Posts Tagged ‘Feminismo’

Agustin Laje distingue entre “feminismo” y “hembrismo”

3 de noviembre de 2017

https://youtu.be/6lIgRIz8WaY

https://www.youtube.com/watch?v=6lIgRIz8WaY

Agustin Laje debate sobre feminismo: 1 vs. 5

La “ideologia de género” no es científica

8 de marzo de 2017

Freud trató de explicar la psique femenina por lo  que llamó “envidia de pene”, la incomodidad con su propio sexo y la ansiedad por imitar de alguna forma al varón. La realidad es más bien la contraria: la inmensa mayoría de las mujeres están contentas de ser como  son y procuran acentuar su feminidad de diversas formas: atuendo, maquillaje, adornos, etc. Esto es normal, aunque puede derivar a extremos grotescos o enfermizos. No deja de ser curioso que conforme avanza la “liberación de la mujer”, los modelos femeninos que se proponen se parezcan más bien a las prostitutas o a las tradicionalmente llamadas marimachos. Cualquier cosa menos la mujer equilibrada y sensata. Solo hay que prestar atención a las modas, las cantantes y otros ejemplos de “éxito”, muy seguidos: la mujer como objeto sexual, paradoja solo aparente con la “liberación”.

  La extraña conclusión de Freud viene, probablemente, de que sus estudios se basaban a un grupo muy determinado y escaso: las mujeres histéricas. La histeria puede definirse como una actitud de rebelión impotente contra la realidad. Casi todo el mundo ha tenido momentos de histeria, pues la realidad es a veces muy dura, pero en la persona histérica se trata de una actitud sostenida, con altibajos entre furia violenta y resignación (que no es lo mismo que aceptación).  El histerismo es una nota bien visible en la ideología de género.

   En el ser humano el dimorfismo sexual está más acentuado probablemente que en cualquier otro mamífero. No simplemente en tamaño o forma corporal, sino también en inclinaciones, conductas y tendencias. Es más, tanto la mujer como el varón tratan de acentuar sus diferencias, que ven como positivas y agradables. La ideología de género niega esta realidad, y en ella puede verse, en su lado feminista, esa absurda envidia del pene, que al no disponer de él intenta negarlo, negar la diferencia. No se trata de igualdad ante la ley, sino de ir más allá, a borrar cualquier diferencia, incluso biológica, a “hacer como si no existiera”. Uno de los rasgos más cómicos del feminismo es su satanización de lo que llaman “sexismo”, cuando si por algo se distingue el feminismo es por su obsesión con las diferencias sexuales. Esta ideología alcanza unos  grados de estupidez e insensatez mayores que las ideologías que la precedieron, en particular el marxismo, del que viene a ser una derivación: sustituyen la lucha de clases por la lucha de sexos, al mismo tiempo que niegan  la existencia de estos, transformándolos mágicamente en “géneros” y declarando equivalente a la normalidad cualquier anomalía o conducta desviada.

    Algo  que atormenta especialmente a los “generistas” es la maternidad, tan desigualadora. La figura de la madre es denostada, abierta o implícitamente,en el feminismo, que quiere hacer del aborto una especie de sacramento, como involuntariamente confiesan en alguno de sus lemas.  Ahora mismo asistimos a campañas contra la maternidad, poniendo como ejemplo a mujeres que la ven como una carga tremenda, y uno solo puede compadecer a sus hijos.  Siempre hubo lo que se la llamado “malas madres” pero ahora se proponen como modelos. Y tratan de reducir la sexualidad a un simple pasar un rato de placer sin relación alguna con la reproducción, lo que igualaría la coprofilia o la zoofilia, por ejemplo, con la sexualidad normal entre hombre y mujer. Pero aunque la sexualidad no se limita a la reproducción, esta es en definitiva su función principal, sin la cual la propia especie humana desaparecería. Por eso puede hablarse aquí de una ideología del suicidio social, como ha habido otras a lo largo de la historia.

   En realidad, el varón y la mujer son distintos y complementarios, y no solo en relación con la reproducción. Pero el histerismo quiere instalar la igualdad sin complementariedad, lo que es puro homosexismo. Con ello la familia es socavada y destruida, y uno de sus efectos es el aumento de la violencia doméstica que llaman “machista” o “de género”, y que se quiere reprimir (histéricamente)  mediante leyes   y publicidad obsesiva.

    En la mitología, la mujer histérica es representada por la amazona, la mujer que mutila su feminidad para tratar de emular al varón y matarlo (hacerle la vida imposible, más corrientemente). Esto se da cada vez más en las relaciones entre sexos, deteriorándolas gravemente.

