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16 de diciembre de 2012

HURANIA yrania europa89 fuegofrio hirania hirania89

 

EL GRIAL EN LAS TRADICIONES ORIENTALES

ANTONIO MEDRANO

Hinduismo

 

Cuenta una antigua leyenda que el Grial, ante la falta de receptividad del clima europeo para su mensaje, abandonó las tierras de Occidente para refugiarse en Oriente y, más concretamente en la India (1). 

Semejante indicación, tan enigmática como sorprendente, permite entrever la existencia de un nexo especial entre la India y el Grial.

En la tradición hindú, el Grial se corresponde, ante todo, con el vaso sacrificial que contiene el soma o bebida sagrada del antiguo ritual védico, o incluso con el soma mismo. Es este un detalle ya puesto de relieve por mitólogos v orientalistas como Emile Burnouf y Leopold von Schroeder.

Según Burnouf, el samudra o recipiente del soma es el vaso que «contiene la sangre del dios viviente», de Agni, personificación del fuego, del mismo modo que «el graal contiene la sangre de Cristo…

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8 OCT. 2012: LA OLIGARQUIA MUNDIAL TOMA EL PODER

1 de noviembre de 2012

October 8, 2012 :   Coup dÉtat?      Putsch?     Golpe de Estado?

1 de noviembre de 2012 by

……..LOS “GOLPISTAS”…?

Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE)…. GOBIERNO…. PUEBLO…

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Este blog, YRANIA,  reproduce a continuación  la parte principal de un artículo publicado en FILOSOFÍA CRÍTICA con el titular de

“La alta finanza sionista toma el poder en Europa“:

El putsch, que el carácter antidemocrático del Tratado de Maastricht y las instituciones comunitarias habían preparado a lo largo de décadas, es un hecho (denomínase MEDE la monstruosa criatura y nació el pasado 8 de octubre). Además, está provocando otros coups d’état, consecuencia de la fechoría matriz, en Grecia, Italia y… España. [01]

La denominada “crisis económica” ha sido provocada expresamente desde oscuros cenáculos y logias para poder implementar aquello que Naomi Klein denomina “la doctrina del shock”. Había que generar en Europa una “situación histórica” que legitimara el “estado de excepción” desde el cual argumentar “medidas extremas necesarias” que en condiciones normales la gran masa de la ciudadanía europea no aceptaría. Dichas medidas, de índole neoliberal, tienen como finalidad desmantelar el denominado “Estado social y democrático de derecho”, una carcasa propagandística construida después de la Segunda Guerra Mundial y concebida para evitar el avance del comunismo o el retorno del fascismo, pero en beneficio de la oligarquía occidental, no de “la gente”, como nos han hecho creer hasta hoy. Ahora bien, el montaje de cartón piedra, que jamás fue una democracia, ya no es necesario, sino harto molesto, un engorro para los planes oligárquicos de dominación mundial.

Se necesita, además, una Europa dócil, absorta en sus propios problemas económicos internos, de cara a los grandes acontecimientos que espéranse con fervor en Oriente Medio: la construcción de Eretz Israel (que, en la mente transtornada de los sionistas, debe preceder a la llegada del Mesías). La única amenaza política que por nuestros pagos pesaba sobre ese proyecto delirante era la posible reacción de los pueblos europeos en solidaridad con Palestina. Pero si conocemos el mismo tipo de miseria que las chozas del Brasil, quizá ya no tengamos ni tiempo ni ganas para ocuparnos de los lejanos y ajenos asuntos de la Tierra Prometida.

El golpe de Estado se concreta en el llamado MEDE (Mecanismo Europeo de Estabilidad), una suerte de FMI continental que eleva hasta cimas hasta ahora inéditas la naturaleza opaca, antidemocrática y bochornosamente oligárquica de las instituciones de la Unión Europea. Para que nos hagamos una idea de lo que el MEDE es, puede decirse que se trata de un instrumento de chantaje político, apoyado en la deuda soberana, que forzará a los Estados deudores a adoptar ciertas medidas económicas neoliberales si quieren seguir recibiendo créditos para pagar… los intereses de una deuda provocada por los propios prestamistas. [02]

El MEDE, vinculado al proyecto Euro Plus, o sea, al “fortalecimiento” de la moneda única, establece unos requisitos muy claros que incluso “El País” (órgano de Goldman Sachs) reconoce abiertamente con total desparpajo:

El Pacto por el Euro Plus consiste en una serie de compromisos que deben asumir los miembros del euro y los demás países de la UE que voluntariamente deseen suscribirlo para impulsar la competitividad (a base de la contención salarial), fomentar el empleo (reformas del mercado laboral); asegurar la sostenibilidad de las finanzas públicas (control del gasto en pensiones, sanidad y prestaciones sociales) y reforzar la estabilidad financiera (reforma de la supervisión y nuevas pruebas de resistencia a la banca). (El País, 26 de marzo de 2011).

Todo esto ha sucedido sin que la gente, en general, se entere o sea plenamente consciente de las implicaciones de hechos y noticias “sin importancia”, pero los políticos profesionales de la casta sí que se enteran (!vaya si se enteran!) y están actuando -ejemplar es el caso catalán– en consecuencia. Dentro del grupo de países que deben ser sometidos a la doctrina del shock, los siguientes después de Grecia e Irlanda son Italia y España. En estos momentos es España el Estado que se encuentra en el centro del huracán… Las veleidades secesionistas de Cataluña forman parte de los elementos tormentosos, pero todavía no está muy claro si la marca “España” va a seguir funcionando como hasta ahora o si la zona peninsular quedará fragmentada en micro-estados más manejables, entre ellos Cataluña y el País Vasco. En cualquier caso, el MEDE significa algo así como un gobierno económico de banqueros, pero un gobierno no electo y completamente “privado”. Organismo oligárquico neoliberal, sionista y criminal para el allanamiento del pueblo de Europa sería su definición más cautelosa.

El MEDE se puso en funcionamiento, como digo, el 8 de octubre de 2012. Según informa “El Triangle” el 19 de octubre de 2012,

(…) asumirá las competencias de gestionar el crédito en los estados miembros -el fondo de rescate-, y nacido con unas peculiares condiciones: sus propiedades y activos disfrutan de inmunidad total ante los estados de la UE y son ajenos a cualquier control de las instituciones de las democracias estatales; y sus integrantes -del director a cualquier empleado- están exentos de cualquier tipo de proceso legal por sus actividades vinculadas con el MEDE.

Nadie podrá investigar al MEDE. Sus miembros no rinden cuentas ante el poder judicial, pero gobiernan Europa. Más o menos como el rey de España, pero en este caso es el usurero el que toma el poder en todo el continente, y no precisamente como monarca constitucional, que reina “pero no gobierna”, sino como monarca absoluto. Es el triunfo de la alta finanza sionista pronosticado por  Hitler. Que quienes hoy mandan abonen con sus actos al archi-enemigo nazi es su mayor vergüenza. Los representantes políticos electos de la “democracia”, en primer lugar la casta anti-alemana de ocupación de Alemania (que trabaja activamente para que toda Europa odie a este país como causante y beneficiario “nazi” de la crisis, algo que ha podido verse en las manifestaciones de indignados de Grecia) son los únicos responsables de semejante ignominia, son ellos efectivamente quienes signan la entrega de sus respectivos estados a la oligarquía sionista transnacional. Para aquellos que sospechen que todo lo dicho es una exageración, nada menos que Jürgen Habermas, alguien poco sospechoso de fascismo (no como nosotros, asesinos SS convictos y confesos), ha afirmado que estamos ante un golpe de Estado financieroa ambos lados del Atlántico:

En su nuevo libro titulado Zur Verfassung Europas (Sobre la Constitución Europea) Jürgen Habermas, el miembro más relevante de la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, describe cómo la presión de la crisis y la histeria de los mercados han aplastado la democracia dentro de la Unión Europea. El poder ha dejado de pertenecer a los ciudadanos y se lo han apropiado instituciones como el Consejo Europeo, cuya legitimidad democrática es bastante cuestionable. Habermas sugiere básicamente que los tecnócratas han llevado a cabo, eficaz y silenciosamente, un golpe de estado financiero. Está ocurriendo algo inesperado: un retroceso democrático a ambas orillas del Atlántico.

El MEDE culmina las tareas del Consejo Europeo en aplicación del Tratado de Maastricht: la imposición a Europa de la doctrina neoliberal, el fin del “modelo europeo” heredado, en última instancia, del fascismo (Keynes se limitó a plagiar a Hitler). Sólo le faltaba añadir a Habermas, pero ese hueco ya lo cubre Petras, quién es el autor o sujeto del golpe de Estado y sus relaciones con el sionismo. A ellas nos hemos referido en otras entradas y seguiremos ampliando la información con nuevas posts de la serie “Milton Friedman y la ideología oligárquica”.

Todo esto está pasando de verdad. No es un sueño. Despertad, compatriotas, o pronto será demasiado tarde. En la tiranía que se acerca, seréis esclavos, no hombres libres.

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ENLACE de la FUENTE ORIGINAL DE ESTE POST:

http://www.nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2012/10/la-alta-finanza-sionista-toma-el-poder.html

FUENTE

La verdad en internet es como una aguja en un pajar

10 de julio de 2012

http://www.rense.com/

La información seria y solvente es muy rara, tanto que se puede decir que el 90% de lo que se lee en internet es propaganda falaz.

Desde aquí invitamos a visitar la dirección que arriba se cita:

Ustedes comprobarán si la información les interesa y les es útil.

SALUDOS

26 de junio de 2012

HYRANIA yrania europa89 fuegofrio hirania hirania89

Original de Manuel Morillo

La primera  gran manifestación pública, a escala mundial, del gran poder del lobby gay (más bien de las fuerzas ideológicas que tiene detras)  se produjo en 1973, cuando obligó a la Asociación Americana de Psiquiatría a suprimir la homosexualidad de su manual oficial que detalla los trastornos mentales y emocionales.

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//APA.gif

Dos años después, la víctima fue la Asociación Americana de Psicología que promulgó una resolución apoyando esta supresión.

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//logoAPA.gif

Y como reflejo de la dictadura que ejercen los Estados Unidos sobre las organizaciones internacionales que impulsa a su servicio, empezando por las dependientes de la ONU, El 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) excluyó la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud

http://admin.religionenlibertad.com/archivos/religionenlibertad.com//OMS(1).jpg

Alguien podría decir que en el caso citado esta posición del lobby gay sería entendible, aunque no justificable, ya que por interes particular…

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En Francia “El Frente de Izquierda” prefiere identificarse con los inmigrantes de piel obscura…!

20 de junio de 2012

Bollène (84) : Le Front de Gauche

dénonce la présence d’enfants

blonds sur le plan de la ville

Publié le 18 juin 2012 par

La Provence 15 Juin 2012

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Fuente:

http://www.fdesouche.com/307840-bollene-84-le-front-de-gauche-denonce-la-presence-denfants-blonds-sur-le-plan-de-la-ville

Nota de YRANIA: En relación con este tema, cabe señalar que el Partido de  Mélenchon, ubicado a la izquierda del PS e incluso del PCF celebró su último mitin electoral entre aclamaciones de inmigrantes  y banderas del “Tercer Mundo”. Tanto es así que en un panfleto  del F.N. se reproducían las palabras pronunciadas por Mélenchon en el Sur de Francia:  “no hay futuro en Francia sin los árabes y los bereberes del Magreb”:

1 de junio de 2012

HURANIA yrania europa89 fuegofrio hirania hirania89

Hace  40 años… sólo algunos preclaros observadores de la realidad social de Europa supieron… y se atrevieron a dar la voz de alarma… Expertos en demografía ya habían señalado por entonces la dramática caída de los índices de natalidad en los países occidentales…   En los años 80 del siglo XX el boletín editado por Cedade en Barcelona publicó un reportaje  titulado “La raza blanca desaparece”…

Entre esos testimonios previsores  hay que citar el libro de Jean Raspail “El campamento de los santos”, (año 1973) del cual se hizo eco Torcuato Luca de Tena, académico de la Lengua Española,  en un artículo publicado en  el diario “ABC” (Madrid,28 de diciembre de 1996.). Por su interés lo reproducimos casi íntegramente:

“Todo hombre y toda nación tienen el sagrado derecho de preservar sus diferencias y su identidad en nombre de su futuro y en nombre de su pasado”,  escribe el francés Jean Raspail en…

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Consejos para el Estado de Israel

4 de abril de 2012
Hoy, día 4 de abril de 2012, en el diario “El País” (bajo liderazgo del lobby judio Liberty, de USA) se publica un poema de Gunther Grass, quien sintiendose en la última etapa de su vida terrenal, se atreve a decir que Occidente  debería aconsejar al Estado de Israel que, en bien de sí mismo y de la paz mundial, se abstenga de atacar a Irán:
 “Lo que hay que decir”:
El poeta alemán se opone a un ataque israelí contra Irán

Por otra parte,  Jaume Farrerons, en su interesantísimo blog  FILOSOFIA CRÍTICA (30 marzo 2012)  manifiesta sus  “deseos para Israel” en un artículo que se reproduce seguidamente:

 Toda esta fatalidad fue posibilitada únicamente por el hecho que ya existía en el mundo una especie afín, racialmente afín, de delirio de grandeza, el delirio de grandeza judío; desde el momento en que se abrió el abismo entre judíos y judeocristianos, a estos últimos no les quedó otra opción que emplear contra los judíos los mismos procedimientos de autoconservación aconsejados por el instinto judío, mientras que los judíos habían venido empleando hasta entonces esos procedimientos sólo contra lo no-judío. El cristiano es sólo un judío de confesión “más libre”.- (Nietzsche, F., El Anticristo, &44).
Nuestros saludos al régimen sirio e iraní. La República Islámica de Irán es el único país del mundo que ha cuestionado la narración del Holocausto con que los sionistas oprimen a medio planeta, singularmente a los árabes de Palestina. Aunque no compartimos en absoluto la ideología del integrismo islámico y no querríamos ver la Sharia implantada en Europa, tenemos que reconocer la valentía de los guerilleros chiítas enfrentados a Israel y EEUU. Nos muestran, estos héroes, un camino que los europeos debemos seguir, pero apelando a nuestra auténtica tradición cultural, que es griega, aria, no semita.

