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EVA y PANDORA

3 de septiembre de 2009

Una vez más Raquel Reznik nos sorprende con su sabiduría “bíblica” y mitológica.Bajo una sugestiva fotografía nos ilustra en blogbis con una erudición que, evidentemente está sesgada hacia un feminismo muy comprensible en ella. 

vid HAWWA


Tanto el mito hebreo de Eva -Génesis- como el mito griego de Pandora -Hesíodo- supuestamente intentan revelar la verdadera naturaleza de la mujer. […]

El nombre de Eva se presenta al final de la historia del Jardín del Edén, y con él se designa a la primera mujer.
Como siempre, debido a defectos en las traducciones y a ciertas dificultades conceptuales, muy pocos advierten que no hay diferenciación de género durante la mayor parte del relato.
El humano –ha adam– es creado en la Tierra luego del soplo del aliento de Di-s.
Pero el uso del artículo determinado indica que en ese momento ‘adam’ no es precisamente un ‘nombre propio’.
Del humano así creado –ha adam– se crean el hombre –Ish– y la mujer –Ishshah– y luego cada sexo busca naturalmente su parte faltante.
Luego el relato contiene algunos diálogos, y para ayudar al lector en la identificación de los interlocutores recién entonces aparecen los nombres propios de Adam y Eva.
Después nos encontramos con ‘la serpiente’ que supuestamente convence a Eva, lo que hace que ella tome el fruto, lo coma, y le convide a Adam.
La desobediencia le cuesta al hombre una especie de condena perpetua con la obligación de realizar trabajos forzados en las tierras agrícolas marginales, y a la mujer a sufrir durante el parto y a admitir su condición de dominada.
Bueno, así nació la primer familia.
Pero si leemos con atención los textos, enseguida advertimos que los verbos -en el diálogo con la serpiente- están en plural, lo que indica que en el momento de la tentación Adam estaba presente.

Parasha Bereshit 3: 1 La serpiente era más astuta que cualquier otra bestia del campo que El Eterno Di-s había hecho. Ella le dijo a la mujer: ‘¿Acaso Di-s dijo No comeréis de ningún árbol del jardín?’. 2 La mujer le dijo a la serpiente: ‘Del fruto de cualquier árbol del jardín podemos comer. 3 Del fruto del árbol que está en el centro del jardín, Di-s ha dicho: No comeréis de él y no lo tocaréis, para que no muráis’. 4 La serpiente le dijo a la mujer: ‘Ciertamente que no moriréis; 5 pues Di-s sabe que el día que de él comáis, vuestros ojos se abrirán, y seréis como Di-s; conocedores del bien y del mal’. 6 Y la mujer percibió que el árbol era bueno como alimento, y que era un deleite para los ojos, y que el árbol era deseable como un medio para alcanzar la sabiduría, y ella tomó de su fruto y comió; y también le dio a su marido junto a ella, y él comió.

Los textos no explican por qué Adam no se opuso y dejó que Eva manejara la situación a su antojo.
Lo único que aparentemente hizo Adam fue extender su mano para también comer del fruto prohibido, y así consumar el pecado.
Nada dicen tampoco de una supuesta relación sexual, ni de una imaginaria ‘caída’ desde la inocencia a un estado de depravación.

