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Richard WAGNER y…los animales

12 de agosto de 2014

 

http://infoconnoticias.blogspot.com.ar/2014/08/richard-wagner-conmovedor-manifiesto.html

El gran compositor alemán Richard Wagner (1813 – 1883), abogó durante mucho tiempo por el vegetarianismo y los derechos de los animales. Además criticó duramente la vivisección, argumentando que los humanos nos habíamos convertido en “bestias de nuestras presas”, denegando cualquier trato amable hacia los animales que matamos para comer, a pesar de que son seres con capacidad de sentir y que merecen un trato humano, así como lealtad y compasión. Odiaba la vivisección, y a los médicos que la practicaban. En 1858, en su carta a Matilde Wesendonck, habla de su filosofía del sufrimiento hacia nuestros semejantes, que define como una filosofía de compasiva empatía para hasta el más común y último de los seres.

Creía en la igualdad de hombres y animales. Comer carne había corrompido a la raza humana. Para él, el hombre sólo superaba a los animales en su habilidad para aconsejar.
Wagner sentía mayor compasión por las criaturas más inferiores. Para él, las criaturas superiores habían llegado a ser lo que eran a través de su propio sufrimiento y resignación o capacidad para desarrollarla, haciendo que esas criaturas sean bastante cercanas al hombre. Pero las más inferiores, son totalmente incapaces de adquirir un estado elevado de resignación, es decir, “calma divina”. Mientras se encuentran atormentadas, sufriendo sin ningún propósito superior, sólo desean morir; lo que confirma su creencia de que para ellas habría sido mejor no haber nacido. Pero si este sufrimiento puede tener alguna explicación, es despertar en el hombre el sentido del sufrimiento de sus semejantes, y hacerse redentor del mundo.

Entre 1880 y su muerte en 1883, plasmó sus teorías sobre vegetarianismo en numerosos ensayos. Ordenó a sus seguidores a que fueran herbívoros, pero lo sorprendente es que él no lo fue. Winifred Wagner, la viuda de su hijo, dijo en una entrevista en 1972, que “Wagner hubiera deseado ser vegetariano por razones éticas, pero su delicada salud le prevenía ante un cambio en la dieta. Sufría del corazón y tenía un eczema en la cara.”

CARTA ABIERTA A ERNST VON WEBER, AUTOR DE “LAS CÁMARAS DE TORTURA DE LA CIENCIA”

Por Richard Wagner

Apreciado Señor: Me cree Vd. capaz de poder ayudarle, con mi palabra, en la campaña tan enérgica que Vd. ha emprendido recientemente contra la vivisección, y parece, a este respecto, tomar en consideración el número bastante considerable de amigos cuyo gusto por mi arte me ha proporcionado. Aunque su edificante ejemplo me incita a intentar responder a su deseo, es sin embargo menos la confianza que posee en mi poder lo que me decide a imitarle, que un vago sentimiento de necesidad de estudiar, incluso en este campo tan alejado en apariencia de aquello que interesa a los artistas, el carácter de la influencia artística que muchas personas me han atribuido hasta la fecha.

Ya que una vez más encontramos, en el caso, actual, el espectro de la “ciencia” que se ha convertido, en nuestra época materialista, desde la mesa de disección hasta las fábricas de fusiles, en el demonio del utilitarismo, juzgado únicamente digno de afecto por parte del Estado, creo que, interviniendo en la cuestión actual, constituye ya una ventaja para mí el hecho de que tantas voces graves y bien autorizadas se hayan elevado en su favor, denunciando al buen sentido las aserciones erróneas, cuando no mentirosas, de nuestros adversarios.

Por otra parte, ciertamente, se ha otorgado un lugar tan importante al puro sentimiento en la discusión de este asunto, que hemos proporcionado excelentes ocasiones a los burlones y chistosos con mala idea, que casi son los únicos que se ocupan de nuestros discursos, de defender los intereses de la “ciencia”. A mi entender, sin embargo, se está discutiendo aquí la cuestión más grave de la humanidad, de suerte que las convicciones más profundas no podrán adquirirse más que después de un examen verdaderamente serio de este “sentimiento” del que tanta burla se ha hecho.
Intentaré de buen grado seguir este camino, en la medida que mis débiles facultades me lo permitan.