Del judeocristianismo, ya lo proclamó Nietzsche, procede nuestra desgracia. Si Europa debe levantarse, habrá de saber identificar a su enemigo, y dicho enemigo no es el Islam, sino el sionismo, la extrema derecha judía enquistada en los grandes poderes económicos y financieros que irradian entorno a Wall Street sobre el entero hemisferio occidental. A éstos, los sionistas, los tenemos metidos en casa, controlando todas las palancas del poder, y no vemos a ninguno de los partidos llamados “identitarios” protestar por ello. !Hablan de poner freno a invasión, pero ya estamos invadidos desde hace mucho tiempo, señores identitarios! Son esos sionistas, el enemigo interno, los que promueven la inmigración, de todos los colores, para así implementar, en obediencia a la voluntad racista que les inspira, el proyecto del mestizo universal, figura alienada y sin raíces que sólo dejará intacto al pueblo elegido como raza separada y superior al resto de la humanidad.
En efecto: si no estuviéramos invadidos, podríamos defendernos, pero observemos que el principal obstáculo con que topan los proyectos identitarios no son los inmigrantes, sino los propios gobernantes aútóctonos. Deberían, los políticos identitarios, preguntarse el porqué, pero reducen la cuestión a la banalidad de un problema personal, como si esta oposición de Europa a su propio identitarismo pudiera explicarse a partir de meros conceptos políticos y encima de carácter electoralista. Resultaría, según esta versión superficial de la traición, que nuestros políticos promueven la invasión porque militan en tal o cual partido del sistema. Pero, ¿por qué contribuyen a la destrucción de su propio pueblo? ¿No pertenecen ellos mismos a ese pueblo? ¿Qué es “el sistema”? Quizá los políticos pro-inmigración están comprados y es una cuestión de dinero. Bastaría así con relevarlos de sus cargos y problema resuelto. !Vótame y los quito de en medio! No. La cuestión del colaboracionismo político oficial respecto de la invasión multiculturalista es mucho más profunda. Si nuestros políticos son colaboracionistas activos de la invasión es porque existe una tradición cultural anti-identitaria profundamente arraigada en Europa y que va mucho más allá del mero mundialismo liberal. Se trata de un tema que los políticos identitarios, procedentes  de forma masiva de la extrema derecha católica, quieren ignorar, de tal suerte que no dudan en colgar en los documentos estatutarios, por ejemplo, que sus formaciones obedecen al “humanismo cristiano” o frases similares. En consecuencia, no son conscientes del alcance de lo que implica en Europa la palabra “identidad”, que nos llevaría a tener que dar un salto de milenios y a una reflexión filosófica de calado abismal. Dicho brevemente, cuando los políticos identitarios apelan a su celebérrima identidad y en seguida recurren a imágenes religiosas cristianas, están convalidando los supuestos culturales del colaboracionismo: todos los hombres son iguales, hijos de Dios y tienen derecho a la felicidad, al paraíso, por lo que deben comportarse entre ellos como hermanos. Sobre este fundamento cristiano, que es la raíz y sostén cultural del mercado mundial, no hay identitarismo que valga, ni defensa posible contra la invasión. La lógica de esta fe o ideología es la política de “apertura” al “invasor” perpetrada por las autoridades oficiales.  Es esa “identidad”, la cristiana, pero ya secularizada, la que hace posible el colaboracionismo. Criticar éste y declararse identitario cristiano es desbarrar, no ver o no tener el coraje moral de admitir cuál es la realidad de la presunta “identidad cristiana” y de dónde deriva la debacle demográfica de Europa. La “identidad cristiana” es la negación de toda identidad, es la no-identidad que hace posible la victoria mundial de la identidad judía.
Los partidos identitarios se dedican en exclusiva a criticar y cuestionar la inmigración islámica en lugar de poner en evidencia los mecanismos que generan la “oleada migratoria” en general, la cual incluye a personas de religión islámica, por supuesto, pero que ante todo es un proceso cultural justificado mediante la coartada de imperativos económicos e instigado por el gran capital, la derecha judeocristiana y las élites (filo)sionistas estadounidenses. Los identitarios europeos, empero, a pesar de la evidencia del origen liberal, burgués, derechista y, por tanto, judeocristiano, de la importación de mano de obra barata multicultural, decláranse católicos y enarbolan una suerte de identidad religiosa autóctona frente a la inmigración musulmana. Olvidan que el término catolicismo (oriundo de la palabra griega katolon, universal) nombra la primera forma del universalismo y, por tanto, la antesala histórica de la globalización capitalista. Las sinagogas ya fueron, en el mundo antiguo, las playas de desembarco de la futura iglesia apostólica romana. Con tales creencias alcanzó el irracionalismo fideísta (Tertuliano: credo quia absurdum est) a una sociedad que podría haber estado madura para la verdad, pero temió enfrentarse a ella. La historia de occidente convirtiose así en el proceso de la instrumentación del concepto griego de racionalidad a manos de lo irracional, es decir, de la “esperanza”, el “amor”, la “felicidad” y conceptos eudemonistas análogos. Platón, siglos atrás, había preparado el terreno para la gran impostura influido por sectas órficas y pitagóricas de oriudez egipcia, pero sólo con el cristianismo adquirieron esas ideas azucaradas propias de cobardes integrales un peso social y político decisivo. El resultado fue la prostitución de la razón a manos de la religión monoteísta abrahamánica; la oposición existencial, cultural y política a que el proyecto de una comunidad de la verdad, iniciado en la Grecia democrática, heroica y trágica de Heráclito y Sófocles, culminara históricamente en forma de institución o entidad formal organizada.
Estos “cristianos patriotas” (una contradicción en los términos) olvidan también que los judíos llegaron el siglo pasado a Palestina como inmigrantes y terminaron expulsando a sus habitantes autóctonos, árabes musulmanes que en principio les habían acogido pacíficamente, siendo así que el islam y el judaísmo comparten, como los propios cristianos, la  presunta validez de “El Libro” (el estuche de “la esperanza” dulzarrona). Los sionistas desarrollaron sus perversos planes de usurpación territorial y genocidio esgrimiendo, por todo “argumento”, unos escritos bíblicos milenarios inventados a posteriori por ellos mismos, textos que les otorgan la propiedad de la tierra en nombre de Dios, algo parecido a que los “moros” reclamaran Al-Andalus apelando a su posesión histórica real (mucho más cercana en el tiempo, por cierto, que el mítico reino de David y Salomón). Si existe un ejemplo del dicho catalán, aplicado a los inmigrantes y tan utilizado en la actualidad contra los musulmanes, de fora vingueren que de casa ens tragueren (“de fuera vinieron y nos echaron de casa”), es el relato sobre los orígenes del actual Estado de Israel o de los Estados Unidos de América.
El cristianismo no es europeo, sino una religión oriental de procedencia hebrea. Este hecho está fuera de discusión y quienes farfullan sobre un Jesucristo “ario” deberían acudir urgentemente al loquero. Un nacionalista católico no puede ser nunca un verdadero patriota, porque, para el creyente, Dios siempre se encuentra, desde el punto de vista axiológico, por encima de la nación. Ahora bien, ese dios supranacional… !es el dios judío! Hay empero una nación a la que tal “dios” no pone por debajo de sí, una sola: la nación judía. La creencia judeocristiana constituye en fin, a mi entender, el primer estadio de un proceso secular, milenario incluso, conducente a la dominación sionista. Cuando todas las naciones se postren ante Dios, cuando los pueblos del mundo entero reconozcan que Dios (Yahvé) es más importante que la comunidad patria, ese dios se arrancará súbitamente la máscara y podremos contemplar el rostro de un judío de extrema derecha propietario del capital a escala global. Mas llegado ese momento será ya demasiado tarde para los gentiles: las naciones se esfumarán disueltas por el ácido corrosivo de la mundialización capitalista teledirigida desde Tel Aviv.
Un ejemplo significativo de lo dicho es Sabino Arana: nacionalista acérrimo, hasta el racismo, reconoce no obstante lo siguiente:
Proclamo el catolicismo para mi Patria, porque su tradición, su carácter político y civil es esencialmente católico. Si no lo fuera, lo proclamaría también; pero si mi pueblo se resistiera, renegaría de mi raza; sin Dios no queremos nada (Páginas de Sabino Arana, Madrid, Criterio, 1998, p. 33).
Las burguesías oligárquicas occidentales ya han renegado de su raza. Lo hicieron después de la Segunda Guerra Mundial, por razones -relacionadas con el fenómeno del “fascismo”- que ahora no vienen al caso pero que ya he apuntado en otras entradas. Esta confesión de Arana permite detectar el eslabón interno, espiritual, subjetivo, del proceso de transmutación colaboracionista, que se desarrolla en el interior de la “derecha católica” antes de desplegarse en sus formas secularizadas típicamente internacionalistas e “izquierdistas”.
Sabino Arana es, al mismo tiempo que judeocristiano, un antisemita. Y ahí reside la clave de la victoria ultraderechista judía, pues quien trabaja para la idea judeocristiana promueve con el antisemitismo la cohesión interna de la etnia hebrea, una de las finalidades, si no la finalidad por excelencia, de la impostura racista del rabinato. Considera Sabino Arana que el pueblo vasco encarna, por su aislamiento del resto de los pueblos, una suerte de pureza originaria, no obstante lo cual se postra ante un dios judío. ¿Y qué tendrán que ver los vascos con los judíos? ¿Deben los vascos adorar a un judío mientras al mismo tiempo rechazan a los judíos como pueblo y basan su identidad en un arcaísmo metafísico que no explica la procedencia exógena, o sea,  no vasca, de la religión definitoria de esa misma identidad? Podemos hacer extensiva esta pregunta a todos los nacionalismos conservadores. Estamos ante la contradicción clásica e insuperada del derechista católico. Nietzsche ha sido, una vez más, el agudo analista de estas incoherencias antisemitas en tanto que consumación de las propias listezas judías:
Con ese mismo fenómeno volvemos a encontrarnos una vez más, en proporciones indeciblemente agrandadas, pero sólo como copia: -en comparación con el ‘pueblo de los santos’, la Iglesia cristiana carece de toda pretensión de originalidad. Los judíos son, justo por eso, el pueblo más fatídico de la historia universal: en su efecto posterior han falseado de tal modo la humanidad, que hoy incluso el cristiano puede tener sentimientos antijudíos, sin concebirse a sí mismo como la última consecuencia judía (Nietzsche, El Anticristo,&24).

TESTIMONIO DEL PAPA

Pero quizá el testimonio de Sabino Arana no es suficiente y los católicos requieran de una evidencia más significativa que haga mención expresa del tema de la identidad. Pues bien, todos los católicos tienen que someterse ante el Papado como autoridad doctrinal suprema:

“El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, el cual lo ejecuta en nombre de Jesucristo” (DV 10), es decir, a los obispos en comunión con el sucesor de Pedro, el obispo de Roma (Catecismo de la Iglesia Católica, Madrid, 1992, p. 31, &85).

Si los fieles no se someten al Magisterio de la Iglesia, dejan de iure de ser católicos, pues esta imperativa aceptación de la infalibilidad papal forma a su vez parte inalienable de la profesión de fe apostólica y romana:

Para mantener a la Iglesia en la pureza de la fe transmitida por los apóstoles, Cristo, que es la Verdad, quiso conferir a su Iglesia una participación en su propia infalibilidad. Por medio del “sentido sobrenatural de la fe”, el pueblo de Dios “se une indefectiblemente a la fe”, bajo la guía del Magisterio vivo de la Iglesia (cf LG 12; DV 10). / La misión el Magisterio está ligada al carácter definitivo de la Alianza instaurada por Dios en Cristo con su Pueblo; debe protegerlo de las desviaciones y de los fallos, y garantizarle la posibilidad objetiva de profesar sin error la fe auténtica. El oficio pastoral del Magisterio está dirigido, así, a velar para que el Pueblo de Dios permanezca en la verdad que libera. Para cumplir este servicio, Cristo ha dotado a los pastores con el carisma de la infalibilidad en materia de fe y de costumbres (Op. cit., p. 212, &889-890).

Veamos, pues, qué dijo el papa Juan Pablo II (promotor histórico post-holocáustico del acercamiento del Vaticano al Rabinato) respecto a la identidad judía de todo cristiano en cuanto tal. La fuente es un artículo del diario Le Monde de 2/3 de noviembre de 1997 que resume un discurso papal de 31 de octubre de 1997. La noticia fue recogida por Norberto Ceresole en su obra La falsificación de la realidad (1998):

El verpertino francés “Le Monde”… publicó un artículo sobre el reciente simposio celebrado en el Vaticano , bajo el título “Juan Pablo II avanza un paso más hacia el arrepentimiento con respecto a los judíos. (El Papa) empieza a reconocer la especificidad de la Shoah” (Holocausto).

Este proceso culminaría en 2000 con la visita del Papa a Israel y la famosa carta incrustada en el Muro de las Lamentaciones donde, de alguna manera, reconoce la versión oficial del Holocausto, sin matices. Prosigue Ceresole:

Por la trascendencia del discurso papal, se transcribe a continuación un resumen exhaustivo. “El día en que los polacos comprendan que la ‘reina de Polonia’ (María) es judía, habrá menos antisemitismo y un progreso en la teología cristiana”. Esta “ocurrencia fuera de lugar” fue recogida en los pasillos del simposio sobre “Las raíces cristianas del antijudaísmo”, por Le Monde. Ello “ilustra mejor que cualquier discurso la dificultad del examen de conciencia con que la Iglesia católica está comprometida”, comenta Le Monde. Antes de elaborar el documento sobre la Shoah (holocausto) que el Papa había prometido a los judíos hace 10 años (y que debe entregar antes de que acabe el milenio), tiene que intentar convencer a su propio equipo de que el judaísmo y el cristianismo son parte de la misma historia y que el reconocimiento del pueblo judío como “pueblo elegido” por Dios forma parte de la identidad de cada cristiano. En su discurso de 31 de octubre (de 1997), el Papa Juan Pablo II invitó a sus fieles (obispos, teólogos e historiadores) a esa “revolución mental” (Ceresole, N., op. cit., Madrid, 1998, p. 383, n. 34).

¡Ha dicho “identidad de cada cristiano”! Y esta identidad es la del Pueblo de Dios, ubicado, como sabemos ya por el post que precedió a este sobre el tema que nos ocupa, por encima de las Naciones, es decir, de los pueblos ontológicos, existenciales, “reales”…

Con ello vemos establecida la siguiente cadena de mando divina entre los distintos pueblos: 1º/ el Pueblo Elegido; 2º/ el Pueblo de Dios; y 3º/ el Pueblo Natural, la Patria, la Nación ontológica.

Ahora bien, si el reconocimiento del pueblo elegido como tal forma parte de “la identidad de cada cristiano” y encima los cristianos son miembros del Pueblo de Dios antes de serlo de su propio Pueblo Natural o Nación, ¿qué queda de la Patria en todo este discurso católico-universalista? ¿Qué pasa con nuestra comunidad nacional? Desde luego, para la comunidad nacional judía todo este planteamiento doctrinal constituye una auténtica victoria espiritual que anticipa futuras victorias culturales, económicas, políticas y hasta militares, contra los “gentiles”; el Pueblo Elegido puede, gracias al cristianismo, es decir, a la Roma ocupada ideológicamente por Pedro, incrustarse en la identidad de todos los pueblos como un pueblo diferenciado y superior, reducir a polvo la nación ontológica y, sin que a los no-judíos les quepa ni siquiera la posibilidad de integrarse en aquél, débenle sometimiento. Yacen así las Naciones en ese limbo que supone un Pueblo de Dios “intermedio”,  arrancado de su Patria originaria, pasado por la muela eclesiástica, pero subordinado al Pueblo Elegido. No hay mejor forma de describir el esqueleto teológico que fundamenta, desde el punto de vista de la irracionalidad religiosa derechista conservadora, la situación humillante de unos pueblos lanzados a la vorágine corrosiva del mercado mundial, pero, a la vez atenazados por una oligarquía transnacional que conserva, de alguna manera, su identidad nacional (hebrea) por encima del resto del género humano.