Los mitos de Pandora y de Eva son similares, ya que que ambos intentan explicar por qué se creó a la mujer.
Las poesías de Hesíodo -Teogonía y Los Trabajos y los Días- son las únicas fuentes griegas relativas a la creación de la mujer.
Hesíodo escribió en 700 a EC, probablemente un siglo después que se escribieron los textos del mito de Eva.
Hesíodo y el escritor de los hebreos fueron probablemente conscientes de la tradición oral acerca de los orígenes humanos.
Ambos debían tener conocimiento de las historias de dioses que hicieron los humanos de barro, un tema que se mencionaba desde hacía mucho en Babilonia, y aparecía también en muchos textos egipcios.
Pero en realidad esas son conjeturas y en la práctica no hay pruebas que los griegos y los hebreos compartieran una tradición oral común sobre la creación humana.
Bueno, los griegos -curiosamente- tienen una historia de la creación de la mujer, pero no de la del hombre.
La mujer -según Hesíodo- fue creada bajo la dirección del dios padre Zeus, como una medida de represalia en contra de Prometeo.
Porque ese semidiós embustero había robado el fuego celestial -más precisamente, algunas chispas de Helios- para los terrícolas.
Zeus se sintió burlado, y encargó a miembros de su panteón a ‘hacer algo malo en el que hará las delicias de todos los hombres, mientras que producirá su propia destrucción’.
‘A causa de este fuego, les enviaré un mal del quedarán encantados, y abrazarán su propio azote’.
Y -como un alfarero- formó a partir de una masa de arcilla una doncella exuberante, que luego recibió una corona, ropa, joyas y flores, mucho encanto, y un formidable poder de seducción.
Una especie de sofisticada trampa, equipada además de una gran facilidad para mentir.
‘Y Zeus llamó a esta mujer Pandora, porque todos los dioses le dieron algún don, que se convertiría en daño hacia los hombres que se alimentaran de ese pan’.
Es que los hombres vivían entonces en una especie de ‘edad de oro’ paradisíaca, libres de males, enfermedades y trabajos.
Bueno, como todo el mundo sabe, cuando Pandora -que para entonces había seducido completamente a Epimeteo- abrió maliciosamente la tapa, todas las miserias habidas y por haber salieron volando y de inmediato infectaron a los hombres en todo el mundo.
En la caja quedó nada más que la esperanza.
Y la admiración se apoderó de los dioses en cuanto vieron a esta calamidad fatal para los hombres, porque ‘de ella es quien precede la raza de las mujeres, el más cruel azote que existe entre los mortales’.
El propio Hesíodo terminó su historia diciendo: ‘Este fue el origen del sexo femenino condenable, una plaga con que los hombres deberán vivir’.
Más adelante, en Los Trabajos y los Días, el poeta advirtió que detrás de esa hermosa criatura que hablaba dulcemente y movía sugestivamente sus caderas, lo único que existía era la mentira.
Es entonces cuando afirmó: ‘Cualquier hombre que confía en una mujer, confía en un ser engañador, y por culpa de ella su vida será miserable’.
La historia de Pandora se convirtió en una parte importantísima de la educación griega, y los escritos de Hesíodo fueron ampliamente conocidos, y enseñados en Grecia y el Egeo, ejerciendo una notable influencia en las ideas morales y jurídicas que se establecieron luego en occidente, que aún persiste -irremediablemente- en el imaginario colectivo de los pueblos.

Bueno, todo parece estár conectado por hilos invisibles, porque Epimeteo y Pandora tuvieron una hija, llamada Pyrrha, que se casó con Deucalión -un hijo de Prometeo- y ellos fueron los protagonistas de la versión griega del Diluvio Universal.

La Eva del Təˈnax abrió la fruta prohibida con su mordida, y por eso la muerte invadió el mundo.
Lo mismo hizo Pandora al abrir la caja, también desafiando un mandato divino, y por culpa de ella todos los males y calamidades se desataron, y abrumaron a los desventurados hombres con un sinnúmero de enfermedades y penurias.

Anatole France supo señalar que la ubicación del infierno fue un misterio para los humanos hasta que Tertuliano ingeniosamente descubrió dónde estaba su puerta: ‘entre las piernas de las mujeres’.

Para justificar la misoginia, el Talmud de Babilonia nos brinda una poco edificante comparación valorativa: ‘Adam fue la luz del mundo… y Eva fue la causa de su muerte’.

 

TRADUCIONES FIELES …E INFIELES

23 de abril de 2008

 

Hay una conocida máxima que dice “Tradutore, traditore”… que evidentemente significa que de “tradición” a “traición” hay un sólo paso…

Es el caso de un pasaje bíblico del Segundo Libro de Samuel (cap. XII, 26-31):

 

Veamos lo que dice LA BIBLIA (Traducción del hebreo de León Dujovne y Bernardo Schalman), Ediciones Sigal, Buenos Aires, 1998. Señalemos que se trata de la “biblia” judía en versión castellana de León Dujovne, Manasés Kontantynowski y Moisés Konstantynowski.

 

En la pág. 519:

 

    Entretanto Yo-a-v, había peleado contra Rabbá- de los hijos de ‘Ammó-n,

    y había tomado la ciudad real.

Entonces Yo-a-v envió mensajeros a Da-wi-d, diciendo: “He peleado contra Rabbá-, y he tomado la ciudad de las aguas.

Ahora, pues, junta el resto del pueblo, y asienta campamento contra la ciudad, y tómala, no sea que yo tome la ciudad, y sea llamada de mi nombre.”

