en casa, controlando todas las palancas del poder, y no vemos a ninguno de los partidos llamados “identitarios” protestar por ello. !Hablan de poner freno a invasión, pero ya estamos invadidos desde hace mucho tiempo, señores identitarios! Son esos sionistas, el enemigo interno, los que promueven la inmigración, de todos los colores, para así implementar, en obediencia a la voluntad racista que les inspira, el proyecto del mestizo universal, figura alienada y sin raíces que sólo dejará intacto al pueblo elegido como raza separada y superior al resto de la humanidad.
En efecto: si no estuviéramos invadidos, podríamos defendernos, pero observemos que el principal obstáculo con que topan los proyectos identitarios no son los inmigrantes, sino los propios gobernantes aútóctonos. Deberían, los políticos identitarios, preguntarse el porqué, pero reducen la cuestión a la banalidad de un problema personal, como si esta oposición de Europa a su propio identitarismo pudiera explicarse a partir de meros conceptos políticos y encima de carácter electoralista. Resultaría, según esta versión superficial de la traición, que nuestros políticos promueven la invasión porque militan en tal o cual partido del sistema. Pero, ¿por qué contribuyen a la destrucción de su propio pueblo? ¿No pertenecen ellos mismos a ese pueblo? ¿Qué es “el sistema”? Quizá los políticos pro-inmigración están comprados y es una cuestión de dinero. Bastaría así con relevarlos de sus cargos y problema resuelto. !Vótame y los quito de en medio! No. La cuestión del colaboracionismo político oficial respecto de la invasión multiculturalista es mucho más profunda. Si nuestros políticos son colaboracionistas activos de la invasión es porque existe una tradición cultural anti-identitaria profundamente arraigada en Europa y que va mucho más allá del mero mundialismo liberal. Se trata de un tema que los políticos identitarios, procedentes  de forma masiva de la extrema derecha católica, quieren ignorar, de tal suerte que no dudan en colgar en los documentos estatutarios, por ejemplo, que sus formaciones obedecen al “humanismo cristiano” o frases similares. En consecuencia, no son conscientes del alcance de lo que implica en Europa la palabra “identidad”, que nos llevaría a tener que dar un salto de milenios y a una reflexión filosófica de calado abismal. Dicho brevemente, cuando los políticos identitarios apelan a su celebérrima identidad y en seguida recurren a imágenes religiosas cristianas, están convalidando los supuestos culturales del colaboracionismo: todos los hombres son iguales, hijos de Dios y tienen derecho a la felicidad, al paraíso, por lo que deben comportarse entre ellos como hermanos. Sobre este fundamento cristiano, que es la raíz y sostén cultural del mercado mundial, no hay identitarismo que valga, ni defensa posible contra la invasión. La lógica de esta fe o ideología es la política de “apertura” al “invasor” perpetrada por las autoridades oficiales.  Es esa “identidad”, la cristiana, pero ya secularizada, la que hace posible el colaboracionismo. Criticar éste y declararse identitario cristiano es desbarrar, no ver o no tener el coraje moral de admitir cuál es la realidad de la presunta “identidad cristiana” y de dónde deriva la debacle demográfica de Europa. La “identidad cristiana” es la negación de toda identidad, es la no-identidad que hace posible la victoria mundial de la identidad judía.
Los partidos identitarios se dedican en exclusiva a criticar y cuestionar la inmigración islámica en lugar de poner en evidencia los mecanismos que generan la “oleada migratoria” en general, la cual incluye a personas de religión islámica, por supuesto, pero que ante todo es un proceso cultural justificado mediante la coartada de imperativos económicos e instigado por el gran capital, la derecha judeocristiana y las élites (filo)sionistas estadounidenses. Los identitarios europeos, empero, a pesar de la evidencia del origen liberal, burgués, derechista y, por tanto, judeocristiano, de la importación de mano de obra barata multicultural, decláranse católicos y enarbolan una suerte de identidad religiosa autóctona frente a la inmigración musulmana. Olvidan que el término catolicismo (oriundo de la palabra griega katolon, universal) nombra la primera forma del universalismo y, por tanto, la antesala histórica de la globalización capitalista. Las sinagogas ya fueron, en el mundo antiguo, las playas de desembarco de la futura iglesia apostólica romana. Con tales creencias alcanzó el irracionalismo fideísta (Tertuliano: credo quia absurdum est) a una sociedad que podría haber estado madura para la verdad, pero temió enfrentarse a ella. La historia de occidente convirtiose así en el proceso de la instrumentación del concepto griego de racionalidad a manos de lo irracional, es decir, de la “esperanza”, el “amor”, la “felicidad” y conceptos eudemonistas análogos. Platón, siglos atrás, había preparado el terreno para la gran impostura influido por sectas órficas y pitagóricas de oriudez egipcia, pero sólo con el cristianismo adquirieron esas ideas azucaradas propias de cobardes integrales un peso social y político decisivo. El resultado fue la prostitución de la razón a manos de la religión monoteísta abrahamánica; la oposición existencial, cultural y política a que el proyecto de una comunidad de la verdad, iniciado en la Grecia democrática, heroica y trágica de Heráclito y Sófocles, culminara históricamente en forma de institución o entidad formal organizada.
