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Directo en Mater Mundi TV: La impresionante conversión de María en Nepal

8 de julio de 2019

TORRE DE HERCULES, c. año 4 antes de JC

8 de julio de 2019

CARMEN G. MARIÑAS C. A.
05/07/2019 05:00 H
El faro romano más antiguo del mundo en funcionamiento podría ser aún más antiguo de lo que se creía. Según unas investigaciones realizadas por Antonio Rodríguez Colmenero, experto en arqueología y profesor de Historia Antigua, el faro fue realizado en torno al año 4 antes de Cristo, bajo el mandato del emperador Augusto, y no de Trajano, como se pensaba hasta ahora.En el libro El faro de Brigantium Flavium, torre de Hércules de A Coruña, el profesor sitúa su construcción antes del siglo I d. C. El descubrimiento de una serie de petroglifos con inscripciones de la Legio X Gemina, activa desde el 70 antes de Cristo, apoya esta teoría. Colmenero también se sirve de los textos de Ptolomeo en los que habla de la actual torre de Hércules, haciendo referencia al Trileukón. Una palabra griega que significa «tres luces», generadas a través de un prisma en la parte superior del faro. De esta forma, según explica Colmenero, los navegantes podían distinguir el faro de otras luces de la costa. Otra de las novedades que introduce el historiador en su investigación se refieren a las funciones del faro en época romana. Además de servir para guiar a los marineros, la torre de Hércules se utilizaba para enviar mensajes hacia el interior. Mediante un código de luces, los romanos se comunicaban hasta el emplazamiento de Sobrado dos Monxes para advertir de posibles peligros que llegaban por la costa.Otra función que tenía el faro era la de antiguo establecimiento militar romano. El fundamento de esta teoría se encuentra en la distribución de las tres primeras plantas que recuerda a la disposición de otros campamentos romanos. El faro serviría para albergar a media centuria que defendía la zona y se aseguraba del cobro de los tributos de la aduana.

El estudio que recoge todas estas novedades ha sido editado por el Centro de Estudos da Historia da Cidade de la USC y por la Autoridad Portuaria coruñesa, y presentado en la sede de esta última.En el acto de presentación también estuvieron Enrique Losada, presidente de la Autoridad Portuaria, y Ana Goy, directora del Centro de Estudos da Historia da Cidade. Ambos reconocieron el estudio de Colmenero y sus novedosas teorías en el décimo aniversario como patrimonio de la humanidad de la torre de Hércules.

Jaume Farrerons · 7 julio 2019 facebook

8 de julio de 2019

Leonardo Castagnino Había un factor preponderante para que el “mundo entero” se alineara en contra de Alemania. Ese factor era el Trono del Oro, donde la usura internacional se movia con secular destreza, basada en leyendas y teorías seudocientíficas que afirmaban que la riqueza era el oro en respaldo de la moneda. Ese era el “dogma” estableciodo secularmente. El nacionalsocialismo, en cambio, proclamaba que la riqueza no es el oro, sino el trabajo, y con la realidad de los hechos, alemania lo estaba demostrándo. La falacia de que el oro era imprescindible, iba quedando al descubierto con el resurgimiento económico alemán, basándose en otro sistema que no era el patrón oro. El hecho que hasta entonces las finanzas se basaran exclusivamente en el patrón oro como verdad absoluta, como dogma de fe, no quería decir que así debía seguir ocurriendo, y el nacionalsocialismo lo demostraría con hechos.
El nacionalsocialismo había recibido una Alemania exhausta por la última guerra, castigada ademas por imposiciones del tratado de Versalles, y de la miseria resurgía como una potencia internacional. Con un territorio 19 veces mayor que Alemania y con recursos naturales y económicos infinitamente más grandes, Roosevelt no había dado empleo a sus once millones de desocupados. Pese a sus vastos recursos coloniales, los imperios británico y francés tampoco se libraban de ese crimen del trono del oro. Tampoco surgía Rusia con sus inmensas riquezas naturales y a pesar de la inmensa ayuda de occidente. En cambio, en la minúscula Alemania, no obstante la carencia de vastos campos agrícolas, de petróleo, de oro y de plata, la economía “nazi” había dado trabajo y pan a los 6.139,000 desocupados que le heredó el antiguo régimen. Si los sabihondos de la “ciencia económica” erigida en “tabú” alegaban que cierto terreno no podía abrirse al cultivo ni acomodarse ahí determinado número de cesantes, debido a que no había dinero, esto parecía ser una razón suficiente, entonces no se cultivara. La economía nazi, en cambio, se desentendía de que en el banco hubiera o no divisas o reservas de oro; emitía dinero papel, creaba una nueva fuente de trabajo, daba acomodo a los cesantes, aumentaba la producción y ese mismo aumento era la garantía del dinero emitido. El respaldo del dinero no era el oro, si no el trabajo. Si en un sitio había hombres aptos para trabajar y obras que realizar, la economía “clásica” se preguntaba si además existía dinero, y sin esté tercer requisito la obra no se iniciaba y los desocupados permanecían como tales: La economía nazi, en cambio, no preguntaba por el dinero; el trabajo de los hombres y la producción de su obra realizada eran un valor en sí mismos. El dinero vendría luego sólo como símbolo de ese valor intrínseco y verdadero.
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Jaume Farrerons


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