En que sentido el cristianismo no continúa la tradición clásica originaria (5): Ausencia de la estructura lucha-excelencia. El espíritu de lucha pasa a un segundo plano en el cristianismo

by
lucha olimpica
        “De la escuela de guerra de la vida; lo que no me
mata me fortalece” Nietzsche
      
La evolución hacia el suavizamiento de las costumbres del que hablaba Nietzsche se da también en el Antiguo testamento. Durante la temporada de los reyes, encontramos guerras, combatientes y un Señor Dios de los ejércitos que destruye las ciudades de los enemigos y concede las victorias (1). Aunque la lucha en el Antiguo testamento no es por la excelencia, ni por la gloria, sigue siendo lucha y podemos hablar de un cierto espíritu agónico. Pero, a partir de los Salmos, va ganando terreno la paz, la igualdad y el perdón:
“Los afligidos poseerán la tierra y gozarán de gran paz” Salmos, 37, 11
“No envidies al violento, ni elijas sus caminos” Proverbios, 3, 31
“Mas vale la sabiduría que las armas de guerra” Eclesiastés, 9, 18
“El que ama el peligro caerá en él” Eclesiastés, 3, 20
“Habitará el lobo con el cordero, y el leopardo se acostará con el cabrito, y comerán juntos el becerro y el león” Isaías, 1, 6
El Eclesiastés es un código moral nihilista contra el orgullo, contra la venganza y a favor de los pobres, de la sabiduría y del amor al prójimo. El capítulo 11 de Isaías, dedicado al anuncio del Mesías, es una utopía pacifista. Esta nueva ideología ha sustituido el agón por un espíritu sacerdotal, compuesto de intelectualismo teológico, igualitarismo y pacifismo. Ya no se valora la figura del guerrero, ni la del héroe, sino la del santo y la del sacerdote. Los Evangelios completan esta vuelta nihilista con el amor indiscriminado:
“Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” Mateo, 5, 44
“Entonces se acercó Pedro y le preguntó: Señor ¿Cuántas veces he de perdonar a mi hermano si peca contra mi? ¿Hasta siete veces? Dícele Jesús: No digo yo hasta siete veces, sino hasta 70 veces 7” Mateo, 18, 21-23
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” Mateo 22, 39
Ya no hay ni rastro del héroe clásico. Los Evangelios omiten el ideal de la nobleza griega: vida heroica dedicada a la excelencia, la gloria y el honor. Para un cristiano, esto sería vivir en pecado. En el cristianismo, la lucha se reduce exclusivamente a las actividades morales contra el pecado y en aras a la salvación. Pero esto no es el agón clásico: defensa de la comunidad, superación de sí mismo, honor, gloria, valentía, prudencia, justicia… El cristianismo ha perdido la sensibilidad para las virtudes clásicas, excepto en el caso de la templanza. La valentía no le interesa. Para el cristianismo un cobarde no es un pecador, para los griegos, romanos, germanos y celtas la cobardía era una falta muy grave. Un cobarde puede entrar en el Reino de los cielos, pero jamás entraría en el Valhala. La prudencia también le es accidental. Un imprudente no es un pecador. Para el noble griego y romano la prudencia era algo importante, sobre todo en las relaciones sociales. La justicia la relega a un ámbito no religioso: “Dar al César lo que es del César”, mientras que, en el mundo clásico, forma parte de lo sagrado. Prudencia, justicia y valentía están desacralizadas en el cristianismo, pero no en el mundo clásico, no forman parte del agón cristiano, pero sí del agón clásico.