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(FILES) A picture taken 30 October 1984 shows  English writer Doris Lessing at her home in London. British writer Doris Lessing on Thursday won the Nobel Literature Prize for five decades of epic novels that have covered feminism, politics as well her youth in Africa.

Nacida el 22 de octubre de 1919 en Kermanshah, en Persia (actual Irán), Doris Lessing se crió en Rodesia (actual Zimbabue), donde su padre se instaló en una gran granja aislada cuando ella tenía cinco años.
Murió el 17 de noviembre de 2013, Londres,  Reino Unido.

Doris Lessing:

….con un periodista español notablemente cretino:

— Es una de las cosas que recriminé al movimiento feminista. Ellas trataban a las mujeres que decidían tener hijos como si fueran ciudadanas de segunda clase

— Será cuestión de tiempo que las cosas cambien

— Tal vez. Aunque puede que se le haya escapado un detalle: que las mujeres no parecen tener gran prisa por meterse en política, o en la gran empresa. Me pregunto por qué (…) El banco Natwest tenía un proyecto para promocionar a las mujeres dentro del propio banco y descubrió que solo le interesaba a una parte muy pequeña de las empleadas. Les brindaron cursillos especiales y cosas por el estilo, pero, en general, las mujeres no querían competir. En cambio, lo que sí deseaban era casarse y tener familia (…) a excepción de una minoría. Y aquello me resultó sumamente interesante porque, a pesar de tanto movimiento feminista, esto es todavía lo que parece que la mayoría de las mujeres quiere. Y no veo por qué no (…) Me parece que no es justo que reciban críticas por pensar así. (…) Que yo sepa, a Simone de Beauvoir nunca le gustó ser mujer. No le gustaba serlo y siempre se estaba quejando de ello. A mí no me parece nada terrible. Tiene sus ventajas. Y de todas maneras, ¿qué puedes hacer? Lo que me asombra es que noto cierto tono de queja en lo que dice. ¿A quién dirigía sus quejas? ¿A la naturaleza?

http://gaceta.es/pio-moa/envidia-pene-08032017-1059


 

Doris Lessing:

“Las feministas no han entendido nada”

Por Annette Levy-Wyllard

A sus espléndidos 86 años, la célebre autora de El cuaderno dorado y candidata al Premio Nobel se va lanza en ristre contra las mujeres estúpidas y se apiada de los hombres que tienen que aguantarlas.

Entrevista: “Las feministas no han entendido nada”

Annette Levy-Wyllard: Su novela El cuaderno dorado (Premio Médicis en 1976) fue y sigue siendo el libro de culto
de la liberación femenina en el mundo entero. Pero ahora usted decide denunciar a las feministas…

Doris Lessing: Siempre me ha molestado que Elcuaderno dorado se haya convertido en la biblia de la liberación femenina, porque jamás quise hacer un ensayo feminista, sino escribir sobre la vida de las mujeres. La gente piensa todavía que se trataba de un manifiesto político y no es así. Me llegaron montones de cartas de lectoras que hablaban sólo de política y cartas de hombres que me explicaban que el libro había sido liberador para ellos. Acabo de recibir una carta de un brasileño que le dio la novela a su esposa para que entendiera que puede haber vida fuera de la casa y de la crianza de los hijos.

Además,  hay que recordar que en Francia, durante mucho tiempo, ningún editor quiso publicar El cuaderno porque les parecía muy radical.  Hoy puedo decir que las feministas han fracasado. Y es verdad. Hoy en día se puede decir, más o menos,  que existe igualdad entre los sexos en campos como el salario y lo profesional.  Mujeres inteligentes y formidables ocupan empleos clave. En los países occidentales ha habido verdaderos progresos para las mujeres de ciertas
clases sociales… Las jovencitas de hoy no se dan cuenta de que sólo hace dos generaciones que podemos controlar,  como mujeres, nuestra propia vida, que ya no tienen de qué preocuparse cuando quedan embarazadas. Esas muchachas creen que todo esto es normal, y ésa es la verdadera revolución de nuestro tiempo; han tenido mucha suerte. Las mujeres modernas ahora pueden hacer de todo, pero lo único que quieren es encontrar un hombre; sólo hay que ver El diario de Bridget Jones o la serie Sex and the City para darse cuenta…

Sin embargo, sobre todo en el tercer mundo, esa evolución no la puede disfrutar la mayoría de las mujeres. Si digo que las feministas han fracasado,  se debe a que no pudieron capitalizar sus propuestas en los años sesenta y setenta. Lo que en absoluto me sorprende, pues no esperaba demasiados cambios. Era una época muy emocional.  Podrían haber sido más calmadas y haber hecho más esfuerzos para trabajar junto a los hombres. Siempre he pensado que no se puede avanzar haciendo separaciones radicales, y no hay que olvidar que muchas de las grandes feministas fueron hombres…

A.L.W: En 2001, usted protagonizó un escándalo cuando defendió a los hombres al decir: “Las mujeres estúpidas, ignorantes y malas atacan a los hombres más inteligentes y más atentos y nadie dice nada. Desafortunadamente,  los hombres tienen aire de perros abatidos incapaces de contestar.” Y luego llamó a la revolución: “¡Es tiempo de que contraataquen!”

