Archive for the ‘Mitología’ Category

Eskil: un héroe del equilibrismo que desafia a la muerte…

27 de julio de 2014

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Deberíamos meditar cómo es posible que un hombre llegue a tener

tal sentido del equilibrio y una absoluta seguridad en sus acrobacias.

Más asombroso y sorprendente que las hazañas de este superhombre

no sean apenas conocidas por la gente…  Cabe preguntarse que los

controladores de la información no están interesados en dar publicidad a un

fenómeno tan insólito como el que representa el noruego Eskil Ronningsbakken…

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FUENTE:

http://www.globalbalancing.com

  1. Eskil Rønningsbakken

 

  1. Eskil Rønningsbakken is an extreme artist from Stange, Norway. Rønningsbakken travels the world performing balancing acts at the tops of lethal drops, such as canyons and cliffs. Wikipedia
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holzwege, el camino del bosque

4 de enero de 2011

“El camino del bosque” ( http://holzwege.cl)  es la traducción del título  de un interesante blog chileno, cuyo contenido sólo puede ser comprendido por mentes sin prejuicios y abiertas. Las personas que creen de buena fe toda la propaganda y las mentiras de la mayoría de los medios de incomunicación quedarán muy sorprendidas y asombradas. En fin, como la “fruta prohibida” y, en este caso bastante desconocida, se hace deseable, creo que es oportuno dar un vistazo a este blog, con cuyas ideas se puede o no estar de acuerdo pero que merecen ser conocidas y evaluadas.

Nota de YRANIA: Como muestrario de la calidad de este blog reproducimos un artículo sobre el pueblo Godo (Gott= Dios; de ahí “gótico” por ejemplo “arte gótico”). Su autor firma Erik y originakmente fue publicado en el blog novus ordus gothorum:

Godos, un pueblo nórdico

Posiblemente uno de los héroes godos o gautas mas conocidos, sea Beowulf. Aunque muchos lectores se sorprendan, Beowulf, el héroe del poema anglosajón, pertenecía a la raza de los godos. Si bien es cierto que pertenecía a la raíz goda que no emigro hacia el occidente Europeo. Y es que como bien apunta el escritor clásico Jordanes; el pueblo de los godos procedía de la tierra de Scanzia, la cual no es otra que la actual escandinavia. Y mas concretamente de la isla de Gotiscanza, en el actual sur de Suecia. Conocida en sueco antiguo como Gotland, y en tiempos ancestrales como Gautlandia, tierra de los godos.
La gautlandia originaria, eran un conjunto de islas situadas en la zona del mar báltico, y posiblemente en el territorio sueco escandinavo. Desde donde los viejos y ancestrales tatarabuelos de los visigodos, emigraron un buen día en busca de nuevas tierras.
Una vez mas el escritor clásico Jordanes, nos lo describe asi en su historia de los godos:

(..) En cuanto soltaron sus naves (Barcos) y tocaron tierra, dieron su nombre al paraje a que acababan de abordar, llamándose todavía hoy, seun se dice, Gotiscanzia. Inmediatamente marcharon de allí contra los ulmerugos, establecidos entonces en las orillas del océano, los atacaron después de haberse apoderado de su campamento y los arrojaron de las tierras que ocupaban. Poco después subyugaron a los vándalos, vecinos de este pueblo, y los añadieron a sus conquistas, y como el numero de godos había aumentado considerablemente durante su permanencia en aquel país, Filimer, hijo de Gandario y quinto de sus reyes desde Berig, tomo, al principio de su reinado, la resolución de salir, partiendo a la cabeza de un ejercito de godos ..(..)

Como resultado de todo esto, nos nace la duda razonable de: ¿Eran los godos realmente germánicos?. Nuestra postura al respecto es complicada, y apostaríamos por la afirmación mas que evidente, pero con un matiz. Realmente los godos, pertenecían al gran grupo de los germanos, eso es mas que evidente. Pero a su vez habría que tratarlos mas realmente como nórdicos. Puesto que al contrario que otras poblaciones germánicas, las cuales evolucionaron en el continente o el este de Europa. Los godos evolucionaron en escandinavia, y formarían el grupo de los llamados pueblos nórdicos. Asi pues, en la edad media escandinava, muy lejos ya de los tiempos en el que los baltingos y amalingos se lanzaran en la aventura de la conquista de Europa. Sus hermanos del mismo dios Guton (Odin godo), se lanzaron a la conquista de las tierras de Rusia y el báltico en diferentes oleadas vikingas suecas.
Es notable hoy en día, que los suecos vean la monarquía de los reyes godos de España, como parte romántica de su “historia”, semejante a como los castellanos vemos a las tierras donde el imperio de España floreció durante el renacimiento.
Resulta curioso pensar por unos momentos, que los vikingos varegos y las dinastias medievales hispanicas, eran primos lejanos, y compartian parentesco lejano.

Erik “Godo” – Pan Gothia

 

“la granja”, de Orwell

16 de julio de 2010

Es sabido que en minimundo que George Orwell  representó, en su obra “La granja”,  como fábula o alegoria que explica nuestra sociedad , la sociedad surgida tras la segunda guerra mundial, todos los “ciudadanos” y “ciudadanas” son  iguales… lo que ocurría es que inevitablemente algunos eran más iguales que otros…

Ahora bien, lo que hay que tener bien claro es que la igualdad impuesta tomando como medida el nivel más bajo no sólo es injunta sino degradante… Es el mito de Procusto, quien  aserraba las piernas a todos los individuos que eran más altos que él…   La verdadera justicia es que cada quien o cual ocupe el lugar que ppor sus méritos merece…  Evola serñalaba que en un orden no natural ni tradicional… los “inferiores” ocupan los puestos más altos… Es lo que ocurre en la “democracia” basada en el sufragio universal en el que todos los votos valen igual… Los más estúpidos acaban gobernando… a no ser que se haga trampa…  Cabe esperar que sólo en países de alto nivel cualitativo de la población… el gobierno surgido del sufragio puede ser bastante aceptable…  Todavía ninguna inteligencia nos ha sabido explicar cómo en la nación más culta y civilizada de Europa, pais de filósofos y músicos, el pueblo “soberano” pudo equivocarse al elegir democráticamente un régimen… que  hoy es denigrado y calumniado hasta el grado de haber sido calificado como de ser el “mal absoluto”… Claro que quienes tal cosa afirman podrían ser calificadas de ser la “ignorancia supina”… y en todo caso… no deja de tener “su” mérito el ser — como dijo agudamente el judío (lo de júdio, dicho sea cariñosamente) Woody Allen  (alias Koenigsberg)–” el mayor dictador de todos los tiempos”…

Todas estas consideraciones me han venido a la mente como resultado de haber descubierto un post en el blog trompicones: “mujeres… y mujeres” y una carta o comentario publicado por “julio” en el blog “el mundo de Daorino”. Reproduzco ambos:


mujeres y mujeres…

 

Nota de trompicones: Tenemos que felicitar  al dueño de http://mirdig.blogspot.com/ por el buen gusto que demuestra al elegir las bellezas con las que ilustra su blog.  Mención especial es la jóven alemana  que, al parecer, demostró ser simpatizante  no sólo de la Selección de futbol de Alemania sino también de la Selección de la camisa “roja” (Muy interesante ardid este de llamarla “la Roja”… y así conseguir que la acepten muchos españoles que desde hace años no están muy seguiros de su propia identidad… El blog citado se llama Mariano Digital… Desde aquí pido permiso a Mariano para reproducir algunas de sus fotografías… ¿De acuerdo?.. Yo, por mi parte incluyo su blog entre mis enlaces en el  blogroll…

Nota de YRANIA: Del interesantísimo blog “el mundo de daorino” copio el siguiente comentario firmado por Julio:

a veces pienso que no existen esos conceptos abstractos… ningún concepto existe por sí mismo… por ejemplo no existe “la libertad”… en todo caso existirian hombres LIBRES respecto a algo concreto…  No es que quienes opinamos CONTRA-CORRIENTE no tengamos “libertad”… aunque es cierto que manifestar nuestras

opiniones pueden llevarnos a la cácel… incluiso por opiniones sobre el pasado histórico. Creo que lo que realmente ocurre es que somos POCOS numéricamente… y lo más IMPORTANTE:

Perdimos la “guerra”… la única y definitiva guerra que hubo en el siglo XX…

Opino que es cuestión de tiempop y de CRECIMIENTO en numéro y fuerza el recuperar “la libertad”… la libertad de ser uno mismo tal como la naturaleza nos ha hecho.

Pongamos un ejemplo con personajes animales:

Si en un parque zoológico…, a causa de una epidemia se altera la proporción de las distintas especies… ¿Qué libertad pueden tener aquellas especies que ven mermadas hasta la unsignificancia sus fuerzas y su número?…

Siguiendo el mismo ejemplo:

Antes había un millón de águilas, 10 millones de leones, 10 millones de tigres, 20 millones de toros, y 20 millones de caballos; y también tres millones de gallinas, cinco millones de ratas,  cinco millones de borregos y cinco millones de asnos.