Por lo cual Da-wi-d juntó todo el pueblo y fue a Rabbá-, y peleó contra ella, y la tomó.

Y quitó la corona de su rey de sobre su cabeza, siendo su peso un talento de oro, y teniendo una piedra de gran valor; y fue puesta en la cabeza de Da-wi-d.

Y sacó Da-wi-d de la ciudad muy grandes despojos.

Sacó también el pueblo que halló en ella, y los hizo poner debajo de las sierras y de los trillos, y de las hachas de hierro; los hizo pasar por los hornos de ladrillos; y así lo fue haciendo con todas las ciudades de los hijos de ‘Ammó-n.

En seguida volvió Da-wi-d con toda la gente de guerra a Y-ru-sha-láyim.

Leemos en la “Santa Biblia” de las iglesias Evangélicas (Reina-Valera, de 1909) una traducción casi con las mismas palabras.  En el versículo 31 se dice “(…) y púsolo debajo de sierras, y de trillos de hierro; (…)”. Para que no haya dudas de lo que se entiende por “púsolo debajo de sierras”, veamos lo que se dice en el Libro 1 de Crónicas (cap. 20, 3): “Sacó también al pueblo que estaba en ella, y cortólos con sierras, y con trillos de hierro, y segures. Lo mismo hizo David á todas las ciudades de los hijos de Ammón. Y volvióse David con todo el pueblo á Jerusalem.” 

 

En la Züricher Bible, del año 1914 (II Samuel, cap. XII, versículos 29 a 31) podemos leer lo siguiente:

 

David tomó a todo su pueblo y asedió y conquistó la ciudad de Rabba. Quitó la corona al rey, que pesaba 50 kilos de oro y piedras preciosas y se la colocó en su propia cabeza; luego hizo saquear la ciudad. A los habitantes los colocó en sierras de hierro y cuñas de hierro, y los redujo a cenizas en hornos de ladrillo. Hizo lo mismo con todas las ciudades de los hijos de Amón. Después volvió con todo su pueblo a Jerusalem”.

Aquí habría que verificar si efectivamente en la Biblia de Zurich se dice que la corona del rey “pesaba 50 kilos de oro”, pues aparte que en la Antigüedad no existía el kilo como medida de peso, es poco creíble que álguien pudiese soportar tal peso sobre la cabeza. Parece más razoneble que lo que se quería significar es no es que pesaba un talento de oro”, como dice la Vulgata Latina publicada por D. Félix Torres Amat (Edición de Apostolado de la Prensa, Madrid, 1964), sino que tenía el mismo valor que un talento de oro, el cual solía tener un peso equivalente a más de 42 kilogramos.

 

Por cierto que, en esta “Sagrada Biblia, traducida de la Vulgata Latina teniendo a la vista los textos originales, por el P. José Miguel Petisco, de la Compañía de Jesús” y “dispuesta y publicada por el Ilmo. Sr. D. Félix Torres Amat”, novena edición, el texto tiene un castellano más fluido pero rigurosamente semejante a “LA BIBLIA” hebrea editada en Buenos Aires en 1998, siendo la “Sagrada Biblia” de Editorial Apostolado de la Prensa, SA, impresa en el año 1964.

 

También son parecidos los textos de la “Sagrada Biblia”, traducción de la Vulgata Latina, publicada por UTEHA, en México, en 1951 y los de la “Biblia Americana San Jerónimo”, versión de 1994.

 

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Pero he aquí que el citado versículo 31, que en la versión de redacción más clara (por ejemplo, la de Torres Amat editada en Madrid en 1964) dice,

 

A los habitantes los sacó fuera, y mandó que unos fuesen aserrados, haciendo pasar sobre otros narrias o carros con ruedas de hierro, y despedazarlos con cuchillos, y arrojarlos en los hornos de ladrillos. Así trató a todas las ciudades de los amonitas. En seguida volviose David con todo su ejército a Jerusalén”

 

en otras muchas “biblias” toma un significado o sentido totalmente diferente:

Poco explícito es el texto de la “Sagrada Biblia” de Nacar-Colunga (año 1969):

 

 

A los habitantes los sacó de la ciudad, y los puso a las sierras, a los trillos herrados, a las hachas, a los molinos y a los hornos de ladrillos. Eso mismo hizo con todas las ciudades de los hijos de Ammón…”