D.L: Me encontraba en la tribuna del festival de Edimburgo, en Escocia, y me preguntaron algo sobre las feministas. Contesté que no me gustaba la manera de tratar a los hombres, que debía de ser terrible ser un varón. De inmediato, el diario The Guardian tomó las declaraciones,  y se levantó una polémica nacional,  con un montón de cartas a favor y en contra mío. Quería decir que cada día estaba más irritada por la locura en contra de los hombres, de manera persistente, sin que nos diéramos cuenta.  Me preguntaba por qué debíamos pelear por la igualdad despreciando sistemáticamente a los hombres. Un día, en una escuela primaria, le escuché a una profesora joven decirles a sus alumnos  (hombres) en clase: “¡Todo es su culpa!” Un pequeño se puso a llorar. Me pareció espantoso aquello. Nunca me gustó el feminismo, ni en los años sesenta y setenta, ni ahora. Siempre detesté ese lado antihombres de esas muchachas de izquierda que odiaban a los tipos, al matrimonio y a los hijos. Eso es una tontería y una pérdida de tiempo.  Han debido hacer las cosas de otra manera. El movimiento de liberación femenina fue, de hecho, un error, con mucha energía mal encaminada. Y desde que se volvió político explotó en pequeñas facciones. Era inevitable, pero las feministas no comprendieron nada.

A.L.W: Usted atacó también al ícono mundial de la liberación femenina: Simone de Beauvoir.

D.L: Era una feminista que odiaba ser una mujer y todos los aspectos de la feminidad. Por ejemplo, tener la regla. Es claro que ella quería ser un hombre. Estúpida. Es como estar furiosa con el clima. Me gusta más Woody Allen cuando dijo: “Me da igual morir pero no quiero estar allí cuando pase.” Nunca me convenció ese modelo de pareja “ideal” Sartre-Beauvoir, enseguida pensé que era falso. Sartre se portó como todos los hombres siempre se han portado. Y Beauvoir como todas las mujeres. Mientras que en sus libros ella trataba de mostrarnos que se trataba de una relación moderna, de amores múltiples, sin celos. Pero mientras que Sartre tenía sus historias de amor por su lado, ella se quedaba casi siempre en casa. En mi recopilación de ensayos Time Bites, que apareció en 2005, recuerdo cómo nosotros, en Londres, esperábamos impacientes la publicación de la novela de Beauvoir “Los mandarines”, porque sabíamos que el libro hablaba de la vida sexual junto a Sartre y de la vida de su grupo de lumbreras de Saint Germain-des-Prés. Francia siempre ha fascinado a los ingleses. Los hombres estaban, naturalmente, seducidos por esa pareja que funcionaba como matrimonio, sin la pesadez legal y las obligaciones, con compañeros libres de tener todas las aventuras sexuales. Las mujeres siempre eran más escépticas. Y, finalmente,  tenían razón. Además, en la novela, el personaje de Anne Simone es presentado como una mujer seca y sola en un matrimonio de amigos, resignada.  Francamente, Beauvoir hubiera hecho mejor marchándose con Nelson Algren, su amante americano.  Al final de su vida, Sartre estaba un poco loco, como Bertrand Russell:  los hombres mayores no tienen defensas contra las mujeres jóvenes. Y las mujeres mayores se dejan influenciar por los jovencitos, como Jean Rhys nos lo contó en “Ancho mar de los Sargazos”, un libro magnífico. Ella se volvió famosa tarde, al final de su vida, y no pudo resistirse al poder de un jovencito.

A.L.W: En su última novela, Las abuelas, se cuentan justamente los amores entre mujeres mayores y jóvenes: dos amigas se acuestan cada una con el hijo de la otra. A sus 86 años, ¿usted sería una de esas viejas indignas?