 

Ahora, después de la epidemia ( o guerra) hay unas 10 aguilas, 20 toros, 300 caballos, 10 millones de gallinas, 50 millones de ratas, 50 millones de borregos y 100 millones de asnos…

Además, el “gobierno invisible” trata de convencer a águilas, leones, tigres, toros y caballos de que no deben reproducirse y  que deben mezclarse y aparearse con gallinas, ratas, borregos y asnos…

pues TODOS SOMOS IGUALES, el “mestizaje es enriquecedor” y por otra parte… si álguien quiere suicidarse (con droga, etc.) o emparejarse con álguien de su mismo sexo… tiene LIBERTAD para hacerlo…

 

En fin… aqui, en Europa y en todas partes, lo importante es QUIéNES y CUáNTOS SOMOS de cada especie y si sabemos o podemos reproducirnos…

 Y, evidentemente… la peor opresión es la del

PENSAMIENTO UNICO Y FALSO que imponen quienes tienen el poder

fáctico…

 

Si tienes una IDEA sensata que te favorece y es conforme a tu naturaleza de águila, etc… te dicen … “es una opinión”  intrínsecamente mala que merece “tolerancia 0”, es decir, cárcel, marginación, manicomio o muerte… (aunque simultáneamente te dicen que eres un ciudadano libre que vive en democracia). Por el contrario la IDEA más absurda… es aceptada por los medios de comunicación como algo “normal”… Por ejemplo: la ablación del clítoris  (*), en acoplarse platillos de arcilla en los labios o cubrir y perforar el cuerpo con cientos de PERCINGS es algo respetable… (es “tu libertad”…): Hace dias ha salido en TV una mujer negra que tenía  el cuerpo y  cara, llenos de  percings…

(*) En algunos ambientes “progresistas” e “integracionistas” se afirma que la ablación… (también la llaman circuncisión femenina) es una expresión cultural que sólo es condenada por la mentalidades “eurocéntricas”… 

EVA y PANDORA

3 de septiembre de 2009

Una vez más Raquel Reznik nos sorprende con su sabiduría “bíblica” y mitológica.Bajo una sugestiva fotografía nos ilustra en blogbis con una erudición que, evidentemente está sesgada hacia un feminismo muy comprensible en ella. 

vid HAWWA


Tanto el mito hebreo de Eva -Génesis- como el mito griego de Pandora -Hesíodo- supuestamente intentan revelar la verdadera naturaleza de la mujer. […]

El nombre de Eva se presenta al final de la historia del Jardín del Edén, y con él se designa a la primera mujer.
Como siempre, debido a defectos en las traducciones y a ciertas dificultades conceptuales, muy pocos advierten que no hay diferenciación de género durante la mayor parte del relato.
El humano –ha adam– es creado en la Tierra luego del soplo del aliento de Di-s.
Pero el uso del artículo determinado indica que en ese momento ‘adam’ no es precisamente un ‘nombre propio’.
Del humano así creado –ha adam– se crean el hombre –Ish– y la mujer –Ishshah– y luego cada sexo busca naturalmente su parte faltante.
Luego el relato contiene algunos diálogos, y para ayudar al lector en la identificación de los interlocutores recién entonces aparecen los nombres propios de Adam y Eva.
Después nos encontramos con ‘la serpiente’ que supuestamente convence a Eva, lo que hace que ella tome el fruto, lo coma, y le convide a Adam.
La desobediencia le cuesta al hombre una especie de condena perpetua con la obligación de realizar trabajos forzados en las tierras agrícolas marginales, y a la mujer a sufrir durante el parto y a admitir su condición de dominada.
Bueno, así nació la primer familia.
Pero si leemos con atención los textos, enseguida advertimos que los verbos -en el diálogo con la serpiente- están en plural, lo que indica que en el momento de la tentación Adam estaba presente.

Parasha Bereshit 3: 1 La serpiente era más astuta que cualquier otra bestia del campo que El Eterno Di-s había hecho. Ella le dijo a la mujer: ‘¿Acaso Di-s dijo No comeréis de ningún árbol del jardín?’. 2 La mujer le dijo a la serpiente: ‘Del fruto de cualquier árbol del jardín podemos comer. 3 Del fruto del árbol que está en el centro del jardín, Di-s ha dicho: No comeréis de él y no lo tocaréis, para que no muráis’. 4 La serpiente le dijo a la mujer: ‘Ciertamente que no moriréis; 5 pues Di-s sabe que el día que de él comáis, vuestros ojos se abrirán, y seréis como Di-s; conocedores del bien y del mal’. 6 Y la mujer percibió que el árbol era bueno como alimento, y que era un deleite para los ojos, y que el árbol era deseable como un medio para alcanzar la sabiduría, y ella tomó de su fruto y comió; y también le dio a su marido junto a ella, y él comió.

Los textos no explican por qué Adam no se opuso y dejó que Eva manejara la situación a su antojo.
Lo único que aparentemente hizo Adam fue extender su mano para también comer del fruto prohibido, y así consumar el pecado.
Nada dicen tampoco de una supuesta relación sexual, ni de una imaginaria ‘caída’ desde la inocencia a un estado de depravación.

Los mitos de Pandora y de Eva son similares, ya que que ambos intentan explicar por qué se creó a la mujer.
Las poesías de Hesíodo -Teogonía y Los Trabajos y los Días- son las únicas fuentes griegas relativas a la creación de la mujer.
Hesíodo escribió en 700 a EC, probablemente un siglo después que se escribieron los textos del mito de Eva.
Hesíodo y el escritor de los hebreos fueron probablemente conscientes de la tradición oral acerca de los orígenes humanos.
Ambos debían tener conocimiento de las historias de dioses que hicieron los humanos de barro, un tema que se mencionaba desde hacía mucho en Babilonia, y aparecía también en muchos textos egipcios.
Pero en realidad esas son conjeturas y en la práctica no hay pruebas que los griegos y los hebreos compartieran una tradición oral común sobre la creación humana.
Bueno, los griegos -curiosamente- tienen una historia de la creación de la mujer, pero no de la del hombre.
La mujer -según Hesíodo- fue creada bajo la dirección del dios padre Zeus, como una medida de represalia en contra de Prometeo.
Porque ese semidiós embustero había robado el fuego celestial -más precisamente, algunas chispas de Helios- para los terrícolas.
Zeus se sintió burlado, y encargó a miembros de su panteón a ‘hacer algo malo en el que hará las delicias de todos los hombres, mientras que producirá su propia destrucción’.
‘A causa de este fuego, les enviaré un mal del quedarán encantados, y abrazarán su propio azote’.
Y -como un alfarero- formó a partir de una masa de arcilla una doncella exuberante, que luego recibió una corona, ropa, joyas y flores, mucho encanto, y un formidable poder de seducción.
Una especie de sofisticada trampa, equipada además de una gran facilidad para mentir.
‘Y Zeus llamó a esta mujer Pandora, porque todos los dioses le dieron algún don, que se convertiría en daño hacia los hombres que se alimentaran de ese pan’.
Es que los hombres vivían entonces en una especie de ‘edad de oro’ paradisíaca, libres de males, enfermedades y trabajos.
Bueno, como todo el mundo sabe, cuando Pandora -que para entonces había seducido completamente a Epimeteo- abrió maliciosamente la tapa, todas las miserias habidas y por haber salieron volando y de inmediato infectaron a los hombres en todo el mundo.
En la caja quedó nada más que la esperanza.
Y la admiración se apoderó de los dioses en cuanto vieron a esta calamidad fatal para los hombres, porque ‘de ella es quien precede la raza de las mujeres, el más cruel azote que existe entre los mortales’.
El propio Hesíodo terminó su historia diciendo: ‘Este fue el origen del sexo femenino condenable, una plaga con que los hombres deberán vivir’.
Más adelante, en Los Trabajos y los Días, el poeta advirtió que detrás de esa hermosa criatura que hablaba dulcemente y movía sugestivamente sus caderas, lo único que existía era la mentira.
Es entonces cuando afirmó: ‘Cualquier hombre que confía en una mujer, confía en un ser engañador, y por culpa de ella su vida será miserable’.
La historia de Pandora se convirtió en una parte importantísima de la educación griega, y los escritos de Hesíodo fueron ampliamente conocidos, y enseñados en Grecia y el Egeo, ejerciendo una notable influencia en las ideas morales y jurídicas que se establecieron luego en occidente, que aún persiste -irremediablemente- en el imaginario colectivo de los pueblos.

Bueno, todo parece estár conectado por hilos invisibles, porque Epimeteo y Pandora tuvieron una hija, llamada Pyrrha, que se casó con Deucalión -un hijo de Prometeo- y ellos fueron los protagonistas de la versión griega del Diluvio Universal.

La Eva del Təˈnax abrió la fruta prohibida con su mordida, y por eso la muerte invadió el mundo.
Lo mismo hizo Pandora al abrir la caja, también desafiando un mandato divino, y por culpa de ella todos los males y calamidades se desataron, y abrumaron a los desventurados hombres con un sinnúmero de enfermedades y penurias.

Anatole France supo señalar que la ubicación del infierno fue un misterio para los humanos hasta que Tertuliano ingeniosamente descubrió dónde estaba su puerta: ‘entre las piernas de las mujeres’.

Para justificar la misoginia, el Talmud de Babilonia nos brinda una poco edificante comparación valorativa: ‘Adam fue la luz del mundo… y Eva fue la causa de su muerte’.