Estos “cristianos patriotas” (una contradicción en los términos) olvidan también que los judíos llegaron el siglo pasado a Palestina como inmigrantes y terminaron expulsando a sus habitantes autóctonos, árabes musulmanes que en principio les habían acogido pacíficamente, siendo así que el islam y el judaísmo comparten, como los propios cristianos, la  presunta validez de “El Libro” (el estuche de “la esperanza” dulzarrona). Los sionistas desarrollaron sus perversos planes de usurpación territorial y genocidio esgrimiendo, por todo “argumento”, unos escritos bíblicos milenarios inventados a posteriori por ellos mismos, textos que les otorgan la propiedad de la tierra en nombre de Dios, algo parecido a que los “moros” reclamaran Al-Andalus apelando a su posesión histórica real (mucho más cercana en el tiempo, por cierto, que el mítico reino de David y Salomón). Si existe un ejemplo del dicho catalán, aplicado a los inmigrantes y tan utilizado en la actualidad contra los musulmanes, de fora vingueren que de casa ens tragueren (“de fuera vinieron y nos echaron de casa”), es el relato sobre los orígenes del actual Estado de Israel o de los Estados Unidos de América.
El cristianismo no es europeo, sino una religión oriental de procedencia hebrea. Este hecho está fuera de discusión y quienes farfullan sobre un Jesucristo “ario” deberían acudir urgentemente al loquero. Un nacionalista católico no puede ser nunca un verdadero patriota, porque, para el creyente, Dios siempre se encuentra, desde el punto de vista axiológico, por encima de la nación. Ahora bien, ese dios supranacional… !es el dios judío! Hay empero una nación a la que tal “dios” no pone por debajo de sí, una sola: la nación judía. La creencia judeocristiana constituye en fin, a mi entender, el primer estadio de un proceso secular, milenario incluso, conducente a la dominación sionista. Cuando todas las naciones se postren ante Dios, cuando los pueblos del mundo entero reconozcan que Dios (Yahvé) es más importante que la comunidad patria, ese dios se arrancará súbitamente la máscara y podremos contemplar el rostro de un judío de extrema derecha propietario del capital a escala global. Mas llegado ese momento será ya demasiado tarde para los gentiles: las naciones se esfumarán disueltas por el ácido corrosivo de la mundialización capitalista teledirigida desde Tel Aviv.
Un ejemplo significativo de lo dicho es Sabino Arana: nacionalista acérrimo, hasta el racismo, reconoce no obstante lo siguiente:
Proclamo el catolicismo para mi Patria, porque su tradición, su carácter político y civil es esencialmente católico. Si no lo fuera, lo proclamaría también; pero si mi pueblo se resistiera, renegaría de mi raza; sin Dios no queremos nada (Páginas de Sabino Arana, Madrid, Criterio, 1998, p. 33).
Las burguesías oligárquicas occidentales ya han renegado de su raza. Lo hicieron después de la Segunda Guerra Mundial, por razones -relacionadas con el fenómeno del “fascismo”- que ahora no vienen al caso pero que ya he apuntado en otras entradas. Esta confesión de Arana permite detectar el eslabón interno, espiritual, subjetivo, del proceso de transmutación colaboracionista, que se desarrolla en el interior de la “derecha católica” antes de desplegarse en sus formas secularizadas típicamente internacionalistas e “izquierdistas”.
Sabino Arana es, al mismo tiempo que judeocristiano, un antisemita. Y ahí reside la clave de la victoria ultraderechista judía, pues quien trabaja para la idea judeocristiana promueve con el antisemitismo la cohesión interna de la etnia hebrea, una de las finalidades, si no la finalidad por excelencia, de la impostura racista del rabinato. Considera Sabino Arana que el pueblo vasco encarna, por su aislamiento del resto de los pueblos, una suerte de pureza originaria, no obstante lo cual se postra ante un dios judío. ¿Y qué tendrán que ver los vascos con los judíos? ¿Deben los vascos adorar a un judío mientras al mismo tiempo rechazan a los judíos como pueblo y basan su identidad en un arcaísmo metafísico que no explica la procedencia exógena, o sea,  no vasca, de la religión definitoria de esa misma identidad? Podemos hacer extensiva esta pregunta a todos los nacionalismos conservadores. Estamos ante la contradicción clásica e insuperada del derechista católico. Nietzsche ha sido, una vez más, el agudo analista de estas incoherencias antisemitas en tanto que consumación de las propias listezas judías:
Con ese mismo fenómeno volvemos a encontrarnos una vez más, en proporciones indeciblemente agrandadas, pero sólo como copia: -en comparación con el ‘pueblo de los santos’, la Iglesia cristiana carece de toda pretensión de originalidad. Los judíos son, justo por eso, el pueblo más fatídico de la historia universal: en su efecto posterior han falseado de tal modo la humanidad, que hoy incluso el cristiano puede tener sentimientos antijudíos, sin concebirse a sí mismo como la última consecuencia judía (Nietzsche, El Anticristo,&24).