Lo que me ha frenado hasta el presente a entrar en una de estas asociaciones protectoras de animales que existen, es que todos los llamamientos y todas las instrucciones que les veía publicar se basaban casi exclusivamente en el principio utilitario. Y es que, sin duda, lo que en primer lugar importa a los filántropos que se han dedicado hasta el presente a la protección de los animales es probar al pueblo su utilidad para así obtener un mejor trato. Pues los resultados de nuestra civilización actual no nos permiten invocar otros motivos más que la búsqueda de un beneficio en las acciones humanas del ciudadano. En este preciso momento podemos comprobar hasta qué punto somos todavía extraños a un motivo exclusivamente noble de tratar bien a los animales, y qué poca cosa se ha podido obtener realmente de la práctica corriente: los representantes de la línea de conducta adoptada hasta el momento por las sociedades protectoras contra una de las barbaries más inhumanas seguida contra los animales, la que se ejerce en nuestras salas de vivisección autorizadas por el Estado, no sabrían emitir ni un solo argumento concluyente desde que se hace valer, para defenderla, la utilidad de esta barbarie. Quedamos casi totalmente limitados a discutir exclusivamente esta utilidad; y si se hubiese llegado a poder demostrarla con absoluta certidumbre, sería precisamente la sociedad protectora de animales quien, siguiendo su línea de conducta acostumbrada, habría favorecido la crueldad más indigna de la humanidad contra sus propios protegidos.
Por consiguiente, para conservar nuestros sentimientos de simpatía con respecto a los animales, contamos, como única ayuda, con llegar a hacer reconocer oficialmente la inutilidad de esta tortura científica de los animales; esperemos que podamos conseguirlo. Aun cuando nuestros esfuerzos hubiesen obtenido un éxito completo en este aspecto, no se habría logrado nada definitivo y bueno para la humanidad en tanto la tortura de los animales sea abolida únicamente en razón de su inutilidad; lo que habremos conseguido es desfigurar casualmente la idea que dio lugar a nuestras sociedades protectoras de animales.
Aquéllos que, para evitar los sufrimientos prolongados a voluntad de un animal, necesitan otro motivo distinto del de la pura piedad, no podrán nunca sentirse verdaderamente inclinados a reprimir los malos tratos a animales por parte del prójimo. Quien quiera que se haya rebelado a la vista del martirio de un animal, no ha sido arrastrado a ello más que por un sentimiento de piedad; quienquiera que se une a otros para proteger a los animales, no lo hace más que movido por la piedad; piedad totalmente desinteresada e inaccesible a todo cálculo de utilidad o inutilidad. Pero el hecho de que, a la cabeza de todos nuestros llamamientos y avisos dirigidos al pueblo, no nos atrevamos a colocar esta piedad como el único móvil discutible que nos mueve, eso sí que demuestra la maldición de nuestra civilización y la confirmación de que las religiones de nuestras iglesias oficiales se han quedado sin Dios.
Ha sido necesaria en nuestro tiempo, la enseñanza de un filósofo (1) que combate de la forma más despiadada todo lo que hay de falso, para demostrar que la “piedad” fundada en la naturaleza más íntima de la voluntad humana, es la única base verdadera de toda moral. Se han burlado de él; el Senado de una Academia de Ciencias ha llegado incluso a colocarle con indignación en el Índice; pues la virtud, desde el momento en que no está prescrita por la revelación, no sabría tomar su fundamento más que en las meditaciones de la razón. La piedad, considerada del punto de vista de la lógica, fue incluso tachada de egoísta por excelencia; se ha pretendido que la piedad no se vería motivada más que por la visión de un sufrimiento extraño que en realidad no causa dolor a nosotros mismos, pero no por el sufrimiento extraño en sí, el cual intentaríamos reprimir con el fin únicamente de suprimir su efecto doloroso sobre nosotros mismos. ¡Qué ingeniosos hemos llegado a ser con el fin de defendernos, hundidos en el fango del más cruel de los egoísmos, contra los remordimientos motivados por sentimientos comunes a todos los hombres! También se ha despreciado la piedad con el pretexto de que se la ha encontrado frecuentemente hasta en los hombres más groseros, como mínimo de instinto; con esa excusa, se ha llegado a confundir la piedad con la pena que los testigos de todo infortunio público o doméstico experimentan tan fácilmente y que traducen, como a menudo podemos comprobar, en una simple inclinación de cabeza para después dar la vuelta con un alzamiento de hombros; Hasta el momento en que un hombre destaca entre la multitud, a quien la verdadera piedad impulsa a prestar un socorro eficaz.
Aquél que no sienta inclinación a la piedad y que no haya sobrepasado esta débil pena, se sentirá feliz de poderse pasar sin ella y de ahí experimentará un perfecto y agradable desdén hacia la humanidad. Será difícil, en efecto, remitir este hombre a su prójimo para aprender de éste a practicar la piedad a su manera; pues, en general, es cosa bastante difícil, en nuestra sociedad burguesa reglamentada por la ley, obedecer al precepto de nuestro salvador: “Ama a tu prójimo como a ti mismo “.
En general, nuestro prójimo es muy poco digno de nuestro amor, y en la mayoría de los casos, la prudencia nos aconseja esperar del prójimo la prueba de su amor; igualmente, no tenemos ningún motivo para fiarnos de la simple declaración de su amor. Si lo examinamos todo con detalle, veremos que el Estado y la sociedad se hallan combinados de tal forma que, según las leyes de la mecánica, se hace muy soportable el pasarse sin el amor ni la piedad del prójimo. Queremos decir con esto que al apostol de la piedad le costará muchos esfuerzos aplicar su doctrina, de hombre a hombre primero, pues hasta nuestra vida familiar, tan degenerada en nuestros días, bajo la postración de la miseria y la búsqueda de nuevas distracciones sería ya incapaz de dar un buen ejemplo. También es bastante dudoso que estas doctrinas sean acogidas con entusiasmo por parte de la administración del ejército que, como sabemos, mantiene más o menos el orden en toda nuestra existencia política, excepto en la Bolsa; ella le probaría que hay que comprender la piedad en un sentido muy distinto al que cree, es decir al “en gros”, sumariamente, como medio de abreviar los sufrimientos inútiles de la existencia con proyectiles que dan en el blanco con precisión cada vez más perfecta.
En cambio, la “ciencia”, revestida de sanción oficial, parece haberse encargado de practicar la piedad en la sociedad civil, poniendo en práctica profesionalmente sus dádivas. No queremos hablar aquí de los resultados de la ciencia teológica que arma a los pastores de almas de nuestros municipios con el conocimiento de los impenetrables misterios de la divinidad; y supondremos por un momento, que la práctica de esta profesión incomparablemente hermosa no habrá prevenido a sus discípulos contra una propaganda como la nuestra. Es cierto, desgraciadamente, que sería demasiado exigir del dogma estricto de la Iglesia, que únicamente considerase como base suya el primer libro de Moisés, que reclamase la piedad de Dios hasta para los animales creados para “beneficio” del hombre. Sin embargo, en nuestros días, se pueden superar muchas dificultades y el buen corazón de un cura filántropo ha encontrado ciertamente, en el ejercicio del gobierno de las almas, muchas ocasiones que podrían haber dispuesto su espíritu dogmático en favor de nuestra causa. Aun cuando existan dificultades en la teología para reclamar la simple piedad en favor de sus fines, encontraríamos sin embargo perspectivas tanto más estimulantes al examinar la ciencia médica, que arma a sus discípulos para una profesión consagrada únicamente a aliviar los sufrimientos humanos. El médico puede parecernos realmente el salvador laico de la vida, ninguna otra profesión puede compararse a la suya dados los palpables beneficios de su ejercicio. Llenos de confianza en él, debemos respetar a quien le presta los medios para curarnos de los crueles sufrimientos, es por ello por lo que contemplamos la ciencia médica como la más útil y preciosa, y estamos dispuestos a sacrificarlo todo a su ejercicio y a sus exigencias; es ella, en efecto, la que nos da la práctica verdaderamente privilegiada de la piedad activa y personal, algo tan raro de encontrar entre nosotros.
Cuando Mefistófeles pone en guardia contra el “veneno oculto” de la teología, queremos ver esta advertencia tan maliciosa como su sospechoso elogio de la medicina, a la que intenta, para consolar a los médicos, dejar el éxito de sus experiencias “a la gracia de Dios”. Pero, precisamente, esta buena opinión maliciosa que profesa con respecto a la ciencia médica nos hace temer que no haga más que contener un “veneno oculto”, al menos un veneno bien ostensible, que el astuto compadre no tiende más que a esconder en su provocador elogio.
Es sorprendente, sin embargo, que esta “ciencia ” que generalmente se juzga como la más útil, dé a entender cada vez más claramente que no es una ciencia, y se esfuerce tanto más en sustraerse a la experiencia práctica para llegar, gracias a nociones cada vez más positivas, a la infalibilidad que quiere alcanzar por medio de operaciones especulativas. Son unos doctores médicos quienes nos informan de ello. Los operadores-profesores de fisiología especulativa pueden declararles incompetentes, (estos médicos) que se imaginaban que se trata sobre todo, en el ejercicio en el arte de curar, de la experiencia accesible únicamente a los doctores-médicos, de la observación asegurada por parte del individuo dotado de aptitudes médicas especiales y, por último, de su profunda dedicación, que le hace ayudar siempre que sea posible, de los enfermos que se confían a él. Mahoma, después de haber pasado revista a todas las maravillas de la creación, acabó por reconocer que la mayor maravilla es que los hombres sientan piedad los unos de los otros; nosotros, otorgamos ciegamente esta (piedad) a nuestro médico, mientras nos fiamos de él, y lo colocamos, consecuentemente, por encima del fisiólogo que especula, en la sala de disección y busca resultados abstractos para su propia gloria. Pero perdemos esta confianza cuando nos enteramos, como el otro día, que en una reunión de doctores-médicos, por miedo a la “ciencia” o temiendo ser tomados por hipócritas o supersticiosos, han llegado a desmentir las únicas cualidades dignas de confianza que los enfermos les suponen y se han constituido y vulgares servidores del martirio especulativo de los animales, al declarar que si se suprimiesen los ejercicios de disección que los estudiantes realizan sobre animales vivos, el doctor-médico no podría ya curar a sus enfermos en un futuro próximo.
Los informes que hemos recogido sobre lo que hay de justo y verdadero a este respecto son tan perfectamente edificantes que la cobardía de estos señores no conseguiría nunca entusiasmarnos por esta tortura que ellos recomiendan con filantropía, sino que, por el contrario, nos sentimos inclinados a no confiar más nuestra salud y nuestra existencia a un médico que toma de ello enseñanza, pues lo consideramos como un hombre incapaz de sentir piedad y que hace trampas en su oficio.
Aclarada de manera tan instructiva la horrorosa chapucería de esta “ciencia” que se recomienda sea extraordinariamente respetada y puesta bajo la poderosa protección del “gran público” y sobre todo de nuestros ministros y consejeros del príncipe, como han recomendado recientemente varios doctores-médicos en sus tratados destacables sobre todo por su elegante alemán, podemos esperar con derecho, que el espectro de la “utilidad” de la vivisección no vendrá a importunarnos en nuestros ulteriores esfuerzos; nos importará únicamente en adelante utilizar en nosotros, con energía, la “religión de la piedad”; a pesar de aquéllos que sigan fieles al dogma de la “utilidad”. Desgraciadamente, la forma que acabamos de adoptar de considerar las cosas humanas, nos ha enseñado que la piedad estaba borrada de la legislación de nuestra sociedad; pues hemos visto a nuestras instituciones médicas, bajo el pretexto de ocuparse del hombre, llegar incluso a transformarse en escuelas de brutalidad -en nombre de la “ciencia”-; ésta, un día, se desviará naturalmente de los animales contra el hombre que carecerá ya de protección contra estas experiencias.

Guiados por esta irresistible sublevación que nos inspiran los terribles sufrimientos causados voluntariamente a los animales, ¿encontraremos el camino que conduce al único reino redentor que es la piedad experimentada por todo aquel que vive, como en un paraíso pérdido y conscientemente reconquistado?