 

MELENAS DE FUEGO

10 de mayo de 2008

La fascinación que ejercen los cabellos rubios, o mejor una melena pelirroja o de fuego sólo tiene una explicación: recuerdan a las diosas paganas nórdicas, las cuales, a su vez, evocan la majestad y hermosura del astro rey, el sol.
Es así que se comprende que cuando la belleza de la mujer es vista como inducción al “pecado”, entonces se prescribe cubrir la cabeza con velo o túnicas. Desde la Antigüedad más remota se sabe que el cabello de la mujer tiene atractivo erótico.
El dicho “soltarse el pelo” evoca el momento de ir a la cama, es decir, la intimidad sólo accesible al marido o al amante. Por eso, quienes proscriben la libertad amatoria y–en consecuencia– todas las demás, obligan a las mujeres a ocultar su cabello. De aquí que las monjas y los monjes se afeiten el cabello; por el contrario, durante siglos la cabellera larga era signo de hombres y mujeres libres.
Por otra parte, no es casual que en esta era en que vivimos, la edad obscura del Kaly Yuga, según la tradición hindú, estén en trance de extinción los hombres y mujeres de cabello rubio. La prensa ha recogido recientemente el dato, dado a conocer por un grupo de científicos, de que hacia el año 2200 ya no existirá en el planeta Tierra ningúna mujer rubia… Como siempre, los medios de comunicación presentan los temas serios en tono frívolo para así no reconocer que es una pérdida muy grave que seres angelicales desaparezcan de nuestra vista. Aunque sólo sea
desde el ponto de vista ecológico, sería una gran pérdida. …Las organizaciones defensoras de los animales y plantas… podrían apercibirse de que el homo sápiens también es animal puesto que tiene ánima…. Pero, al parecer… no es políticamente correcto — ¿hay miedo?–llamar la atención sobre la estimable raza de los rubios y rubias… Quizás sea debido ese miedo a que
Federico Nietzsche admiraba a la “bestia rubia”… ( ¿como Conan “el Barbaro”?)… ¿O será debido a que se supone que típicos “arios” deben ser rubios? Al parecer, desde la Segunda Guerra Mundial sólo en el cine se ha proclamado –con protagonismo de Marilyn Monroe– que “Los caballeros las prefieren rubias”…. Claro que después vino una segunda parte titulada…
“….pero se casan con las morenas”.
Gonzalo Tresmontes, 11 de mayo de 2008

SAN NILO, PATRIARCA Y PROFETA

2 de abril de 2008

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Las tradiciones sagradas del Hinduismo, como las del Cristianismo, coinciden en

predecir como obscuros los tiempos actuales, lo cual refuerza la verdad de las mismas. 

Aquí vamos a ocupanos de San Nilo, cuya semblanza  dice que  

San Nilo fué un hermitaño que hace 1500 años predijo con impresionante exactitud los hechos actuales.

Fué discípulo ferviente de San Juan Crisóstomo. Funcionario en la Corte de Constantinopla, casado, tubo dos hijos. Mientras San Juan Crisóstomo era el patriarca, antes de su destierro (398-403), dirigió a Nilo en el estudio de la Escritura y en los trabajos de piedad.

San Nilo dejó a su esposa y un hijo y se llevó al otro, Theodulos, con él, al Monte Sinaí para ser monje. El Obispo de Eleusa ordenó sacerdotes a ambos, a San Nilo y a su hijo. La madre y el otro hijo también abrazaron la vida religiosa en Egipto.

Fue una persona muy conocida por la Iglesia Oriental; con sus escritos y tuvo una parte importante en la historia de su tiempo. Era conocido como teólogo, estudioso bíblico y escritor asceta, así que gente de todo tipo, desde el emperador hacia abajo, le escribía para consultarlo.

 Merece conocerse lo que San Nilo escribió hace 1500 años:

«Después del 1900, hacia mediados del siglo 20, las personas de ese tiempo se volverán irreconocibles. Cuando el tiempo del advenimiento del Anticristo se acerca, las mentes de las personas crecerán en confusión por las pasiones carnales, y el deshonor y la injusticia se volverán más fuertes. Entonces el mundo será irreconocible. La apariencia de las personas cambiará, y será imposible distinguir a los hombres de las mujeres debido a su inmodestia en el vestido y estilo de pelo. Estas personas serán crueles y serán como los animales salvajes debido a las tentaciones del Anticristo. No habrá respeto por padres ni superiores, el amor desaparecerá, y los pastores cristianos, obispos, y sacerdotes se volverán hombres vanos, fallando completamente en distinguir el camino recto del errado. En ese momento, las morales y tradiciones de los Cristianos y de la Iglesia cambiarán. Las personas abandonarán la modestia, y la dispersión reinará. La falsedad y la codicia alcanzarán grandes proporciones, y desgracias vendrán a aquéllos que amontonen tesoros. Lujuria, adulterio, homosexualidad, hechos secretos y asesinatos gobernarán en la sociedad.

En ese momento del futuro, debido al poder de tan grandes crímenes y libertinaje, se privarán las personas de la gracia del Espíritu Santo que recibieron en el Santo Bautismo e igualmente el remordimiento.

Las Iglesias de Dios serán privadas del temor de Dios y de pastores piadosos, y desgracia vendrá a los cristianos que permanezcan en el mundo en ese momento; ellos perderán su fe completamente porque les faltará la oportunidad de ver la luz del conocimiento en ninguna persona. Entonces se separarán del mundo e irán a santos refugios buscando aliviar sus sufrimientos espirituales, pero por todas partes encontrarán obstáculos y constreñimiento. Y todos esto resultará del hecho de que el Anticristo quiere ser Señor de todo y convertirse en gobernante del universo entero. Producirá milagros y señales fantásticas. Dará también sabiduría depravada a un infeliz para que descubra una manera de que el hombre pueda mantener una conversación con alguien de un extremo de la tierra al otro. En aquel tiempo, los hombres también volarán a través del aire como los pájaros y descenderán al fondo del mar como los peces. Y cuando hayan logrado todo eso, estas personas infelices gastarán sus vidas en medio del confort sin saber, pobres almas, que esto es un engaño del Anticristo. ¡Y, el impío! así completará la ciencia con la vanidad que se saldrá del camino correcto y guiará a las personas a perder la fe en la existencia de Dios en tres hipóstasis.

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Entonces el bondadoso Dios verá la caída de la raza humana y acortará los días por causa de esos pocos que serán salvados, porque el enemigo quiere incluso llevar al escogido a la tentación, si eso es posible… entonces la espada del castigo aparecerá de repente y matará a los pervertidores y a sus sirvientes.»

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Según señala la web bolinfodecarlos : 

Según las profecías de los profetas del Antiguo Testamento, de Nuestro Señor Jesucristo, de la Santísima Virgen María, de San Pablo, de San Agustín de Hipona, de Santa Brígida, de Santa Hildelgarda de Bingen, de Santo Tomás de Aquino, de San Vicente Ferrer, de Don Bosco, de San Nilo y del Padre Pío, etc. el reinado universal del gran perverso, del Anticristo, y la persecución a todo el que crea en el verdadero Dios, es algo que debe darse, está profetizado.

A mayor abundamiento, y para aquellos que necesitan argumentos de algo que es tan evidente, es de agregar que en muchas otras tradiciones, es totalmente concordante, con esta visión de la degradación general de la humanidad, el repliegue de todo lo que es espiritual, el triunfo aparente del falso Mesías o Anticristo, y su final derrota por intervención Divina.

http://www.argemto.com.ar/3%20san%20nilo.htm

http://www.terra.es/personal/javierou/kylp-nilo.htm

http://casadesarto.blogspot.com/2005/12/profecas-de-san-nilo.html

http://mundodesconocido.com/WordPress/?p=136

http://ar.geocities.com/misa_tridentina04/nov/12f.html

HOMBRE & MUJER, según JULIUS ÉVOLA

18 de febrero de 2008

adanyeva1-adanyeva.jpgadan_y_eva-durero-jpeg.jpgRevuelta contra el Mundo Moderno (I Parte) . 20.HOMBRE Y MUJER.

En la Biblioteca Julius Evola leemos:

 

 

 

El papel de la sexualidad en las civilizaciones tradicionales, está también volcada hacia lo alto. Evola analiza esta relación en este capítulo que luego tendrá ocasión de desarrollar ampliamente en una de sus mejores obras, “Metafísica del Sexo”. También en el ámbito de la sexualidad existe la posibilidad de practicar un ascesis tradicional. Los amantes, identificados con el principio masculino y con el principio femenino, reproducen en la cópula el acto de la creación. Es la tercera dimensión de la sexualidad: después de servir para el placer, después de servir para la reproducción, el sexo sirve también como método de acceso a la trascendencia.

Para completar estas perspectivas de la vida tradicional hablaremos brevemente del mundo del sexo.

Aquí también existen correspondencias, en la concepción tradicional, entre realidad y símbolos, entre acciones y ritos, correspondencias de las que se han desprendido los principios necesarios para comprender los sexos y definir las relaciones que, en toda civilización normal, deben establecerse entre el hombre y la mujer.

Según el simbolismo tradicional, el principio sobrenatural fue concebido como “masculino” y como “femenino” el de la naturaleza y del devenir. En térnimos helénicos, es masculino el “uno” que “es en sí mismo”, completo y suficiente; es femenina la díada, el principio de lo diverso y del “diferente que yo”, es decir, del deseo y del movimiento. En términos hindúes (sankhya), el espíritu impasible –purusha– es masculino y praktri, la matriz activa de toda forma condicionada, femenina. La tradición extremo-oriental expresa, en la dualidad cósmica del yang y del yin, conceptos equivalentes. Por ello el yang -principio masculino- se encuentra asociado a la “virtud del Cielo” y el yin, principio femenino, a la de la “Tierra”([1]).

Considerados en sí, los dos principios se encuentran en oposición. Pero en el orden de esta formación creativa, que, tal como hemos repetido en ocasiones, es el alma del mundo tradicional y que veremos desarrollarse también históricamente, en relación con el conflicto de razas y civilizaciones, estos principios se convierten en elementos de una síntesis donde cada uno de ellos guarda, sin embargo, una función distinta. Sería posible mostrar que tras las diversas representaciones del mito de la “caida” se esconde amenudo la idea que el principio masculino se pierde en el principio femenino, hasta el punto de adoptar su modo de ser. En todo caso, cuando esto sucede, cuando lo que, por naturaleza, es principio en sí, sucumbe, abriéndose a las fuerzas del “deseo”, a la ley de lo que no tiene en sí mismo su propio principio, es precisamente de una caida de lo que hay que hablar. Y precisamente sobre esto, en el plano de la realidad humana, se funda la actitud de desconfianza y renuncia que atestiguan muchas tradiciones en relación a la mujer, a menudo considerada como un principio de “pecado”, impureza y mal, una tentación y un peligro para aquel que se vuelve hacia lo sobrenatural.

A la “caida” se puede sin embargo oponer otra posibilidad, la de la relación justa. Esta se establece cuando el principio femenino, cuya naturaleza consiste es referirse al otro, se gira, no hacia lo que es fluido, sino hacia una firmeza “masculina”. Existe entonces un límite. La “estabilidad” es compartida, hasta el punto de transfigurar íntimamente todas las posibilidades femeninas. Se encuentra así ante una síntesis, en el sentido positivo del término. Es preciso pues una “conversión” del principio femenino, que le llama a no existir más que para el principio opuesto; y es preciso, sobre todo, que éste sea absolutamente, íntegramente él mismo. Entonces -según el simbolismo metafísico- la mujer se convierte en “esposa” que es también “potencia”, fuerza instrumental generadora receptora del principio del movimiento y de la forma del macho inmóvil, según la doctrina ya expuesta de la Shakti, que se puede encontrar, expresada de forma diferente, en el aristotelismo y el neoplatonismo. Hemos hecho alusión a las representaciones simbólicas tántrico-tibetanas, muy significativas a este respecto, donde el macho “portador del cetro” está inmóvil, es frío y luminoso, mientras que la shakti que lo abraza y de la que es eje, tiene por sustancia llamas móviles([2]).

Bajo esta forma particular, los diversos significados que hemos indicado, en varias ocasiones, sirven de base a la norma tradicional de los sexos sobre el plano concreto. Esta norma obedece al mismo principio del régimen de castas y se refiere pues a los dos puntales del dharma y de la bhakti, o fides: la naturaleza propia y la entrega activa.

Si el nacimiento no es un azar, tampoco es azar -en la especie- despertar en un cuerpo de hombre o de mujer. Aquí también la diferencia física debe ser referida a una diferencia espiritual: se es físicamente hombre o mujer por que se lo es trascendentalmente, y la caracerística del sexo, lejos de carecer de importancia en relación al espíritu es el signo indicador de una vía, de un dharma distinto. Se sabe que la voluntad de orden y de “forma” constituye la base de toda civilización tradicional; que la verdad tradicional no mueve hacia lo no-cualificado, lo idéntico, lo indefinido, -hacia aquello en que las varias partes del todo se vuelven promiscuas o atómicamente similares- sino que exige, al contrario, que estas partes sean siempre ellas mismas, expresando de una forma más perfecta su propia naturaleza. En lo que concierne más particularmente a los sexos, el hombre y la mujer aparecen como dos tipos; aquel que nace hombre debe realizarse como hombre, aquel que nace mujer, como mujer, totalmente, excluyendo toda mezcla, cualquier promiscuidad; e incluso en lo que concierne a la dirección sobrenatural, el hombre y la mujer deben tener cada uno su propia vía, que no puede ser modificada sin caer en un modo de ser contradictorio e inorgánico.

El modo de ser que corresponde eminantemente al hombre ha sido ya examinado, así como los dos principales formas de aproximarse del “ser en sí”: la Acción y la Contemplación. El Guerrero (el Héroe) y el Asceta son pues los dos tipos fundamentales de la virilidad pura. Simétricamente, existen dos para la naturaleza femenina. La mujer se realiza en tanto que tal, se eleva al mismo nivel que el hombre “Guerrero” o “Asceta”, en la medida en que es Amante y Madre. Productos de la bipartición de un mismo tronco ideal, al igual que hay un heroismo activo, hay también un heroismo negativo; hay el heroismo de la afirmación absoluta y el de la entrega absoluta, y uno puede ser tan luminoso, tan fructuoso como el otro, sobre el plano de la superación y de la liberación, cuando se vive con pureza, en un espíritu de ofrenda “sacrificial”. Es precisamente esta diferenciación en el tronco heroico el que determina el carácter distintivo de las vías de realización para el hombre y para la mujer en tanto que tipos. Al gesto del Guerrero y del Asceta que, uno por medio de la acción pura y el otro mediante el puro distanciamiento, se afirman en una vida que está más allá de la vida, corresponde en la mujer el gesto de entregarse a otro ser, de darse entera para otro ser, sea para el hombre amado (tipo de la Amante, mujer afrodítica), sea al hijo (tipo de la Madre, mujer demetríaca), y de encontrar en esto el sentido de su vida, su alegría, y su justificación. Tal es la bhakti o fides que constituye la vía normal y natural de participación para la mujer tradicional, en el dominio de la “forma” e incluso, cuando es vivida absoluta y supra-individualmente, más allá de la “forma”. Realizarse de forma cada vez mas precisa según estas dos direcciones distintas y que no pueden ser confundidas, reduciendo en la mujer todo lo que es masculino y en el hombre todo lo que es femenino, tendiendo hacia el “hombre absoluto” y la “mujer absoluta”, tal es la ley tradicional de los sexos, según los diferentes planos de vida([3]).

Así, tradicionalmente, no era más que mediatamente, a través de sus relaciones con el otro -con el hombre- como la mujer podía entrar en el orden jerárquico sagrado. En la India, las mujeres, incluso de casta superior, no tenían iniciación propia; pertenecían a la comunidad sagrada de los nobles –arya– por su padre antes del matrimonio y despues, por su esposo, que era también el jefe místico de la familia([4]). En la Hélade dórica, la mujer, durante toda su vida, no tenía ningún derecho; a la edad nubil su era el padre([5]). En Roma, conforme a una concepción espiritual análoga, la mujer, lejos de ser “igual” al hombre, estaba jurídicamente asimilada a una hija de su marido –filiae loco– y a una hermana de sus propios hijos –sorosis loco-; el hijo, estaba bajo la potestas del padre, jefe y sacerdota de su gens; la esposa, estaba, en el matrimonio ordinario, según una ruda expresión, in manum viri. Estos estatutos tradicionales de la dependencia de la mujer, se reencuentra también en otras partes([6]) y no eran, como los “libres espíritus” modernos les gustaría creerlo, una manifestación de injusticia y de tiranía, sino que servían para definir los límites y el lazo natural de la vía espiritual conforme a la pura naturaleza femenina.

Se puede mencionar igualmente, a este propósito, algunas concepciones antiguas donde el tipo puro de la mujer tradicional, capaz de una ofrenda que está en el límite de lo humano y de lo más que humano, encuentra una expresión distinta. Tras haber recordado la tradición azteco-nahua, según la cual solo las madres muertas al dar a luz participan en el privilegio de la inmortalidad celeste propio de la aritocracia guerrera([7]), por que se veía en ello un sacrificio similar al del guerrero que cae sobre el campo de batalla, se puede mencionar, a título de ejemplo, el tipo de la mujer hindú, mujer hasta en sus fibras más íntimas, hasta las extremas posibilidades de la sensualidad, pero viviendo sin embargo en una fides invisible y votiva, que se manifestaba ya en el don erótico del cuerpo, de la persona y de la voluntad, culminando con el otro don -muy diferente y más allá de los sentidos- por el cual la esposa arrojaba su vida en las llamas de la pira funeraria aria para seguir en el mas allá al hombre al cual se había entregado. Este sacrificio tradicional -pura “barbarie” a los ojos de los europeos y de los europeizados- donde la viuda ardía con el cuerpo de su esposo muerto, es llamado sati en sáncrito, de la raíz as y del radical sat, ser, del que procede también stya, lo verdadero, y significa igualmente don, fidelidad, amor([8]). Este sacrificio era concebido como la culminación suprema de la relación entre dos seres de sexo diferente, relación sobre el plano absoluto, es decir, sobre el plano de la verdad y de lo supra-humano. Aquí el hombre se alzaba a la altura para conseguir un apoyo para una bhakti liberadora y el amor se convertía en una vía y una puerta. Se decía, en efecto, en la enseñanza tradicional, que la mujer que seguía a su esposo sobre la pira alcanzaba el “cielo”; se transmutaba en la misma substancia de su esposo([9]), participaba a través del “fuego”, en la transfiguración del cuerpo y de la carne en un cuerpo divino de luz, del cual la cremación ritual del cadáver era, en las civilizaciones arias, el símbolo([10]). Con un espíritu análogo las mujeres germánicas renunciaban frecuentemente a la vida cuando el esposo o el amante caía en la guerra.

Ya hemos indicado que la esencia de la bhakti, en general, es la indiferencia por el objeto o la materia de la acción, es decir, el acto puro, la disposición pura. Esto puede ayudar a hacer comprender como, en una civilización tradicional como la hindú, el sacrificio ritual de la viuda –sati– podía estar institucionalizado. En verdad, cuando una mujer se entrega y se sacrifica solamente porque está ligada a otro ser por una pasión humana particularmente fuerte y compartida, estamos en el marco de simples asuntos románticos privados. Solo cuando la entrega puede sostenerse y desarrollarse sin ningún apoyo, participa en un valor trascendente.

