Conexión entre Soros, la CIA y Mijail Gorbachov

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Así lo afirma el analista y ex empleado de la NSA, Wayne Madsen, en su penúltimo artículo publicado en Strategic Culture Foundation. Según Madsen, documentos recientemente desclasificados de la CIA [esa costumbre tan “diáfana” y “democrática” que tiene el crimen organizado estadounidense de contar sus fechorías cuarenta o cincuenta años después] el magnate multimillonario George Soros [un viejo conocido en relación con el gobierno de Kiev] proporcionó cobertura económica, en 1987, al entonces gobierno del presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, a través de una ONG de la CIA, el Instituto de Estudios de Seguridad Este-Oeste (en adelante IEWSS, por sus siglas en inglés). Soros, además, impulsó, junto a la CIA, la propagación de dos términos orquestados desde Occidente que hicieron fortuna mediática en aquellos años, como fueron la archiconocida “perestroika”  y   la “glasnost” , que servían de oportuno enganche dentro del mismo paquete desestabilizador, todo ello con el único objetivo de “acelerar la desaparición de la URSS”.

Así pues, de nuevo nada es lo que parece y lo que nos han contado durante décadas sobre la caída y disolución de la URSS, como un acto espontáneo y “democratizador” de un dirigente (y su camarilla de tránsfugas “comunistas”), como un sistema que estaba “agotado” y desfondado según la abrumadora propaganda occidental fabricada a izquierda y derecha, no fue nada más que el cebo o carnada para ocultar lo que, verdaderamente, se estaba cocinando entre los bastidores del Kremlin, la Organización Soros y en la sede de la CIA. Pero no sólo en Moscú se estaba urdiendo el golpe interior ya que Madsen habla de que otros actores externos, funcionarios comunistas en ejercicio (topos de Occidente, en la práctica) de la Europa del Este, actuaron para la red Soros (el IEWWS) en su tarea de desestabilizar a la URSS y, por extensión, al resto de países del Pacto de Varsovia. La URSS, a través de sus fantoches hizo el camino y el resto de socios socialistas del IEWWS consumaron la agenda Soros.

Madsen nos recuerda que, recientemente, el presidente ruso, Vladimir Putin, que ya debía conocer (como ex agente del KGB) lo que se proyectó hace treinta años, ordenó que las organizaciones golpistas de Soros hicieran las maletas y se fueran de Rusia a la mayor brevedad por considerarlas, justamente, como “indeseables y una amenaza para la seguridad del Estado ruso”. Tal es el caso del buque insignia de Soros, la Fundación para una Sociedad Abierta (Open Society Foundation) y otras ong’s ultraderechistas de la CIA que operaban, en similares circunstancias, en territorio ruso, como la NED (Fundación Nacional para la Democracia), el Instituto Republicano Internacional, la Fundación MacArthur o la Freedom House. Tras la caída de la URSS había que seguir centrifugando al oso ruso hasta ponerlo a las órdenes de Washington. De este modo, como dice Madsen, Después del colapso de la URSS en 1991, Soros y la CIA volcaron su atención en la nueva situación rusa para promover otro colapso, esta vez el de la nueva Federación de Rusia mediante el fomento de la acumulación obscena de riqueza por oligarcas sin escrúpulos y también alentando el separatismo en las regiones de la Federación Rusa. Y, añado yo, promoviendo a la jefatura del poder a delincuentes alcohólicos como Boris Yeltsin para completar la ficha del dominó que faltaba para controlar totalmente el Este de Europa.

El plan diseñado para dinamitar el espacio geopolítico socialista en el Este de Europa fue preparado por dos personajes ultraconservadores, integrantes y co-presidentes del IEWWS de Soros, Joseph Nye, economista de Harvard, y Withney  MacMillan, presidente de la agromultinacional Cargill, que ya había mantenido relaciones comerciales con la Unión Soviética en los años setenta del siglo pasado. En 1987, Nye y MacMIllan publicaron un informe especial sobre la URSS, titulado “¿Cómo debe responder América al desafío de Gorbachov?”. Lo de desafío era más una broma de mal gusto, una estratagema de camuflaje, que un reto propiamente dicho del dirigente soviético, puesto que Gorbachov no sólo no iba a confrontarse con EEUU y sus aliados sino que iba a ser una de las “matroskas” de Occidente para fundir por la vía rápida a la URSS.

En ese informe se “cantaba”, por anticipado, el fin programado de la Unión Soviética e iba a proporcionar “un modelo para las futuras relaciones de Estados Unidos con Moscú”. Es decir, con una  URSS ya preparada para entrar en la era capitalista, el documento de Nye y MacMillan señalaba que, cualquier nueva evaluación de las relaciones de Occidente con una Unión Soviética “aperturista” tenía que partir de una posición de fuerza en vez de un equilibrio de poder.  Para Madsen, este fue uno de los factores que determinaron que la OTAN no se disolviera al igual que hizo su homóloga del Pacto de Varsovia. Algo que no se iba a esperar, por otra parte, de una organización creada para servir de punta de lanza militar imperialista en el mundo.

El informe del IEWWS, de 1987, y su aplicación práctica, fue una forma incruenta de ir despedazando por etapas a la URSS. Así, en dicho documento, se instaba a Occidente a tomar ventaja respecto de la agónica Unión Soviética en el nuevo mapa geopolítico que se avecinaba, en particular, en el Tercer Mundo, un área que había sido de supuesta influencia soviética. Otro hecho que remarca Madsen es que “el informe think tank, financiado por Soros, pedía la sustitución de los «intereses nacionales» de la Europa del Este (todavía comunista) en favor de «los intereses de la OTAN». Dicho y hecho. Tras los sucesivos golpes de Estado de 1989 en los países socialistas y su configuración como nuevos Estados capitalistas, todos pasaron a integrarse en tromba en la Alianza Atlántica. Otra trampa que se quería tender sobre la todavía URSS, procedente del informe mencionado, es que se solicitaba la concesión del estatuto de observador de la Unión Soviética en el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) – la actual Organización Mundial del Comercio (OMC) – y el Fondo Monetario Internacional (FMI) como una manera de obtener abiertamente más información acerca de la economía soviética.

Hablando claro, el informe IEWSS fue elaborado para, como dice Madsen, trazar una «hoja de ruta» sobre cómo los centros de poder de Occidente (agencias de inteligencia, bancos, corporaciones multinacionales y militares) se aprovecharían de la «perestroika» y la «glasnost», no para favorecer la apertura y “democratización” de la Federación de Rusia y otros pueblos soviéticos, sino para proyectar los intereses de Occidente, en particular, los estadounidenses, tanto en Europa Central como Oriental. Para el desempeño de tan ingente tarea, el IEWSS de Soros contó, como ya se ha dicho más arriba, con la colaboración de mercenarios “comunistas” de Europa del Este al más alto nivel. Madsen cita algunos de ellos: Ferenc Esztergályos, embajador de Hungría ante las Naciones Unidas; el ex embajador de la República Popular de Polonia en la ONU Ryszard Frelek, el diplomático yugoslavo Ignac Golob, que más tarde se convirtió en jefe de enlace de la OTAN en Eslovenia, y Harry Ott, vicecanciller de la República Democrática Alemana (RDA), mano derecha del último presidente “comunista” del país, Hans Modrow.

Precisamente, Ott, sin papeles desclasificados (he indagado por mi cuenta), tuvo la desvergüenza, en octubre de 1989, de hablar de unidad y socialismo en la RDA, nada menos que en la propia sede del IEWWS en Nueva York (con el “Muro antifascista” a punto de caer), palabras que fueron recogidas por el New York Times, que decía, entre otras cosas, lo siguiente (traduzco literal): Un funcionario de Alemania Oriental de alto rango (Harry Ott), hablando en nombre de la nueva dirección comunista de la RDA, rechazó enérgicamente las ofertas de ayuda económica occidental a cambio de liberalización política y económica de Alemania Oriental. Ott dijo que el objetivo de la RDA tenía que ser fortalecer el socialismo y la soberanía del país, no parecerse a su vecino de la RFA. La existencia de dos estados alemanes ha sido durante cuatro décadas una de las realidades de las que ha dependido la seguridad y la estabilidad en Europa, dijo Ott, para señalar, a continuación, que La RDA deplora el hecho de que muchos ciudadanos de nuestro país, especialmente los jóvenes, lo hayan dejado. Estamos buscando las causas en nosotros mismos. Pero no se puede ignorar que ciertas fuerzas están tratando de explotar la situación. Toda una gran actuación teatral (eso sí, repleta de verdades) de uno de los verdugos del Pacto de Varsovia.

Poco antes de que se disolviera (o la disolvieran) la URSS los imperialistas no se conformaban con la “victoria ideológica” (y sobre el terreno) contra el comunismo, sino que había que proseguir hasta la atomización completa de lo que había sido el territorio soviético. Así lo señala Madsen cuando dice que Soros y sus compinches de las organizaciones de “derechos humanos” trabajaron activamente para destruir la Federación de Rusia, apoyando a movimientos independentistas en Kuzbass (Siberia), utilizando a derechistas alemanes que buscaban restaurar Konigsberg y Prusia Oriental, así como a financiar a nacionalistas lituanos y de otras repúblicas autónomas y regiones (Tatarstán, Osetia del Norte, Ingushetia, Chechenia, etc.) fomentando el separatismo en las entonces llamadas Repúblicas Autónomas Socialistas Soviéticas. Madsen afirma que uno de los principales grupos que fueron captados por Soros y los funcionarios de la CIA fue el Centro Público Tatar (TOT), que abogaba por el reconocimiento de la soberanía tártara, todo ello un año antes de la desaparición de la URSS. ¿Se imaginan a otro país haciendo lo mismo en territorio norteamericano? ¿infiltrando mercenarios, financiando a grupos opositores y ocasionando sabotajes terroristas? La ola de represión policial y venganza militar de EEUU sobre sus propios ciudadanos y los países agitadores de esa subversión sería inimaginable.

La actividad involucionista e injerencista de Soros contra Rusia, desde entonces, no se ha detenido, sino, más al contrario, se ha incrementado provocativamente a través de sus bases operativas repartidas en los territorios aledaños a Rusia. Madsen cita a países como Ucrania, Estonia, Letonia, Lituania, Finlandia, Suecia, Moldavia, Georgia, Azerbaiyán, Turquía, Rumania, Mongolia, Kirguistán, Kazajstán, Tayikistán y Uzbekistán, mientras que los grupos de choque terroristas empleados para socavar la Federación de Rusia van, advierte Madsen, desde una coalición de fascistas ucranianos y neonazis a moldavos sionistas. Sin olvidar, siguiendo al americano, los nuevos escuadrones de la muerte de Occidente: la “yihad” del Estado islámico que opera desde Siria e Irak (y en la frontera con Afganistán), los nacionalistas fascistas Lobos Grises de Turquía o los combatientes chechenos con conexiones directas con la yihad salafista.

Las operaciones clandestinas y terroristas de Soros, la CIA y la OTAN suponen una amenaza directa no ya sólo para Rusia sino, en general, para países como Irán, Bielorrusia, Armenia, el saqueado Irak o la acosada y destruida Siria, como apunta Madsen. Putin ha tomado buena cuenta de ello, desde que se hizo con la jefatura del país, devolviendo el prestigio a una Rusia que estuvo a punto de ser vendida al contado a Occidente por rufianes como Mijail Gorbachov o Boris Yeltsin, un tipo, el primero, que fue premiado con un “Nobel” por haber firmado el fin de la URSS bajo el padrinazgo de terroristas como George Soros y la CIA.

FUENTE:

http://uraniaenberlin.com/2015/12/11/george-soros-y-la-cia-ayudaron-a-mijail-gorbachov-a-decretar-la-disolucion-de-la-urss/

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NOTA DE YRANIA: El post de arriba es un comentario publicado por http://www.uraniaenberlin.com  sobre un artículo de Wayne Madsen.

Seguidamente reproducimos el artículo original, publicado en  Strategic Culture Foundation ( ONLINE JOURNAL ) por Wayne Madsen.

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Wayne Madsen,   investigative journalist, author and syndicated columnist. Has some twenty years experience in security issues. As a U.S. Naval Officer, he managed one of the first computer security programs for the U.S. Navy. He has been a frequent political and national security commentator on Fox News and has also appeared on ABC, NBC, CBS, PBS, CNN, BBC, Al Jazeera, and MS-NBC. He has been invited to testify as a witness before the US House of Representatives, the UN Criminal Tribunal for Rwanda, and an terrorism investigation panel of the French government. A member of the Society of Professional Journalists (SPJ) and the National Press Club. Lives in Washington, D.C.

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GEORGE SOROS

http://www.strategic-culture.org/news/2015/12/09/soros-and-his-cia-friends-targeted-ussr-russia-1987.html,

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Soros and His CIA Friends Targeted USSR/Russia in 1987

Declassified Central Intelligence Agency documents clearly describe how international hedge fund mogul George Soros targeted the Soviet government of Mikhail Gorbachev as early as 1987. Soros, who was already quite wealthy, worked closely with a CIA-linked non-governmental organization (NGO), the Institute for East-West Security Studies (IEWSS), to take advantage of Gorbachev’s policies of «perestroika» and «glasnost» to infiltrate the Soviet economic and political systems to hasten their demise.

At the same time, the IEWSS included as board members Eastern European Communist government officials who were, by virtue of their positions in the IEWSS, aiding and abetting the Soros operations to destabilize the Soviet Union.

Russian President Vladimir Putin recently ordered two Soros organizations – the Open Society Foundations and the Open Society Institute Assistance Foundation – to cease their operations in Russia after being deemed undesirable by the Russian government because of their threat to the Russian state. The U.S. State Department immediately decried the ouster of the groups. However, the State Department’s anger was due to the fact that Russia ejected the operations of Soros, a longtime destabilizer of the USSR and Russia as demonstrated by his underwriting of the 1987 IEWSS report.

Also ordered out of Russia were the CIA-linked National Endowment for Democracy, the International Republican Institute, the MacArthur Foundation and the neo-conservative embedded Freedom House, all of which maintain close operational and financial links to Soros destabilization operations.

After the collapse of the USSR in 1991, Soros and the CIA turned their attention toward collapsing the Russian Federation by encouraging the amassing of obscene wealth by unscrupulous oligarchs and encouraging separatism by autonomous republics and regions of the federation. After the fall of the Berlin Wall, the New York-based IEWSS changed its name to the EastWest Institute, which should not be confused with the East-West Center in Hawaii. However, both operations are heavily tied to the CIA. Today, the EastWest Institute includes as a board member the notorious neo-conservative ghoul Michael Chertoff.

The co-chairmen of the IEWSS in the 1980s were Joseph Nye of Harvard University and Whitney MacMillan, the chairman and chief executive officer of Cargill, Inc., a huge agri-business that had trade ties with the USSR. Cargill states as part of its official history that the «first business contacts of Cargill with Russia started more than 30 years ago when the Soviet Union was holding trading operations of selling surplus grain abroad». In 1972, Cargill sold two million tons of wheat to the Soviet Union in a direct sales operation. One can see how Soros opportunistically saw the Soviet Union’s dependence on Cargill for wheat sales as a potential pressure point on Moscow.

Nye of Harvard University was the father of «neo-liberalism,» the «liberal» version of neo-conservatism. Neo-liberal destabilization operations are part of Soros’s bag of tricks. Nye’s concept of «smart power» has been embraced by the Obama administration and dovetails with Soros’s use of social media to foment coups, revolutions, and other undemocratic changes of governments. Nye was rewarded by Obama with a seat on the Foreign Policy Advisory Board and the Defense Policy Board. Nye served as President Bill Clinton’s chairman of the National Intelligence Council.

In 1987, Nye’s and MacMillan’s special report titled «How Should America Respond to Gorbachev’s Challenge?» which was held in the CIA files and not released to the public until 2011, provided a blueprint for future U.S. relations with Moscow. The IEWSS task force that prepared the report received funding directly George Soros and the CIA-linked Ford Foundation. Therefore, with such financial strings attached, the report unsurprisingly concluded that any re-evaluation of Western relations with a more open Soviet Union had to be done from a position of strength rather than with a view toward an equal balance of power. The 1987 IEWSS report states up front that «balancing Soviet power and maintaining a strong Western alliance remain central to U.S. national interests». This policy doctrine is the reason why the North Atlantic Treaty Organization (NATO) did not dissolve upon the abandonment of its East bloc counterpart, the Warsaw Pact.

The IEWSS report urged the West to take advantage of the Soviet scaling back of its operations in the Third World, the easing of restrictions on Soviet Jewish emigration to Israel, and Soviet «flexibility» for eastern European states to pursue their «national interests». In fact, what this Soros-funded think tank report was calling for was the replacement of eastern European «national interests» with «NATO interests». The report also called for granting the Soviet Union observer status in the General Agreement on Tariffs and Trade (GATT) – the present-day World Trade Organization (WTO) – and the International Monetary Fund (IMF) as a way to obtain openly more information about the Soviet economy.

The IEWSS report was designed to outline a «road map» on how Western power centers – intelligence agencies, banks, multinational corporations, and the military could take advantage of «perestroika» and «glasnost,» not in the interests of the Russian and other Soviet peoples, but for the projection of Western, that is American, interests into central and eastern Europe.

IEWSS included on its board such Soros cohorts as Lawrence Eagleburger of Kissinger Associates, Helmut Sonnenfeldt of the Brookings Institution, and Peter Tarnoff, president of the Council on Foreign Relations.

Representing the communist governments of eastern Europe on the IEWSS board were Ferenc Esztergályos, Hungarian ambassador to the United Nations; former Polish People’s Republic ambassador to the UN Ryszard Frelek; Yugoslav diplomat Ignac Golob who later became Slovenia’s chief liaison with NATO; and German Democratic Republic (GDR) deputy foreign minister Harry Ott, who later formed the «Blue Rose» organization of former and disaffected officials of the GDR.

After the dissolution of the Soviet Union, Soros and his cronies in the international «human rights» movements he financed went to work to dissolve the Russian Federation, a goal they continue to advance. What Soros wants to achieve is the shrinking of Russia to the old 1553 borders of Muscovy ruled by Ivan the Terrible. To this end, Soros’s operations in Russia have sought to encourage independence movements in the Kuzbass region of Siberia; Kaliningrad using German right-wing revanchists who want to restore Konigsberg and East Prussia, as well as Lithuanian nationalists; Tatarstan, North Ossetia, Ingushetia; and Chechnya, using pan-Turanian Turkic nationalists funded by Turkey; Buryatia; Tuva; Udmurtia; Karelia; Komi; Mari-El; Kalmykia; Bashkortostan; Sakha-Yakutia; Khakazia; Tyumen; Krasnodar; Stavropol; Rostov; and other autonomous republics and regions. Even before the collapse of the Soviet Union, Soros operatives were involved in fomenting separatism in what were then Autonomous Soviet Socialist Republics (ASSRs). Chief among the groups co-opted by Soros and his CIA case officers were the Tatar Public Centre (TOT), which called for recognition of Tatar sovereignty a year before the USSR’s demise. Other targets were the Bashkir ASSR, the Chechen‐Ingush ASSR; the ethnic Avars of the Dagestan ASSR; the Kalmyk ASSR; and the Tuva ASSR.

Today, Soros, deprived of his NGO offices in Russia, is relying on external operations on Russia’s periphery to continue to the advance the goal of restricting Russian rule to Old Muscovy. These bases of operations include Ukraine, Estonia, Latvia, Lithuania, Finland, Sweden, Moldova, Georgia, Azerbaijan, Turkey, Romania, Mongolia, Kyrgyzstan, Kazakhstan, Tajikistan, and Uzbekistan. Arrayed against Russia are a developing coalition of Ukrainian fascists and neo-Nazis, Ukrainian and Moldovan Zionists; Islamic State guerrillas from the battlefields of Syria and Iraq; Turkish Grey Wolves nationalists and Salafist jihadists; and Chechen and Caucasus Emirate fighters. The connections between this growing coalition and the Soros operations, CIA, and NATO should not only be alarming to Russia but also to Belarus, Armenia, Iran, Syria, Iraq, Lebanon, Greece, Serbia, and other Slavic and Orthodox Christian regions.

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FUENTE:

http://www.strategic-culture.org/news/2015/12/09/soros-and-his-cia-friends-targeted-ussr-russia-1987.html,

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