TESTIMONIO DEL PAPA

Pero quizá el testimonio de Sabino Arana no es suficiente y los católicos requieran de una evidencia más significativa que haga mención expresa del tema de la identidad. Pues bien, todos los católicos tienen que someterse ante el Papado como autoridad doctrinal suprema:

“El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejecuta en nombre de Jesucristo” (DV 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma (Catecismo de la Iglesia Católica, Madrid, 1992, p. 31, &85).

Si los fieles no se someten al Magisterio de la Iglesia, dejan de iure de ser católicos, pues esta imperativa aceptación de la infalibilidad papal forma a su vez parte inalienable de la profesión de fe apostólica y romana:

Para mantener a la Iglesia en la pureza de la fe transmitida por los apóstoles, Cristo, que es la Verdad, quiso conferir a su Iglesia una participación en su propia infalibilidad. Por medio del “sentido sobrenatural de la fe”, el pueblo de Dios “se une indefectiblemente a la fe”, bajo la guía del Magisterio vivo de la Iglesia (cf LG 12; DV 10). / La misión el Magisterio está ligada al carácter definitivo de la Alianza instaurada por Dios en Cristo con su Pueblo; debe protegerlo de las desviaciones y de los fallos, y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica. El oficio pastoral del Magisterio está dirigido, así, a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de la infalibilidad en materia de fe y de costumbres (Op. cit., p. 212, &889-890).

Veamos, pues, qué dijo el papa Juan Pablo II (promotor histórico post-holocáustico del acercamiento del Vaticano al Rabinato) respecto a la identidad judía de todo cristiano en cuanto tal. La fuente es un artículo del diario Le Monde de 2/3 de noviembre de 1997 que resume un discurso papal de 31 de octubre de 1997. La noticia fue recogida por Norberto Ceresole en su obra La falsificación de la realidad (1998):

El verpertino francés “Le Monde”… publicó un artículo sobre el reciente simposio celebrado en el Vaticano , bajo el título “Juan Pablo II avanza un paso más hacia el arrepentimiento con respecto a los judíos. (El Papa) empieza a reconocer la especificidad de la Shoah” (Holocausto).

Este proceso culminaría en 2000 con la visita del Papa a Israel y la famosa carta incrustada en el Muro de las Lamentaciones donde, de alguna manera, reconoce la versión oficial del Holocausto, sin matices. Prosigue Ceresole:

Por la trascendencia del discurso papal, se transcribe a continuación un resumen exhaustivo. “El día en que los polacos comprendan que la ‘reina de Polonia’ (María) es judía, habrá menos antisemitismo y un progreso en la teología cristiana”. Esta “ocurrencia fuera de lugar” fue recogida en los pasillos del simposio sobre “Las raíces cristianas del antijudaísmo”, por Le Monde. Ello “ilustra mejor que cualquier discurso la dificultad del examen de conciencia con que la Iglesia católica está comprometida”, comenta Le Monde. Antes de elaborar el documento sobre la Shoah (holocausto) que el Papa había prometido a los judíos hace 10 años (y que debe entregar antes de que acabe el milenio), tiene que intentar convencer a su propio equipo de que el judaísmo y el cristianismo son parte de la misma historia y que el reconocimiento del pueblo judío como “pueblo elegido” por Dios forma parte de la identidad de cada cristiano. En su discurso de 31 de octubre (de 1997), el Papa Juan Pablo II invitó a sus fieles (obispos, teólogos e historiadores) a esa “revolución mental” (Ceresole, N., op. cit., Madrid, 1998, p. 383, n. 34).

¡Ha dicho “identidad de cada cristiano”! Y esta identidad es la del Pueblo de Dios, ubicado, como sabemos ya por el post que precedió a este sobre el tema que nos ocupa, por encima de las Naciones, es decir, de los pueblos ontológicos, existenciales, “reales”…

Con ello vemos establecida la siguiente cadena de mando divina entre los distintos pueblos: 1º/ el Pueblo Elegido; 2º/ el Pueblo de Dios; y 3º/ el Pueblo Natural, la Patria, la Nación ontológica.

Ahora bien, si el reconocimiento del pueblo elegido como tal forma parte de “la identidad de cada cristiano” y encima los cristianos son miembros del Pueblo de Dios antes de serlo de su propio Pueblo Natural o Nación, ¿qué queda de la Patria en todo este discurso católico-universalista? ¿Qué pasa con nuestra comunidad nacional? Desde luego, para la comunidad nacional judía todo este planteamiento doctrinal constituye una auténtica victoria espiritual que anticipa futuras victorias culturales, económicas, políticas y hasta militares, contra los “gentiles”; el Pueblo Elegido puede, gracias al cristianismo, es decir, a la Roma ocupada ideológicamente por Pedro, incrustarse en la identidad de todos los pueblos como un pueblo diferenciado y superior, reducir a polvo la nación ontológica y, sin que a los no-judíos les quepa ni siquiera la posibilidad de integrarse en aquél, débenle sometimiento. Yacen así las Naciones en ese limbo que supone un Pueblo de Dios “intermedio”,  arrancado de su Patria originaria, pasado por la muela eclesiástica, pero subordinado al Pueblo Elegido. No hay mejor forma de describir el esqueleto teológico que fundamenta, desde el punto de vista de la irracionalidad religiosa derechista conservadora, la situación humillante de unos pueblos lanzados a la vorágine corrosiva del mercado mundial, pero, a la vez atenazados por una oligarquía transnacional que conserva, de alguna manera, su identidad nacional (hebrea) por encima del resto del género humano.

El dios cristiano no es más que la hispóstasis conceptual del nacionalismo judío, la proyección metafísica de una voluntad de poder mil veces frustrada frente a imperios más poderosos como Egipto, Asiria, Babilonia, Persia o Roma… La dominación universalizada de Yahvé, el catolicismo real, constituye el requisito histórico de la dominación planetaria del liberalismo secular y del internacionalismo, es decir, de la hegemonía judía sobre el resto de las naciones del mundo. Subrayemos que de ese tropiezo descomunal ni siquiera se libran los islámicos que en Palestina y Líbano luchan valientemente contra Israel, porque Alá y Yahvé son el mismo dios, el dios de Abraham, tal y como reconocen los propios creyentes musulmanes. Desde luego, si no será el dios de los Evangelios, el cristiano dios, quien nos libere del sionismo mundializador, tampoco lo será el dios del Corán. La superación del monoteísmo abrahamánico no habría que buscarla razonablemente en ninguna de sus derivaciones. Luteranos, calvinistas, católicos, ortodoxos, chiístas, judíos, sunnitas… son, todas, ramas de un mismo tronco. El camino de la libertad europea sólo puede rastrearse ya en las sendas perdidas de Grecia. Mensaje que nos envió Heidegger a todos los patriotas europeos, pero que nadie ha entendido o querido entender en el  denominado campo nacional-revolucionario porque lo fácil y cómodo se ha impuesto a lo verdadero y menesteroso de esfuerzo, de auténtico heroísmo espiritual. Ahora bien, quien quiera vencer con la espada, primero deberá vencer con la idea o, en el mejor de los casos, los golpes de su tizona, sin ton ni son, derribarán puertas abiertas. En el peor, disparará a los niños de una escuela judía, la mayor estupidez y canallada que cometerse pueda en la lucha contra el sionismo.

Resulta penoso contemplar a esos patriotas europeos que o bien se declaran cristianos, o bien nos proponen convertirnos al islam porque Hezbollah destruye eficazmente tanques Merkava. Existe una tercera versión: los “tradicionalistas” (evolianos) que apelan a la magia y al irracionalismo más ridículo y vergonzante para sentirse así, entre los cachivaches del chamán, genuinos europeos. La verdad es que casi ninguno de esos patriotas europeos puede llegar a serlo porque desconoce en absoluto lo que realmente significa la  palabra “Europa”. Y mientras no recuperemos el sentido básico de nuestra verdadera identidad, que nada tiene que ver con el cristianismo (y su antisemitismo), no podremos luchar como lucha Hezbollah contra el invasor sionista. Ignoro a qué identidad pueden apelar los árabes si renuncian al Islam (no se encuentra antes de Mahoma otra cosa que el paganismo politeísta preislámico), pero sí sé que Europa porta en su interior unos valores que no la obligan a elegir entre el obsoleto panteón de Zeus y el teodéspota de Jerusalén.
Cuando afirmo que tenemos al enemigo metido en casa y que a base de protestar por la “invasión” islámica o inmigrante no vemos que somos ya un país ocupado, no estoy utilizando una metáfora. Todos los pueblos occidentales, todas las naciones de nuestro hemisferio, excepto Israel, que sí es soberana, se han convertido países dominados por oligarquías transnacionales que trabajan al servicio de un poder extranjero. En Cataluña tenemos a la mafia catalanista, de la que ya me he ocupado y me seguiré ocupando en esta bitácora para mejor ilustrar mi postura. Esta gente “catalanista” pueden apellidarse Mas, Pujol, De Gispert o como quieran, pero no son patriotas catalanes ni en estado de coma etílico, sino sólo miembros de una oligarquía local transnacional y filosionista que labora de forma consciente y sistemática para destrucción del pueblo catalán. Existen pruebas aplastantes de ello en la mayoría de los ámbitos de actividad política. Casualmente, esos traidores son todos católicos y de derechas, burgueses de la zona alta de Barcelona, incluso cuando hablamos de las “progresistas” gentes del PSC. Cada uno de tales personajes, sin excepción, ya militen en la “izquierda”, ya en el “nacionalismo conservador”, han estudiado en las mismas escuelas de élite religiosas, en muchos casos jesuitas. El problema de la izquierda no es su izquierdismo, sino su naturaleza solapadamente derechista, maquillada para controlar a los sindicatos (previamente comprados) y mejor manipular así a los trabajadores. Catalanes de apellido, presuntos nacionalistas o catalanistas e incluso nauseabundos pijoprogres, los oligócratas obedecen al lobby enemigo de todas las naciones (excepto Israel); sométense gustosos, tales pseudo patriotuchos de teatrillo, ante un poder universal, pero oculto a los ojos de la ciudadanía, que ellos conocen empero muy bien. Y en Cataluña esta realidad aparece mucho más marcada que, por ejemplo, en Extremadura, por motivos que  ya he explicado. Ahora bien, dicha traición a la nación no es casual, ni el resultado de una decisión personal abyecta aunque puramente individual, sino un acto que brota de forma espontánea de una determinada ideología: el catolicismo, el cristianismo en general, combinado con los factores y elementos sociológicos estructurales inherentes a la burguesía capitalista (la “derecha”). Tales creencias “religiosas” en su contexto social, algo muy evidente, por ejemplo, en el calvinismo, son ya ideología transnacional antes incluso del advenimiento histórico de la oligarquía sionista, tanto como lo fueran el comunismo o el anarquismo, mera secularización (Nietzsche dixit) de la idea cristiana del “reino de Dios” en un contexto social muy diferente.