En el Islam se expresaron concepciones análogas en la institución del harén. En la Europa cristiana, para que una mujer renuncie a la vida exterior y se retire a un claustro, es precisa la idea de Dios, y, además, no ha sido jamás más que una excepción. En el Islam bastaba la de un hombre, y la clausura del harem era algo natural que ninguna mujer bien nacida soñaba con discutir ni a la cual iba a renunciar: parecía natural que una mujer concentrase toda su vida sobre un hombre, amado de una forma suficientemente amplia y desindividualizada para admitir que otras mujeres participasen también en el mismo sentimiento y estuvieran unidas por el mismo lazo y la misma entrega. Esto esclarece el carácter de “pureza” considerado como esencial en esta vía. El amor que pone condiciones y pide en contrapartida el amor y la entrega del hombre, es de un orden inferior. Un hombre puramente hombre no puede conocer este género de amor más que feminizándose, es decir, desprendiéndose precisamente de esta “suficiencia en sí mismo” interior, que permite a la mujer encontrar en él un apoyo, algo que exalte su impulso a entregarse. Según el mito, Shiva, concebido como el gran asceta de las alturas, redujo a cenizas con una sola mirada a Kama, el dios del amor, cuando este intentó despertar en él la pasión hacia su esposa Parviti. Un sentido profundo se refiere, así mismo, en la leyenda relativa al Kalki-avatara, en donde se habla de una mujer que nadie podía poseer, porque los hombres que la deseaban se encontraban, por ello mismo, transformados en mujeres. En la mujer, existe verdadera grandeza en ella, cuando hay un don sin contrapartida, una llama que se alimenta de sí misma, un amor tanto más grande en tanto que el objeto de este amor no se ata, no desciende, crea la distancia de quien es Señor antes que simplemente, esposo o amante. En el espíritu del harem, encontramos mucho de todo esto: la superación de los celos, es decir, del egoismo pasional y de la idea de posesión por parte de la mujer, a la cual se pedía sin embargo la entrega claustral desde que se despertaba a la vida de joven hasta la decadencia, y la fidelidad a un hombre que podía tener en torno de él otras mujeres y poseerlas todas sin “darse” a ninguna. Es precisamente en esta situación “inhumana” que aparecía un ascetismo, casi se puede decir sagrado([11]). En esta forma de transformarse aparentenemente en “cosa”, arde una verdadera posesión, una superación e incluso una liberación, ya que ante una fides tan incondicionada, el hombre, bajo su aspecto humano, no es más que un medio capaz de despertár las posibilidades sobre un plano no ya terrestre. Al igual que la regla del harem imitaba la de los conventos, así mismo la ley islámica situaba a la mujer, según las posibilidades de su naturaleza, la vida de los sentidos no estaba excluida sino incluida e incluso exasperada, sobre el plano mismo de la ascesis monacal([12]). Además, en menor grado, se presuponía una actitud análoga, de forma natural, en las civilizaciones donde la institución del concubinato presentó, a su manera, un carácter regular y fue legalmente reconocido en tanto que complemento del matrimonio monogámico, como en el caso de Grecia, Roma y en otras partes. El exclusivismo sexual se encontraba igualmente superado.

Es evidente que no estamos contemplando lo que frecuentemente se han reducido los harenes y otras instituciones análogas. Consideramos lo que les correspondía en la pura idea tradicional, a saber, la posibilidad superior siempre susceptible de realizarse, en principio, a través de las instituciones de este tipo. Es misión de la tradición -repetimos- cavar lechos sólidos, para que los ríos caóticos de la vida discurran en la dirección justa. Son libres quienes, siguiendo esta dirección tradicional, no la experimenten como impuesta, sino que se desarrollan expontáneamente, reconociéndose, hasta el punto de actuar por un movimiento interior la posibilidad más alta, “tradicional”, de su naturaleza. Los otros, aquellos que siguiendo materialmente las instituciones, obedeciendo, pero sin comprenderlas y vivirlas, son los “sostenidos”; aunque privados de la luz, su obediencia les lleva virtualmente más allà de los límites de su individualidad, los sitúa sobre la misma dirección que los primeros. Pero para aquellos que no siguen ni en el espíritu, ni en la forma, el cauce tradicional, no existe más que el caos. Son los perdidos, los caidos.

Tal es el caso de los modernos, incluso en lo que concierne a la mujer. En verdad, no era posible que un mundo que ha “superado” las castas restituyendo a cada ser humano -para expresarse en la jerga jacobina- su “dignidad” y sus “derechos”, pueda conservar el sentido de las justas relaciones entre ambos sexos. La emancipación de la mujer debía fatalmente seguir a la emancipación del esclavo y la glorificación del sin-clase y del sin-tradicion, es decir, del paria. En una sociedad que no conoce ni el Ascesis, ni el Guerrero, en una sociedad donde las manos de los últimos aristocratas parecen hechas más para las raquetas de tenis o los shakers de cocktails que para la espada y el cetro, en una sociedad donde el tipo de hombre viril, cuando no se identifica con la larva parlanchina del “intelectual” y del “profesor”, el fantoche narcisista del “artista” o la maquinita ocupada y repelente del banquero y del político, es representado por el boxeador o el actor de cine, en una sociedad así, era natural que incluso la mujer se alzara y reivindicara para ella también una “personalidad” y una libertad en el sentido anárquico e individualista de la época actual. Y mientras la ética tradicional pedía al hombre y a la mujer ser siempre, cada vez más, ellos mismos, expresar con rasgos cada vez más decididos lo que hace de un hombre, un hombre y de aquella una mujer, la nueva civilización tiende a la nivelación, a lo informe, a un estado que en realidad no está más allá, sino más acá de la individuación y de la diferencia de los sexos.

Se ha tomado una abdicación por una conquista. Tras siglos de “esclavitud” la mujer ha querido ser libre, ser ella misma. Pero el “feminismo” no ha sabido concebir para la mujer una personalidad que no fuera una imitación de la del varón, aunque sus “reivindicaciones” enmascaren una falta fundamental de confianza de la mujer nueva en relación a sí misma, su impotencia en ser lo que es y en contar para lo que es: una mujer y no un hombre. Por una fatal incomprensión, la mujer moderna ha experimentado el sentimiento de una inferioridad completamente imaginaria en no ser más que mujer y casi ha considerado como una ofensa ser tratada “solamente como mujer”. Tal ha sido el origen de una falsa vocación frustrada: y es precisamente por ello que la mujerse ha querido tomar una revancha, reivindicar su “dignidad”, mostrar su “Valor”, llegando a medirse con el hombre. No se trataba solo, sin embargo, del hombre verdadero, sino del hombre-construcción, del hombre-fantoche de una civilización estandarizada, racionalizada, que no implicaba casi nada verdaderamente diferenciado y cualitativo. En tal civilización, no puede evidentemente tratarse de un privilegio legítimo cualquiera, y las mujeres, incapaces de reconocer su vocación natural y defenderla, fue en el plano más bajo (porque ninguna mujer sexualmente feliz experimenta ninguna la necesidad de imitar y envidiar al hombre), como pudieron fácilmente demostrar que poseían virtualmente, también, las facultades y los talentos -materiales e intelectuales- del otro sexo, que son, en general, necesarios y apreciados en una sociedad de tipo moderno. El hombre, en verdad irresponsable, ha dejado hacer, incluso ha ayudado, ha llevado a la mujer a las calles, a las oficinas, las escuelas, las fábricas, a todos los ámbitos contaminadores de la sociedad y de la cultura modernas. Es así como ha sido dado el ultimo empujón nivelador.

Y allí donde la emasculación espiritual del hombre moderno materializado no ha restaurado la primacía, propia de las antiguas comunidades ginecocráticas, de la mujer hetaira, árbitro de hombres embrutecidos por los sentidos y trabajando para ella, el resultado ha sido la degeneración del tipo femenino hasta en sus características somáticas, la atrofia de sus posibilidades naturales, el ahogo de su interioridad específica. De aquí el tipo garçonne, la joven vacía, a la moda, incapaz de todo impulso más allá de sí misma, incapaz incluso, a fin de cuentas de sensualidad y de pecado, pues, para la mujer moderna, incluso las promesas de amor físico presentan amenudo menos interés que el culto narcisista de su propio cuerpo, el exhibirse vestida o lo menos vestida posible, el”training”, la danza, el deporte, el dinero, etc… Apenas queda en Europa nada de la pureza de la ofrenda, la fidelidad que da todo y no pide nada, el amor que es bastante fuerte como para no tener necesidad de ser exclusivo. A parte de una fidelidad puramente conformista y burguesa, el amor que Europa había elevado era aquel que no permitía al amado no amar. Cuando la mujer, para consagrarse a él, pretende que el hombre le pertenezca en alma y cuerpo, no solo ya ha “humanizado” y empobrecido su ofrenda, sino, sobre todo, ha comenzado a traicionar la esencia pura de la feminidad para adoptar, aquí también, un modo de ser propio a la naturaleza masculina y de la especia más baja: la posesión, el derecho sobre el otro, y el orgullo del Yo. Lo demás ha seguido, como en toda caida, una ley de aceleración. En efecto, la mujer que pretende guardar un hombre para ella sola, termina por desear poseer a mas de uno. En una fase ulterior, su egocentrismo aumenta, no serán los hombres los que le interesarán, sino solo lo que puedan darle para satisfacer su placer o su vanidad. Como epílogo, la corrupción y la superficialidad, o bien una vida práctica y exteriorizada de tipo masculino que desnaturaliza a la mujer y la lanza en la fosa masculina del trabajo, del beneficio, de la actividad práctica paroxística e incluso de la política.