 

 

No queda claro si los prisioneros fueron puestos encima o debajo de las sierras…

 

La tergiveresación es evidente en la “Traducción del Nuevo Mundo de las Sagradas Escrituras”, de los Testigos de Jehová (año 1987):

 

Y a la gente que había en ella, la sacó para ponerla a serrar piedras y a [trabajo relativo a ] instrumentos agudos de hierro y a hachas de hierro, y los hizo servir en la fabricación de ladrillos…”

 

Y en la “Biblia de Jerusalén” (Club Internacional del Libro, Madrid, 1975):

 

A la gente que había en ella la hizo salir y la piso a trabajar en las tierras, en los trillos de dientes de hierro, en las hachas de hierro y los empleó en los hornos de ladrillo.”

 

La llamada “Nueba Biblia Española” (Ediciones Cristiandad, Madrid 1975) dice en en versículo 31: “(…) y los puso a trabajar en las tejeras”.

 

En la “Santa Biblia” ( Reina-Valera, año 1960), la falsificación es deliberada pues ya vimos arriba la anterior versión del año 1909. En efecto, en la versión de 1960, el cap. 12, versículo 31 del Libro 2º de Samuel dice:

 

Sacó además a la gente que estaba en ella, y los puso a trabajar con sierras, con trillos de hierro, y además los hizo trabajar en los hornos de ladrillos; y lo mismo hizo a todas las ciudades de los hijos de Amón…”

 

En la “Biblia Latinoamericana” (edición de 1995) se dice:

 

En cuanto a los habitantes, los hizo salir de la ciudad, los puso a manejar sierras, las ruedas y las hachas de hierro y los hizo trabajar en la fabricación de ladrillos; lo mismo hizo en todas las ciudades de los ammonitas. Y luego David y todo su ejército volvieron a Jerusalem.”

 

 

 

 

 

 

Por último, La Biblia de las Américas (http://lbla.bibliaparalela.com/2_samuel/12.htm) dice lo siguiente:


26 Joab combatió contra Rabá de los hijos de Amón, y conquistó la ciudad real. 27 Entonces Joab envió mensajeros a David que le dijeran: He combatido contra Rabá, y también he tomado la ciudad de las aguas. 28 Ahora pues, reúne el resto del pueblo y acampa contra la ciudad y tómala, no sea que tome yo la ciudad y sea llamada por mi nombre. 29 Reunió David a todo el pueblo y fue a Rabá, y peleó contra ella y la tomó. 30 Quitó la corona de la cabeza de su rey, la cual pesaba un talento de oro y tenía una piedra preciosa, y fue puesta sobre la cabeza de David. Y él sacó botín de la ciudad en grandes cantidades. 31 Y la gente que había en ella, la sacó y la puso a trabajar con sierras, con trillos de hierro y con hachas de hierro, también la puso a trabajar en los hornos de ladrillos. Así hizo a todas las ciudades de los hijos de Amón. Entonces regresó David con todo el pueblo a Jerusalén.

 
 

 

Ante estas contradicciones, cabe preguntarse si las traducciones que presentan un David menos cruel son mejores o más fieles al texto original. Lo cierto es que en otros pasajes bíblicos el modo de actuar de David es de este jaez:

 

Refiriéndose a las incursiones que hacía David en tierras de los filisteos, antes de ser rey, leemos en 1 Samuel 27, 9 y 11 : “9 Y asolaba David todo el país, sin dejar con vida hombre ni mujer; (…)”. “11 No dejaba David hombre ni mujer con vida, ni conducía prisionero ninguno a Get: No sea acaso, decía, que hablen contra nosotros. (…).” (“Sagrada Biblia”, Torres Amat, Madrid, 1964). Casi las mismas palabras emplea “LA BIBLIA” hebrea editada en Buenos Aires en 1998, citada arriba.

Asimismo, coinciden en este relato del Libro 1 de Samuel, cap. 27, 9 y 11 las “biblias” de Reina-Valera (de 1909 y de 1960); Nacar-Colunga (1969); Biblia de Jerusalén (1975); Nuevo Mundo (1987).

 

Sea cual sea la explicación de tan diferentes versiones, lo grave sería concluir que las traducciones bíblicas, lejos de ser rigurosamente fieles al original, se acomodan a las circunstancias políticas y a las ideas imperantes en cada cada época.

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23 de Abril de 2008

 

 


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