Cuando la sabiduría humana comprendió un día que el animal y el hombre tienen el mismo espíritu, parecía ya demasiado tarde para desviar la maldición que habíamos atraído sobre nuestras cabezas, colocándonos al nivel de bestias feroces que consumen alimento animal: enfermedades y miserias de todo tipo a las que no veíamos expuestos a los hombres que vivían únicamente a base de vegetales. El reconocimiento que de ello hemos adquirido nos hizo comprender la profunda culpabilidad de nuestra existencia terrestre: decidió a aquéllos que se convencieron de ello a renunciar a todo lo que excita las pasiones y a abstenerse de todo alimento animal. Es a estos sabios a quienes se les desveló el misterio del mundo como un incesante movimiento de desgarramiento que no podía ser rescatado para volver a la unidad sana y tranquila mas que por medio de la piedad.
Únicamente la piedad que sentía por todo ser que respira libertó al sabio de la incesante metamorfosis de todas las dolorosas existencias por las que debe pasar hasta llegar a la redención definitiva. Por esto es por lo que compadecía al hombre sin piedad para con su sufrimiento, y compadecía más profundamente todavía al animal al que veía sufrir, por saberle incapaz de ser rescatado por la piedad. Este sabio reconoció que el ser dotado de razón ha alcanzado la felicidad suprema mediante sufrimientos voluntarios que, por lo tanto, busca con extremo celo y soporta con pasión, mientras que el animal no espera el sufrimiento absoluto, que le resulta tan inútil, más que con la terrible ansiedad y un horrible terror. Y todavía más digno de compasión les parecía a estos sabios el hombre que podía atormentar voluntariamente a un animal y permanecer insensible a sus sufrimientos, pues sabía que ése se hallaba todavía más lejos de la redención que el mismo animal: éste, en comparación, debía ser inocente como un santo.
Algunos pueblos, expulsados hacia climas más rudos, viéndose reducidos a la alimentación animal para conservar su existencia, han mantenido hasta épocas recientes la conciencia de que el animal no les pertenece a ellos, sino a una divinidad. Sabían que matando o derribando un animal se convertían en culpables de un crimen del que debían pedir permiso a Dios; le inmolaban el animal y le ofrecían, en acción de gracias, las partes más nobles de la presa. Lo que aquí había sido un sentimiento religioso sobrevivió, después de la decadencia de las religiones, en algunas filosofías más recientes, como pensamiento rebosante de humanidad. Léase el hermoso tratado (2) de Plutarco sobre la inteligencia de los animales terrestres y acuáticos. Con sensibilidad se considerarán entonces como ignominiosas las ideas de nuestros sabios y sus iguales.
Hasta aquí, pero no más allá ¡ay!, podemos seguir las huellas de esta piedad, fundada en la religión, que nuestros antepasados humanos sentían por los animales, y parece que el progreso de la civilización, al convertir al hombre indiferente “al Dios”, le haya transformado en animal feroz; en efecto, hemos visto un César romano, revestido con piel de animal, remedar en público a un animal feroz.
Un Ser divino sin mácula se cargó sobre sí la suma enorme de pecados de toda esta existencia a la que rescató mediante su dolorosa muerte. Es gracias a esta muerte expiatoria, a lo que todo ser puede saberse rescatado, con tal de que la haya comprendido y tomado como ejemplo para imitarla. Eso es lo que hicieron los mártires y santos que se sintieron irresistiblemente arrastrados al sufrimiento voluntario sumergiéndose en la fuente de la piedad hasta la destrucción de toda mentira en el mundo. Hay leyendas que nos cuentan que los animales se aficionaron con familiaridad a estos santos, quizás no únicamente por la protección que estos les aseguraban, sino porque además se sentían atraídos por el poderoso móvil de la compasión que de ahí se podía deducir: es que podrían lamer sus heridas y encontrarían quizás una mano afectuosa y protectora. En estas leyendas, como, por ejemplo, la de la cierva de Santa Genoveva, y tantas otras parecidas, existe probablemente un sentido que sobrepasa al Antiguo Testamento.
Ahora bien, estas leyendas han desaparecido. El Antiguo Testamento es hoy vencedor y el animal feroz se ha convertido en el animal “que calcula”. Nuestro credo reza: El animal es útil, sobre todo cuando se nos somete fiándose de nuestra protección. Hagamos pues de él lo que nos parezca mejor en provecho de los hombres. Tenemos derecho a torturar a mil perros fieles durante largos días si de ese modo ayudamos a un hombre a gozar del bienestar “canibalesco” de “quinientos cerdos”.
El horror causado por las consecuencias de esta máxima no pudo encontrar su verdadera expresión más que cuando se nos instruyó más claramente sobre los abusos de la tortura científica de los animales y nos vimos obligados finalmente a preguntar cómo, no hallándose instruida en los dogmas de nuestra Iglesia, nuestra actitud con respecto a los animales podía ser considerada como moral y tranquilizadora de la conciencia. La sabiduría de los Brahmanes, la misma de todos los pueblos paganos civilizados, nosotros la hemos perdido: al desconocer su conducta con relación a los animales, tenemos ante nosotros un mundo convertido en “animal” en el peor sentido de la palabra, (un mundo convertido) en algo infernal. No existe ni una sola verdad que, incluso aunque seamos capaces de penetrar en ella, no seamos capaces de esconder con el pretexto de nuestro egoísmo y de nuestro interés personal: en eso consiste nuestra civilización. Pero, esta vez, parece que la medida, colmada, se desborda y que pueda abrirse paso una consecuencia favorable del pesimismo activo, en el sentido del “benéfico” Mefistófeles.
Totalmente aparte, pero casi al mismo tiempo en que se manifestaban estas torturas practicadas en los animales al pretendido servicio de la ciencia, un amigo de los animales, hombre de ciencia, nos reveló, tras leales investigaciones, tras atentas lecciones y comparaciones verdaderamente científicas, las enseñanzas de una ciencia primitiva desaparecida, según la cual es el mismo espítitu el que da la vida de los animales y la nuestra, más aún, que indudablemente descendemos de los animales. Esta constatación podría enseñarnos de la manera más segura, según el espíritu de nuestro siglo sin fe, a señalar con precisión infalible nuestras relaciones con los animales y, quizás, sería ésta la única forma de que alcanzásemos la verdadera religión, la del amor a la humanidad, que el Salvador nos enseñó y afirmó con su ejemplo.
Acabamos de explicar lo que nos hace a nosotros, esclavos de la civilización, tan incomparablemente difícil la práctica de esta doctrina. Como, hasta el momento, hemos empleado a los animales no solamente para alimentarnos y servirnos, sino también para conocer, mediante los sufrimientos que les provocamos artificialmente, las enfermedades que nosotros mismos podríamos sufrir cuando nuestro cuerpo se corrompe por una existencia no conforme con la naturaleza, por toda suerte de excesos y vicios, deberíamos en adelante utilizarlos en nuestra educación para purificar nuestra moralidad y hasta, tras buenos informes, como testimonios indiscutibles de la sinceridad de la naturaleza.
Nuestro amigo Plutarco nos ha dado ya un ejemplo de ello. Tuvo el atrevimiento de inventar un diálogo (3), Grilo (Los animales son racionales), entre Ulises y sus compañeros, que Circe había convertido en bestias, en el que se niegan a volver a ser metamorfoseados en hombres, alegando razones de lo más persuasivas. Quien haya leído con atención este curioso diálogo, encontrará bastantes dificultades exhortando a los hombres que nuestra civilización ha transformado en brutos a recuperar su verdadera dignidad humana. No se puede esperar un verdadero éxito más que si el hombre vuelve a tomar conciencia, gracias al animal, de su naturaleza noble, su sufrimiento y su muerte nos proporcionarían la medida de la dignidad superior del hombre, que es capaz de concebir el sufrimiento como lección eficaz y la muerte como expiación que transfigura, mientras que el animal sufre y muere sin provecho alguno para sí mismo.
Despreciamos al hombre que no soporta con resignación los males que le atacan y que tiembla con insensata angustia ante la muerte: y es precisamente por esta razón por la que los fisiólogos realizan vivisecciones de animales, por la que les inoculan venenos que este hombre ha creado a consecuencia de sus vicios y prolongan artificialmente sus dolores para enterarse de cuánto tiempo podrían evitar a este miserable la angustia suprema. ¿Quién vería una idea moral en esta enfermedad o en este remedio? ¿Se acudiría en ayuda, con los mismos procedimientos científicos, de un pobre obrero que sufriese hambre, privaciones y agotamiento? Sabemos que es precisamente ése, que – ¡felizmente!- no se aferra a la vida y la abandona de bastante buen grado, quien sirve a menudo para las experiencias más interesantes para hacer reconocer objetivamente problemas fisiológicos. De suerte que, con su misma muerte, el pobre presta igual servicio al rico, que en vida al trabajar el yeso a costa de su salud para ofrecerle un nuevo apartamento.
Esto es, sin embargo, lo que el pobre hace con estúpida inconsciencia. Se podría suponer, por el contrario, que el animal se dejaría torturar y atormentar por su dueño a sabiendas y de buen grado, si se le pudiese hacer comprender que está en juego la salud del hombre, su amigo. Esto no es mucho decir; se puede percibir esto si observamos que los perros, caballos y casi todos los animales domésticos y domados no llegan a ser adiestrados más que cuando comprenden qué trabajos les pedimos. Desde el momento en que lo comprenden, los ejecutan siempre de buen grado. Las personas brutas o imbéciles, por el contrario, creen que es necesario manifestarles su voluntad mediante castigos cuya intención el animal no comprende y que interpreta mal. Y esto, como consecuencia, engendra nuevos malos tratos que quizás serían útiles si le fuesen aplicados al dueño que conoce el significado del castigo. Sin embargo, no disminuyen el amor y la fidelidad que el animal, tratado de manera tan insensata, testimonia a su verdugo. Un perro, hasta en medio de los dolores más violentos, puede ser acariciado por su amo. Los estudios de los vivisectores nos lo han enseñado: en interés de la humanidad deberíamos buscar mejor de lo que se ha hecho hasta el momento qué opiniones sobre el animal se podrían sacar de estas experiencias. Obtendríamos un beneficio meditando sobre lo que ya sabíamos de los animales y las enseñanzas que todavía podríamos sacar.

El hombre no era superior a los animales, que nos enseñan todas estas artes mediante las cuales los hemos sometido a ellos mismos, más que por el fingimiento y la astucia pero no por el valor ni la bravura; pues el animal lucha hasta que acaba por sucumbir, indiferente a las heridas y a la muerte. “No sabe ni suplicar, ni pedir gracia, ni aceptar su derrota”. Sería un error querer basar la dignidad humana en el orgullo humano, contra el de los animales, y no podemos explicar más que por nuestro mejor arte del disimulo. Nos vanagloriamos de este arte. Lo denominamos “razón” y creemos poder distinguirnos orgullosamente del animal gracias a este arte, por ser capaz, entre otras cosas, de hacernos parecidos a Dios. A lo que Mefistófeles da su propia opinión cuando encuentra que el hombre no emplea su razón “más que para convertirse en más bruto que cualquier animal”.
El animal, en su gran sinceridad e ingenuidad, no sabe valorar cuán moralmente despreciable es este arte mediante el cual le hemos sometido; reconoce en él, en todo caso, algo demoníaco y le obedece por temor. Ahora bien, si el hombre que manda ejerce la clemencia y una bondad amable con relación al animal, convertido en adelante en tímido, podemos suponer que reconoce en su dueño algo de divino y que honra y ama tan fuertemente este rasgo divino que dedica exclusivamente a su servicio sus virtudes naturales de valor, fiel hasta la más dolorosa muerte. Del mismo modo que el santo se siente empujado irresistiblemente a testimoniar su fe en Dios mediante las torturas y la muerte, igualmente, el animal se halla inclinado a testimoniar el amor a su amo a quien venera como a un Dios. Un único lazo, que el santo ya había podido romper, une al animal, pues no puede dejar de ser sincero con la naturaleza: la piedad hacia sus pequeños. Pero ante los obstáculos que de aquí se suceden, sabe tomar una decisión. Un viajero abandonó a su perra que le acompañaba, y que acababa de parir, en la cuadra de una posada y regresó solo a su casa, a tres horas del lugar. A la mañana siguiente encontró, sobre la paja de su patio, a los cuatro cachorros y a la madre muerta junto a ellos. Había realizado el camino, lleno de ansiedad e impaciencia, llevando cada vez a uno de sus pequeños. No fue hasta el momento que hubo colocado el último en casa de su amo cuando no estando ya obligada a dejarlo, se abandonó en manos de una muerte retrasada por el dolor.
He aquí lo que el ciudadano “libre” de nuestra civilización denomina “fidelidad de perro”, subrayando con desprecio la palabra “perro”. ¿Y no tomaríamos ejemplo del animal, del que somos sus amos, ejemplo que nos edifica y nos conmueve, en un mundo en que el respeto ha desaparecido totalmente o, en donde si todavía existe, no constituye más que un fingimiento hipócrita? Cuando, entre los hombres, encontramos una fidelidad consagrada hasta la muerte, deberíamos reconocer a partir de este momento un noble lazo de parentesco con el mundo animal y ello no debería humillarnos; pues muchas razones demuestran que esta virtud es practicada por los animales más puramente, más divinamente que por los hombres. El hombre, en efecto, es capaz de reconocer en el sufrimiento y en la muerte, abstracción hecha de su valor reconocido por el mundo, una expiación que le hace feliz, mientras que el animal, sin considerar mediante razonamiento una eventual ventaja moral, se sacrifica entera y puramente por amor y fidelidad (aunque nuestros fisiólogos se encargan de explicarnos esto como un simple proceso químico de ciertas sustancias elementales).
A estos “simios” que, en la angustia de su impostura trepan al árbol de la ciencia, se les debería recomendar en todo caso que examinasen no el interior de un animal vivo sino, más bien, que mirasen en sus ojos con un poco de tranquilidad de reflexión. Allí quizás, vería el hombre de ciencia, expresado por primera vez, lo más digno que existe para los humanos: la sinceridad, la imposibilidad de la mentira, y entonces, mirando más de cerca, le hablaría de la sublime tristeza que la naturaleza siente por el orgullo lastimoso y falible del sabio: porque, cuando realiza una broma científica, el animal se toma la cosa en serio.
Que el sabio desvíe su mirada primero hacia su prójimo que, nacido en la indigencia absoluta, sufre verdaderamente, deteriorado desde su más tierna infancia por trabajos excesivos que han arruinado su salud, muriendo prematuramente por mala alimentación y tratamientos inhumanos de todo tipo, hacia este prójimo que le considera con aire inquieto, con sumisión estúpida. Quizás entonces se confesará a sí mismo que ese es en todo caso y con toda certeza un hombre como él. Esto constituiría un resultado. Pero si no podéis imitar al animal compasivo que, de todo corazón, comparte el hambre de su amo, intentad sobrepasarle ayudando a vuestro prójimo hambriento a procurarse el alimento necesario, lo que os resultaría fácil sujetándole al mismo régimen que al rico y dando ese exceso de alimento que hace que caiga enfermo a quien permitiría convertir en persona sana. Y para ello no serán en absoluto necesarios manjares suculentos como las alondras que se encuentran mejor en la naturaleza que en vuestro estómago. Pero para ello sería necesario que vuestro arte fuese suficiente. Ahora bien, no habéis aprendido más que artes inútiles.
Unos derechos a la entrega de una herencia considerable dependían de la muerte, diferida hasta cierta fecha, de un señor húngaro moribundo: los interesados pagaron enormes honorarios a los médicos para prologar su vida hasta el día fijado; se llamó a los médicos, allí existía algo interesante para la “ciencia” ¡Dios sabe cuántas sangrías y envenenamientos realizaron! Fue un éxito. Recibimos la herencia y se remuneró brillantemente a la ciencia. Con seguridad podemos pensar que tanta ciencia nunca sería empleada en beneficio de nuestros pobres obreros. Pero quizás resultaría alguna cosa más: un profundo examen de nuestro interior.
El horror que todo el mundo experimenta sin duda hacia los peores tratamientos imaginables, aplicados a los animales, en pretendido beneficio de nuestra salud – ¡y ésta sería la peor cosa que podríamos poseer en un mundo sin corazón-, (este horror) ¿no provocaría por si solo este examen, o bien sería necesario empezar por demostrarnos que esta utilidad es falsa, cuando no engañosa, y que se trataba en realidad de una vanidad de virtuoso o de la satisfacción de una curiosidad estúpida? ¿Esperaríamos que la vivisección humana realizase nuevos sacrificios en favor de la “utilidad”? ¿No es necesario que el interés del Estado tenga más valor para nosotros que el del individuo?
Un Visconti, duque de Milán, estableció una pena contra los grandes criminales de Estado que fijaba en cuarenta días la duración de las torturas mortales del delincuente. Este hombre parece haber reglamentado por adelantado los estudios de nuestros fisiólogos; estos saben prolongar los tormentos de un animal capaz de soportarlos físicamente a cuarenta días en los casos más favorables, pero menos como antiguamente por crueldad calculada que por economía. El edicto de Visconti fue ratificado por el Estado y la Iglesia, pues nadie se sublevó contra él; sólo los que no consideraban estos terribles tormentos como el caso peor, se vieron motivados a luchar contra el Estado en la persona de monseñor el duque.
Que el Estado moderno se ponga en el lugar de estos “criminales de Estado” y que coloque a los señores vivisectores, deshonor de la humanidad, a la puerta de sus laboratorios. ¿Dejaríamos de nuevo esta labor a los “enemigos del Estado”, considerando como tales, según la más reciente legislación, a los llamados “socialistas”? En efecto, sabemos que -mientras el Estado y la Iglesia se devanan los sesos para decidir si deben ocuparse de nuestras reivindicaciones y si no hay que temer, por otra parte, la cólera de la “ciencia” ofendida- la violenta invasión de uno de estos laboratorios de vivisección, producida en Leipzig, así como el rápido aniquilamiento de los animales despedazados extendidos, conservados durante semanas de martirio y una buena tunda administrada al guardián que vigilaba estas horribles salas de tortura han sido considerados como atentado brutal contra el derecho a la propiedad y atribuidos a subversivas intrigas socialistas.
(Matar a los animales que están siendo sometidos a atroces experimentos no es la solución. Los animales en tal situación deben ser atendidos, y no asesinados. La vivisección debe ser abolida y prohibida por la ley. Nota del editor)
¿Quién no se convertiría en socialista al ver que nuestro esfuerzo contra la perpetuación de la vivisección y la petición de su abolición son rechazados por el Estado y por el Imperio? [¿USA?]
Pero no se trataría más que de una abolición absoluta, no de una “restricción tan extendida como sea posible” bajo el “control del Estado”, pues no podría tratarse de hecho el control del Estado más que de la presencia de un gendarme especialmente calificado en toda conferencia fisiológica de los señores profesores ante sus “espectadores”.
Nuestra conclusión, desde el punto de vista de la DIGNIDAD HUMANA, es que ésta no se manifieste más que allí donde el hombre puede diferenciarse del animal por la piedad que sentiría por el animal mismo, pues podemos aprender del animal la piedad con relación al hombre, desde el momento en que se trata al animal razonablemente y con humanidad.
Si esta conclusión hiciese que se riesen de nosotros y si nuestros intelectuales nacionalistas nos rechazasen, si la vivisección continuase prosperando en público y en privado, deberíamos por lo menos dar un beneficio a sus defensores: el que, incluso como hombres, abandonaríamos fácilmente y de buen grado este mundo en donde “un perro no podría seguir viviendo por más tiempo” incluso aunque no se nos debiese interpretar un réquiem alemán (4)
NOTAS

(1) Se refiere a Arthur Schopenhauer.

(2) Se refiere al tratado Sobre la inteligencia de los animales. Otros escritos de Plutarco en defensa de los animales son Sobre comer carne y Grilo. Plutarco y otros filósofos de la antigüedad como Porfirio, autor de un tratado Sobre la abstinencia de la carne de los animales, rechazaban la barbarie humana con los animales.

(3) Se refiere al tratado Los Animales son Racionales, también denominado con el nombre del cerdo que lo protagoniza: Grilo.

(4) Alusión a Un réquiem alemán de Johannes Brahm

Fuente: Archivo Wagner
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http://infoconnoticias.blogspot.com.ar/2012/05/el-plan-sionista-de-degenerar-los.html
martes, 1 de mayo de 2012
EL PLAN SIONISTA DE DEGENERAR A LOS GENTILES AHORA AVANZA EN CONTRA DE LOS ANIMALES: EE.UU APRUEBA PROYECTO DE LEY QUE LEGALIZA LA SODOMÍA Y ZOOFILIA EN EL EJÉRCITO
“Relaciones sexuales entre gentiles (no judíos), son como las relaciones entre animales”. (Sanhedrin, 74 b).“Los gentiles prefieren el sexo con vacas”. (Abodah Zarah 22 a – 22 b). “La tasa de nacimientos cristiana debe ser materialmente disminuida”. (Zohar II, 64 b). Fragmentos del Talmud

El Senado de EE.UU. aprobó en diciembre del 2011 un proyecto de ley de presupuesto militar que contiene un capítulo donde despenaliza la sodomía con animales.
El voluminoso proyecto de ley fue aprobado por el Senado con 93 votos a favor y 7 en contra el pasado 1 de diciembre, sin embargo solo hasta ahora la prensa llegó a conocer los detalles del tema.
El 15 de diciembre de 2011 la cadena de noticias CNN informó que el Comité de Servicios Armados del Senado aprobó unánimente la disposición S. 1867 o Ley de Autorización de la Defensa Nacional, escrito por los senadores John McCain y Carl Levin, que incluye una disposición para derogar el artículo 125 del Código de Justicia Militar de Estados Unidos.
El artículo 125 condenaba legalmente y equiparaba la participación en actos de sodomía con seres humanos así como de sexo con animales. El mismo establecía:

(a) Toda persona sujeta a este capítulo que participe en una copulación carnal contra natura con otra persona del mismo o del sexo opuesto, o con animales es culpable de sodomía. La penetración, hasta la más mínima, es suficiente para ser declarado culpable. (b) Toda persona declarada culpable de sodomía será castigada según dictamine un tribunal militar.

SIONISTA JOHN MCCAIN

A LA IZQ. EL SIONISTA CARL LEVIN CON DOBLE CIUDADANIA ISRAELÍ-EE.UU
Así, por negligencia, no solo se despenalizaron las relaciones homosexuales, sino también el sexo con animales en el Ejército de EEUU.
Según el jefe del Comité de las Fuerzas Armadas en el Senado, Karl Levin, la abolición del artículo es una formalidad, pues la prohibición a las relaciones homosexuales entre militares fue avalada desde el 2003.
En este año, el Tribunal Supremo de EE. UU. reconoció como inconstitucionales todas las leyes que prohíben las relaciones sexuales homosexuales. Hasta ese momento, tales normas estaban vigentes en 13 estados del país.
De momento, el Senado elabora una propuesta final de esta ley, que incluirá las propuestas de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos. Un grupo de los diputados conservadores se oponen duramente a la aprobación final de esta norma, pues considera que esto abre el camino a las perversiones en el Ejército.
http://cnsnews.com/news/article/senate-approves-bill-legalizes-sodomy-and-bestiality-us-military

Al firmar la petición estarás enviando esta carta

Destinatario: OBAMA. CASA BLANCA

EN HONOR Y DEFENSA DE LOS ANIMALES.
ESTO TIENE QUE PARAR, NO SE PUEDE CONSENTIR ESE ABUSO.
RETÁCTESE DE LA PERMISIÓN DE ZOOFILIA.
Declaración Universal
de los Derechos de los Animales

Considerando que todo animal posee derechos y que el desconocimiento y desprecio de dichos derechos han conducido y siguen conduciendo al hombre a cometer crímenes contra la naturaleza y los animales, se proclama lo siguiente:
Artículo No. 1
Todos los animales nacen iguales ante la vida y tienen los mismos derechos a la existencia.
Artículo No. 2
a) Todo animal tiene derecho al respeto.
b) El hombre, como especie animal, no puede atribuirse el derecho de exterminar a los otros animales o de explotarlos, violando ese derecho. Tiene la obligación de poner sus conocimientos al servicio de los animales.
c) Todos los animales tienen derecho a la atención, a los cuidados y a la protección del hombre.
Artículo No. 3
a) Ningún animal será sometido a malos tratos ni a actos crueles.
b) Si es necesaria la muerte de un animal, ésta debe ser instantánea, indolora y no generadora de angustia.
Artículo No. 4
a) Todo animal perteneciente a una especie salvaje tiene derecho a vivir libre en su propio ambiente natural, terrestre, aéreo o acuático y a reproducirse.
b) Toda privación de libertad, incluso aquella que tenga fines educativos, es contraria a este derecho.
Artículo No. 5
a) Todo animal perteneciente a una especie que viva tradicionalmente en el entorno del hombre tiene derecho a vivir y crecer al ritmo y en las condiciones de vida y de libertad que sean propias de su especie.
b) Toda modificación de dicho ritmo o dichas condiciones que fuera impuesta por el hombre con fines mercantiles es contraria a dicho derecho.
Artículo No. 6
a) Todo animal que el hombre haya escogido como compañero tiene derecho a que la duración de su vida sea conforme a su longevidad natural.
b) El abandono de un animal es un acto cruel y degradante.
Artículo No. 7
Todo animal de trabajo tiene derecho a una limitación razonable del tiempo e intensidad del trabajo, a una alimentación reparadora y al reposo.
Artículo No. 8
a) La experimentación animal que implique un sufrimiento físico o psicológico es incompatible con los derechos del animal, tanto si se trata de experimentos médicos, científicos, comerciales, como de otra forma de experimentación.
b) Las técnicas alternativas deben ser utilizadas y desarrolladas.
Artículo No. 9
Cuando un animal es criado para la alimentación debe ser nutrido, instalado y transportado, así como sacrificado, sin que ello resulte para él motivo de ansiedad o dolor.
Artículo No. 10
a) Ningún animal debe ser explotado para esparcimiento del hombre.
b) Las exhibiciones de animales y los espectáculos que se sirvan de animales son incompatibles con la dignidad del animal.
Artículo No. 11
Todo acto que implique la muerte de un animal sin necesidad es un biocidio, es decir, un crimen contra la vida.
Artículo No. 12
a) Todo acto que implique la muerte de un gran número de animales salvajes es un genocidio, es decir, un crimen contra la especie.
b) La contaminación y la destrucción del ambiente natural conducen al genocidio.
Artículo No. 13
a) Un animal muerto debe ser tratado con respeto.
b) Las escenas de violencia, en las cuales los animales son víctimas, deben ser prohibidas en el cine y en la televisión, salvo si ellas tienen como fin dar muestra de los atentados contra los derechos del animal.
Artículo No. 14
a) Los organismos de protección y salvaguarda de los animales deben ser representados a nivel gubernamental.
b) Los derechos del animal deben ser defendidos por la ley, como lo son los derechos del hombre.

FIRMA PARA PARAR ESTA ABERRACIÓN:http://actuable.es/peticiones/parar-esta-abberracinn

Publicado por INFOCON NOTICIAS en 5/01/2012 05:54:00 p. m.

Etiquetas: INTERNACIONALES, MATRATO ANIMAL, NUEVO ORDEN MUNDIAL-SINARQUIA, SIONISMO

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FUENTE:

http://infoconnoticias.blogspot.com.ar/2014/08/richard-wagner-conmovedor-manifiesto.html

http://infoconnoticias.blogspot.com.ar/2014/07/grave-crecimiento-de-degenerados-en-la.html

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10 BLOGS 10 ! … para leer y MIRAR

23 de septiembre de 2012

Te lo digo al revés para que me entiendas…

7 de septiembre de 2012

filosofando … 7  sept 2012

Posted on 7 de septiembre de 2012by

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13 agosto 2012

13 de agosto de 2012

Un “Titanic” alemán, cuyo hundimiento se ha ocultado…

23 de abril de 2012

Se acaba de celebrar el centenario de la tragedia del Titanic. Por razones perfectamente comprensibles, el hundimiento del transatlántico ha venido atrayendo la curiosidad popular durante generaciones. Y, sin embargo, la del Titanic está lejos de constituir la mayor catástrofe de la historia de la navegación.

En los últimos días de enero de 1945 la II Guerra Mundial estaba tocando a su fin. Aterrorizados por la avalancha que se les venía encima, millones de alemanes del este se habían lanzado frenéticamente hacia poniente en medio de un frío atroz, arrastrando apenas unos pocos enseres personales. Huían de la persecución del Ejército Rojo, que, como una plaga de langosta, caía sobre los refugiados, asesinando, incendiando y violando, en una orgía de destrucción que nunca parecía encontrar satisfacción.

En las playas bálticas de Prusia oriental, los tanques de Rokossovski se complacían en aplastar bajo sus cadenas a los miles de ancianos, mujeres y niños que buscaban escapar hacia Occidente. Göbbels, el ministro de Propaganda del III Reich, publicitaba las atrocidades soviéticas para infundir en las tropas alemanas la decisión de resistir a cualquier precio. El líder nazi no necesitaba exagerar: la realidad ya era lo suficientemente terrible. En la psique colectiva germana había prendido con fuerza la matanza de Nemmersdorf, con sus niños de pecho estrellados contra las paredes y sus mujeres masivamente violadas y crucificadas en las puertas de los graneros.

En esa atmósfera de pánico, los civiles alemanes se habían lanzado hacia los puertos del Báltico tratando de alcanzar la salvación por mar. El gran almirante Dönitz, jefe de la Marina de Guerra alemana, diseñó una gigantesca operación de evacuación: la operación Aníbal. Para su ejecución contaba con cuatro grandes buques, uno de los cuales, el mayor de todos, era el Wilhelm Gustloff, bautizado así en honor de un líder nacionalsocialista suizo asesinado en 1936.

En la rada del puerto de Gotenhafen se hacinaban muchos miles de refugiados, tratando de abandonar la región en dirección a Hamburgo. Desde hacía horas, el Gustloff albergaba una cantidad de personas que rebasaba con mucho su capacidad; las autoridades llegaron a admitir algo más de seis mil, pero la realidad es que seguía afluyendo un número creciente de refugiados, en tan penoso estado que resultaba difícil de rechazar. Como tenían prioridad las mujeres con niños pequeños a la hora de embarcar, las madres, una vez a bordo del buque, lanzaban a sus hijos por la borda para que fueran recogidos por otro miembro femenino de la familia a fin de facilitarles el acceso al Gustloff. No pocas criaturas cayeron al agua helada o en manos extrañas.

Héroe de la Unión Soviética

Se calcula que, cuando el Wilhelm Gustloff zarpó, al mediodía del 30 de enero, habían accedido al navío, por distintos medios, unas 10.600 personas. En el Báltico, el tiempo era pésimo. El cielo estaba cubierto de espesas nubes grises, y el mar amenazaba temporal. Hacía tanto frío que la cubierta se encontraba helada. A la hora de la partida, la temperatura era de 10ºC bajo cero, pero la sensación térmica era incluso inferior. Nevaba y soplaba un fuerte viento helado. El agua estaba al punto de la congelación y, al hacerse de noche, el termómetro bajó aún más. El casco del buque chocaba continuamente con grandes trozos de hielo.

El capitán del Gustloff puso proa hacia un convoy militar que patrullaba en aguas profundas, en lugar de ceñirse a la costa, por considerarlo más seguro. Tratando de evitar a la aviación y la Marina soviéticas, el buque navegaba con las luces apagadas. Pero al hallar el convoy de la Kriegsmarine, y como la visibilidad era muy mala, el capitán del Gustloff ordenó encender las luces durante unos instantes, para hacerse visible por los buques de guerra. Aquella decisión resultó fatal: exactamente en ese instante, el submarino soviético S-13 se hallaba vigilando la línea del horizonte, y pudo observar el encendido de la iluminación de posición del Gustloff. El capitán del submarino, Alexander Marinesko, ordenó hacer fuego sobre el buque lanzando hasta tres torpedos, con tal suerte que todos ellos impactaron contra el casco.

No había suficientes botes para todos, y los chalecos apenas servían para unos minutos; en aquellas aguas heladas nadie podría sobrevivir. El pánico desatado tras las explosiones alcanzó el cenit al escorarse el navío. Algunos de entre quienes habían encontrado plaza en los botes cayeron al mar, golpeados por el fuerte oleaje. En menos de cincuenta minutos, el Gustloff se hundió. Los pocos que habían logrado ganar la suficiente distancia y ponerse a salvo, pudieron oír durante unos instantes los gritos desesperados de las mujeres y los llantos de los niños ascendiendo desde las entrañas del mar, hasta que este se los tragó, silenciándolos.

Aunque unos pocos torpederos y dragaminas alemanes extendieron sus redes sobre la superficie del mar y recogieron a los 1.239 supervivientes, el helado Báltico se convirtió en la sepultura de 9.343 personas, de las que unas 3.000 eran niños. Unas pérdidas seis veces superiores a las del Titanic.
En Moscú, las autoridades propusieron al capitán Marinesko para la más alta distinción de la patria comunista: Héroe de la Unión Soviética.

El Goya a pique

La evacuación de las zonas orientales del Reich que tuvo lugar en 1945 consiguió salvar de las garras soviéticas a unos dos millones de alemanes que, de otro modo, quizá hubieran sufrido un destino mucho más duro.
Pero el episodio del Wilhelm Gustloff no fue único de su género. Se repitió el 16 de abril de 1945, cuando el barco hospital alemán Goya, que también había salido de la bahía de Danzig, fue atacado por un submarino soviético con dos torpedos, que lo hundieron en siete minutos. La rapidez del naufragio significó que apenas pudieran salvarse 165 personas.

Se calcula que entre 6.500 y 7.000 refugiados fueron engullidos por el mar, hasta descender los 80 metros que los depositaron en el fondo del Báltico, en lo que fue -y sigue siendo- el segundo naufragio más mortífero de la historia.

Vladimir Konovalov, capitán al mando del submarino L-3, recibió la correspondiente medalla como Héroe de la Unión Soviética.

TEMAS RELACIONADOS:

CulturatitanicWilhelm Gustloff

Fuente:

http://www.intereconomia.com/noticias-negocios/claves/todos-los-detalles-hundimiento-titanic-un-mapa-interactivo-20120417

PATSCHI se va al paraiso de los felinos (via h y r a n i a 3)

8 de septiembre de 2011

PATSCHI se va al paraiso de los felinos ESTOS PERRITOS ESTÁN ESPERANDO LA LLEGADA DE PATSCHI…para jugar con él… eternamente… La foto– muy reducida– de Patschi… está a la izquierda de los perritos…  Cuando Patschi llegue a su Destino en el Más Allá… publicaré una foto más espléndida… (S D q)… ==== Ayer, miércoles, dia 7 de septiembrte de 2011, a las 8 h de la mañana, al entrar en la cocina, donde habitualmente Patschi tenía su dormitorio, (donde dormía solo, desde hace … Read More

via h y r a n i a 3

Los números de 2010

2 de enero de 2011

Los duendes de estadísticas de WordPress.com han analizado el desempeño de este blog en 2010 y te presentan un resumen de alto nivel de la salud de tu blog:

Healthy blog!

El Blog-Health-o-Meter™ indica: Wow.

Números crujientes

Imagen destacada

Un barco de contenedores puede llevar a unos 4.500 contenedores. Este blog fue visto cerca de 20,000 veces en 2010. Si cada cada visita fuera un contenedor, tu blog llenaria 4 barcos.

 

En 2010, publicaste 38 entradas nueva, haciendo crecer el arquivo para 363 entradas. Subiste 21 imágenes, ocupando un total de 1mb. Eso son alrededor de 2 imágenes por mes.

Tu día más ocupado del año fue el 9 de noviembre con 145 visitas. La entrada más popular de ese día fue HINDUISMO, LA MADRE DE LAS RELIGIONES.

¿De dónde vienen?

Los sitios de referencia más populares en 2010 fueran mundodaorino.es, layijadeneurabia.com, search.conduit.com, facebook.com y es.wordpress.com.

Algunos visitantes buscan tu blog, sobre todo por simbolos, hinduismo, simbolos y su significado, aguila chilena y arbeit macht frei.

Lugares de interés en 2010

Estas son las entradas y páginas con más visitas en 2010.

1

HINDUISMO, LA MADRE DE LAS RELIGIONES mayo, 2008
1 comentario

2

SíMBOLOS, SU PODER Y SIGNIFICADO octubre, 2007
7 comentários

3

Los macabros sacrificios de los aztecas febrero, 2010
9 comentários

4

FLORA: LA BELLEZA DE LA NATURALEZA noviembre, 2007
8 comentários

5

DESPEDIDA DEL TRABAJO POR DECIR: … “Arbeit macht frei!…” marzo, 2008
5 comentários

el lobo y los corderos en el Valle de los Caídos

25 de octubre de 2010

Aunque el lobo es un animal muy respetable y hasta admirado…, sin embargo en algunas fábulas hace el papel de malo… Es el caso de una situación que, a modo de fábula, cuenta en su blog el famoso historiador Pio Moa:

24 de Octubre de 2010 – 22:54:50 – Pío Moa
Sobre el Valle de los Caídos, que creo que al final no se trató en VEO 7, expuse en la entrevista algo como esto:
La actitud del gobierno sobre el Valle recuerda la fábula de Esopo del lobo y el cordero. El lobo, deseando matar y comerse al cordero, buscaba pretextos que justificasen su acción, por lo que comenzó a acusarle: “Estás enturbiando el agua que bebo”. El cordero replicó: “¿Cómo puedo enturbiarla si estoy bebiendo más abajo en la corriente?”.  “Tú me has insultado el año pasado”. “Eso no puede ser, porque el año pasado no había nacido”. Y así otras falsas acusaciones hasta que el lobo, ya sin argumentos, gruñó. “¡Pues es igual, de todos modos voy a matarte!”
El gobierno delincuente de Zapo empezó su campaña clamando a los cuatro vientos, por boca de sus informadores: “El Valle de los Caídos fue construido por 20.000 presos políticos”. Quedó claro y documentado que solo hubo unos pocos centenares de presos, comunes y otros condenados en relación con el terror izquierdista durante la guerra civil, y solo por un período de la construcción del Valle.
El gobierno y los suyos insistieron: “Como sea, fueron trabajadores en régimen de esclavitud, de trabajos forzados”. Nuevamente quedó demostrado que se trataba de presos en redención de penas por el trabajo, que cobraban un jornal y redimían hasta cinco días por cada uno trabajado. E iban allí voluntarios, por las buenas condiciones.
El lobo insistió: “Allí fueron llevados restos de soldados rojos (ellos dicen republicanos) de manera arbitraria y sin permiso de sus familiares”. Nuevamente quedó probado que no había sido así, y que los restos de soldados de los dos bandos habían sido llevados como signo de  reconciliación.
Últimamente los diputados –unos golfos en su mayoría, como han probado con su colaboración con la ETA, entre otras cosas— están hablando de “democratizar el monumento”. Pero un monumento no puede democratizarse, y menos por unos sujetos que no tienen casi nada de demócratas. Un monumento es lo que es, una obra artística con significación histórica. A estos sectarios enfermos de rencor les da el día menos pensado por “democratizar” El Escorial, borrando de él cualquier alusión o recuerdo de Felipe II. Son así, no en vano se consideran herederos del Frente Popular.
Lo que hay en realidad es que ellos no pueden tolerar un monumento a la reconciliación porque son irreconciliables. Y que no pueden soportar una cruz monumental porque tratan de borrar  ese símbolo de nuestra cultura como hicieron  los suyos del Frente Popular.
Espero y deseo  que esta vez el lobo se rompa los colmillos.

…Hasta aquí lo que escribe Pio Moa. Lo que sigue, que parece inverosimil…pero podría ser cierto, es un comentario firmado por

escade1, día 25 de Octubre de 2010 a las 00:32:

Me comentan personas bien informadas que la vice-Vogue ha tenido a bien, no una, sino dos veces, acudir a la Santa Abadía del Valle de los Caídos a dar sendas lecciones de talante, tolerancia y patriotismo, mostrando todo el respeto y la educación características del buen socialista.
Los términos en que se dirigió al Padre Abad fueron, aproximadamente, del siguiente tenor:
” ¡¡¡ Por mis cojones que salís de aquí con los pies por delante !!!”.
Se comenta por sí mismo.
También insistir en la práctica informativa de los empleados del Valle de la garita de la entrada para con los visitantes, siguiendo órdenes de la superioridad, y con la inestimable ayuda de la Guardia Civil, que no impide la fechoría:
” Estamos cerrados por obras de mantenimiento”.
Tres mentiras constitutivas de prevaricación:
1.- No está cerrado, porque se puede acudir a misa de 11h. De hecho es lo que hay que alegar en la entrada para que te dejen entrar.
2.- No hay ninguna obra. De hecho es al contrario, porque están fomentando el deterioro de todo el monumento, cuando no provocándolo.
3.- El único mantenimiento es el del delito y el atropello de los derechos civiles y religiosos contemplados en la Constitución.
Contra esta gentuza no caben más dudas ni más demoras en el inicio de todas las actuaciones que persigan su derrota en todos los órdenes.