        Las mitologías son visiones simbólicas del mundo, expresan una manera de concebir la realidad. En el caso del monoteísmo judeo–cristiano, la verdadera realidad ha sido depositada en manos de lo inmutable. Dios no se ha ganado el puesto peleando contra otros dioses, como en las mitologías indoeuropeas. No hay cambio, no hay lucha, no hay tiempo, todo permanece igual por toda la eternidad. En vez de una estructura lucha–excelencia–equilibro de opuestos en conflicto se encuentra una estructura inmutabilidad–armonía estática. Paz, compasión y humildad adormecen la lucha en que consiste la vida. No hay un solo combate por honor, ni una sola competición, ni un solo juego en los Evangelios. Sin embargo, en el caso del politeísmo clásico, la concepción originaria es una lucha perpetua entre olímpicos y titanes, devas y asuras, ases y vanes, Thuata de Dannan y Femoré. Un  combate entre dioses como el del canto XXI de la Ilíada o como el Ragnerok nórdico es impensable en el cielo cristiano. La realidad es un equilibrio de ritmos diversos, cada uno de ellos representado por una divinidad. Existe el tiempo, la acción, el azar, la fortuna, la guerra y la paz. Existen las posibilidades, las jerarquías y los cambios de jerarquía. Y todo fluye.
“Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen” Mateo
        Es muy común encontrarse en el Antiguo y Nuevo testamento el abandono a Dios. Dios es el refugio, el asilo, la esperanza y la salvación: “Jahvé es mi roca, mi ciudadela, mi libertador, mi Dios, mi roca, a quien me acojo, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi asilo” (2). El general encomienda a Dios la batalla, el soldado capturado se encomienda a Dios (3), Dios proveerá, Dios está con nosotros… Este comportamiento es inexplicable sin el nihilismo. El niño de papá actual, acostumbrado a que se lo den todo hecho, es similar a los hijos de Dios de la Biblia en el nihilismo del abandono: lo que tiene que hacer uno mismo que lo haga otro; es mucho más cómodo pasar la responsabilidad de la acción y de las consecuencias a otro. El resultado es la eliminación de la voluntad, de la libertad, del esfuerzo y de la lucha. Las motivaciones nihilistas de este tipo –salvación, abandono, protección…– son las que hacen atractivo al cristianismo. En ellas está basada la doctrina paulina de la justificación por la fe, perdón de los pecados y salvación a cambio de fe en Cristo: “Y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (4).
        Que el cristianismo impidiera los juegos olímpicos dice mucho sobre su relación con las tradiciones del mundo clásico. Los juegos olímpicos representaban el agón tradicional, sacralizado y comunitario. El cristianismo no intentó continuarlo, sino eliminarlo. Sustituyó la forma de vida agónica por la forma de vida del nihilismo pasivo: paz, misericordia, humildad, compasión…
       El honor, la lucha y el espíritu guerrero que se observa en los caballeros medievales no se debe al cristianismo, sino a la herencia de las costumbres germánicas, romanas y celtas. Durante las cruzadas, la Iglesia dirigió los ideales de la caballería hacia fines religiosos que no eran los originales. El agón del caballero no tiene origen cristiano, simplemente fue utilizado en beneficio de los intereses de la Iglesia. Que la Iglesia prohibiera repetidamente los torneos y los duelos es un dato histórico directamente en contra del agón clásico. A pesar de las prohibiciones eclesiásticas y civiles la costumbre estaba tan arraigada que no terminaron de celebrarse hasta el siglo XX.
Todo fluye
Notas
(1)    Jueces, 5, 13; 6; 7; 12; 2 Samuel, 1, 1; 1, 21-22; 1, 25; 1, 27; 23, 8-9; 23, 16-17; 1 Reyes, 20; 2 Reyes, 6, 14; Salmos, 69, 7
(2)    Salmos, 18, 3
(3)    Salmos, 5
(4)    Gálatas, 2, 20
=================
FUENTE: Tenemos el honor de copiar el post de arriba el cual es original del blog TODO FLUYE TODO FLUYE

Etiquetas: ,

Una respuesta to “En que sentido el cristianismo no continúa la tradición clásica originaria (5): Ausencia de la estructura lucha-excelencia. El espíritu de lucha pasa a un segundo plano en el cristianismo”

  1. hirania Says:

    Reblogged this on europa89.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.


A %d blogueros les gusta esto: