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“BUDA, MAESTRO DE VIDA”

29 de junio de 2018

VOLKER ZOTZ / Gautama Buda, maestro de vida

—–Capítulo I                [19  a 49):  01.- El ejemplo de Gautama; 02.- El  precio de la vida; 03.- Caminos y extravíos; 04.- El despertar ó la iluminación; 05.- El Sabio;

06.- no aceptar ciegamente; [34]

G nos enseña a “reconocer y eliminar las cadenas de la ignorancia”.

La sabiduría de G descansa en 3 pilares:

  1. a) conocimiento,
  2. b) configuración de la vida
  3. c) y meditación.

Comprensión   y   pensamiento   preceden a la acción.  Para modificarnos seguimos tres pasos:

  1. x) aprendemos a conocer y entender una nueva posibilidad.
  2. y) al mover nuestro pensar, sopesamos las ventajas e inconvenientes.
  3. z) plasmamos en nuestra vida lo que hemos aprendido.

07.-…criterios para juzgar; [37]

Toda opinión es un prejuicio.

Dar una oportunidad a tres propuestas, que hemos examinado según tres criterios:

  1. h) ¿Qué nos dice nuestra inteligencia?
  2. i) ¿qué piensan o cómo se comportan las personas superiores o ejemplares?
  3. j) ¿Cuáles son los resultados? Alegría ó desgracia; felicidad ó sufrimiento.

08.-…el despertar como desafío [39]

El que busca la verdadera libertad debe abandonar el palacio/mundo de las distracciones y de las quimeras y sin olvidar las obligaciones externas iniciar el despertar interior, cuya claridad incluye nuestra verdad personal y social.

09.-…etapas del despertar [41 a 46]

…El que quiera seguir el camino de Buddha, en vez de preocuparse por los días y los meses lejanos, no debería dejar que el momento actual pasara inútilmente.  / …El viaje más largo empieza con el primer paso.

El camino de Gautama es un largo viaje. Empieza justo aquí y ahora. El primer pequeño paso consiste en reconocer el punto de partida. Para ello tres ejercicios permitirán fomentar la toma de conciencia y el estar más despierto. Sucesivamente, con más capítulos de enseñanzas de Gautama, habrá otros ejercicios de praxis.

10.- EJERCICIO 1: EL REPASO DEL DíA [46]

Cada día experimentamos sensaciones, sentimientos y pensamientos que nos convierten en lo que somos. El repaso del día debemos empezarlo con el momento en que nos acostamos para dormir en la noche anterior y así contemplamos los aconteceres usuales y singulares retrospectivamente hasta el momento de levantarnos.

 

11.- EJERCICIO 2: EL DESPERTAR CONCENTRADO [48]

Al despertar, no hay que salir disparado de la cama para asearse y vestirse. Tampoco debe uno hacerse el remolón. Concéntrese para acometer el día consciente y despejado. Antes de levantarse de la cama recorra mentalmente cada parte del cuerpo desde los dedos de los pies hasta la cabeza, con detalle en orejas, cogote, frente, ojos, nariz, boca, mejilla y barbilla. Así sentimos cómo la energía potencial matutina penetra en todas las partes del cuerpo. Entonces estamos conscientes de todo el cuerpo. Nos levantamos con la sensación de estar verdaderamente ahí. Estemos atentos mientras nos aseamos y vestimos.

12.- EJERCICIO 3: CONSTATAR EL CONSUMO DE TIEMPO [49]

Seamos conscientes de cómo transcurre un día normal. Tomemos nota en los siguientes días (de 3 a 5) de cuánto tiempo dedicamos a cada tarea: comer, aseo, trabajo, pareja, hijos, parientes, profesión, desplazamientos, charlas, conversaciones y diversión.  El ser humano se constituye, en gran parte, por lo que hace. {el Ejercicio 4, en 22, pág. 77}

 

Capítulo II [51 a 81]

13.-  Ley y libertad. [53] Cuando menos despierta está una persona, más velados le resultan los motivos de sus propias acciones.

14.- Saber y creer. [55] Cuanto más sinceramente se investiga todo, en realidad menos cosas permanecen seguras. / ¡Se trata de saber que uno cree, en vez de creer que uno sabe!

15.- Creer sin más no es suficiente. [57] He de diferenciar claramente qué es real y qué, con una probabilidad mayor o menor, tan sólo espero y temo. [59]

16.- Las cuestiones últimas. [59] Gautama consideraba que depender de meras opiniones sobre las cuestiones últimas constituía un peligro para el anhelo de libertad. [60]. Gautama se topó con la idea de que el mundo y la vida carecían completamente de sentido. (…). Purana Kasyapa, un coetaneo de Gautama. (…). El que así piensa quizás obtenga satisfacción por el placer inmediato. El quiere pasar por la vida de la forma más agradable posible, si no pone por sí mismo un fin a esta existencia sin sentido. / Otra opinión considera que el mundo y la vida están completamente llenos de sentido: “Un dios que creó el universo persigue con ello un plan que también regula mi vida”. (…). Otros ven en sus propios actos como el cumplimiento de la voluntad de la divinidad (…).

Gautama advirtió a sus discípulos que no desperdiciaran su tiempo de vida limitado en especulaciones acerca de si el mundo tiene o carece de sentido, si tiene principio o ha sido creado, si es finito o eterno. (…). Una persona no puede percibir lo que está más allá de su capacidad de percepción ni comprender lo que supera su capacidad de comprensión. No puede percibir ninguna cosa que se halle fuera de las posibilidades de su conciencia. Si ejercita sus percepciones y amplía su conciencia, entonces quizás lo que hoy permanece oculto mañana pueda contemplarlo. [62]

 

17.- Leyes de la existencia. [62] Toda existencia y todo devenir sólo es posible por leyes. Se llama Dharma (palabra sánskrita relacionada con dhara= “lo que lleva”) a las leyes que ordenan el mundo, la vida; las leyes de la naturaleza en sentido amplio. /   El mundo sólo es posible a través de tales leyes; sin ellas reinaría el caos.  / La libertad humana es una consecuencia del conocimiento de las leyes y del margen de desarrollo que ofrecen. [63]

Gautama compara la situación del ser humano con la del herido al que hay que hay que curar.  Para ello estableció las 4 nobles verdades: 2 verdades para el diagnóstico y 2 para la terapia. [64]

18.- LA “PRIMERA NOBLE VERDAD”: NUESTRO SUFRIMIENTO [64]

19.- LA “SEGUNDA NOBLE VERDAD”:  CÓMO SE ORIGINA EL SUFRIMIENTO [70]

20.- LA “TERCERA NOBRE VERDAD”: EL SUFRIMIENTO ES EVITABLE [73]

21.- LA “CUARTA NOBLE VERDAD”: EL CAMINO [74]

22.- EJERCICIO 4: EL TIEMPO PARA LA MEDITACIÓN [77]

23.- EJERCICIO 5: CREER Y SABER [79]

24.- EJERCICIO 6: ¿QUÉ ME HACER SER LO QUE SOY? [81]

Capítulo III [83 a 109]

25.- Karma [85]

26.- Cinco aspectos del devenir.- [86] Los discípulos de Gautama vieron cómo todo es devenir: los efectos se desprenden de las causas para continuar actuando  como causas. Luego aprendieron a ver la causa y el efecto bajo cinco aspectos: (1) la materia inerte, (2) la materia viva, (3) el inconsciente humano, (4) el actuar (karma) y (5) el dharma.

(1) el desarrollo de la materia inerte condiciona la vida del ser humano, …(2)…dentro de la materia viva, la flora y la fauna, actúan determinadas leyes que condicionan la existencia del ser humano, el cual permanece unido a los procesos y leyes  fundamentales que constituyen la vida, …(3) Numerosas causas del inconsciente humano contribuyen a configurar la vida.  A través de la educación adoptamos muchas pautas de comportamiento que nos impregnaron. Desde nuestra infancia asumimos costumbres que ahora pertenecen a nuestra personalidad, crecimos con un lenguaje, cuyas leyes se hallan en la base de nuestro pensar y nuestro decir. (4) Actuar abarca los pensamientos, las palabras y los actos de un ser humano. (5)… las causas del dharma provienen del ámbito que está más allá  del mundo normalmente experimentable. Se trata de la influencia de las leyes fundamentales sobre la existencia.

27.- La Ley del karma. [88]

28.- ¡No todo es efecto del karma! [90]

29.- El caso An gulimaliya. [92]

30.- La intención decide. [95]

31.- El pensamiento toma la delantera. [96]

32.- Educación del pensamiento=  Gautama enseñó cinco métodos  que mostraban cómo dominar y organizar los procesos internos del pensar. [100]

33.- Para la aplicación de los cinco métodos. [102].- Codicia, odio y ofuscación son conceptos para actitudes que adoptamos.  Amor, paz, diligencia y constancia son conceptos para actitudes que se presentan en multitud de pensamientos. Ninguna persona piensa en conceptos “codicia” u “odio”, sino que, más bien se tienen cientos de miles de pequeños y muy concretos pensamientos que se pueden considerar expresiones de “codicia” y de “odio”.  No tendría sentido en pensar en sus conceptos contrarios, “amor” “paz”, “diligencia”, “constancia” para expulsar así la “codicia” y el “odio”. Tenemos que establecer qué pensamientos cotidianos y concretos actúan en nosotros negativamente. Y ahí hay que empezar con la práctica de eliminarlos, mediante los siguientes métodos.

1.- Substituir la idea mala por una mejor.- [103].- Si, por ejemplo, un adicto al chocolate pasa por delante de una pastelería, lo que debe hacer es substituir su sentimiento negativo de  avidez por otro positivo. Se trata de que piense en algo bonito que le haga perder fuerza al sentimiento negativo. Por ejemplo, puede pensar en un ser amado, en un ideal en el que cree firmemente.

2.- Considerar las consecuencias.- [103].- En el caso de una persona glotona, puede considerar las consecuencias dañinas para su salud que se derivarían de una obesidad  excesiva. Gautama decía que avergonzarse de los pensamientos y sentimientos negativos y sentir asco de los mismos.

3.- Abstraer el pensamiento.- [104].-  Según la enseñanza de Gautama el pensamiento es una especie de percepción sensorial como oír, ver, oler, degustar y tocar. Así como con los sentidos externos se perciben sonidos, formas y olores, con el sentido del pensamiento orientado hacia el interior podemos percibir las ideas que atraviesa la cabeza. Pero así como no estamos obligados a considerar detenidamente ninguna forma visible, tampoco tendremos que seguir las ideas que aparezcan en la mente. También hay cerca o a lo lejos ruidos, pero no les prestamos atención si no queremos. Del mismo modo el pensamiento no ha de ser siervo de las ideas que emergen. Es posible abstraerse como cuando uno se hace el sordo, habilidad esta –la de abstraerse– que poca gente ha desarrollado.

4.- Dejar que el pensamiento se debilite.-  [105].- Es esta propuesta de Gautama la idea negativa se recoge conscientemente; se acepta tal como es y simplemente se contempla. Después uno se pregunta “¿Por qué debería yo seguir cavilando lo que pienso o incluso hacerlo?” Preguntémonos qué se puede decir en favor de ese impulso negativo.

Si el impulso es relativamente, como en el caso de la persona glotona, deberemos proponer una reducción, paso a paso, del citado impulso. Por ejemplo, se dice el glotón a sí mismo “¿Por qué no me contento una pasta pequeña?” Y seguidamente, “¿Por qué no me tomo una manzana?”.

5.- Apretar los dientes.- [106].- Si ninguno de los cuatro métodos anteriores es efectivo, entonces debemos hacer un esfuerzo más. En el caso del adicto a la comida, debería alejarse de las pastelerías o de cualquier ocasión tentadora.

Hay que considerar, sin embargo, que las  reiteradas  represiones de los pequeños impulsos negativos podría dar lugar a la acumulación de lo oprimido y causar daños peores que los evitados mediante la represión.

 

34.- EJERCICIO 7: EDUCAR EL PENSAMIENTO [107]

35.- EJERCICIO 8: OBERVACIÓN DEL DISCURSO. OBSERVAR EL HABLAR [108]

36.- EJERCICIO 9: SINCERIDAD CON UNO MISMO EN EL ACTUAR [109]

 

Capítulo IV [111 a 141]

37.- Muerte y reencarnación. [113]

38.- La verdad incómoda. [115]

39.- ¿Y tras la muerte? [118]

40.- Reencarnación. [120]

41.- ¿Vidas anteriores? [122 a 125]

Si la historia de lo que es un ser humano   empieza antes de  su nacimiento en esta vida, ¿por qué no recuerda existencias anteriores? Gautama no dijo que sea imposible hacer presente lo anterior. Su despertar ha sido descrito como recuerdo en el que vidas anteriores penetraron en su conciencia hasta que él experimentó el proceso que abarca el devenir como constitución y desaparición de mundos. Se dice que los altos dignatarios del Tibet –el más famoso es el dalai-lama–, en el momento de la muerte podían dejar una existencia intencionadamente y con conciencia clara para empezar una nueva. Si uno no ha “vivenciado” algo de este estilo, lo puede creer o no. ¿Debería uno aspirar a ese tipo de experiencias?

Si uno pudiera de repente abarcar en vez de las décadas pasadas varios siglos o milenios, seguro que esta experiencia sería trágica. ¿Quién –todavía lleno de codicia y odio—sería capaz de soportarlo? En nuestra limitación ni siquiera sacamos todas las consecuencias del saber y de las experiencias de los años abarcables. Siglos se convertirían en una carga abrumadora para nosotros. ¿De qué me podría servir recordar miles de años, si todavía no acierto a corregir los errores del ayer?

Para comprender qué significa en última instancia “reencarnación” para Gautama, hay que tener en cuenta su enseñanza sobre el anatman. No hay ninguna personalidad que exista por sí sola. Los procesos de la naturaleza inerte y viva, todo lo percibido y cada cosa con la que me encuentro, contribuyen a mi conciencia. Las fronteras de lo que pertenece a mi vida son fluidas. Como mi yo es tan relativo nunca se puede decir de forma absoluta: “Esta fue mi vida anterior”. En palabras de Gautama: “En el pasado yo era y no era. En el futuro yo seré y no seré. Yo ahora soy y no soy. En el pasado la existencia pasada era real, la futura y la presente eran irreales. En el futuro la existencia futura será real, la pasada y la presente serán irreales. Ahora mi existencia presente es real, la pasada y la futura son irreales.” {31}

Cuanto más retrocedo en el pasado de mi país, de mi continente, de la Tierra o del sistema planetario, tanto más claro queda que se trata de mi pasado. Si he nacido en Alemania, incluso años después de 1945, he aceptado las consecuencias, y   en este sentido, Hitler pertenece a mi vida anterior, porque lo que sucedió en su nombre impregnó la cultura y la sociedad que me engendró a mí.

 

42.- Formas de transformación. [126]

43.- Reencarnación en cada instante. [129]

44.- Nirvana. [131]

45.- ¿Miedo a la muerte? [133]

46.- EJERCICIO 10: MODIFICACIÓN    DE  LA   DIRECCIÓN  DE LA MIRADA [135]

47.- EJERCICIO 11: TRABAJAR EL MIEDO [137]

48.- EJERCICIO 12: CONSIDERACIÓN SOBRE LA MUERTE [140]

Capítulo V [143 a 171]

49.- DIEZ CADENAS: [145]

  1. La falsa autoimagen. [146]
  2. Escepticismo. [149]
  3. Ritos y reglas. [152]
  4. Avidez de percepción sensorial. [155]
  5. Rencor o querer el mal. [157]

 

  1. Anhelo de figura. [159]
  2. Anhelo de ausencia de figura. [161]
  3. Arrogancia comparativa. [163]
  4. Estado de agitación. [166]
  5. Ignorancia. [168]

50.- EJERCICIO 13: ¿DÓNDE ESTÁN MIS CADENAS? [169]

51.- EJERCICIO 14: AMPLIACIÓN DEL HORIZONTE [169]

52.- EJERCICIO 15: RENUNCIA PROVISIONAL [170]

Capítulo VI [173 a 198]

53.- Meditación. [175]

54.- ¿Dónde empezar? [179]

55.- El significado de la respiración. [181]

56.- Guardar silencio, sentarse quieto. [184]

  1. Contemplar la respiración. [188]

58.- La contemplación del sentimiento. [192]

59.-  ¿Qué pasa en mí? [194]

60.- Atención en la vida diaria. [195]

Capítulo VII [199 a 220]

61.- CINCO REGLAS: [201]

  1. No matar o herir conscientemente a ningún ser vivo. [203]
  2. No tomar lo que no se ha dado. [208]
  3. Llevar una vida moralmente pura. [212]
  4. Evitar las mentiras y las palabras groseras. [216]
  5. No turbar la conciencia con drogas. [220]

Capítulo VIII: [221 a 230]

Para Acabar [223]

62.- Misterios de la muerte. [224]

63.- La libertad de la voluntad. [226]

64.- Esmero y fracaso para nosotros y el mundo. [227]

Capítulo IX: NOTAS [229 y 230].

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Nota de YRANIA: LECTURA RECOMENDADA:

https://de.wikipedia.org/wiki/Helmut_Uhliger

  • Helmut Uhlig (autor) (1922-1997), erudito y autor religioso alemán
  • BUDDHA UND JESUS, die Überwinder der angst

…la ideología de género niega la diferencia entre Varón y Hembra /por ALAIN DE BENOIST

15 de junio de 2018

Alain de Benoist

15 de junio de 2018

«Esto ya no es una mujer», titulaba provocativamente la revista Éléments, inspirada por Alain de Benoist. Una más que femenina Brigitte Bardot lo desmentía en la portada. El debate sobre la teoría del género está bloqueado porque los partidarios de dicha ideología… niegan su existencia. Según el movimiento gay, nunca ha habido tal teoría, pues lo único que pretenden, según ellos, es luchar contra la discriminación. La teoría del género, explican los militantes homosexuales, ha sido inventada por el Vaticano para hacer creer que existe un complot gay con misteriosos y sórdidos objetivos. Finalmente, ¿existe o no existe la teoría del género?

¡Por supuesto que existe! Autores como Judith Butler, Eric Fassin, Monique Wittig y muchos más, ¿qué son, sino representantes de la teoría del género, es decir, adalides de una teoría que pretende que las identidades sexuales no dependen en absoluto del sexo biológico o de la pertenencia sexuada? Pero esta teoría no es tampoco el resultado de ningún “complot homosexual”. Se basa en la idea de que la identidad sexual se deriva de una pura “construcción social”. Afirma que no hay, en el momento de nacer, ninguna diferencia significativa entre los niños y las niñas (postulado de neutralidad); pretende que el individuo no debe nada a la naturaleza y puede construirse a sí mismo a partir de nada (fantasma de autoengendramiento).

En cuanto a la discriminación, hay formas muy distintas de luchar contra la misma. Si la discriminación consiste en tratar desigualmente a los hombres y a las mujeres, soy por supuesto el primero que quiere que desaparezca. Pero hay que saber si la igualdad debe comprenderse como sinónimo de la mismidad. Con otros términos, hay que saber si, para restablecer la igualdad entre los sexos, se tiene que hacer desaparecer la diferencia entre ellos, cosa que obviamente no creo en absoluto. Ocurre lo mismo con los “estereotipos”, que no son sino verdades estadísticas abusivamente generalizadas. La forma en que algunos se imaginan que, para “deconstruir los estereotipos”, hay que arremeter contra las nociones mismas de lo masculino y lo femenino, revela que, por más que pretendan lo contrario, quienes así piensan, se adhieren al postulado básico de la teoría del género.

Muchos y muy diversos son quienes luchan contra la teoría del género. Lo mismo ocurre con sus argumentos. ¿Se deberían, a su juicio, evitar ciertos argumentos que pudieran tener un objetivo erróneo o hacer el juego del enemigo al que pretenden combatir?

Hay, en efecto, diversas formas de criticar la ideología de género. En mi libro Les démons du bien [Los demonios del bien], mi crítica es de índole exclusivamente intelectual: estudio esta ideología para saber cuál es su valor en cuanto a la verdad, constato que es nulo y digo por qué. En los ambientes católicos lo que se hace no es tanto una crítica de este tipo, sino una crítica moral. Se basa en el postulado de que la teoría del género pretende legitimar comportamientos sexuales que se consideran, de entrada, “aberrantes” o “anormales”, empezando por la homosexualidad.

Estoy doblemente en desacuerdo con esta idea. En primer lugar –y éste es un punto fundamental–, pienso que la teoría del género no pretende tanto justificar tal o cual comportamiento sexual como negar la diferencia entre los sexos, lo cual no es en absoluto lo mismo. Con lo que sueñan no es con la homosexualidad, sino con la indistinción.

Por otra parte, yo no efectúo ningún juicio moral sobre las preferencias o las orientaciones sexuales. No veo en nombre de qué formularía semejante juicio. La homofobia, así pues, sólo es para mí una estupidez más entre otras muchas. Lo que, en cambio, me parece importante es recordar que lo masculino y lo femenino existen independientemente de las orientaciones sexuales. Los homosexuales no constituyen en modo alguno un “tercer sexo”, por la sencilla razón de que sólo hay dos sexos. Los gais y las lesbianas son hombres y mujeres como los demás, con la particularidad de que tienen preferencias sexuales propias y de carácter minoritario. Pero “minoritario” nunca ha querido decir “menos natural”: una norma estadística no es lo mismo que una norma moral. Con todo ello quiero decir que no soy de los que sólo critican la teoría del género con la esperanza de volver al viejo orden moral.

Si bien es una insensatez pretender que las diferencias entre hombres y mujeres no existen o son irrelevantes para los roles sociales que desempeñan, tal vez sea cierto que se deben repensar, hoy, las funciones sociales de los hombres y mujeres. ¿Está usted de acuerdo? Y en caso afirmativo, ¿cómo las repensaría?

No cabe duda de que los roles sociales de hombres y mujeres han cambiado radicalmente en el curso de las últimas décadas. Mediante la integración de una amplísima mayoría de mujeres en el sistema salarial se ha ido borrando progresivamente la frontera entre una esfera privada femenina y una esfera pública masculina. El acceso a la contracepción, la legalización del aborto o, incluso, la disyunción entre las responsabilidades familiares y las atribuciones de índole sexual les han dado a las mujeres libertades cuya conquista no lamento en lo más mínimo. ¡No soy ningún nostálgico del patriarcado a la antigua, el cual nunca fue tan insoportable como en la “Belle Époque” de la revolución industrial y del auge de la burguesía! Creo, en cambio, que algunas de estas libertades han resultado, en parte, ilusorias. La posibilidad ofrecida a las mujeres de trabajar fuera del hogar, por ejemplo, ha constituido a la vez una liberación y una alienación (a favor del sistema capitalista). Y a quienes más ha beneficiado la “revolución sexual” han sido, en últimas, a los hombres…

La cuestión es saber si esta transformación de las funciones sociales masculinas y femeninas debe implicar una negación o una desaparición de la feminidad y de la virilidad. No lo pienso en absoluto. La pertenencia sexuada no es sólo un asunto de órganos sexuales (el propio cerebro ya es sexuado al nacer), y la desexualización de hecho de un cierto número de roles y funciones no ha hecho desaparecer esa invariable antropológica que constituye la división del género humano en dos sexos. En el espacio y en el tiempo, en el ámbito de las diferentes culturas, los roles sociales masculinos y femeninos han ido evolucionando sin parar (es lo que se obstinan en no ver quienes razonan en términos esencialistas), pero esta evolución nunca ha puesto en tela de juicio el hecho de que los hombres y las mujeres no pertenecen ni al mismo sexo ni al mismo género.

Lo que hay que repensar es de qué forma distinta puede expresarse hoy en día lo masculino y lo femenino. El error, propagado por la teoría del género, sería creer que lo masculino y lo femenino deben, simplemente, dejar de expresarse al no corresponder ya a nada. Equivaldría ello a considerar que los hombres y las mujeres tienen que ser pensados en lo sucesivo como individuos abstractos y ya no como seres encarnados; es decir, haciendo abstracción del cuerpo y de la carne, de la seducción y de las relaciones sexuales. Como dice una feminista francesa muy hostil a la teoría del género, Camille Froidevaux–Metterie: “¿Por qué, después de haber sido tan sólo cuerpos, deberían hoy las mujeres vivir como si no tuvieran cuerpo?”

¿Cabe identificar en la teoría del género un problema más específico: el odio que siente esta sociedad por la figura del hombre, del macho y del padre?

Durante siglos, en la época del patriarcado, los valores femeninos han sido considerados constantemente inferiores a los masculinos. En la tradición cristiana, a menudo, la mujer ha sido asignada, simbólicamente al menos, al orden de la voluptuosidad, de la seducción y, por tanto, del pecado. Tertuliano veía en ella el “antro del diablo”. En la época clásica, las mujeres también fueron condenadas por “brujería”. Ahora se ha caído en el extremo inverso. Los valores tradicionalmente considerados femeninos (la sensibilidad, el espíritu de ayuda mutua y de cooperación, etc.) han sido colocados por encima de los valores masculinos. Todo lo que evoca la virilidad o la hombría despierta burlas, desdén, hostilidad… La noción de autoridad está desacreditada en su principio mismo… por más que siga omnipresente en la vida real. Al mismo tiempo, el niño (al que en el pasado siempre se le consideraba más carnalmente ligado a su madre que a su padre) es objeto de una idolatría sin precedentes. Antaño, el crimen supremo era el parricidio; hoy es el infanticidio. Esta situación no es preferible al antiguo reino de lo masculino. Constituye, en realidad, su simétrica inversión. No se sale del desequilibrio sustituyendo el patriarcado por el matriarcado.

Lo que resulta particularmente inquietante en el desmoronamiento de la figura paterna es que el padre ya no puede desempeñar el papel que normalmente le corresponde: encarnar la Ley simbólica que le permite al niño poner término a la “fusión materna” propia de la primera infancia; o lo que es lo mismo: entrar en la edad adulta. La quiebra de los valores viriles les lleva a los hombres a dudar de sí mismos, lo cual deteriora gravemente las relaciones entre los sexos. El hundimiento de la función paterna produce una generación de inmaduros narcisistas que nunca consiguen resolver su complejo de Edipo. Esta evolución es uno de los aspectos centrales de la sociedad posmoderna que tenemos a la vista.

Sobre el tema del “matrimonio para todos”…

El “matrimonio para todos” es reclamado por la minoría de una minoría, que representa un total de menos del 1% de la población. En España, donde el matrimonio gay fue legalizado en 2005, el matrimonio entre individuos del mismo sexo representa sólo el 0,6% del conjunto de matrimonios. La ideología de género (“gender”) concierne a todo el mundo. En la medida en que ella pretende que los niños son, en el momento de su nacimiento, “neutros” desde el punto de vista sexual, o cuando afirma que el sexo biológico no potencia para nada las preferencias sexuales de la mayoría de los individuos, y que el sexo (sólo hay dos) debe ser reemplazado por el “género” (habría una multitud, constituyendo otras tantas “normas” que los poderes públicos habrían de institucionalizar), esta ideología conduciría, de hecho, a negar la alteridad sexual, los que terminaría en un confusionismo total. La ideología de género se inscribe en una ficción de libertad incondicionada, de creación de uno mismo a partir de la nada. Con ella, no se trata de liberar el sexo, sino de liberarse del sexo. No lo veo, sin embargo, como hace el Vaticano, como un medio desviado de “legitimar la homosexualidad”, que parece, como poco, bastante simplista.

Añadiría que, en un país donde dos de cada tres niños nacen ahora fuera del matrimonio, no se puede decir que los heterosexuales aparezcan hoy como los más creíbles campeones del “matrimonio tradicional” (que no es, en realidad, sino el matrimonio republicano). Actualmente, sin embargo, no hay nadie más que los “curas” y los “homos” (que a veces son los mismos) que quieran poder casarse. En cuanto a mi posición personal, ésta se resume en una fórmula: estoy por el matrimonio homosexual y contra el matrimonio de los homosexuales. Hablando claramente, pienso que el matrimonio clásico, en la medida en que es una institución fundada sobre una presunción de procreación, como lo muestra su etimología (del latín “matrimonium”, derivado de “mater”, madre), deber ser reservado a las parejas heterosexuales, pero no soy nada hostil a un contrato de unión civil que permita a dos personas del mismo sexo perpetuar, al menos formalmente, su unión. Soy favorable, además, a la adopción para todos, pero hostil a la adopción plena en el caso de parejas homosexuales. En efecto, en lo que concierne al matrimonio, todo es asunto de definición: o vemos un contrato entre dos individuos, o vemos una especie de alianza entre dos linajes distintos. Porque no son la misma cosa.

Después de años de lucha, ¿qué balance podemos sacar del feminismo?

Un balance necesariamente de contraste, por la excelente razón de que el feminismo, en sí mismo, no significa gran cosa. Ha habido siempre, de hecho, dos grandes tendencias en el interior del movimiento feminista. La primera, que denomino “feminismo identitario y diferencialista”, buscan ante todo defender, promover y revalorizar lo femenino por relación a los valores masculinos impuestos por siglos de “patriarcado”. No sólo lo femenino no es negado, sino que, por el contrario, es proclamado su igual valor con lo masculino. Esta tendencia, ciertamente, ha conocido excesos, a veces llegando a caer en la misandria (en la década de 1960, algunas feministas americanas llegaron a decir que “una mujer tiene la misma necesidad de un hombre que un pez de una bicicleta”). Al menos no cuestionan la distinción entre los sexos. Encuentro este feminismo bastante simpático. Es este feminismo el que debe hacer avanzar realmente la condición femenina.

La segunda tendencia, que podemos llamar “feminismo igualitario y universalista”, es bien diferente. Lejos de buscar la revalorización de lo femenino, considera que es, por el contrario, el reconocimiento de la diferencia de los sexos lo que ha permitido al “patriarcado” imponerse. La diferencia es así tan tenue como indisociable de la dominación, mientras la igualdad es, a la inversa, puesta como sinónimo de indiferenciación o de la mismidad. Entramos, por tanto, en otro registro. Para hacer desaparecer el “sexismo”, habría que hacer desaparecer la distinción entre los sexos (igual que para hacer desaparecer el racismo hay que negar la existencia de las razas) –y sobre todo negar su natural complementariedad. Así, las mujeres no debería concebir más su identidad sobre el modo de pertenencia (al sexo femenino), sino sobre sus derechos en tanto que sujetos individuales abstractos.

Como dijo la ultrafeminista Monique Wittig, “se trata de destruir el sexo para acceder al estatuto de hombre universal” En otras palabras, las mujeres son hombres como los otros. Es, evidentemente, de esta segunda tendencia de la que nación la teoría de género.

¿Es forzosamente necesario ser feminista para ser una auténtica mujer?

Habría que ponerse de acuerdo sobre lo que es una “verdadera mujer”. Raymond Abellio distinguía tres grandes tipos de mujer: las mujeres “originales” (las más numerosas), las mujeres “viriles” y las mujeres “últimas”. Él interpretaba el feminismo como un movimiento de movilización de las primeras por las segundas. Lo que es seguro es que se puede ser feminista en sentido identitario sin serlo en sentido universalista. La cuestión que se plantea, sin embargo, es saber si la segunda tendencia mencionada antes todavía puede ser calificada de “feminista”. Si no hay más sujetos que hombres y mujeres, si el recurso al “género” permite desconectar lo masculino y lo femenino de su sexo, no vemos cómo la teoría de género puede todavía ser considerada como “feminista”, es decir, ¿qué caracteriza a las mujeres en tanto que mujeres?. ¿Cómo podrían las mujeres seguir siendo mujeres liberándose de lo femenino? Tales son, precisamente, las cuestiones que ponen en duda las feministas más hostiles a la ideología de género, como Sylviane Agacinski o Camille Froidevaux–Metterie.

Hoy, las Femen… ¿es suficiente mostrar sus pechos para hacer avanzar la causa femenina?

Si tal fuera el caso, la condición femenina, después de varias décadas, ¡habría dado un extraordinario paso hacia adelante! Pero en el mundo actual, la exhibición de un par de senos es de una tremenda banalidad. Igual que en las playas el monokini está pasado de moda. Exhibiendo sus pechos por todas las partes, las Femen, venidas de Ucrania, ingenuamente imaginaron que iban a causar cierta impresión. Pero ellas sólo hacen sonreír. Diciendo que creían que, para hacerse entender, tuvieron que recurrir a lo que algunos sociólogos llaman “la hostil desnudez”, una desnudez que no es concebida como medio de atraer, de seducir o de provocar el deseo, sino como un agresivo desafío, una especie de proclamación frente al enemigo. Este tipo de práctica revela un pobre exhibicionismo en el que se resume actualmente una gran parte de la sociabilidad occidental, la cual consiste en usar su cuerpo como una mercancía. ¡Las desafortunadas Femen pronto se olvidarán porque nadie se preocupará ya de sus tetas!

Pero sería un error creer que ellas tienen el apoyo de las feministas. Aparte de Caroline Fourest, notoria y amorosamente caída en los brazos de Inna Shevchenko, la mayoría de las feministas han tomado rápidamente sus distancias frente a estas exhibicionistas, a las que reprochan utilizar sus cuerpos y hacer una llamada a una “política de telegenia”, para movilizar la atención mediática, a riesgo de legitimar indirectamente el reconocimiento de las diferencias entre los sexos –claramente, de hacer un uso de sus glándulas mamarias conforme con los “estereotipos”. Otros activistas se opusieron a la exhibición de los senos, que en lugar de afirmar la superioridad de la desnudez, ellas harían mejor en defender la libertad de las mujeres a vestirse como ellas quieran. Hay que leer, en este contexto, el artículo de Mona Chollet titulado “Femen por todas partes, feminismo por ninguna” En cuanto a las reivindicaciones propiamente feministas de las Femen, ¡todavía las están buscando!

Entrevista efectuada por Adriano Scianca.
Traducción de Jesús Sebastián.

FUENTE:

https://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=6024

ARRIBA hay dos fotografias de MUJER

…en “burbujas” hay noticias como esta… ¿Recogen alimentos gratuitos…? y tienen “Mercedes”!

6 de junio de 2018

…”refugiados” acuden a un banco de alimentos en Alemania…


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