EpC =Educación para la Corrupción

2 de febrero de 2010

No sorprende que poco a poco se vaya descubriendo la sordidez inmoral que encierra la llamada “Educación para la Ciudadanía”. Es el resultado lógico de las premisas ideológicas en las que se basa un gobierno que es casi avanzadilla mundial en todos los logros de la decadencia y degeneración: España hoy está posicionada en alto ranking en fenómenos como consumo de drogas, “botellón” o alcoholismo entre jóvenes, y por supuesto en legalización de “matrimonio gay”, desempleo, trasplante de órganos, trata de “blancas” (importación de mujeres para explotarlas sexualmente en “clubs de copas”), etc. A esto hay que añadir una legislación casi genocida en materia de aborto, la cual está además complementada con los primeros pasos hacia la legalización de la eutanasia y de la ayuda o asistencia para el suicidio.  Como se puede obserevar, todo ello acorde con lo que se ha dado en llamar “cultura de la muerte”…

Esta divagación viene acuento de una información que recogemos de libertad digital:

Último escándalo de EpC: Apología de la zoofilia a niños de trece años

Mientras Rajoy no sabe qué hacer con EpC, ésta sigue levantando escándalos con sus contenidos, el último haciendo apología de la zoofilia. En Córdoba se ha dicho a niños de 13 años que “la naturaleza nos da el sexo para que lo llevemos a cabo con otra niña, con un niño o con un animal”.

Las plataformas de objetores a EpC como Profesionales por la Ética o Córdoba Educa en Libertad han puesto el grito en el cielo ante el enésimo escándalo que se ha hecho público con los contenidos de esta polémica asignatura.

Los escándalos sobre los contenidos de EpC que ya se conocían parecían que no podían ser superados pero una vez más se han superado y ahora se ha conocido que en una de estas clases se ha hecho apología de la zoofilia.

En el Instituto Maimónides de Córdoba se ha intentado convencer a alumnos de Educación para la Ciudadanía de 3º de la ESO, de 13 y 14 años, de que “la naturaleza nos da el sexo para que lo llevemos a cabo con otra niña, con un niño o con un animal“.

Ante tal afirmación, la plataforma que agrupa a los objetores en Córdoba ha vuelto a denunciar los contenidos partidistas de la asignatura.

Nota de YRANIA: Dada  la filosofía materialista-darwiniana, que parece ser muy querida por  ciertos ambientes masónicos, es lógico que si se equipara en dignidad al homo sapiens con los grandes simios, el siguiente paso es equiparar en derechos a todos los animales llamados mamíferos…  Y si se justifica la relación sexual entre seres humanos del mismo sexo… no es precisamente más irracional o anti-ético aceptar las prácticas sexuales con animales.

Esa conducta execrable se llama “bestialismo”  y … suponemos que los que se dicen “amigos de los animales”, que suelen protestar contra la tauromaquia, digan algo contra la mal llamada “zoofilia” (es decir “bestialismo”) y contra las degollaciones  crueles de animales que se realizan por los amigos de ZP, es decir los de la “amistad” entre civilizaciones…

2ª nota de YRANIA: Decíamos arriba que es desafortunado llamar “zoofilia” al bestialismo, por las mismas razones que no se debe llamar “pedofilia” a la pederastia… pues en ambos casos  la “filia” o amistad es inexistente… Llamar a los pederastas “amigos” de los niños es un insulto a la inteligencia… Casi lo mismo se podría decir de la “zoofilia”. En amnbos casos no hay amistad, hay por el contrario, una sucia y egoísta  utilización del niño o del animal como si fueran cosas.

Los hermanos lobos, nuestros amigos

26 de enero de 2010

Hace unos días publiqué, por invitación de Axel, en el blog trompicones el siguiente post:

Paseando por la calle  leí en una pared un pequeño letrero: “Libertad para los demás animales”…  Al instante me percaté que tras una aparente generosa causa se escondía, hipócritamente, un fin perverso.  Quienes dicen abogar para que los grandes  (y bellos)  animales felinos no estén prisioneros en jaulas o en cautividad en parques zoológicos, tienen mucha razón… pero, cometen una felonía quienes al  escribir  “demás animales”, lo que pretenden es rebajar al homo sapiens a nivel de animal inferior… ya que implícitamente, a nosotros se nos ubica al mismo nivel que los llamados “animales irracionales”.  (Este rebajamiento es un plan global de largo alcance y en esa línea está el “proyecto gran Simio”  del PSOE con su “defensa de los derechos de los simios”).  En este sentido, los supuestos “ecologistas” que predican la supresión de la fiesta taurina mientras que aceptan  los terroríficos mataderos de animales (sobre todo si los animales son degoyados según rito musulmán o judio)  para ser consumidos como carne, no demuestran nobles sentimientos, pues además, esos presuntos “ecologistas” y amigos de los animales… nada se preocupan por el animal-rey, es más, suelen aceptar y hasta defender el exterminio de centenares de millones de niños en el seno materno…

Sería muy deseable que los que dicen amar a los animales se preocupasen también por el futuro de un animal, es decir, nosotros mismos, los  europeos, que, debido al ataque generalizado contra la institución familiar… podría desaparecer en un futuro próximo. Y por supuesto, yo soy amigo de los animales, pero no de todos los animales, sólo de los más bellos y nobles, sean salvajes o domésticos.

Si la raza europea desapareciera, sería preferible que Europa no fuese repoblada por  “seres humanos” preocedentes de otros continentes… Como dice Savitri Devi, sería preferible que en las inmensas llanuras,  praderas, y en los bosques, habitaran sobrev todo hermosos felinos, toros y vacas, y también lobos, como el lobo gris o el perro nórdico. Y en las alturas, el águila imperial, las gaviotas, etc.

G. Tresmontes /  12 de Enero de 2010,

Todo este razonamiento me ha sido sugerido porque  a través de un blog que admiro, irlanda, he descubierto otro blog, lasonrisanordica, en el cual he leído este bonito cuento:

En las lejanas tierras nevadas de Canadá, tuvo lugar la historia de cómo un lobo se convirtió en el mejor amigo del ser humano. Cuenta la leyenda que en aquellas montañas vivía Skan (el cielo), el gran lobo gris plata junto a su manada de lobos árticos.

En aquellas tierras el viento soplaba con un cálido aroma de libertad, la luz dorada del sol bañaba un paisaje donde el equilibrio natural hacía que todas y cada una de las especies convivieran en paz y armonía.

Pero un día, con la llegada del hombre, la hermosura de aquellas tierras vírgenes y la pureza de sus aguas cristalinas empezó a desvanecerse, mientras el hombre avanzaba haciendo suyo todo lugar por el que pasaba.

Una mañana temprano, Skan se hallaba buscando una presa para poder llevar a su familia como desayuno, cayó mal herido en una de las trampas que los humanos habían colocado en el bosque. Y cuando pensó que ya no tendría salida, alguien le agarró de cuello y lo montó en su automóvil y lo salvó. Sí, un humano lo había salvado, pero aquel,…aquel era diferente, se trataba de un joven indio de la tribu de los Lakota, de piel rojiza y cabellos largos y color negro azabache. Aquel muchacho lo rescató de una muerte segura en manos del depredador más temible de todos, el ser humano, el cual odiaba a los lobos.

Skan quedó completamente agradecido con aquel joven por su hospitalidad y cuidados… Al fin y al cabo, no era tan diferente a él, ambos luchaban por la libertad de los suyos y cruelmente eran rechazados y perseguidos.

Skan sentía de corazón que algún día no muy lejano podría devolverle el favor…

Así que por la noche, aulló a la luna en llamada a la Diosa Nokomi, (hija de la luna), para que le concediera el deseo de poder devolver el favor a aquel muchacho.

Ella le dijo que para protegerle debería aprender a sonreír….sólo así podría convivir en una comunidad humana sin que le tuvieran miedo…Skan aceptó y al día siguiente despertó diferente…su mirada de ojos pardos había retomado un brillo dulce color miel que emanaba ternura y sus dientes, ya no eran los de un lobo fiero y salvaje. Ahora en su rostro se dibujaba una hermosa sonrisa que desprendía simpatía y confianza…

Así pues, Skan se encaminó hacia la aldea de los Lakota y una vez allí algo mágico ocurrió…La gente lo trataba como a un dios, ¡Es nuestro salvador! Gritaban llenos de júbilo y alegría, era curioso porque todas aquellas gentes le sonreían!. El hermano lobo gris que sonríe ha venido al fin para proteger a nuestro pueblo, es Nordic, el legendario lobo gris que según la profecía vendría para salvarnos…

Y así fue, Skan se convirtió en el fiel compañero y protector de la tribu de los Lakota, pasó de ser un lobo gris a un perro con una bonita sonrisa, siendo así el pionero de las generaciones de nuestros actuales perros nórdicos.

A partir de entonces, se dice que los perros nórdicos son poseedores de la más hermosa y sencilla de las sonrisas, ….la sonrisa nórdica!


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