Tales son los resultados de la “emancipación” occidental, que está, por lo demás, en trance de contaminar el mundo entero más rápidamente que una peste. La mujer tradicional, la mujer absoluta, entregándose, no viviendo para sí, queriendo darse íntegramente para otro, con simplicidad y pureza, realizándose, se pertenece, con su heroismo y, en el fondo, se convierte en superior al hombre ordinario. La mujer moderna, queriendo ser ella misma se ha destruido. La “personalidad” deseada le ha restado toda personalidad.

Y es fácil preveer lo que se convertirán, en estas condiciones, las relaciones entre los dos sexos, incluso desde el punto de vista material. Aquí, como en el magnetismo, contra más fuerte es la polaridad, más el hombre es verdaderamete hombre y la mujer verdaderamente mujer y más alta y viva es la chispa creadora. ¿Qué puede existir, al contrario, entre estos seres mixtos, privados de toda relación con las fuerzas de su naturaleza más profunda? ¿entre estos seres en los que el sexo empieza y termina en el mero plano fisiológico, suponiendo incluso inclinaciones anormales que no se hayan manifestado? ¿entre estos seres que, en su alma, no son ni hombre ni mujer, o que, siendo mujer, parecen hombre y siendo hombre, son mujer y alardean como un “más allá” del sexo, de todo lo que efectivamente está “más acá”? Toda relación no podrá tener más que un carácter equívoco y falso: promiscuidad de una seudo-camaradería, simpatías “intelectuales” morbidas, banalidad del nuevo realismo comunista o bien sufrirá de todos los complejos neuróticos sobre los cuales Freud ha edificado una “ciencia” que es un verdadero signo de los tiempos. El mundo de la mujer “emancipada” no comporta otras posibilidades y las vanguardias de este mundo, Rusia y América del Norte, están ya allí para facilitar, a este respecto, testimonios particularmente significativos([13]), sin hablar del fenómeno del tercer sexo.

Todo esto no puede tener repercusiones sobre un orden de cosas del que los modernos, en su ligereza, están lejos de sospechar el alcance.

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NOTAS:

([1])El lector encontrará otras refencias en nuestra obra Metafísica del Sexo, cit., cap. IV, 31. Se enseñaba, en particular entre los filósofos de la dinastía Sin, que el Cielo “produce” a los hombres, la Tierra a las mujeres, y que por esta razón la mujer debe estar sometida al hombre como la Tierra lo está al Cielo (cf. PLATH, Religion der alten Chinesen, I, pag. 37).

([2])En el simbolismo erótico de estas tradiciones, el mismo sentido se reencuentra en la representación de la unión de la pareja divina en viparita-maithuna, es decir, en un abrazo en el que el macho permanece inmóvil, y donde es la shakti quien desarrolla el movimiento.

([3])A este respecto, se puede mencionar, como particularmente significativo, el hábito de las poblaciones salvajes de separar los grupos de hombres solo en casas llamadas “casas de hombres”, a título de fase preliminar de una diferenciación viril que se completa luego mediante los ritos de iniciación, de los que las mujeres son excluidas, ritos que vuelven al individuo definitivamente independiente de la tutela femenina, lo introducen en nuevas formas de vida y lo sitúan bajo nuevas leyes. Cf. H. WEBSTER, Primitive Secret Societies – A Study in early Politicis and Religion, trad. it. Bolonia, 1929, pag. 2 y sigs. 28, 30-31.

([4])Cf. SENART, Les castes dan l’Inde, cit., pag. 68; Mânava-dharmashastra, IX, 166; V, 148; cf. V, 155: “No hay sacrificio, culto o ascesis que se refiera particularmente a la mujer. La esposa que ama y venera a su esposo, será honrada por el Cielo”. No se puede estudiar aquí el sentido del sacerdocio femenino y decir porque no contradice la idea anteriormente expuesta. Tradicionalmente, este sacerdocio tuvo un carácter lunar; lejos de corresponden a una vía diferente, expresaba un reforzamiento del dharma en tanto que supresión absoluta de todo principio personal, en vistas, por ejemplo, de dar libre curso a la voz del oráculo y del dios. Hablaremos más adelante, de la alteración propia a las civilizaciones decadentes, donde el elemento femenino-lunar usurpa la cúspide jerárquica. Conviene examinar separadamente la utilización sagrada e iniciática de la mujer en la “vía del sexo” (cf. a este respecto J. EVOLA, Metafísica del Sexo, cit.).

([5])Cf, Handbuch der Klass. Altertumswissensch., v. IV, pag. 17.

([6])Así, por lo que se refiere a la China antigua se lee en Niu-kie-tsi-pien (V): “Cuando una mujer pasa de la casa paterna a la del esposo, pierde todo, hasta su nombre. No tiene nada en propiedad: lo que lleva, lo que es, su persona, todo pertenece a aquel a quien se la entrega como esposa”, y en el Niu-huien-shu se subraya que una mujer debe estar en la casa “como una sombra y un simple eco” (cit apud S. TROVATELLI, Le civiltà et le legislazioni dell’antico Oriente, Bolonia, 1890, pag. 157 y sigs.).

([7])Cf. REVILLE, Relig. du Mexique, cit., pag. 190.

([8])Cf. G. de LORENZO, Oriente et Occidente, Bari, 1931, pag. 72. Costumbres análogas se encuentran también en otros troncos de la raza aria: entre los tracios, los griegos, los escitas, y los eslavos (cf. C. CLEMEN, Religions-geschichte Europas, Heidelberg, 1926, v. I, pag. 218). En la civilización inca, el suicidio de las viudas para seguir al marido, si bien no estaba establecido por la ley, era sin embargo habitual y las mujeres que no tenían el valor de realizarlo o creían tener motivos para dispensarse de él, eran despreciadas (cf. REVILLE, op. cit., pag. 364).

([9])Cf. Mânavadharmashastra, IX, 29: “La que no traiciona a su esposo y cuyos pensamientos, palabras y cuerpos son puros, alcanza tras la muerte la misma morada que su esposo”.

([10])Cf. Brhadaranyaka-upan., VI, ii, 14; PROCLO, In Tim., V 331 b; II, 65 b.

([11])En el Mânavadharmashastra no solo se prescribe que la mujer no debe jamás tener una iniciativa personal y debe, según su condición, pertenecer al padre, al esposo y al hijo (V, 147-8; IX, 3), sino que se dice también (V, 154): “Incluso si la conducta del esposo no es recta, incluso si se entrega a otros amores y no tiene cualidades, la mujer debe sin embargo venerarle como a un dios”.

([12])La ofrenda sagrada del cuerpo e incluso de la virginidad, se encuentra reglamentada de forma rigurosa en una institución que es otro motivo de escándalo para los modernos: la prostituciòn sagrada, practicada en los antiguos templos siríacos, licios, lidios, tebanos, etc… La mujer no debía hacer la primera ofrenda de sí misma en un movimiento pasional orientado hacia un hombre dado, sino que debía, en el espíritu de un sacrificio sagrado, ofrecerlo a la diosa, entregándose al primer hombre que, en el recinto sagrado, le lanzaba una moneda de cualquier valor. No es más que tras esta ofrenda ritual de su cuerpo que la mujer podía casarse. HERODOTO (I, 90) refiere como un hecho significativo “que una vez de regreso a su casa, se le puede ofrecer (a esta niña convertida en mujer) cualquier suma de dinero: no se obtendrá nada de ella”, lo cual basta para mostrar lo poco que había de “corrupción” y de “prostitución” en todo esto. Otro aspecto de esta institución es revelado por MEREJKOWSKI Les Mystres de l’Orient, París, 1927, pag. 358): “Todo ser humano debe, por lo menos una vez en su vida, liberarse de la cadena del nacimiento y de la muerte; una vez al menos en su vida todo hombre debe unirse a una mujer y toda mujer a un hombre, no para engendrar hijos, sino para morir. Cuando el hombre dice [arrojando la moneda]: “Yo llamo a la diosa Milita”, la mujer es para él Milita misma”. Cf. J. EVOLA, Metafísica del Sexo, cit., para el desarrollo de estas ideas.

([13])Según las estadísticas de 1950, elaboradas sobre bases médicas (C. FREED y W.S. KROGER) el 75% de las jóvenes norteamericanas estarían “sexualmente anestesiadas” y su “líbido” (por emplear el término freudiano), se centraría principlamente en el marcisismo exhibicionista. Entre las mujeres anglo-sajonas en general, la inhibición neurótica de la vida sexual auténticamente femenina, es característica y procede de que son víctimas de un falso ideal de “dignidad” al mismo tiempo que de prejuicios del moralismo puritano.

 

EL SWÁSTIKA…. de RENÉ GUÉNON

4 de febrero de 2008

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Una de las formas más destacables de lo que hemos llamado la cruz horizontal, es decir, de la cruz trazada en el plano que representa un cierto estado de existencia, es la figura del swastika, que bien parece vincularse directamente a la Tradición Primordial, ya que se encuentra en los países más diversos y más alejados los unos de los otros, y eso desde las épocas más remotas; lejos de ser un símbolo exclusivamente oriental como se cree a veces, es uno de los que están más generalmente extendidos, desde el extremo oriente hasta el extremo occidente, ya que existe hasta en algunos pueblos indígenas de América[1]. Es cierto que, en la época actual, se ha conservado sobre todo en la India y en el Asia central y oriental, y que quizás no es más que en estas regiones donde se sabe todavía lo que significa; pero, sin embargo, en Europa misma, no ha desaparecido enteramente[2]. En la antigüedad, encontramos este signo, en particular, en los celtas y en la Grecia prehelénica[3]; y, en occidente todavía, fue antiguamente uno de los emblemas de Cristo, e incluso permaneció en uso como tal hasta el final de la Edad Media[4].Hemos dicho en otra parte que el swastika es esencialmente el «signo del Polo»[5]; si le comparamos a la figura de la cruz inscrita en la circunferencia, podemos darnos cuenta fácilmente de que, en el fondo, son dos símbolos equivalentes bajo ciertos aspectos; pero la rotación alrededor del centro fijo, en lugar de estar representada por el trazado de la circunferencia, en el swastika está solo indicada por las líneas rectas agregadas a las extremidades de los brazos de la cruz y que forman con éstos ángulos rectos; estas líneas son tangentes a la circunferencia, que marcan la dirección del movimiento en los puntos correspondientes. Como la circunferencia representa el mundo manifestado, el hecho de que esté por así decir sobrentendida indica muy claramente que el swastika no es una figura del mundo, sino más bien de la acción del Principio al respecto del mundo.Si se relaciona el swastika con la rotación de una esfera tal como la esfera celeste alrededor de su eje, es menester suponerle trazado en el plano ecuatorial, y entonces el punto central será, como ya lo hemos explicado, la proyección del eje sobre este plano que le es perpendicular. En cuanto al sentido de la rotación indicada por la figura, su importancia es secundaria y no afecta a la significación general del símbolo; de hecho, se encuentran una y otra de las dos formas, que indican una rotación de derecha a izquierda o de izquierda a derecha[6], y eso, sin que sea menester ver siempre ahí una intención de establecer entre ellas una oposición cualquiera. Es verdad que, en algunos países y en algunas épocas, han podido producirse, en relación a la tradición ortodoxa, cismas cuyos partidarios han dado voluntariamente a la figura una orientación contraria a la que estaba en uso dentro del medio del cual se separaban, para afirmar su antagonismo mediante una manifestación exterior, pero eso no toca en nada a la significación esencial, que permanece la misma en todos los casos. Por lo demás, a veces se encuentran las dos formas asociadas; entonces se las puede considerar como representando una misma rotación vista desde uno y otro de los dos polos; esto se vincula al simbolismo, muy complejo, de los dos hemisferios, que no nos es posible abordar aquí[7].No podemos pensar tampoco en desarrollar todas las consideraciones a las que puede dar lugar el simbolismo del swastika, y que, por lo demás, no se vinculan directamente al tema propio del presente estudio; pero, en razón de su importancia considerable bajo el punto de vista tradicional, no nos era posible pasar enteramente bajo silencio esta forma especial de la cruz; por consiguiente, hemos creído necesario dar al menos, en lo que le concierne, estas indicaciones algo sumarias, pero nos quedaremos aquí para no comprometernos en disgresiones demasiado largas.

EL SIMBOLISMO DE LA CRUZ

[1] Bastante recientemente, hemos observado incluso una información que parecería indicar que las tradiciones de la América antigua no están tan completamente perdidas como se piensa; por lo demás, el autor del artículo donde la hemos encontrado, probablemente no se ha dado cuenta de su alcance; hela aquí reproducida textualmente: «En 1925, una gran parte de los indios de Cuna se sublevaron, mataron a los gendarmes de Panamá que habitaban en su territorio, y fundaron la República independiente de Tulé, cuya bandera es un swastika sobre fondo naranja en bordado rojo. Esta república existe todavía en la hora actual» (Les Indiens de l’isthme de Panama, por G. Grandidier: Journal des Débats, 22 de enero de 1929). Se destacará sobre todo la asociación del swastika con el nombre de Tulé o Tula, que es una de las designaciones más antiguas del centro espiritual supremo, designación aplicada también después a algunos de los centros subordinados (ver El Rey del Mundo, cap. X).[2] En Lituania y en Courlandia, los campesinos trazan todavía este signo en sus casas; sin duda ya no conocen su sentido y no ven en el más que una suerte de talismán protector; pero lo que es quizás más curioso es que le dan su nombre sánscrito de swastika. Por lo demás, parece que el lituano sea, de todas las lenguas europeas, la que tiene mayor semejanza con el sánscrito. Señalamos que la denominación de «cruz gamada», que se da frecuentemente al swastika en occidente a causa de la semejanza de la forma de sus brazos con la letra griega gamma, es igualmente errónea; en realidad, los signos llamados antiguamente gammadia eran enteramente diferentes, aunque se hayan encontrado a veces, de hecho, más o menos estrechamente asociados al swastika en los primeros siglos del cristianismo. Uno de estos signos, llamado también la «cruz del Verbo» está formado de cuatro gammas cuyos ángulos están vueltos hacia el centro; la parte interior de la figura, que tiene la forma de cruz, representa a Cristo, y los cuatro gammas angulares a los cuatro Evangelistas; esta figura equivale así a la representación bien conocida de Cristo en medio de los cuatro animales. Se encuentra otra disposición donde una cruz central está rodeada de cuatro gammas colocadas en cuadrado (donde los ángulos están vueltos hacia fuera en lugar de estarlo hacia dentro); la significación de esta figura es la misma que la de la precedente. Agregamos, sin insistir más en ello, que estos signos ponen el simbolismo de la escuadra (cuyas forma es la del gamma) en relación directa con el de la cruz.

[3] Existen diversas variantes del swastika, concretamente uno formado de brazos curvos (que tienen la apariencia de dos S cruzadas), y otras formas que indican una relación con diversos símbolos cuyo significado no podemos desarrollar aquí; la más importante de estas formas es el swastika dicho «clavijero», porque sus brazos están constituidos por dos llaves (ver La Gran Triada, cap. VI). Por otra parte, algunas figuras que no han guardado más que un carácter puramente decorativo, como esa a la que se da el nombre de «greca», se derivan originariamente del swastika.[4] Ver El Rey del Mundo, I. [5] Ver El Rey del Mundo, II. — Puesto que ya hemos indicado en aquella ocasión las interpretaciones fantásticas de los occidentales modernos, aquí no vamos a volver sobre ello.[6] La palabra swastika es, en sánscrito, la única que sirve para designar en todos los casos el símbolo en cuestión; el término sauvastika, que algunos han querido aplicar a una de las dos formas para distinguirla de la otra (que es la única que sería entonces el verdadero swastika), no es en realidad más que un adjetivo derivado de swastika, y que indica lo que se refiere a este símbolo o a sus significaciones. — En cuanto a la palabra swastika misma, se le hace derivar de su asti, fórmula de «bendición» en el sentido propio, que tiene su exacto equivalente en el ki-tôb hebraico del Génesis. En lo que concierne a este último, el hecho de que se encuentre repetido al final del relato de cada uno de los «días» de la creación es bastante destacable si se tiene en cuenta esta aproximación: parece indicar que esos «días» son asimilables a otras tantas rotaciones del swastika, o, en otros términos, a otras tantas revoluciones completas de la «rueda del mundo», revoluciones de donde resulta la sucesión de «tarde y mañana», que se enuncia después (ver también La Gran Tríada, cap. V).[7] A este respecto, hay una relación entre el símbolo del swastika y el de la doble espiral, muy importante igualmente, y que, por otra parte, está bastante estrechamente emparentado al yin-yang extremo oriental del que se tratará más adelante. http://www.libreopinion.com/members/treus_fest/swastika.htm

 

JULIUS EVOLA: REBELIÓN CONTRA LA SUBVERSIÓN

29 de enero de 2008

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Para quien desee conocer una cosmovisión completamente revolucionaria respecto al “mundo moderno”, cuyos valores se basan en la contra-Tradición y en la Subversión, debe leer  “Rebelión contra el mundo moderno”, libro escrito en 1934 por Julius Evola y más tarde revisado y ampliado,   que  expone en forma magistral lo que es una morfología del mundo de la tradición.  En http://juliusevola.blogia.com/ se publica un estudio sobre la primera parte del citado libro:

La decadencia y no el progreso, es la ley que rige las acciones de los hombres. La decadencia es la compañera inseparable de lo humano que contribuye a explicar el porqué las civilizaciones degeneran y con ellas las razas que las sostienen. Evola anticipa algunas de las tesis que desarrollará en la segunda parte de su obra. La metafísica de la historia implica necesariamente considerar a la historia como decadencia sometida a leyes cíclicas. Frente a la historia como progreso, el concepto de historia cíclica enseña que la humanidad está sometida a periódicas fases de ascenso y descenso.

El mundo moderno está lejos de verse amenazado por una disminución de la natalidad y un aumento de la mortalidad. El grito de alarma que habían lanzado algunos jefes políticos, exhumando incluso la fórmula absurda de “el número hace la potencia”, esta desprovista de fundamento. El verdadero riesgo es precisamiente lo contrario: es el de una multiplicación incesante, desenfrenada y grotesca de las poblaciones sobre el plano de la cantidad pura. El declive se manifiesta únicamente en las capas que conviene considerar como portadoras de fuerzas, superiores al puro demos y al mundo de las masas, y que condicionan toda verdadera grandeza humana. Criticando el punto de vista racista, ya hemos hablado de esta fuerza oculta que, cuando está presente, de forma viva y activa, es el principio de una generación en el sentido superior y reacciona sobre el mundo de la cantidad imprimiéndole una forma y una cualidad. A este respecto, se puede decir que las razas superiores occidentales han entrado, desde hace siglos ya, en agonía, y que el desarrollo creciente de las poblaciones de la tierra puede compararse a la proliferación vermicular que se constata en la descomposición de los organismos y en la evolución de un cáncer: este último corresponde precisamente a la hipertrofia desenfrenada de un plasma que, sustrayéndose a la ley reguladora del organismo, devora las estructuras normales y diferenciadas. Tal es el papel que nos ofrece el mundo moderno: a la regresión y al declive de las fuerzas fecundadoras, en el sentido superior del término, es decir a las fuerzas portadoras de la forma, corresponde la proliferación ilimitada de la “materia”, de lo sin-forma, del hombre-masa.

Este fenómeno no es ajeno a lo que hemos expuesto, en el capítulo precedente, respecto al sexo y a las relaciones actuales entre hombre y mujer, pues afectan al problema de la procreación y a su significado. Si bien es cierto que el mundo moderno parece destinado a ignorar lo que son la mujer y el hombre absolutos y si la sexualización de los seres es incompleta -incompleta en nombre del espíritu, es decir limitada al plano corporal- no es sorprendente que se hayan perdido las dimensiones superiores e incluso trascendentes del sexo que el mundo de la Tradición reconoció bajo formas múltiples; es natural que esto influya sobre el régimen de las uniones sexuales y las posibilidades que ofrecen, sea como pura experiencia erótica, sea -y es este segundo aspecto entra precisamente en lo que nos interesa- en vistas a una procreación que no se agote en el simple y opaco hecho biológico.

El mundo de la Tradición conoció efectivamente un sacrum sexual y una magia del sexo. A través innumerables símbolos y costumbres esparcidas en las más diversas regiones del mundo, se transluce constantemente el reconocimiento del sexo como fuerza creativa primordial que supera al individuo. En la mujer, se evocaban las potencias abisales de ardor y luz o de peligro y desintegración([1]). En ella vivía la fuerza telúrica, la Tierra y en el hombre, el Cielo. Orgánica y conscientemente estaba asumido todo lo que, en el hombre vulgar, y hoy más que nunca, es vivido bajo la forma de sensaciones periféricas, impulsos pasionales y carnales. La procreación era decretada([2]) y el producto de esta procreación querido ante todo, así como hemos dicho, como el “hijo del deber”, como aquel que debe recuperar y alimentar el elemento sobrenatural del linaje, la liberación del ancestro, que debe recibir y transmitir “la fuerza, la vida, la estabilidad”. Con el mundo moderno, todo esto se ha convertido en un sueño insípido: los hombres, en lugar de poseer el sexo, están poseidos por él y se abaten aquí y allí como hebrios, incapaces de saber lo que se alumbra en sus abrazos, ni ver el demonio que se burla miserablemente de ellos a través de su búsqueda de “placer” o de sus impulsos romántico-pasionales. De forma que, sin que sepan nada, fuera de su voluntad y amenudo contra ella, un nuevo ser nace de tanto en tanto al azar de una de sus noches, frecuentemente como un intruso, sin continuidad espiritual, y en las últimas generaciones, sin ni siquiera este residuo que representaban los lazos afectivos de tipo burgués.

Cuando las cosas han llegado a este punto, no hay que extrañarse que las razas superiores mueran. La lógica inevitable del individualismo tiende también hacia este resultado, sobre todo en las “clases” pretendidamente “superiores” de hoy, en las que disminuye el interés hacia la procreación; sin hablar de todos los demás factores de degeneración inherentes a una vida social mecanizada y urbanizada y, sobre todo, a una civilización que no conoce los límites saludables y creadores constituidos por las castas y las tradiciones de la sangre. La fecundidad se concentra entonces en los estratos sociales más bajos y en las razas inferiores, donde el impulso animal prevalece sobre todo cálculo y consideración racional. Se produce inevitablemente una selección al revés, el ascenso y la invasión de los elementos inferiores, contra los cuales la “raza” de las clases y de los pueblos superiores, agotada y derrotada, no puede nada o casi nada, como elemento espiritualmente dominador.

Si, cada vez se habla más, hoy, de un “control de los nacimientos”, ante los efectos catastróficos del fenómeno demográfico que hemos comparado a un cáncer, no por ello se aborda el problema esencial, sino que no se sigue ningún criterio cualitativo, diferenciado. Pero la tontería es aun más grave entre los que se alzan contra este control invocando ideas tradicionalistas y moralizantes convertidas, ahora, en simples prejuicios. Si es la grandeza y la potencia de una raza lo que importa, es inútil preocuparse de la cualidad material de la paternidad, cuando no se acompaña de cualidad espiritual, en el sentido de intereses superiores, de justa relación entre lo sexos y sobre todo de la virilidad en el sentido verdadero del término, diferente del que reviste sobre el plano de la naturaleza inferior.

Hemos analizado el proceso de la decadencia de la mujer moderna, pero es preciso no olvidar que el hombre es el primer responsable. Al igual que la plebe no habría podido jamás irrumpir en todos los dominios de la vida social y de la civiliación, si hubiera tenido verdaderos reyes y verdaderos aristócratas, así mismo, en una sociedad regida por hombres verdaderos, la mujer jamás habría querido ni podido comprometerse sobre la vía que sigue hoy. Los períodos en que la mujer ha conocido la autonomía y la preeminencia, han coincidido casi siempre con la decadencia de las civilizaciones antiguas. No es contra la mujer que debería ser dirigida la verdadera reacción contra el feminismo y otras desviaciones femeninas, sino contra el hombre. No se puede pedir a la mujer volver a ser mujer, hasta restablecer las condiciones interiores y exteriores necesarias para la reintegración de una raza superior, mientras que el hombre no conozca sino un simulacro de virilidad.

Si no se consigue despertar el significado espiritual del sexo, si, en particular, no se separa de nuevo, duramente, de la sustancia espiritual convertirda en amorfa y mezclada, la forma viril, todo es inútil. La virilidad física, fálica, animal y muscular es inerte, no contiene ningún germen creador en el sentido superior: incluso cuando el hombre fálico tiene la ilusión de poseer, en realidad es pasivo, sufre siempre la fuerza más sutil propia a la mujer y al principio femenino([3]). No es más que en el espíritu que el sexo es verdadero y absoluto.

El hombre, en toda tradición de tipo superior, ha sido siempre considerado como el portador del elemento uránico-solar de un linaje. Este elemento trasciende el simple principio de la “sangre” y se pierde inmediatamente cuando se transmite por la línea femenina, aunque su desarrollo sea favorecido por el terreno que representa la pureza de una mujer de casta. Permanece siempre, en todo caso, el principio cualificador, aquel que da forma, y ordena la sustancia generadora femenina([4]). Este principio está en relación con el elemento sobrenatural, con la fuerza que puede hacer “discurrir la corriente hacia lo alto” y de la cual la “victoria”, la “fortuna” y la prosperidad de un linaje, son normalmente las consecuencias. Por ello la asociación simbólica, propia a las antiguas formas tradicionales, del órgano viril con ideas de resurrección y ascesis y con energías que confieren la cúspide de los poderes, tienen un significado que, lejos de ser obsceno, es real y profundo([5]). Como un eco de estos significados superiores, se encuentra, de la forma más neta, incluso en muchos pueblos salvajes, el principio según el cual solo el iniciado es verdaderamente masculino, y es la iniciación la que marca eminentemente el tránsito a la virilidad; antes de la iniciación, los individuos son semejantes a los animales, “no se han hecho hombres”: aun siendo ancianos, se identifican con los niños y con las mujeres, permaneciendo privados de todos los privilegios reservados a las élites viriles de los clanes([6]). Cuando se olvida que el elemento suprabiológico es el centro y la medida de la virilidad verdadera, aunque se continúe reivindicando el nombre de hombre, no se es, en realidad, más que un eunuco, y la paternidaad no tiene otro significado que una paternidad de animales que, engañados por el placer, procrean ciegamente otros animales, fantasmas de existencia como ellos mismos.

Ante tal situación, se puede intentar revivir el cadáver, se puede tratar a los hombres como conejos, sementales, racionalizando sus uniones -por que no merecen otra cosa- pero no hay que engañarse: o bien se llegará a una cultura de animales de trabajo muy bellos, o bien, si la tendencia individualista y utilitaria prevalece, una ley más fuerte arrastrará a las razas hacia la regresión o la extinción con la misma inflexibilidad que la ley física de la entropía y de la degradación de la energía. Y este será una de los múltiples aspectos, convertidos en materialmente visibles hoy, de la decadencia de occidente.

([1])Cf. EVOLA, Metafísica del Sexo, cit., especialmente cap. V y VI.

([2])Fórmulas upanishadicas para la unión sexual: “Con mi virilidad, con mi esplendor, te confiero el esplendor” – “Yo soy él y tú eres ella, tu eres ella y yo soy él. Yo soy el Cielo, tu la Tierra. Al igual que la Tierra contiene en su seno al dios Indra, así como los puntos cardinales están llenos de viento, así deposito en tí el embrión de [aquí el nombre de nuestro hijo]” (Brhadaranyaka-upanishad, VI, iv, 8; VI, iv, 20-22; cf. Atharva-Veda, XIV, 2, 71).

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Nota de YRANIA: Este estudio continuará en los próximos días.

29 de Enero de 2008, Anno Domini.

 

EL ANGEL

26 de enero de 2008

EL ANGEL, Llimona.

Símbolo de lo invisible, de las fuerzas que ascienden y descienden  entre el origen y la manifestación. (…). Los ángeles aparecen en la iconografía artística  desde el origen de la cultura, en el cuarto milenio antes de Jesucristo, confundiéndose con las deidades aladas. (…). (“Diccionario de Símbolos”, de Juan-Eduardo Cirlot,  NCL, Bcna, 1978)

–Nota: La escultura de arriba es El Angel, de Josep Llimona i Bruguera, y destaca en lo alto del cementerio de Comillas, construido sobre las ruinas de una antigua iglesia del siglo XV.


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