El dios cristiano no es más que la hispóstasis conceptual del nacionalismo judío, la proyección metafísica de una voluntad de poder mil veces frustrada frente a imperios más poderosos como Egipto, Asiria, Babilonia, Persia o Roma… La dominación universalizada de Yahvé, el catolicismo real, constituye el requisito histórico de la dominación planetaria del liberalismo secular y del internacionalismo, es decir, de la hegemonía judía sobre el resto de las naciones del mundo. Subrayemos que de ese tropiezo descomunal ni siquiera se libran los islámicos que en Palestina y Líbano luchan valientemente contra Israel, porque Alá y Yahvé son el mismo dios, el dios de Abraham, tal y como reconocen los propios creyentes musulmanes. Desde luego, si no será el dios de los Evangelios, el cristiano dios, quien nos libere del sionismo mundializador, tampoco lo será el dios del Corán. La superación del monoteísmo abrahamánico no habría que buscarla razonablemente en ninguna de sus derivaciones. Luteranos, calvinistas, católicos, ortodoxos, chiístas, judíos, sunnitas… son, todas, ramas de un mismo tronco. El camino de la libertad europea sólo puede rastrearse ya en las sendas perdidas de Grecia. Mensaje que nos envió Heidegger a todos los patriotas europeos, pero que nadie ha entendido o querido entender en el  denominado campo nacional-revolucionario porque lo fácil y cómodo se ha impuesto a lo verdadero y menesteroso de esfuerzo, de auténtico heroísmo espiritual. Ahora bien, quien quiera vencer con la espada, primero deberá vencer con la idea o, en el mejor de los casos, los golpes de su tizona, sin ton ni son, derribarán puertas abiertas. En el peor, disparará a los niños de una escuela judía, la mayor estupidez y canallada que cometerse pueda en la lucha contra el sionismo.

Resulta penoso contemplar a esos patriotas europeos que o bien se declaran cristianos, o bien nos proponen convertirnos al islam porque Hezbollah destruye eficazmente tanques Merkava. Existe una tercera versión: los “tradicionalistas” (evolianos) que apelan a la magia y al irracionalismo más ridículo y vergonzante para sentirse así, entre los cachivaches del chamán, genuinos europeos. La verdad es que casi ninguno de esos patriotas europeos puede llegar a serlo porque desconoce en absoluto lo que realmente significa la  palabra “Europa”. Y mientras no recuperemos el sentido básico de nuestra verdadera identidad, que nada tiene que ver con el cristianismo (y su antisemitismo), no podremos luchar como lucha Hezbollah contra el invasor sionista. Ignoro a qué identidad pueden apelar los árabes si renuncian al Islam (no se encuentra antes de Mahoma otra cosa que el paganismo politeísta preislámico), pero sí sé que Europa porta en su interior unos valores que no la obligan a elegir entre el obsoleto panteón de Zeus y el teodéspota de Jerusalén.
Cuando afirmo que tenemos al enemigo metido en casa y que a base de protestar por la “invasión” islámica o inmigrante no vemos que somos ya un país ocupado, no estoy utilizando una metáfora. Todos los pueblos occidentales, todas las naciones de nuestro hemisferio, excepto Israel, que sí es soberana, se han convertido países dominados por oligarquías transnacionales que trabajan al servicio de un poder extranjero. En Cataluña tenemos a la mafia catalanista, de la que ya me he ocupado y me seguiré ocupando en esta bitácora para mejor ilustrar mi postura. Esta gente “catalanista” pueden apellidarse Mas, Pujol, De Gispert o como quieran, pero no son patriotas catalanes ni en estado de coma etílico, sino sólo miembros de una oligarquía local transnacional y filosionista que labora de forma consciente y sistemática para destrucción del pueblo catalán. Existen pruebas aplastantes de ello en la mayoría de los ámbitos de actividad política. Casualmente, esos traidores son todos católicos y de derechas, burgueses de la zona alta de Barcelona, incluso cuando hablamos de las “progresistas” gentes del PSC. Cada uno de tales personajes, sin excepción, ya militen en la “izquierda”, ya en el “nacionalismo conservador”, han estudiado en las mismas escuelas de élite religiosas, en muchos casos jesuitas. El problema de la izquierda no es su izquierdismo, sino su naturaleza solapadamente derechista, maquillada para controlar a los sindicatos (previamente comprados) y mejor manipular así a los trabajadores. Catalanes de apellido, presuntos nacionalistas o catalanistas e incluso nauseabundos pijoprogres, los oligócratas obedecen al lobby enemigo de todas las naciones (excepto Israel); sométense gustosos, tales pseudo patriotuchos de teatrillo, ante un poder universal, pero oculto a los ojos de la ciudadanía, que ellos conocen empero muy bien. Y en Cataluña esta realidad aparece mucho más marcada que, por ejemplo, en Extremadura, por motivos que  ya he explicado. Ahora bien, dicha traición a la nación no es casual, ni el resultado de una decisión personal abyecta aunque puramente individual, sino un acto que brota de forma espontánea de una determinada ideología: el catolicismo, el cristianismo en general, combinado con los factores y elementos sociológicos estructurales inherentes a la burguesía capitalista (la “derecha”). Tales creencias “religiosas” en su contexto social, algo muy evidente, por ejemplo, en el calvinismo, son ya ideología transnacional antes incluso del advenimiento histórico de la oligarquía sionista, tanto como lo fueran el comunismo o el anarquismo, mera secularización (Nietzsche dixit) de la idea cristiana del “reino de Dios” en un contexto social muy diferente.
Los patriotas europeos tenemos  el deber imperioso  reconstruir nuestra identidad, pero semejante tarea no será nada fácil. Esa identidad no es un dato evidente, accesible a una mirada ingenua, sino algo por lo que habremos de luchar, en primer lugar contra nosotros mismos. No es por azar que los europeos hayamos sido vencidos y avancemos velozmente hacia nuestra extinción étnica y cultural. El enemigo no sólo está metido en casa, como digo, desde hace siglos conspirando para la destrucción de la nación, sino que el enemigo está en nuestras propias almas toda vez que doblamos la rodilla ante un judío llamado Jesús y admitimos que ese personaje es el hijo de Dios. El día en que nuestros antepasados se postraron como creyentes bíblicos, la derrota era ya sólo cuestión de calendario, aunque hubieran de pasar siglos hasta la consumación del destino. Y hogaño parece llegada la hora. Tiempos mesiánicos: a nuestra generación le corresponderá quizá el privilegio de conocer el desenlace de un fraude milenario que comenzó en el Gólgota. La sociedad europea sabe, es consciente, hoy, de que atravesamos una situación límite, que estamos siendo agredidos por fuerzas procedentes del exterior, que hay que defender “lo de dentro” (intra), pero el aspecto más ridículo de todo el asunto es que ni siquiera sabemos cuál es nuestro enemigo, hacia qué dirección descargar los golpes o ejercer esa defensa… Algunos quieren luchar, pero… !contra el islam! !Salvemos, dicen, las tradiciones católicas! El pesebre como arma de lucha identitaria. En Wall Street deben de reirse mucho de esos “patriotas”… (Desde luego, el verdadero enemigo puede dormir tranquilo). Cuando se ignora qué es lo que hay que atacar para vencer, para salvarse en este caso, ese “qué” lo tiene todo muy a su favor. Ha triunfado ya de antemano sin tener que esperar a la batalla. Ni siquiera habrá batalla, porque sus adversarios no habrán podido reunir un triste ejército de defensa. Y nosotros, europeos, estamos en tal situación de desorientación total nada menos que con respecto al cristianismo y al crucial problema de la identidad patria.
Los guerreros de Hezbollah aciertan, sin duda, cuando destruyen un tanque Merkava del criminal ejército israelí. Pero se trata de un acierto puramente casual, siendo así que en sus propias mochilas chiítas portan inscripto el mensaje genocida de Yahvé. La destrucción de Israel no consiste en el asesinato masivo de sus habitantes (con que coincidirá, mucho me temo, la llegada del “mesías”). El enemigo son, en primer lugar, unas ideas, no unas personas. Para defenderse del Tsahal primero hay que haber confutado, más todavía, superado interior y espiritualmente, esas ideas. Cuando un loro emite el ruido “dos y dos son cuatro”, acierta, dice la verdad, pero no sabe por qué dice lo que dice. Repite unos sonidos carentes de significado. Cuando el creyente de una religión abrahamánica destruye un tanque Merkava, aunque desde el punto de vista humano y militar se trate de un acto encomiable que, repito, desde aquí saludamos con simpatía, ese luchador deja inmune el arma letal, la idea; no sólo eso, en la medida en que no es capaz de identificarla, no se identifica a sí mismo y refuerza con su desconocimiento la causa adversaria. Destruir un tanque israelí en nombre del dios de Abraham, no parece, en efecto, tener mucho sentido. Los islámicos son, en todos los ámbitos de la política internacional, un juguete de la gran operación de mundialización sionista. Véase Toulouse, qué bochornosa manera de hacerle el juego a Israel. Pero no perdamos de vista la evidencia: los regímenes musulmanes más integristas, como el de Arabia Saudí, son fieles aliados de EEUU. Al Qaeda, la procedencia familiar y política misma de Bin Laden, su utilización descarada para justificar las guerras imperialistas del sionismo, deberían enseñarnos que estaremos muy lejos de poder derrotar al enemigo en el terreno material -destruir el tanque Merkava– mientras no detectemos de forma exacta y rigurosa cuál -y no quién– es el enemigo ideológico a refutar.La línea divisoria pasa por el interior de cada uno de nosotros. La victoria requiere una “revolución mental”: la conversión al valor-verdad.
Jaume Farrerons
30 de marzo de 2012
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SIMPOSIO… Platón (VII): Alcíbiades

28 de enero de 2012

7.- Discurso de Alcibíades (212c-215a)…-222b))