Los patriotas europeos tenemos  el deber imperioso  reconstruir nuestra identidad, pero semejante tarea no será nada fácil. Esa identidad no es un dato evidente, accesible a una mirada ingenua, sino algo por lo que habremos de luchar, en primer lugar contra nosotros mismos. No es por azar que los europeos hayamos sido vencidos y avancemos velozmente hacia nuestra extinción étnica y cultural. El enemigo no sólo está metido en casa, como digo, desde hace siglos conspirando para la destrucción de la nación, sino que el enemigo está en nuestras propias almas toda vez que doblamos la rodilla ante un judío llamado Jesús y admitimos que ese personaje es el hijo de Dios. El día en que nuestros antepasados se postraron como creyentes bíblicos, la derrota era ya sólo cuestión de calendario, aunque hubieran de pasar siglos hasta la consumación del destino. Y hogaño parece llegada la hora. Tiempos mesiánicos: a nuestra generación le corresponderá quizá el privilegio de conocer el desenlace de un fraude milenario que comenzó en el Gólgota. La sociedad europea sabe, es consciente, hoy, de que atravesamos una situación límite, que estamos siendo agredidos por fuerzas procedentes del exterior, que hay que defender “lo de dentro” (intra), pero el aspecto más ridículo de todo el asunto es que ni siquiera sabemos cuál es nuestro enemigo, hacia qué dirección descargar los golpes o ejercer esa defensa… Algunos quieren luchar, pero… !contra el islam! !Salvemos, dicen, las tradiciones católicas! El pesebre como arma de lucha identitaria. En Wall Street deben de reirse mucho de esos “patriotas”… (Desde luego, el verdadero enemigo puede dormir tranquilo). Cuando se ignora qué es lo que hay que atacar para vencer, para salvarse en este caso, ese “qué” lo tiene todo muy a su favor. Ha triunfado ya de antemano sin tener que esperar a la batalla. Ni siquiera habrá batalla, porque sus adversarios no habrán podido reunir un triste ejército de defensa. Y nosotros, europeos, estamos en tal situación de desorientación total nada menos que con respecto al cristianismo y al crucial problema de la identidad patria.
Los guerreros de Hezbollah aciertan, sin duda, cuando destruyen un tanque Merkava del criminal ejército israelí. Pero se trata de un acierto puramente casual, siendo así que en sus propias mochilas chiítas portan inscripto el mensaje genocida de Yahvé. La destrucción de Israel no consiste en el asesinato masivo de sus habitantes (con que coincidirá, mucho me temo, la llegada del “mesías”). El enemigo son, en primer lugar, unas ideas, no unas personas. Para defenderse del Tsahal primero hay que haber confutado, más todavía, superado interior y espiritualmente, esas ideas. Cuando un loro emite el ruido “dos y dos son cuatro”, acierta, dice la verdad, pero no sabe por qué dice lo que dice. Repite unos sonidos carentes de significado. Cuando el creyente de una religión abrahamánica destruye un tanque Merkava, aunque desde el punto de vista humano y militar se trate de un acto encomiable que, repito, desde aquí saludamos con simpatía, ese luchador deja inmune el arma letal, la idea; no sólo eso, en la medida en que no es capaz de identificarla, no se identifica a sí mismo y refuerza con su desconocimiento la causa adversaria. Destruir un tanque israelí en nombre del dios de Abraham, no parece, en efecto, tener mucho sentido. Los islámicos son, en todos los ámbitos de la política internacional, un juguete de la gran operación de mundialización sionista. Véase Toulouse, qué bochornosa manera de hacerle el juego a Israel. Pero no perdamos de vista la evidencia: los regímenes musulmanes más integristas, como el de Arabia Saudí, son fieles aliados de EEUU. Al Qaeda, la procedencia familiar y política misma de Bin Laden, su utilización descarada para justificar las guerras imperialistas del sionismo, deberían enseñarnos que estaremos muy lejos de poder derrotar al enemigo en el terreno material -destruir el tanque Merkava– mientras no detectemos de forma exacta y rigurosa cuál -y no quién– es el enemigo ideológico a refutar.La línea divisoria pasa por el interior de cada uno de nosotros. La victoria requiere una “revolución mental”: la conversión al valor-verdad.
Jaume Farrerons
30 de marzo de 2012
===

A %d blogueros les gusta esto: