la “democracia”…no existe…

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 Democracia significa textualmente “poder del pueblo”. Lincoln la definió como “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” y así lo han recogido otras formulaciones.  En realidad no hay ni puede haber nada de eso. El gobierno, el poder, se ejerce necesariamente sobre el pueblo, pues el pueblo no tiene sobre quién ejercerlo. Y lo ejerce siempre una oligarquía (partido…)

 Lo que diferencia una democracia de otros regímenes es que en ella el pueblo vota a la oligarquía que va a ejercer el poder, aunque no lo elige realmente el pueblo, sino la fracción  que deposita mayor número de votos por  un partido. Esa fracción, aunque superior a la que vota a otros partidos, es casi siempre minoritaria en relación al cuerpo electoral (las mayorías absolutas del PSOE y del PP han sumado en torno a un tercio del cuerpo electoral)

   Se critica al sistema democrático por dejar la elección de los gobernantes en manos de masas que no conocen los complejos problemas políticos, y por tanto pueden dejarse embaucar por los  más  demagogos. Es un problema real, y a menudo,  las decisiones son tomadas por los políticos de manera oscura, al margen del electorado o en contradicción con las promesas hechas  para alcanzar el poder. Sin embargo incluso los más expertos  políticos pueden cometer errores muy graves, y el problema subsiste en cualquier otro régimen.

También se acusa a la democracia por dar el mismo valor al voto de una persona cultivada que a la de un inculto. Sin embargo se trata de una falsa crítica. El poder va a ser ejercido por igual sobre uno y otro, la persona culta puede estar tan equivocada sobre los problemas y sobre el partido al que vota, como la persona poco cultivada. Y en general los demagogos que intentan ganarse a las masas son, precisamente, personas más o menos ilustradas: las ideas políticas, por absurdas que sean, no las elaboran los incultos. 

Otra crítica condena a los partidos por olvidar el bien común y sacrificarlo a sus intereses de grupo. Ello puede ocurrir y ocurre en muchos lugares, pero proscribir los partidos es inútil: son una realidad siempre existente en torno a poder. En el franquismo se llamaban “familias”. En los sistemas no democráticos funcionan como camarillas de intereses. La ventaja de los partidos sobre las camarillas consiste en la publicidad y el control al que están sometidos aquellos, mientras que las camarillas son opacas y obran mediante intrigas ocultas a la población.Pero también una democracia puede degenerar, como ocurrió en la república, cuando los partidos principales mantienen ideologías radicalmente opuestas  o totalitarias, que impiden el respeto a las normas de convivencia política.

 La democracia es fundamentalmente un sistema de limitación temporal y estructural de los gobiernos. Sus mayores virtudes consisten en combinar mejor que otros  las libertades individuales con el interés del estado;  en convertir en competición las luchas cerradas, a menudo sangrientas,  entre grupos de poder;  en   permitir una alternancia pacífica en el gobierno; y  en permitir una evolución política poco traumática, por una parte, y corregible por otra.

Un error típico que produce democracias “bananeras” es la creencia  en que la democracia consiste meramente en el sufragio universal. De ahí parten algunos sistemas para  bautizarse democráticos, porque han ganado unas elecciones o plebiscitos. Pueden ser democráticos en ese origen y momento, pero la democracia  no subsiste sin asegurar el imperio de una ley que permita la oposición, las libertades políticas y la autonomía de poderes. Es decir, una democracia solo puede mantenerse si es al mismo tiempo liberal. En países como la mayoría de los latinoamericanos y en buena (mala)  medida en España, la democracia funciona mal o sucumbe porque quienes ganan las elecciones se creen autorizados por ello a vulnerar la ley de base liberal y las normas de convivencia derivadas. En España ha ocurrido con Zapatero,  con sus leyes de memoria histórica, de género, su colaboración con la ETA, etc., que fueron posibles porque el PP hizo una oposición ficticia, al estar de acuerdo  en el fondo con Zapatero, como ha demostrado al llegar al poder. El resultado es, entre otras cosas, la quiebra del estado de derecho, un problema gravísimo que muy pocos denuncian, debido a la confusión política y la precaria cultura democrática en España.

FUENTE:

http://www.gaceta.es/pio-moa/falsas-ideas-democracia-16032015-1009

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