SALUD CABALLEROS [AMIGOS]. ¿ACOGEN COMO COMPAÑERO DE BEBIDA A UN
hombre que está totalmente borracho, o debemos marcharnos tan
PRONTO COMO HAYAMOS CORONADO A AGATÓN, QUE ES A LO QUE HEMOS
venido? Ayer, en efecto, no me fue posible venir, pero ahora vengo con
estas cintas sobre la cabeza, para de mi cabeza coronar la cabeza del
hombre del hombre más sabio y más bello, si se me permite hablar así.
¿O SE BURLAN DE MÍ PORQUE ESTOY BORRACHO? PUES, AUNQUE SE RÍAN, YO SÉ
bien que digo la verdad. Pero díganme enseguida: ¿entro en los términos
acordados, o no? ¿Beberán conmigo o no? >>> [212e-13a]…p. 83 gelbe
TODOS LO ACLAMARON Y LO INVITARON A ENTRAR Y TOMAR ASIENTO.
Entonces Agatón lo llamó y él entró conducido por sus acompañantes. Y
desatándose al mismo tiempo las cintas para coronar a Agatón, al
tenerlas delante de los ojos, no vio a Sócrates y se sentó junto a Agatón,
en medio de éste y Sócrates, que le hizo sitio en cuanto lo vio. Una vez
sentado, abrazó a Agatón y lo coronó.
–Esclavos –dijo Agatón–, descalcen a Alcibíades, para que se
acomode aquí como tercero.
–De acuerdo –dijo Alcibíades–, pero ¿quien es ese tercer
compañero de bebida que está aquí con nosotros?
Y, a la vez que se volvía, vio a Sócrates, y al verlo se sobresaltó y
dijo: –¡Heracles! ¿Qué es esto? ¿Sócrates aquí? Te has acomodado aquí
acechándome de nuevo, según tu costumbre de aparecer de repente
donde yo menos pensaba que ibas a estar. ¿A qué has venido ahora? ¿Por
qué te has colocado precisamente aquí? Pues no estás junto a Aristófanes
ni junto a ningún otro que sea divertido y quiera serlo, sino que te las has
arreglado para ponerte al lado del más bello de los que están aquí
adentro.
–Agatón –dijo entonces Sócrates–, mira a ver si me vas a
defender, pues mi pasión por este hombre se me ha convertido en un
asunto de no poca importancia. En efecto, desde aquella vez en que me
enamoré de él, ya no me es posible ni echar una mirada, ni conversar
siquiera con un solo hombre bello sin que éste, teniendo celos y envidia
de mí, haga cosas raras, me increpe y contenga las manos a duras penas.
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Mira, pues, no sea que haga algo también ahora; reconcílianos o, si
intenta hacer algo violento, protégeme, pues yo tengo mucho miedo de
su locura y de su pasión por el amante.
–En absoluto –dijo Alcibíades–, no hay reconciliación entre tú y
yo. Pero ya me vengaré de ti por esto en otra ocasión. Ahora, Agatón,
dame algunas de esas cintas para coronar también ésta su admirable
cabeza y para que no me reproche que te coroné a ti y que, en cambio, a
él, que vence a todo el mundo en discursos, no sólo anteayer como tú,
sino siempre, no le coroné.
Al mismo tiempo cogió algunas cintas, coronó a Sócrates y se
acomodó. Y cuando se hubo reclinado dijo: –Bien, caballeros. En verdad
me parece que están sobrios y esto no se les puede permitir, sino que hay
que beber, pues así lo hemos acordado. Por consiguiente, me elijo a mí
mismo como presidente de la bebida, hasta que ustedes beban lo
suficiente. Que me traigan, pues, Agatón, una copa más grande, si hay
alguna. O más bien, no hace ninguna falta. Trae, esclavo, aquella vasija
de refrescar el vino –dijo al ver que contenía más de ocho cótilas (un
poco más de dos litros).
Una vez llena, se la bebió de un trago, primero, él y, luego, ordenó
llenarla para Sócrates, a la vez que le decía: –Ante Sócrates, señores, este
truco no me sirve de nada, pues beberá cuanto se le pida y nunca se
embriagará.
En cuanto hubo escanciado el esclavo, Sócrates se puso a beber.
Entonces, Erixímaco dijo: –¿Cómo lo hacemos, Alcibíades? ¿Así,
sin decir ni cantar nada ante la copa, sino que vamos a beber
simplemente como los sedientos?
–Erixímaco –dijo Alcibíades–, excelente hijo del mejor y más
prudente padre, salud.
–También para ti –dijo Erixímaco–, pero ¿qué vamos a hacer?
–Lo que tú ordenes, pues hay que obedecerte: porque un médico
equivale a muchos otros hombres
Manda, pues, lo que quieras.
–Escucha, entonces –dijo Erixímaco–. Antes de que tú entraras
habíamos decidido que cada uno debía pronunciar por turno, de
izquierda a derecha, un discurso sobre Eros lo más bello que pudiera y
hacer su encomio. Todos los demás hemos hablado ya, pero puesto que
tú no has hablado y ya has bebido, es justo que hables y, una vez que
hayas hablado, ordenes a Sócrates lo que quieras, y éste al de la derecha y
así los demás.
–Dices bien, Erixímaco –dijo Alcibíades–, pero comparar el
DISCURSO DE UN HOMBRE BEBIDO CON LOS DISCURSOS DE HOMBRES
serenos no sería equitativo. [214c]  p. 83 gelbe Además,
BIENAVENTURADO AMIGO, ¿TE CONVENCE SÓCRATES EN ALGO DE LO QUE  ACABA
de  decir? ¿No sabes que es todo lo contrario de
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lo que decía? Efectivamente, si yo elogio en su presencia a algún otro,
Dios u hombre, que no sea él, no apartará de mí sus manos.
–¿No hablarás mejor? –Dijo Sócrates.
–¡Por Poseidón! –Exclamó Alcibíades–, no digas nada en contra,
que yo no elogiaría a ningún otro estando tú presente.
–Pues bien, hazlo así –dijo Erixímaco–, si quieres. Elogia a
Sócrates.
–¿Qué dices? ¿Te parece bien, Erixímaco, que debo hacerlo?
¿Debo atacar a este hombre y vengarme delante de todos ustedes?
¡Eh, tú! –dijo Sócrates–, ¿qué tienes en la mente? ¿Elogiarme para
ponerme en ridículo?, ¿O qué vas a hacer?
–Diré la verdad. Mira si me lo permites.
–Por supuesto, dijo Sócrates, tratándose de la verdad, te permito y
te invito a decirla.
–La diré inmediatamente –dijo Alcibíades. Pero tú haz lo
siguiente: si digo algo que no es verdad, interrúmpeme, si quieres, y di
que estoy mintiendo, pues no falsearé nada, al menos voluntariamente.
Mas no te asombres si cuento mis recuerdos de manera confusa,
ya que no es nada fácil para un hombre en este estado enumerar con
facilidad y en orden tus rarezas.
A Sócrates, señores, yo intentaré elogiarlo de la siguiente manera:
por medio de dos imágenes. Quizás él creerá que es para provocar la risa,
pero la imagen tendrá por objeto la verdad, no la burla. Pues en mi
opinión es lo más parecido a esos silenos existentes en los talleres de
escultura, que fabrican los artesanos con siringas o flautas en la mano y
que, cuando se abren en dos mitades, aparecen con estatuas de Dioses en
su interior. Y afirmo, además, que se parece al sátiro Marsias.
Así, pues, que eres semejante a éstos, al menos en la forma,
Sócrates, ni tú mismo podrás discutirlo, pero que también te pareces en
lo demás, escúchalo a continuación.
Eres un lujurioso ¿O no? Si no estás de acuerdo, presentaré
testigos. Pero, ¿qué no eres flautista? Por supuesto, y mucho más
extraordinario que Marsias. Éste, en efecto, encantaba a los hombres
mediante instrumentos con el poder de su boca y aún hoy encanta al que
interprete con la flauta sus melodías –pues las que interpretaba Olimpo
digo que son de Marsias, su maestro–.
En todo caso, sus melodías, ya las interprete un buen flautista o
una flautista mediocre, son las únicas que hacen que uno quede poseso y
revelan, por ser divinas, quiénes necesitan de los Dioses y de los ritos de
iniciación.
Más tú te diferencias de él sólo en que sin instrumentos, con tus
meras palabras, haces lo mismo. De hecho, cuando nosotros oímos a
algún otro, aunque sea muy buen orador, pronunciar otros discursos, a
ninguno nos importa, por así decir, nada. Pero cuando se te oye a ti o a
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otro pronunciando tus palabras, aunque sea muy torpe el que las
pronuncie, ya se trate de mujer, hombre o joven quien las escucha,
quedamos pasmados y posesos.
Yo, al menos, señores, si no fuera porque iba a parecer que estoy
totalmente borracho, les diría bajo juramento qué impresiones me han
causado personalmente sus palabras y todavía ahora me causan.
Efectivamente, cuando le escucho, mi corazón palpita mucho más
que el de los poseídos por la música de los coribantes, las lágrimas se me
caen por culpa de sus palabras y veo que también a otros muchos les
ocurre lo mismo.
En cambio, al oír a Pericles y a otros buenos oradores, si bien
pensaba que hablaban elocuentemente, no me ocurría, sin embargo, nada
semejante, ni se alborotaba mi alma, ni se irritaba en la idea de que vivía
como esclavo, mientras que por culpa de este Marsias, aquí presente,
muchas veces me he encontrado, precisamente, en un estado tal que me
parecía que no valía la pena vivir en las condiciones en que estoy. Y esto,
Sócrates, no dirás que no es verdad. Incluso todavía ahora soy
plenamente consciente de que si quisiera prestarle oído no resistiría, sino
que me pasaría lo mismo, pues me obliga a reconocer que, a pesar de
estar falto de muchas cosas, aún me descuido de mí mismo y me ocupo
de los asuntos de los atenienses. A la fuerza, pues, me tapo los oídos y
salgo huyendo de él como de las sirenas, para no envejecer sentado aquí
a su lado.
Sólo ante él de entre todos los hombres he sentido lo que no se
creería que hay en mí: el avergonzarme ante alguien. Yo me avergüenzo
únicamente ante él, pues sé perfectamente que, si bien no puedo negarle
lo que ordena, sin embargo, cuando me aparto de su lado, me dejo
vencer por el honor que me dispensa la multitud. Por consiguiente, me
escapo de él y huyo, y cada vez que le veo me avergüenzo de lo que he
reconocido. Y muchas veces vería con agrado que ya no viviera entre los
hombres, pero si esto sucediera, bien sé que me dolería mucho más, de
modo que no sé cómo tratar con este hombre.
Tal es, pues, lo que yo y muchos otros hemos experimentado por
las melodías de flauta de este sátiro. Pero quiero que me escuchen
todavía cuán semejante es en otros aspectos a aquellos con quienes le
comparé y qué extraordinario poder tiene, pues tengan por cierto que
ninguno de ustedes le conoce. Pero yo se los describiré, puesto que he
empezado.
Ven, en efecto, que Sócrates está en disposición amorosa con los
jóvenes bellos, que siempre está en torno suyo y se queda extasiado y
que, por otra parte, ignora todo y nada sabe, al menos por su apariencia.
¿No es esto propio de Sileno? Totalmente, pues de ello está revestido
por fuera, como un Sileno esculpido, mas por dentro, una vez abierto,
¿de cuántas templanzas, compañeros de bebida, crees que está lleno?
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Sepan que no le importa nada si alguien es bello, sino que lo
desprecia como ninguno podría imaginar, ni si es rico, ni si tiene algún
otro privilegio de los celebrados por la multitud, por el contrario,
considera, que todas estas posesiones no valen nada y que nosotros no
somos nada, se los aseguro. Pasa toda su vida ironizando y bromeando
con la gente; mas cuando se pone serio y se abre, no sé si alguno ha visto
las imágenes de su interior.
Yo, sin embargo, las he visto ya una vez y me parecieron que eran
tan divinas y doradas, tan extremadamente bellas y admirables, que tenía
que hacer sin más lo que Sócrates mandara. Y creyendo que estaba
seriamente interesado por mi belleza pensé que era un encuentro feliz y
que mi buena suerte era extraordinaria, en la idea de que me era posible,
si complacía a Sócrates, oír todo cuanto él sabía. ¡Cuán tremendamente
orgulloso, en efecto, estaba yo de mi belleza!
Reflexionando, pues, sobre esto, aunque hasta entonces no solía
estar solo con él sin acompañante, en esta ocasión, sin embargo, lo
despedí y me quedé solo en su compañía. Preciso es ante ustedes decir
toda la verdad, así, pues, presten atención y, si miento, Sócrates,
refútame. Me quedé, en efecto, señores, a solas con él y creí que al punto
iba a decirme las cosas que en la soledad un amante diría a su amado; y
estaba contento.
Pero no sucedió absolutamente nada de esto, sino que tras
dialogar conmigo como solía y pasar el día en mi compañía, se fue y me
dejó.
A continuación le invité a hacer gimnasia conmigo, y hacía
gimnasia con él en la idea de que así iba a conseguir algo. Hizo gimnasia
conmigo, en efecto, y luchó conmigo muchas veces sin que nadie
estuviera presente. Y ¿qué debo decir? Pues que no logré nada.
Puesto que de esta manera no alcanzaba en absoluto mi objetivo,
me pareció que había que atacar a este hombre por la fuerza y no desistir,
una vez que había puesto manos a la obra, sino que debía saber
definitivamente cuál era la situación.
Le invito, pues, a cenar conmigo, simplemente como un amante
que tiende una trampa a su amado. Ni siquiera esto me lo aceptó al
punto, pero de todos modos con el tiempo se dejó persuadir. Cuando
vino por primera vez, nada más cenar quería marcharse y yo, por
vergüenza, le dejé ir en esta ocasión. Pero volví a tenderle la misma
trampa y, después de cenar, mantuve la conversación hasta entrada la
noche, y cuando quiso marcharse, alegando que era tarde, le forcé a
quedarse.
Se echó, pues, a descansar en el lecho contiguo al mío, en el que
precisamente había cenado, y ningún otro dormía en la habitación salvo
nosotros. Hasta esta parte de mi relato, en efecto, la cosa podría estar
bien y contarse ante cualquiera, pero lo que sigue no me lo oirán decir sí,
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en primer lugar, según el dicho, el vino, sin niños y con niños, no fuera
veraz y, en segundo lugar, porque me parece injusto no manifestar una
muy brillante acción de Sócrates, cuando uno se ha embarcado a hacer su
elogio.
Además, también a mí me sucede lo que le pasa a quien ha sufrido
una mordedura de víbora, pues dicen que el que ha experimentado esto
alguna vez no quiere decir cómo fue a nadie, excepto a los que han sido
mordidos también, en la idea de que sólo ellos comprenderán y
perdonarán, si se atrevió a hacer y decir cualquier cosa bajos los efectos
del dolor. Yo, pues, mordido por algo más doloroso y en la parte más
dolorosa de los que uno podría ser mordido –pues ese es el corazón, en
el alma, o como haya que llamarlo –, donde he sido herido y mordido
por los discursos filosóficos, que se agarran más cruelmente que una
víbora cuando se apoderan de un alma joven no mal dotada por
naturaleza y la obligan a hacer y decir cualquier cosa –y viendo, por otra
parte, a los Fedros, Agatones, Erixímacos, Pausanias, Aristodemos y
Aristófanes –¿y qué necesidad hay de mencionar al propio Sócrates y a
todos los demás? Pues todos han participado de la locura y frenesí del
filósofo –… por eso precisamente todos me van a escuchar, ya que me
perdonarán por lo que entonces hice y por lo que ahora digo. En
cambio, los criados y cualquier otro que sea profano y vulgar, que
pongan ante sus orejas puertas muy grandes.
Pues bien, señores, cuando se hubo apagado la lámpara y los
esclavos estaban fuera, me pareció que no debía andarme por las ramas
ante él sino decirle libremente lo que pensaba. Entonces le sacudí y le
dije
–Sócrates, ¿estás durmiendo?
–En absoluto.
–¿Sabes lo que he decidido?
–¿Qué exactamente?
–Creo que tú eres el único digno de convertirse en mi amante y
me parece que vacilas en mencionármelo. Yo, en cambio, pienso lo
siguiente: considero que es insensato no complacerte en esto como en
cualquier otra cosa que necesites de mi patrimonio o de mis amigos.
Para mí, en efecto, nada es más importante que el que yo llegue a
ser lo mejor posible y creo que en esto ninguno puede serme
colaborados más eficaz que tú. En consecuencia, yo me avergonzaría
mucho más ante los sensatos por no complacer a un hombre tal, que
ante una multitud de insensatos por haberlo hecho.
Cuando Sócrates oyó esto, muy irónicamente, según su estilo tan
característico y usual, dijo:
–Querido Alcibíades, parece que realmente no eres un tonto, si
efectivamente es verdad lo que dices de mí y hay en mí un poder por el
cual tú podrías llegar a ser mejor. En tal caso, debes estar viendo en mí,
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supongo, una belleza irresistible y muy diferente a tu buen aspecto físico.
Ahora bien, si intentas, al verla, compartirla conmigo y cambiar belleza
por belleza, no en poco piensas aventajarme, pues pretendes adquirir lo
que es verdaderamente bello a cambio de lo que lo es sólo en apariencia,
y de hecho te propones intercambiar oro por bronce. Pero, mi feliz
amigo, examínalo mejor, no sea que te pase desapercibido que no soy
nada. La vista del entendimiento, ten por cierto, empieza a ver
adecuadamente cuando la de los ojos comienza a perder su fuerza, y tú
todavía estás lejos de eso.
Y yo, al oírle, dije:
–En lo que a mí se refiere, ésos son mis sentimientos y no se ha
dicho nada de distinta manera a como pienso, siendo ello así, delibera tú
mismo lo que consideres mejor para ti y para mí.
–En esto, ciertamente, tienes razón, en el futuro deliberaremos y
haremos lo que a los dos nos parezca lo mejor en éstas y en las otras
cosas.
Después de oír y decir esto y tras haber disparado, por así decir,
mis dardos, yo pensé, en efecto, que lo había herido. Me levanté
ENTONCES SIN DEJARLE DECIR NADA, LO ENVOLVÍ CON MI MANTO, PUES ERA
invierno, me eché debajo del viejo capote de ese viejo hombre, aquí
presente, y ciñendo con mis brazos a este ser verdaderamente divino y
maravilloso estuve así tendido toda la noche. En esto tampoco, Sócrates,
dirás que miento. Pero, a pesar de hacer yo todo eso, él salió
completamente victorioso, me despreció, se burló de mi belleza y me
afrentó; y eso que en este tema, al menos, creía yo que era algo, ¡oh,
jueces! –Pues jueces son de la arrogancia de Sócrates–.
Así, pues, sepan bien, por los Dioses y por las Diosas, que me
levanté después de haber dormido con Sócrates no de otra manera que
si me hubiera acostado con mi padre o mi hermano mayor.
>>>>>>>>>>>>>>[219bcd]p.84gelbe
DESPUÉS DE ESTO, ¿QUÉ SENTIMIENTOS CREEN QUE TENÍA YO, PENSANDO,
por un lado, que había sido despreciado, y admirando, por otro, la
naturaleza de este hombre, su templanza y valentía, ya que en prudencia
y firmeza había tropezado con un hombre tal como yo no hubiera
pensado que iba a encontrar jamás? De modo que ni tenía por qué
irritarme y privarme de su compañía, ni encontraba la manera de cómo
podría conquistármelo. Pues sabía bien que en cuanto al dinero era por
todos lados mucho más invulnerable que Ayante al hierro, mientras que
con lo único que pensaba que iba a ser conquistado se me había
escapado. Así, pues, estaba desconcertado y deambulaba de acá para allá
esclavizado por este hombre como ninguno lo había sido por nadie.
Todas estas cosas, en efecto, me habían sucedido antes; mas luego
hicimos juntos la expedición contra Potidea y allí éramos compañeros de
mesa. pues bien, en primer lugar, en las fatigas era superior no sólo a mí,
sino también a todos los demás. Cada vez que nos veíamos obligados a
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no comer por estar aislados en algún lugar, como suele ocurrir en
campaña, los demás no eran nada en cuanto resistencia. En cambio, en
las comidas abundantes sólo él era capaz de disfrutar, y especialmente en
beber, aunque no quería, cuando era obligado a hacerlo vencía a todos; y
lo que es más asombroso de todo: ningún hombre ha visto jamás a
Sócrates borracho. De esto, en efecto, me parece que pronto tendrán la
prueba. Por otra parte, en relación con los rigores del invierno –pues los
inviernos allí son terribles–, hizo siempre cosas dignas de admiración,
pero especialmente en una ocasión en que hubo la más terrible helada y
mientras todos, o no salían del interior de sus tiendas o, si salía alguno,
iban vestidos con las prendas más raras, con los pies calzados y envueltos
con fieltro y pieles de cordero, él, en cambio, en estas circunstancias,
salió con el mismo manto que solía llevar siempre y marchaba descalzo
sobre el hielo con más soltura que los demás calzados, y los soldados le
miraban de reojo creyendo que los desafiaba.
Esto, ciertamente fue así; pero qué hizo de nuevo y soportó el
animoso varón (verso tomado de la Odisea IV 242 y 271 dicho en una
ocasión por Helena y en otra por Menelao (271) a propósito de Ulises)
allí, en cierta ocasión, durante la campaña, es digno de oírse. En efecto,
habiéndose concentrado en algo, permaneció de pie en el mismo lugar
desde la aurora meditándolo, y puesto que no le encontraba la solución
no desistía, sino que continuaba de pie investigando. Era ya mediodía y
los hombres se habían percatado y, asombrados, se decían unos a otros:
–Sócrates está de pie desde el amanecer meditando algo.
Finalmente, cuando llegó más tarde, unos jonios, después de cenar –y
como era entonces verano–, sacaron fuera sus petates, y a la vez que
dormían al fresco le observaban por ver si también durante la noche
seguía estando de pie. Y estuvo de pie hasta que llegó la aurora y salió el
sol. Luego, tras hacer su plegaria al sol, dejó el lugar y se fue. Y ahora, si
quieres, veamos su comportamiento en las batallas, pues es justo
concederle también este tributo. Efectivamente, cuando tuvo lugar la
batalla por la que los generales me concedieron también a mí el premio al
valor, ningún otro hombre me salvó sino éste, que no quería
abandonarme herido y así salvó a la vez mis armas y a mí mismo. Y yo,
Sócrates, también entonces pedía a los generales que te concedieran a ti
el premio, y esto ni me lo reprocharás ni dirás que miento. Pero como
los generales reparasen en mi reputación y quisieran darme el premio a
mí, tú mismo estuviste más resuelto que ellos a que lo recibiera yo y no
tú. Todavía en otra ocasión, señores, valió la pena contemplar a Sócrates,
cuando el ejército huía de Delión en retirada. Se daba la circunstancia de
que yo estaba como jinete y él con la armadura de hoplita. Dispersados
ya nuestros hombres, él y Laques se retiraban juntos. Entonces yo me
tropiezo casualmente con ellos y, en cuanto los veo, les exhorto a tener
ánimo, diciéndoles que no los abandonaría. En esta ocasión,
50
precisamente, pude contemplar a Sócrates mejor que en Potidea, pues
por estar a caballo yo tenía menos miedo. En primer lugar, ¡cuánto
aventajaba a Laques en dominio de sí mismo! En segundo lugar, me
parecía, Aristófanes, por citar tu propia expresión, que también allí como
aquí marchaba ‘pavoneándose y girando los ojos de lado a lado’,
observando tranquilamente a amigos y enemigos y haciendo ver a todo el
mundo, incluso desde muy lejos, que si alguno tocaba a este hombre, se
defendería muy enérgicamente. por esto se retiraban seguros él y su
compañero, pues, por lo general, a los que tienen tal disposición en la
guerra ni siquiera los tocan y sólo persiguen a los que huyen en desorden.
Es cierto que en otras muchas y admirables cosas podría uno
elogiar a Sócrates. Sin embargo, si bien a propósito de sus otras
actividades tal vez podría decirse lo mismo de otra persona, el no ser
semejante a ningún hombre, ni de los antiguos, ni de los actuales, en
cambio, es digno de total admiración. Como fue Aquiles, en efecto, se
podría comparar a Brásidas y a otros, y, a su vez, como Pericles a Néstor
y a Antenor –y hay también otros–; y de la misma manera se podría
comparar también a los demás. Pero como es este hombre, aquí
presente, en originalidad, tanto él personalmente como sus discursos, ni
siquiera remotamente se encontrará alguno, por más que se le busque, ni
entre los de ahora, ni entre los antiguos, a menos tal vez que se le
compare, a él y a sus discursos, con los que he dicho: no con ningún
hombre, sino con los silenos y sátiros.
Porque, efectivamente, y esto lo omití al principio, también sus
discursos son muy semejantes a los silenos que se abren. Pues si uno se
decidiera a oír los discursos de Sócrates, al principio podrían parecer
totalmente ridículos. ¡Tales son las palabras y expresiones con que están
revestidos por fuera, la piel, por así decir, de un sátiro insolente! Habla,
en efecto, de burros de carga, de herreros, de zapateros y curtidores, y
siempre parece decir lo mismo con las mismas palabras, de suerte que
TODO HOMBRE INEXPERTO Y ESTÚPIDO SE BURLARÍA DE
SUS DISCURSOS. Pero si uno los ve cuando están abiertos y penetra en
ellos, encontrará en primer lugar, que SON LOS ÚNICOS DISCURSOS
QUE TIENEN SENTIDO POR DENTRO; en segundo lugar, que son
los más divinos, que TIENEN EN SÍ MISMOS EL MAYOR
NÚMERO DE IMÁGENES DE VIRTUD Y QUE ABARCAN LA
MAYOR CANTIDAD DE TEMAS, o más bien, TODO CUANTO LE
CONVIENE EXAMINAR AL QUE PIENSA LLEGAR A SER
NOBLE Y BUENO.
Esto es, señores, lo que yo elogio en Sócrates, y mezclando a la
vez lo que le reprocho les he referido las ofensas que me hizo. Sin
embargo, no las ha hecho sólo a mí, sino también a Cármides, el hijo de
Glaucón, a Eutidemo, el hijo de Diocles, y a muchísimos otros, a quienes
él engaña entregándose como amante, mientras que luego resulta, más
51
bien, amado en lugar de amante. Lo cual también a ti te digo, Agatón,
para que no te dejes engañar por este hombre, sino que, INSTRUIDO
POR NUESTRA EXPERIENCIA, TENGAS PRECAUCIÓN Y NO
APRENDAS, SEGÚN EL REFRÁN, COMO UN NECIO, POR
EXPERIENCIA PROPIA. (el necio aprende padeciendo)Al decir esto
Alcibíades, se produjo una risa general por su franqueza, puesto que
parecía estar enamorado todavía de Sócrates.
–Me parece Alcibíades –dijo entonces Sócrates–, que estás sereno,
pues de otro modo no hubieras intentado jamás, disfrazando tus
intenciones tan ingeniosamente, ocultar la razón por la que has dicho
todo eso y lo has colocado ostensiblemente como una consideración
accesoria al final de tu discurso, como si no hubieras dicho todo para
enemistarnos a mí y a Agatón, al pensar que yo debo amarte a ti y a
ningún otro, y Agatón ser amado por ti y por nadie más. Pero no me has
pasado desapercibido, sino que ese drama tuyo satírico y silénico está
perfectamente claro. Así, pues, querido Agatón, que no gane nada con él
y arréglatelas para que nadie nos enemiste a mí y a ti.
–En efecto, Sócrates –dijo Agatón–, puede que tengas razón. Y
sospecho también que se sentó en medio de ti y de mí para mantenernos
aparte. Pero no conseguirá nada, pues yo voy a sentarme junto a ti.
–Muy bien –dijo Sócrates–, siéntate aquí, junto a mí.
–¡Oh Zeus! –Exclamó Alcibíades–, ¡cómo soy tratado una vez más
por este hombre! Cree que tiene que ser superior a mí en todo. Pero, si
no otra cosa, admirable hombre, permite, al menos, que Agatón se eche
en medio de nosotros.
–Imposible –dijo Sócrates–, pues tú has hecho ya mi elogio y es
preciso que yo a mi vez elogie al que está a mi derecha, por tanto, si
Agatón se sienta a continuación tuya, ¿no me elogiará de nuevo, en lugar
de ser elogiado, más bien, por mí? Déjalo, pues, divino amigo, y no
tengas celos del muchacho por ser elogiado por mí, ya que, por lo demás,
tengo muchos deseos de encomiarlo.
–¡Bravo, bravo! –Dijo Agatón–. Ahora, Alcibíades, no puedo de
ningún modo permanecer aquí, sino que a la fuerza debo cambiar de
sitio para ser elogiado por Sócrates.
–Esto es justamente, dijo Alcibíades, lo que suele ocurrir: siempre
que Sócrates está presente, a ningún otro le es posible participar de la
compañía de los jóvenes bellos. ¡Con qué facilidad ha encontrado ahora
también una razón convincente para que éste se siente a su lado!
Entonces, Agatón se levantó para sentarse al lado de Sócrates,
cuando de repente se presentó ante la puerta una gran cantidad de
parrandistas y, encontrándola casualmente abierta porque alguien
acababa de salir, marcharon directamente hasta ellos y se acomodaron.
Todo se llenó de ruido y, ya sin ningún orden, se vieron obligados a
beber una gran cantidad de vino.
52

SIMPOSIO… Platón (VI): Discurso de SÓCRATES

28 de enero de 2012

6.- Discurso de Sócrates (198a-199c-201c-201d ))

¿Y CÓMO, FELIZ ERIXÍMACO, NO VOY A ESTARLO –DIJO SÓCRATES–, NO
sólo
yo, sino cualquier otro, que tenga la intención de hablar después
de pronunciado un discurso tan espléndido y variado?
Bien es cierto que los otros aspectos no han sido igualmente
admirables, pero por la belleza de las palabras y expresiones finales,
¿quién no quedaría impresionado al oírlas? Reflexionando yo,
efectivamente, que por mi parte no iba a ser capaz de decir algo ni
siquiera aproximado a la belleza de estas palabras, casi me hecho a correr
y me escapo por vergüenza, si hubiera tenido a donde ir.
Su discurso, ciertamente, me recordaba a Gorgias, de modo que
he experimentado exactamente lo que cuenta Homero: temí que Agatón,
28
al término de su discurso, lanzara contra el mío la cabeza de Gorgias,
terrible orador, y me convirtiera en piedra por la imposibilidad de hablar.
Y entonces precisamente comprendí que había hecho el ridículo
cuando me comprometí con ustedes a hacer, llegado mi turno, un
encomio a Eros en su compañía y afirmé que era un experto en las cosas
del amor, sin saber de hecho nada del asunto, o sea, cómo se debe hacer
un encomio cualquiera. Llevado por mi ingenuidad, creía, en efecto, que
se debía decir la verdad sobre cada aspecto del objeto encomiado y que
esto debía constituir la base, pero que luego deberíamos seleccionar de
estos mismos aspectos las cosas más hermosas y presentarlas de la
manera más atractiva posible.
Ciertamente me hacía grandes ilusiones de que iba a hablar bien,
como si supiera la verdad de cómo hacer cualquier elogio. Pero, según
parece, no era éste el método correcto de elogiar cualquier cosa, sino
que, más bien, consiste en atribuir al objeto elogiado el mayor número
posible de cualidades y las más bellas, sean o no así realmente; y si eran
falsas, no importaba nada.
Pues lo que antes se nos propuso fue, al parecer, que cada uno de
nosotros diera la impresión de hacer un encomio a Eros, no que éste
fuera realmente encomiado. Por esto, precisamente, supongo, remueven
todo tipo de palabras y se las atribuyen a Eros y afirman que es de tal
naturaleza y causante de tantos bienes, para que parezca el más hermoso
y el mejor posible, evidentemente ante los que no le conocen, no, por
supuesto, ante los instruidos, con lo que el elogio resulta hermoso y
solemne.
Pero yo no conocía en verdad este modo de hacer un elogio y sin
conocerlo les prometí hacerlo también yo cuando llegara mi turno. La
lengua lo prometió, pero no el corazón. ¡Que se vaya, pues, a paseo el
encomio! Yo ya no voy a hacer un encomio de esta manera, pues no
podría. Pero, con todo, estoy dispuesto, si quieren, a decir la verdad a mi
manera, sin competir con los discursos de ustedes, para no exponerme a
ser objeto de risa. Mira, pues, Fedro, si hay necesidad todavía de un
discurso de esta clase y quieren oír expresamente la verdad sobre Eros,
pero con las palabras y giros que se me puedan ocurrir sobre la marcha.
Entonces, Fedro y los demás le exhortaron a hablar como él
mismo pensaba que debía expresarse.
–Pues bien, Fedro –dijo Sócrates–, déjame preguntar todavía a
Agatón unas cuantas cosas, para que, una vez que haya obtenido su
conformidad en algunos puntos, pueda ya hablar.
–Bien, te dejo –respondió Fedro–. Pregunta, pues.
Después de esto, comenzó Sócrates más o menos así:
–En verdad, querido Agatón, me pareció que has introducido bien
tu discurso cuando decías que había que exponer primero cuál era la
29
naturaleza de Eros mismo y luego sus obras. Este principio me gusta
mucho. Ea, pues, ya que a propósito de Eros me explicaste, por lo
demás, espléndida y formidablemente, cómo era, dime también lo
siguiente: ¿es acaso Eros de tal naturaleza que debe ser amor de algo o de
nada? Y no pregunto si es amor de una madre o de un padre –pues sería
ridícula la pregunta de si Eros es amor de madre o de padre–, sino como
si acerca de la palabra misma ‘padre’ preguntara: ¿es el padre de alguien o
no? Sin duda me dirías, si quisieras respóndeme correctamente, que el
padre es padre de un hijo o de una hija. ¿O no?
–Claro que sí –dijo Agatón.
–¿Y no ocurre lo mismo con la palabra ‘madre’?
También en esto estuvo de acuerdo.
–Pues bien –dijo Sócrates–respóndeme todavía un poco más, para
que entiendas mejor lo que quiero. Si te preguntara: ¿y qué?, ¿un
hermano, en tanto que hermano, es hermano de alguien o no? Agatón
respondió que lo era.
¿Y no lo es de un hermano o de una hermana?
Agatón asintió.
–Intenta, entonces –prosiguió Sócrates–, decir lo mismo acerca
del amor. ¿Es Eros amor de algo o de nada?
–Por supuesto que lo es de algo.
–Pues bien –dijo Sócrates–, guárdate esto en tu mente y acuérdate
de que cosa es el amor. Pero ahora respóndeme sólo a esto: ¿desea Eros
aquello de lo que es amor o no?
–Naturalmente –dijo.
–¿Y desea y ama lo que desea y ama cuando lo posee, o cuando no
lo posee?
–Probablemente –dijo Agatón–cuando no lo posee.
–Considera, pues –continuó Sócrates–si en lugar de
probablemente no es necesario que sea así, esto es, lo que desea aquello
de lo que está falto y no lo desea si no está falto de ello. a mí, en efecto,
me parece extraordinario, Agatón, que necesariamente sea así. ¿Y a ti
cómo te parece?
–También a mí me lo parece –dijo Agatón.
–Dices bien. Pues, ¿desearía alguien ser alto, si es alto, o fuerte, si
es fuerte?
–Imposible, según lo que hemos acordado.
–Porque, naturalmente, el que ya lo es no podría estar falto de
estas cualidades.
–Tienes razón.
–Pues si –continuó Sócrates–, el que es fuerte, quisiera ser fuerte,
el que es rápido, ser rápido, el que está sano, ser sano…–tal vez, en
efecto, alguno podría pensar, a propósito de estas cualidades y de todas
las similares a éstas, que quienes son así y las poseen desean también
30
aquello que poseen; y lo digo precisamente para que no nos engañemos–.
Estas personas, Agatón, si te fijas bien, necesariamente poseen en el
momento actual cada una de las cualidades que poseen, quieran o no. ¿Y
quién desearía precisamente tener lo que ya tiene? Mas cuando alguien
nos diga: Yo, que estoy sano, quisiera también estar sano, y siendo rico
quiero también ser rico, y deseo lo mismo que poseo, le diríamos: Tú,
hombre, que ya tienes riqueza, salud y fuerza, lo que quieres realmente es
tener eso también en el futuro, pues en el momento actual, al menos,
quieras o no, ya lo posees. Examina, pues, si cuando dices ‘deseo lo que
tengo’ no quieres decir en realidad otra cosa que ‘quiero tener también en
el futuro lo que en la actualidad tengo’ ¿Acaso no estaría de acuerdo?
Agatón afirmó que lo estaría. Entonces Sócrates dijo: ¿Y amar
aquello que aún no está a disposición de uno ni se posee no es
precisamente esto, es decir, que uno tenga también en el futuro la
conservación y mantenimiento de estas cualidades?
–Sin duda –dijo Agatón.
–Por tanto, también éste y cualquier otro que sienta deseo, desea
lo que no tiene a su disposición y no está presente, lo que no posee, lo
que él no es y de lo que está falto. ¿No son éstas, más o menos, las cosas
de las que hay deseo y amor?
–Por supuesto –dijo Agatón.
–Ea, pues, recapitulemos los puntos en los que hemos llegado a
un acuerdo. ¿No es verdad que Eros es, en primer lugar, amor de algo y,
luego, amor de lo que tiene realmente necesidad?
–Sí –dijo.
–Siendo esto así, acuérdate ahora de qué cosas dijiste en tu
discurso que era objeto Eros. O, si quieres, yo mismo te las recordaré.
Creo, en efecto, que dijiste más o menos así, que entre los Dioses se
organizaron las actividades por amor de lo bello, pues de lo feo no había
amor. ¿No lo dijiste más o menos así?
–Así lo dije, en efecto.
–Y lo dices con toda razón, compañero. –Dijo Sócrates–. Y si esto
es así, ¿no es verdad que Eros sería amor de la belleza y no de la fealdad?
Agatón estuvo de acuerdo en esto.
¿Pero no se ha acordado que ama aquello de lo que está falto y no
posee?
–Sí –dijo.
–Luego Eros no posee belleza y está falto de ella.
–Necesariamente –afirmó.
–¿Y qué? Lo que está falto de belleza y no la posee en absoluto,
¿dices tú que es bello?
–No, por supuesto.
–¿Reconoces entonces todavía que Eros es bello, si esto es así?
31
–Me parece, Sócrates –dijo Agatón–, que no sabía nada de lo que
antes dije.
–Y, sin embargo –continuó Sócrates–, hablaste bien, Agatón. Pero
respóndeme todavía un poco más. ¿Las cosas buenas no te parece que
son también bellas?
–A mí, al menos, me lo parece.–entonces, si Eros está falto de
cosas bellas y si las cosas buenas son bellas, estará falto también de cosas
buenas.
–Yo, Sócrates –dijo Agatón–, no podría contradecirte. Por
consiguiente, que sea como dices.
–En absoluto –replicó Sócrates–; es a la verdad, querido Agatón, a
la que no puedes contradecir, ya que a Sócrates no es nada difícil.
PERO VOY A DEJARTE POR AHORA Y LES CONTARÉ EL DISCURSO SOBRE EROS
que oí un día de labios de una mujer de Mantinea, Diotima, que
era sabia en éstas y otras muchas cosas. Así por ejemplo, en cierta
OCASIÓNCONSIGUIÓ PARA LOS ATENIENSES, AL HABER HECHO UN SACRIFICIO POR
la peste,un aplazamiento de diez años de la epidemia.
>> [Sócrates 201d] p.80gelb

Ella fue, precisamente, la que me enseñó también las cosas del
amor.
Intentaré, pues, exponerles, yo mismo por mi cuenta, en la medida
en que pueda y partiendo de lo acordado entre Agatón y yo, el discurso
que pronunció aquella mujer. En consecuencia, es preciso, Agatón, como
tú explicaste, describir primero a Eros mismo, quién es y cuál es su
naturaleza, y exponer después sus obras.
Me parece, por consiguiente, que lo más fácil es hacer la
exposición como en aquella ocasión procedió la extranjera cuando iba
interrogándome. Pues poco más o menos también yo le decía lo mismo
que Agatón ahora a mí: que Eros era un gran Dios y que lo era de las
cosas bellas. Pero ella me refutaba con los mismos argumentos que yo a
él: que, según mis propias palabras, no era ni bello ni bueno.
–¿Cómo dices, Diótima? –Le dije yo–. ¿Entonces Eros es feo y
malo?
–Habla mejor –dijo ella–. ¿Crees que lo que no sea bello
necesariamente habrá de ser feo?
Exactamente.
¿Y lo que no sea sabio, ignorante? ¿No te has dado cuenta de que
hay algo intermedio entre la sabiduría y la ignorancia?
–¿Qué es ello?
–¿No sabes –dijo–que el opinar rectamente, incluso sin poder dar
razón de ello, no es ni saber, pues una cosa de la que no se puede dar
razón no podría ser conocimiento, ni tampoco ignorancia, pues lo que
posee realidad no puede ser ignorancia? La recta opinión es, pues, algo
así como una cosa intermedia entre el conocimiento y la ignorancia.
–Tienes razón.
32
–No pretendas, por tanto, que lo que no es bello sea
necesariamente feo, ni lo que no es bueno, malo. Y así también respecto
a Eros, puesto que tú mismo estás de acuerdo en que no es ni bueno ni
bello, no creas tampoco que ha de ser feo y malo, sino algo intermedio
entre estos dos.
–Sin embargo, se reconoce por todos que es un gran Dios.
–¿Te refieres a todos los que no saben o también a los que saben?
–Absolutamente a todos, por supuesto.
Entonces ella, sonriendo, me dijo:–¿Y cómo podrían estar de
acuerdo, Sócrates, en que es un gran Dios aquellos que afirman que ni
siquiera es un Dios?
–¿Quiénes son ésos? –Dije.
–Uno eres tú y otra yo.
–¿Cómo explicas eso? –Repliqué.
–Fácilmente. Dime ¿no afirmas que todos los Dioses son felices y
bellos? ¿O te atreverías a afirmar que alguno de entre los dioses no es
bello y feliz?
–¡Por Zeus!, Yo no.
–¿Y no llamas felices, precisamente, a los que poseen las cosas
buenas y bellas?
–Efectivamente.
–Pero en relación con Eros al menos has reconocido que, por
carecer de cosas buenas y bellas, desea precisamente eso mismo de que
está falto.
–Lo he reconocido, en efecto.
–¿Entonces, cómo podría ser Dios el que no participa de lo bello y
de lo bueno?
–De ninguna manera, según parece.
–¿Ves, pues, que tampoco tú consideras Dios a Eros?
–¿Qué puede ser entonces Eros, un mortal?
–En absoluto.
–¿Pues qué entonces?
–Como en los ejemplos anteriores, algo intermedio entre lo mortal
y lo inmortal.
–¿Y qué es ello Diótima?
–Un gran demon (genio o espíritu intermedio entre los Dioses y
los hombres), Sócrates. Pues también todo lo demónico está entre la
divinidad y lo mortal.
–¿Y qué poder tiene?
–Interpreta y comunica a los Dioses las cosas de los hombres y a
los hombres las de los dioses, súplicas y sacrificios de los unos y de los
otros órdenes y recompensas por los sacrificios. Al estar en medio de
unos y otros llena el espacio entre ambos, de suerte que el todo queda
unido consigo mismo como un continuo. A través de él funciona toda la
33
adivinación y el arte de los sacerdotes relativa tanto a los sacrificios como
a los ritos, ensalmos, toda clase de mántica y de magia. La divinidad no
tiene contacto con el hombre, sino que es a través de este demon como
se produce todo contacto entre dioses y hombres, tanto como si están
despiertos como si están durmiendo. Y así, el que es sabio en tales
materias es un hombre DEMÓNICO, mientras que el que lo es en
cualquier otra cosa, ya sea en las artes o en los trabajos manuales, es un
SIMPLE ARTESANO.
Estos démones, en efecto, son numerosos y de todas clases, y uno
de ellos es también Eros.
–¿Y quién es su padre y su madre?
–Es más largo de contar, pero, con todo, te lo diré Sócrates.
Cuando nació Afrodita, los dioses celebraron un banquete y, entre
otros, estaba también Poros, el hijo de Metis. Después que terminaron
de comer, vino a mendigar Penía, como era de esperar en una ocasión
festiva, y estaba cerca de la puerta. Mientras, Poros, embriagado de
néctar –pues aún no había vino–, entró en el jardín de Zeus y,
entorpecido por la embriaguez, se durmió. Entonces Penía, maquinando,
impulsada por su carencia de recursos, hacerse un hijo de Poros, se
acuesta a su lado y concibió a Eros. Por esta razón, precisamente, es
Eros también acompañante y escudero de Afrodita, al ser engendrado en
la fiesta del nacimiento de la Diosa y al ser, a la vez, por naturaleza un
amante de lo bello, dado que también
Afrodita es bella. Siendo hijo, pues, de Poros y Penía, Eros se ha
quedado con las siguientes características. En primer lugar, es siempre
pobre, y lejos de ser delicado y bello, como cree la mayoría, es más bien
duro y seco, descalzo y sin casa, duerme siempre en el suelo y
descubierto, se acuesta a la intemperie en las puertas y al borde de los
caminos, compañero siempre inseparable de la indigencia por tener la
naturaleza de su madre. Pero, por otra parte, de acuerdo a la naturaleza
de su padre, está al acecho de lo bello y de lo bueno; es valiente, audaz y
activo, hábil cazador, siempre urdiendo alguna trama, ávido de sabiduría
y rico en recursos, un amante del conocimiento a lo largo de toda su
vida, un formidable mago, hechicero y sofista. No es por naturaleza ni
inmortal ni mortal, sino que en el mismo día unas veces florece y vive,
cuando está en la abundancia, y otras muere, pero recobra la vida de
nuevo gracias a la naturaleza de su padre. Mas lo que consigue siempre se
le escapa, de suerte que Eros nunca ni está falto de recursos ni es rico, y
está, además, en el medio de la sabiduría y la ignorancia. Pues la cosa es
como sigue: ninguno de los dioses ama la sabiduría ni desea ser sabio,
porque ya lo es, como tampoco ama la sabiduría cualquier otro que sea
sabio. Por otro lado, los ignorantes ni aman la sabiduría ni desean
hacerse sabios, pues en esto precisamente es la ignorancia una cosa
molesta: en que quien no es ni bello, ni bueno, ni inteligente se crea a si
34
mismo que lo es suficientemente. Así, pues, el que no cree estar
necesitado no desea tampoco lo que no cree necesitar.
–¿Quiénes son, Diótima, entonces, los que aman la sabiduría, si no
son ni los sabios ni los ignorantes?
–Hasta para un niño es ya evidente que son los que están en
medio de estos dos, entre los cuales estará también Eros. La sabiduría, en
efecto, es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo bello, de
modo que Eros es necesariamente amante de la sabiduría, y por ser
amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante.
Y la causa de esto es también su nacimiento, ya que es hijo de un padre
sabio y rico en recursos y de una madre no sabia e indigente. Ésta es,
pues, querido Sócrates, la naturaleza de este demon. Pero, en cuanto a lo
que tú pensaste que era Eros, no hay nada sorprendente en ello. Tú
creíste, según me parece deducirlo de lo que dices, que Eros era lo
amado y no lo que ama. Por esta razón, me imagino, te parecía Eros
totalmente bello, pues lo que es susceptible de ser amado es también lo
verdaderamente bello, delicado, perfecto y digno de ser tenido por
dichoso, mientras que lo que ama tiene un carácter diferente, tal como yo
lo describí.
–Sea así, extranjera, pues hablas bien. Pero siendo Eros de tal
naturaleza, ¿qué función tiene para los hombres?
–Esto, Sócrates, es precisamente lo que voy a intentar enseñarte a
continuación. Eros, efectivamente, es como he dicho y ha nacido así,
pero a la vez es amor de las cosas bellas, como tú afirmas. Más si alguien
nos preguntara: ¿En qué sentido, Sócrates y Diótima, es Eros amor de
las cosas bellas? O así, más claramente: el que ama las cosas bellas desea,
¿qué desea?
–Que lleguen a ser suyas.
–Pero esta respuesta exige aún la siguiente pregunta: ¿qué será de
aquel que haga suyas las cosas bellas?
Entonces le dije que todavía no podía responder de repente a esa
pregunta.
–Bien. Imagínate que alguien, haciendo un cambio y empleando la
palabra ‘bueno’ en lugar de ‘bello’, te preguntara: ‘Veamos Sócrates, el
que ama las cosas buenas desea, ¿qué desea?’
–Que lleguen a ser suyas.
–¿Y qué será de aquel que haga suyas las cosas buenas?
–Esto ya puedo contestarlo más fácilmente: que será feliz.
–Por la posesión de las cosas buenas, en efecto, los felices son
felices, y ya no hay necesidad de añadir la pregunta de por qué quiere ser
feliz el que quiere serlo, sino que la respuesta parece que tiene su fin.
–Tienes razón.
35
–Ahora bien, esa voluntad y ese deseo, ¿crees que es común a
todos los hombres y que todos quieren poseer siempre lo que es bueno?
¿O cómo piensas tú?
–Así, que es común a todos.
–¿Por qué entonces Sócrates, no decimos que todos aman, si
realmente todos aman lo mismo y siempre, sino que decimos que unos
aman y otros no?
–También a mí me asombra eso.
–Pues no te asombres, ya que, de hecho, hemos separado una
especia particular de amor y, dándole el nombre de todo, la
denominamos amor, mientras que para las otras especies usamos otros
nombres.
–¿Cómo por ejemplo?
–Lo siguiente. Tú sabes que la idea de ‘creación’ (poíesis) es algo
múltiple, pues en realidad toda causa que haga pasar cualquier cosa del
no ser al ser es creación, de suerte que también los trabajos realizados en
todas las artes son creaciones y los artífices de éstas son todos creadores
(poietaí).
–Tienes razón.
–Pero también sabes que no se llaman creadores, sino que tienen
otros nombres y que del conjunto entero de creación se ha separado una
parte, la concerniente a la música y al verso, y se la denomina con el
nombre del todo. Únicamente a esto se llama, en efecto, ‘poesía’, y
‘poetas’ a los que poseen esta porción de creación.
–Tienes razón.
–Pues bien, así ocurre también con el amor. En general, todo
deseo de lo que es bueno y de ser feliz es, para todo el mundo, el
grandísimo y engañoso amor. Pero unos se dedican a él de muchas y
diversas maneras, ya sea en los negocios, en la afición a la gimnasia o en
el amor a la sabiduría, y no se dice ni que están enamorados ni se les
llama amantes, mientras que los que se dirigen a él y se afanan según una
sola especie reciben el nombre del todo, amor, y de ellos se dice que
están enamorados Y se les llama amantes.
–Parece que dices la verdad.
–Y se cuenta, ciertamente, una leyenda, según la cual los que
busquen la mitad de sí mismos son los que están enamorados, pero,
según mi propia teoría, el amor no lo es ni de una mitad ni de un todo, a
no ser que sea, amigo mío, realmente bueno, ya que los hombres están
dispuestos a amputarse sus propios pies y manos, si les parece que esas
partes de sí mismos son malas. Pues no es, creo yo, a lo suyo propio a lo
que cada cual se aferra, excepto si se identifica lo bueno con lo particular
y propio de uno mismo y lo malo, en cambio, con lo ajeno. Así que, en
verdad, lo que los hombres aman no es otra cosa que el bien. ¿O a ti te
parece que aman otra cosa?
36
–A mí no, ¡por Zeus!.
–¿Entonces, se puede decir así simplemente que los hombres
aman el bien?
–Sí.
–¿Y qué? ¿No hay que añadir que aman también poseer el bien?
–Hay que añadirlo.
–¿Y no sólo poseerlo, sino también poseerlo siempre?
–También eso hay que añadirlo.
–Entonces, el amor es, en resumen, el deseo de poseer siempre el
bien.
–Es exacto lo que dices.
–Pues bien, puesto que el amor es siempre esto, ¿de qué manera y
EN QUÉ ACTIVIDAD SE PODRÍA LLAMAR AMOR AL ARDOR Y ESFUERZO DE LOS QUE LO
persiguen? ¿Cuál es justamente esta acción especial? ¿Puedes decirla?
–Si pudiera, no estaría admirándote, Diótima, por tu sabiduría ni
hubiera venido una y otra vez a ti para aprender precisamente estas
cosas.
–Pues yo te lo diré. Esta acción especial es, efectivamente, una
procreación en la belleza, tanto según el cuerpo como según el alma.
–Lo que realmente quieres decir necesita adivinación, pues no lo
entiendo.
–Pues te lo diré más claramente. Impulso creador, Sócrates,
tienen, en efecto, todos los hombres, no solo según el cuerpo, sino
también según el alma, y cuando se encuentran en cierta edad, nuestra
naturaleza desea procrear. Pero no puedo procrear en lo feo, sino solo
en lo bello. La unión de hombre y mujer es, efectivamente, procreación
y es una obra divina, pues la fecundidad y la reproducción es lo que de
inmortal existe en el ser vivo, que es mortal. >>> [206bc] p. 81gelbe
PERO ES IMPOSIBLE QUE ESTE PROCESO LLEGUE A PRODUCIRSE EN LO QUE ES
incompatible, e incompatible es lo feo con todo lo divino, mientras que lo
bello es, en cambio, compatible. Así pues, la Belleza es la Moira y la Ilitía del
nacimiento. Por esta razón, cuando lo que tiene impulso creador se acerca a lo
bello, se vuelve propicio y se derrama contento, procrea y engendra; pero
cuando se acerca a lo feo, ceñudo y afligido se contrae en sí mismo, se aparta,
se encoge y no engendra, sino que retiene el fruto de su fecundidad y lo
soporta penosamente. De ahí, precisamente, que al que está fecundado y
ya abultado le sobrevenga el fuerte arrebato por lo bello, porque libera al
que lo posee de los grandes dolores del parto. Pues el amor, Sócrates, no
es amor de lo bello, como tú crees.
–¿Pues qué es entonces?
–Amor de la generación y procreación en lo bello.
–Sea así.
–Por supuesto que es así. Ahora bien, ¿por qué precisamente de la
generación? Porque la generación es algo eterno e inmortal en la medida
37
en que pueda existir en algo mortal. Y es necesario, según lo acordado,
desear la inmortalidad junto con el bien, si realmente el amor tiene por
objeto la perpetua posesión del bien. Así, pues, según se desprende de
este razonamiento, necesariamente el amor es también amor de la
inmortalidad.
Todo esto, en efecto, me enseñaba siempre que hablaba conmigo
sobre cosas del amor. Pero una vez me preguntó: –¿Qué crees tú,
Sócrates, que es la causa de ese amor y de ese deseo? ¿O no te das cuenta
de en qué terrible estado se encuentran todos los animales, los terrestres
y los alados, cuando desean engendrar, cómo todos ellos están enfermos
y amorosamente dispuestos, en primer lugar en relación con su mutua
unión y luego en relación con el cuidado de la prole, cómo por ella están
prestos no sólo a luchar, incluso los más débiles contra los más fuertes,
sino también a morir, cómo ellos mismos están consumidos por el
hambre para alimentarla y así hacen todo lo demás? Si bien podría
PENSARSE QUE LOS HOMBRES HACEN ESTO POR REFLEXIÓN, RESPECTO A LOS
animales, sin embargo, ¿cuál podría ser la causa de semejantes
disposiciones amorosas? ¿Puedes decírmela?
Y una vez más yo le decía que no sabía.
–¿Y piensas llegar a ser algún día experto en las cosas del amor, si
no entiendes esto?
–Pues por eso precisamente, Diótima, como te dije antes, he
venido a ti, consciente de que necesito maestros. Dime, por tanto, la
causa de esto y de todo lo demás relacionado con las cosas del amor.
–Pues bien, si crees que el amor es por naturaleza amor de lo que
repetidamente hemos convenido, no te extrañes, ya que en este caso, y
por la misma razón que en el anterior, la naturaleza mortal busca, en la
medida de lo posible, existir siempre y ser inmortal. Pero sólo puede
serlo de esta manera: por medio de la procreación, porque siempre deja
otro ser nuevo en lugar del viejo. >>>>> [207bcd] p. 81 gelb
PUES INCLUSO EN EL TIEMPO EN QUE SE DICE QUE VIVE CADA UNA DE LAS
criaturas vivientes y que es la misma, como se dice, por ejemplo, que es
el mismo un hombre desde su niñez hasta que se hace viejo, sin
embargo, aunque se dice que es el mismo, ese individuo nunca tiene en sí
las mismas cosas, sino que continuamente se renueva y pierde otros
elementos, en su pelo, en su carne, en sus huesos, en su sangre y en todo
su cuerpo.
Y no sólo en su cuerpo, sino también en el alma: los hábitos,
caracteres, opiniones, deseos, placeres, tristezas, temores, ninguna de
estas cosas jamás permanece la misma en cada individuo, sino que unas
nacen y otras mueren. Pero mucho más extraño todavía que esto es que
también los conocimientos no sólo nacen unos y mueren otros en
nosotros, de modo que nunca somos los mismos ni siquiera en relación
38
con los conocimientos, sino que también le ocurre lo mismo a cada uno
de ellos en particular.
Pues lo que se llama practicar existe porque el conocimiento sale
de nosotros, ya que el olvido es la salida de un conocimiento, mientras
que la práctica, por el contrario, al implantar un nuevo recuerdo en lugar
del que se marcha, mantiene el conocimiento, hasta el punto de que
parece que es el mismo. De esta manera, en efecto, se conserva todo lo
mortal, no por ser siempre completamente lo mismo, como lo divino,
sino porque lo que se marcha y está ya envejecido deja en su lugar otra
cosa nueva semejante a lo que era, por este procedimiento, Sócrates, lo
mortal participa de inmortalidad, tanto el cuerpo como todo lo demás; lo
inmortal, en cambio, participa de otra manera.
No te extrañes, pues, si todo ser estima por naturaleza a su propio
vástago, pues por causa de inmortalidad ese celo y ese amor acompaña a
todo ser.
Cuando hube escuchado este discurso, lleno de admiración le dije:
–Bien, sapientísima Diótima, ¿es esto así en verdad?
Y ELLA, COMO LOS AUTÉNTICOS SOFISTAS, ME CONTESTÓ: –POR SUPUESTO,
Sócrates, ya que, si quieres reparar en el amor de los hombres por los
honores, te quedarías asombrado también de su irracionalidad, a menos
que medites en relación con lo que yo he dicho, considerando en qué
terrible estado se encuentran por el amor de llegar a ser famosos y dejar
para siempre una fama inmortal. Por esto, aún más que por sus hijos,
están dispuestos a arrostrar todos los peligros, a gastar su dinero, a
soportar cualquier tipo de fatiga y a dar su vida. Pues, ¿crees tú que
Alcestis hubiera muerto por Admeto o que Aquiles hubiera seguido en
su muerte a Patroclo o que vuestro Codro se hubiera adelantado a morir
por el reinado de sus hijos, si no hubiera creído que iba a quedar de ellos
el recuerdo inmortal que ahora tenemos por su virtud?
Ni mucho menos, sino que más bien, creo yo, por inmortal virtud
y por tal ilustre renombre todos hacen todo, y cuanto mejores sean, tanto
más, pues aman lo que es inmortal. En consecuencia, los que son
fecundos según el cuerpo se dirigen preferentemente a las mujeres y de
esta manera son amantes, procurándose mediante la procreación de hijos
inmortalidad, recuerdo y felicidad, según creen, para todo tiempo futuro.
En cambio, los que son fecundos según el alma (…) pues hay, en efecto,
quienes conciben en las almas aún más que en los cuerpos lo que
corresponde al alma concebir y dar a luz. ¿Y qué es lo que le
corresponde?
El conocimiento y cualquier otra virtud, de las que precisamente son
procreadores todos los poetas y cuantos artistas se dice que son
inventores. Pero el conocimiento mayor y el más bello es, con mucho, la
regulación de lo que concierne a las ciudades y familias, cuyo nombre es
mesura y justicia. Ahora bien, cuando uno de éstos se siente desde joven
39
fecundo en el alma, siendo de naturaleza divina, y, llegada la edad, desea
ya procrear y engendrar, entonces busca también él, creo yo, en su
entorno la belleza en la que pueda engendrar, pues en lo feo nunca
engendrará.
Así, pues, en razón de su fecundidad, se apega a los cuerpos bellos
más que a los feos, y si se tropieza con un alma bella, noble y bien dotada
por naturaleza, entonces muestra un gran interés por el conjunto; ante
esta persona tiene al punto abundancia de razonamientos sobre la virtud,
sobre cómo debe ser el hombre bueno y lo que debe practicar, e intenta
educarlo.
En efecto, al estar en contacto, creo yo, con lo bello y tener
relación con ello, da a luz y procrea lo que desde hacía tiempo tenía
concebido, no sólo en su presencia, sino también recordándolo en su
ausencia, y en común con el objeto bello ayuda a criar lo engendrado, de
suerte que los de tal naturaleza mantienen entre sí una comunidad
mucho mayor que la de los hijos y una amistad más sólida, puesto que
tienen en común hijos más bellos y más inmortales. Y todo el mundo
preferiría para sí haber engendrado tales hijos en lugar de los humanos,
cuando echa una mirada a Homero, a Hesíodo y demás buenos poetas, y
siente envidia porque han dejado de sí descendientes tales que les
procuran inmortal fama y recuerdo por ser inmortales ellos mismos; o si
quieres, los hijos que dejó Licurgo en Lacedemonia, salvadores de
Lacedemonia y, por así decir, de la Hélade entera. Honrado es también
entre nosotros Solón, por haber dado origen a nuestras leyes, y otros
muchos hombres lo son en otras muchas partes, tanto entre los griegos
como entre los bárbaros, por haber puesto de manifiesto muchas y
hermosas obras y haber engendrado toda clase de virtud.
En su honor se han establecido ya también muchos templos y
cultos por tales hijos, mientras que por hijos mortales todavía no se han
establecido para nadie. Éstas son, pues, las cosas del amor en cuyo
misterio también tú, Sócrates, tal vez podrías iniciarte. Pero en los ritos
finales y suprema revelación, por cuya causa existen aquéllas, si se
procede correctamente, no sé si serías capaz de iniciarte. Por
consiguiente, yo misma te los diré y no escatimaré ningún esfuerzo;
intenta seguirme, si puedes.
Es preciso, en efecto, que quien quiera ir por el recto camino a ese
fin comience desde joven a dirigirse hacia los cuerpos bellos. Y, si su guía
lo dirige rectamente, enamorarse en primer lugar de un solo cuerpo y
engendrar en él bellos razonamientos; luego debe comprender que la
belleza que hay en cualquier cuerpo es afín a la que hay en otro y que, si
es preciso perseguir la belleza de la forma, es una gran necedad no
considerar una y la misma belleza que hay en todos los cuerpos. Una vez
que haya comprendido esto, debe hacerse amante de todos los cuerpos
40
bellos y calmar ese fuerte arrebato por uno solo, despreciándolo y
considerándolo insignificante.
A continuación debe considerar más valiosa la belleza de las
almas que la del cuerpo, de suerte que si alguien es virtuoso del alma,
aunque tenga un escaso esplendor, séale suficiente para amarle, cuidarlo,
engendrar y buscar razonamientos tales que hagan mejores a los jóvenes,
para que sea obligado, una vez más, a contemplar la belleza que reside en
las normas de conducta y a reconocer que todo lo bello está
emparentado consigo mismo, y considere de esta forma la belleza del
cuerpo como algo insignificante.
Después de las normas de conducta debe conducirle a las ciencias,
para que vea también la belleza de éstas y, fijando ya su mirada en esa
inmensa belleza, no sea, por servil dependencia, mediocre y corto de
espíritu, apegándose como esclavo, a la belleza de un solo ser, cual la de
un muchacho, de un hombre o de una norma de conducta, sino que,
vuelto hacia ese mar de lo bello y contemplándolo, engendre muchos
bellos y magníficos discursos y pensamientos en ilimitado amor por la
sabiduría, hasta que fortalecido entonces y crecido descubra una única
ciencia cual es la ciencia de una belleza como la siguiente.
Intenta ahora prestarme la máxima atención posible. En efecto,
quien hasta aquí haya sido instruido en las cosas del amor, tras haber
contemplado las cosas bellas en ordenada y correcta sucesión, descubrirá
de repente, llegando ya al término de su iniciación amorosa, algo
maravillosamente bello por naturaleza, a saber, aquello mismo, Sócrates,
por lo que precisamente se hicieron todos los esfuerzos anteriores, que,
en primer lugar, existe siempre y ni nace ni perece, ni crece ni decrece; en
segundo lugar, no es bello en un aspecto y feo en otro, ni unas veces
bello y otras no, ni bello respecto a una cosa y feo respecto a otra, ni aquí
bello y allí feo, como si fuera para unos bello y para otros feo.
Ni tampoco se le aparecerá esta belleza bajo la forma de un rostro
ni de unas manos ni de cualquier otra cosa de las que participa un
cuerpo, ni como razonamiento, ni como una ciencia, ni como existente
en otra cosa, por ejemplo, en un ser vivo, en la tierra, en el cielo o en
algún otro, sino la belleza en sí, que es siempre consigo misma
específicamente única, mientras que todas las otras cosas participan de
ella de una manera tal que el nacimiento y muerte de éstas no le causa ni
aumento ni disminución, ni le ocurre absolutamente nada.
Por consiguiente, cuando alguien asciende a partir de las cosas de
este mundo mediante el recto amor de los jóvenes y empieza a divisar
aquella belleza, puede decirse que toca casi el fin. Pues esta es justamente
la manera correcta de acercarse a las cosas del amor o de ser conducido
por otro: empezando por las cosas bellas de aquí y sirviéndose de ellas
como de peldaños ir ascendiendo continuamente, en base a aquella
belleza, de uno solo a dos y de dos a todos los cuerpos bellos y de los
41
cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las normas de
conducta a los bellos conocimientos, y partiendo de estos terminar en
aquel conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella
belleza absoluta, para que conozca al fin lo que es la belleza en si.
En este periodo de la vida, querido Sócrates, mas que en ningún
otro, le perece la pena al hombre vivir: cuando contempla la belleza en si.
Si alguna vez llegas a verla, te parecerá que no es comparable ni con el
oro ni con los vestidos, ni con los jóvenes y adolescentes bellos, ante
cuya presencia ahora te quedas extasiado y estás dispuesto, tanto tú
como otros muchos, con tal de poder ver al amado y estar siempre con
él, a no comer ni beber, si fuera posible, sino únicamente a contemplarlo
y estar en su compañía.
¿Qué debemos imaginar, pues, si le fuera posible a alguno ver la
belleza en si, pura, limpia, sin mezcla y no infectada de carnes humanas,
ni de colores, ni de, en sume, de oras muchas fruslerías mortales, y
pudiera contemplar la divina belleza en sí, específicamente única? ¿Acaso
crees que es vana la vida de un hombre que mira en esa dirección, que
contempla esa belleza con lo que es necesario contemplarla y vive en su
compañía? ¿O no crees que sólo entonces, cuando vea la belleza con lo
que es visible, le será posible engendrar, no ya imágenes de virtud, al no
estar en contacto con una imagen, sino virtudes verdaderas, ya que está
en contacto con la verdad?. Y al que ha engendrado y criado una virtud
verdadera
¿No crees que le es posible hacerse amigo de los Dioses y llegar a
ser, si algún otro hombre puede serlo, inmortal también él? Esto, Fedro,
y demás amigos, dijo Diótima y yo quedé convencido; y convencido
INTENTO TAMBIÉN PERSUADIR A LOS DEMÁS DE QUE PARA ADQUIRIR ESTA POSESIÓN
difícilmente podría uno tomar un colaborador de la naturaleza humana
mejor que Eros. Precisamente, por eso, yo afirmo que todo hombre debe
honrar a Eros, y no sólo yo mismo honro las cosas del Amor y las
practico sobremanera, sino que también las recomiendo a los demás y
ahora y siempre elogio el poder y valentía de Eros, en la medida en que
soy capaz. Considera, pues, Fedro, este discurso, si quieres, como un
encomio dicho en honor de Eros o, si prefieres, dale el nombre que te
guste y como te guste.  [212b]  >>>>>>>>>>> p. 82 gelbe
——-
pág. 75 rot

CUANDO SÓCRATES HUBO DICHO ESTO, ME CONTÓ ARISTODEMO QUE LOS
demás le elogiaron, pero que Aristófanes intentó decir algo, puesto que
Sócrates al hablar le había mencionado a propósito de su discurso.
Mas de pronto la puerta del patio fue golpeada y se produjo un
gran ruido como de participantes en una fiesta. Entonces Agatón dijo:
–ESCLAVOS, VAYAN A VER Y SI ES ALGUNO DE NUESTROS CONOCIDOS,
háganle pasar; pero si no, digan que no estamos bebiendo, sino que
estamos durmiendo ya. >>>>>>>>>>[212c]…….p. 83 gelbe
42
NO MUCHO DESPUÉS SE OYÓ EN EL PATIO LA VOZ DE ALCIBÍADES,
fuertemente borracho, preguntando a grandes gritos dónde estaba
Agatón y pidiendo que le llevaran junto a él.  >>>>[212d]….p. 83 gelbe
LE CONDUJERON ENTONCES HASTA ELLOS, ASÍ COMO A LA FLAUTISTA QUE LE SOSTENÍA Y A
algunos otros de sus acompañantes, pero él se detuvo en la puerta, coronado
con una tupida corona de hiedra y violetas y con muchas cintas
sobre su cabeza, y dijo:

PÁG. 76 ROT

SIMPOSIO… Platón (V): Agatón

28 de enero de 2012

5.- DISCURSO DE AGATÓN (194E-197E)

–DICES BIEN, FEDRO; YA NADA ME IMPIDE HABLAR, PUES CON SÓCRATES
podré dialogar, también, después, en muchas otras ocasiones.
Yo quiero, en primer lugar, indicar cómo debo hacer la exposición
y luego pronunciar el discurso mismo. En efecto, me parece que todos
los que han hablado antes no han encomiado al Dios, sino que han
felicitado a los hombres por los bienes que él les causa.
Pero ninguno ha dicho cuál es la naturaleza misma de quien les ha
hecho estos regalos. La única manera correcta, sin embargo, de cualquier
cosa es explicar palabra por palabra cuál es la razón de la persona sobre
la que se habla y de qué clase de efecto es, realmente, responsable. De
este modo, pues, es justo que también nosotros elogiemos a Eros,
primero a él mismo, cuál es su naturaleza, y después sus dones.
Afirmo, por tanto, que, si bien es cierto que todos los Dioses son
felices, Eros, si es lícito decirlo sin incurrir en castigos divinos, es el más
feliz de ellos por ser el más hermoso y el mejor.
Y es el más hermoso por ser de la naturaleza siguiente.
En primer lugar, Fedro, es el más joven de los Dioses. Y una gran
prueba en favor de lo que digo nos la ofrece él mismo cuando huye
apresuradamente de la vejez, que obviamente es rápida o, al menos,
avanza sobre nosotros más rápidamente de lo que debiera. A ésta, en
efecto, Eros la odia por naturaleza y no se le aproxima ni de lejos.
Antes bien, siempre está en compañía de los jóvenes y es joven,
pues mucha razón tiene aquel antiguo dicho de que lo semejante se
acerca siempre a lo semejante.
Y yo, que estoy de acuerdo con Fedro en otras muchas cosas, no
estoy de acuerdo, sin embargo, en que Eros es más antiguo que Crono y
Jápeto, sino que sostengo, por el contrario, que es el más joven de los
dioses y siempre joven, y que aquellos antiguos hechos en relación con
los Dioses de que hablan Hesíodo y Parménides se han originado bajo el
imperio de la Necesidad y no de Eros, suponiendo que aquellos dijeran
la verdad. Pues no hubieran existido mutilaciones ni mutuos
encadenamientos ni otras muchas violencias, si Eros hubiera estado entre
ellos, sino amistad y paz, como ahora, desde que Eros es el soberano de
los Dioses.
Es, pues, joven, pero además de joven es delicado. Y está
necesitado de un poeta como fue Homero para escribir la delicadeza de
25
este Dios. Homero, efectivamente, afirma que Ate es una diosa delicada
–al menos que sus pies son delicados–cuando dice: sus pies ciertamente
son delicados, pues al suelo no los acerca, sino que anda sobre las
cabezas de los hombres.
–Hermosa, en efecto, en mi opinión, es la prueba que utiliza para
poner de manifiesto la delicadeza de la diosa: que no anda sobre lo duro,
sino lo blando. Pues bien, también nosotros utilizaremos esta misma
prueba en relación con Eros para mostrar que es delicado. Pues no anda
sobre la tierra ni sobre cráneos, cosas que no son precisamente muy
blandas, sino que anda y habita entre las cosas más blandas que existen,
ya que ha establecido su morada en los caracteres y almas de los Dioses y
de los hombres.
Y, por otra parte, no lo hace en todas las almas
indiscriminadamente, sino que si se tropieza con una que tiene un
temperamento duro, se marcha, mientras que si lo tiene suave, se queda.
En consecuencia, al estar continuamente en contacto, no sólo con sus
pies, sino con todo su ser, con las más blandas de entre las cosas más
blandas, ha de ser necesariamente el más delicado. Por tanto es el más
joven y el más delicado, pero además es flexible de forma, ya que, si
fuera rígido, no sería capaz de envolver por todos lados ni de pasar
inadvertido en su primera entrada y salida de cada alma.
Una gran prueba de su figura bien proporcionada y flexible es su
elegancia, cualidad que precisamente, según el testimonio de todos,
posee Eros en grado sumo, pues entre la deformidad y Eros hay siempre
mutuo antagonismo.
La belleza de su tez la pone de manifiesto esa estancia entre flores
del Dios, pues en lo que está sin flor o marchito, tanto si se trata del
cuerpo como del alma o de cualquier otra cosa, no se asienta Eros, pero
donde haya un lugar bien florido y bien perfumado, ahí se posa y
permanece.
Sobre la belleza del Dios, pues, sea suficiente lo dicho, aunque
todavía quedan por decir otras muchas cosas. Hay que hablar a
continuación sobre la virtud de Eros, y lo más importante aquí es que
Eros ni comete injusticia contra Dios u hombre alguno, ni es objeto de
injusticia por parte de ningún Dios ni de ningún hombre. Pues ni padece
de violencia, si padece de algo, ya que la violencia no toca a Eros, ni
cuando hace algo, lo hace con violencia, puesto que todo el mundo sirve
de buena gana a Eros en todo, y lo que uno acuerde con otro de buen
grado dicen las leyes reinas de la ciudad que es justo.
Pero, además de la justicia, participa también de la mayor
templanza. Se reconoce, en efecto, que la templanza es el dominio de los
placeres y deseos, y que ningún placer es superior a Eros. Y si son
inferiores serán vencidos por Eros y los dominará, de suerte que Eros, al
26
dominar los placeres y deseos, será extraordinariamente templado. Y en
lo que se refiere a valentía, a Eros ni siquiera Ares puede resistir, pues no
es Ares quien domina a Eros, sino Eros a Ares –el amor por Afrodita,
según se dice. Ahora bien, el que domina es superior al dominado y si
domina al más valiente de los demás, será necesariamente el más valiente
de todos.
Así, pues, se ha hablado sobre la justicia, la templanza y la valentía
del Dios; falta hablar sobre su sabiduría, pues, en la medida de lo posible,
se ha de intentar no omitir nada. En primer lugar, para honrar también
yo a mi arte, como Erixímaco al suyo, es el Dios Poeta tan hábil que
incluso hace poeta a otro.
En efecto, todo aquél a quien toque Eros se convierte en poeta,
aunque antes fuera extraño a las musas. De esto, precisamente, conviene
que nos sirvamos como testimonio, de que Eros es, en general, un buen
poeta en toda clase de creación artística. Pues lo que uno no tiene o no
conoce, ni puede dárselo ni enseñárselo a otro.
POR OTRA PARTE, RESPECTO A LA PROCREACIÓN DE TODOS LOS SERES VIVOS,
¿quién negará que es por habilidad de Eros por la que nacen y crecen
todos los seres? Finalmente, en lo que se refiere a la maestría en las artes,
¿ACASO NO SABEMOS QUE AQUEL A QUIEN ENSEÑE ESTE DIOS RESULTA FAMOSO E
ilustre, mientras que a quien Eros no toque permanece oscuro?
[197A] P.80GEL

El arte de disparar el arco, la medicina y la adivinación los
descubrió Apolo guiado por el deseo y el amor, de suerte que también él
puede considerarse un discípulo de Eros, como lo son las musas en la
música, Hefesto en la forja, Atenea en el arte de tejer y Zeus en el de
gobernar a los Dioses y hombres. Ésta es la razón precisamente por la
cual también las actividades de los Dioses se organizaron cuando Eros
nació entre ellos –evidentemente, el de la belleza, pues sobre la fealdad
no se asienta Eros–. Pero antes, como dije al principio, sucedieron entre
los Dioses muchas cosas terribles, según se dice, debido al reinado de la
Necesidad, mas tan pronto como nació este Dios, en virtud del amor a
las cosas bellas, se han originado bienes de todas clases para Dioses y
hombres.
De esta manera, Fedro, me parece que Eros, siendo él mismo, en
primer lugar, el más hermoso y mejor, es causa luego para los demás de
otras cosas semejantes.
Y se me ocurre también expresarles algo en verso, diciendo que es
éste el que produce la paz entre los hombres, la calma tranquila en alta
mar, el reposo de los vientos y el sueño en las inquietudes.
Él es quien nos vacía de extrañamiento y nos llena de intimidad, el
que hace que se celebren en mutua compañía todas las reuniones como
la presente, y en las fiestas, en los coros y en los sacrificios resulta
nuestro guía; nos otorga mansedumbre y nos quita aspereza; dispuesto a
27
dar cordialidad, nunca a dar hostilidad; es propicio y amable;
contemplado por los sabios, admirado por los Dioses; codiciado por los
que no lo poseen, digna adquisición de los que lo poseen mucho; padre
de la molicie, de la delicadeza, de la voluptuosidad, de las gracias, del
deseo y de la nostalgia; cuidadoso de los buenos, despreocupado de los
malos; en la fatiga, en el miedo, en la nostalgia, en la palabra es el mejor
piloto, defensor, camarada y salvador; gloria de todos, Dioses y hombres;
el más hermoso y mejor guía, al que debe seguir en su cortejo todo
hombre, cantando bellamente en su honor y participando en la oda que
Eros entona y con la que encanta la mente de todos los Dioses y
de todos los hombres.
Que este discurso mío, Fedro –dijo–quede dedicado como
ofrenda al dios, discurso que, en la medida de mis posibilidades, participa
tanto de diversión como de mesurada seriedad.
Al terminar de hablar Agatón, me dijo Aristodemo que todos los
presentes aplaudieron estruendosamente, ya que el joven había hablado
en términos dignos de sí mismo y del Dios.
Entonces Sócrates, con la mirada puesta en Erixímaco, dijo:–¿Te
sigue pareciendo, oh hijo de Acúmeno, que mi temor de antes era
injustificado, o no crees, más bien, que he hablado como un profeta
cuando decía hace un momento que Agatón hablaría admirablemente y
que yo me iba a encontrar en una situación difícil?
–Una de las dos cosas, que Agatón hablaría bien –dijo Erixímaco–
creo, en efecto, que la has dicho proféticamente. Pero que tú ibas a estar
en una situación difícil, no lo creo.


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