D.L: Eso no me ha pasado… ¡Lástima!  (explota de risa). Las abuelas no es un título afortunado, porque las dos madres tienen más o menos cuarenta años, no son mujeres viejas. Un jovencito, el compañero de uno de los dos hijos que se acuesta con la amiga de su madre, fue el que me contó la historia. Y lo hizo emocionado: “Me encantaría vivir algo como eso”, me dijo. Quedé fascinada y me pregunté qué podría hacer una escritora con esa historia de amor con la cual, además,  podía identificarme. Las críticas en Francia se fueron por el lado “desagradable”, pero yo no entiendo esa actitud voyerista. No obstante, ese tema no es nuevo en Francia; acuérdese de que Colette ya contó la historia.

ALW:Después de la Segunda Guerra Mundial, usted se fue de su Rodesia natal para instalarse en Inglaterra y abandonó a sus hijos, que fueron criados por su padre. Impactante, ¿no?

D.L: Mi hijo John me dijo un día: “No comprendo muy bien por qué dejaste a papá, pero eso no quiere decir que no te ame.” Me lo dijo sin agresividad,  porque hablamos cuando él ya era un adulto y vivían todos en Sudáfrica,  cuando allí ya no había problemas.  Lo volvería a hacer si fuera el caso. Estoy feliz de haber tenido el coraje de partir.  Yo odiaba Rodesia (Zimbawe);  era un lugar provinciano en donde nadie quería hablar de política. Me hubiera ido antes, si la guerra no hubiese estallado. No había barcos, así que debí esperar, esperar, esperar…  hasta 1949.  Londres era una ciudad genial llena de artistas e intelectuales. Allí encontré a toda esa gente interesante que venía, como yo, de todas las antiguas colonias inglesas, de todo el imperio británico. Después de la Segunda Guerra Mundial, había una especie de locura en nuestro grupo de amigos;  era como vivir el final del Imperio Romano. Yo hice parte porque en esa época creía que íbamos a construir un mundo mejor. No puedo creer cuán estúpida era.

A.L.W: Además, en sus últimos ensayos le declara la guerra a lo “políticamente correcto”.

D.L: ¡Odio lo políticamente correcto!  Es la visión de un mundo dividido en Bien y Mal. Se encuentra por todos lados en la lengua inglesa. En particular cuando usted habla de las razas:  no puede decir ni Blanco ni Negro. Y luego lo vigilan en caso de que se le suelte algo así. El fenómeno es terrible,  sobre todo en las universidades norteamericanas,  porque los norteamericanos llevan siempre todo al extremo.  Es un país histérico y me pregunto por qué. Así descubrí que mi novela La buena terrorista sucedía en los campus norteamericanos, para subrayar todo lo que en ese libro no es políticamente correcto. Por ejemplo, el personaje del músico es un chico negro: es “políticamente incorrecto”. El comunismo está muerto, sin embargo, la herencia de ese lenguaje vacío, que siempre debe inventarse un enemigo, se ha perpetuado entre los intelectuales.

En todo caso, lo políticamente correcto toca a la crítica literaria que sigue infiltrada por esos vestigios de la moda del pensamiento comunista. Cada escritor ha pasado por la experiencia de escuchar preguntas de los periodistas como “¿Piensa usted que los escritores deberían…?” y eso termina con una declaración política con la palabra “compromiso”.  O bien se lee el libro de uno diciendo que se trata evidentemente de “un tema”. Como sucedió con mi libro El quinto hijo, que etiquetaron como un tratado sobre el problema palestino, o la investigación genética o el feminismo,  o el antisemitismo. Finalmente,  un periodista francés vino a mi casa y me dijo, antes de que pudiera decirle cualquier cosa: “¡Es evidente que El quinto hijo es un libro sobre el sida!” Si hubiera querido hablar de los palestinos o del sida, hubiese escrito un ensayo,  no una novela.

A.LW: Usted fue comunista. ¿Lo lamenta hoy en día?

D.L: Yo fui comunista hace medio siglo. Cuando llegué a Inglaterra todo el mundo era comunista, o lo había sido. Estábamos en plena guerra fría, el enfrentamiento era muy duro.  Continuó hasta el final de los años cincuenta, hasta que dejaron de interesar Trotski o Stalin, pues encontrábamos todos sus discursos  aburridos, y comenzamos a burlarnos de la jerga política. Nos divertíamos, teníamos humor. Sobre todo, ya discutíamos sobre la cuestión de los hombres y las mujeres, y eso fue mucho antes de la liberación femenina. No esperamos para hacer nuestra revolución sexual.  Me pregunto por qué todo el mundo piensa que el sexo se lo inventaron en los años sesenta… Gracias a Dios ¡hubo algo de eso en los cincuenta!  Cuando digo esto, siempre me miran con estupefacción o incredulidad.  Como cuando digo que lo único importante en las relaciones entre hombres y mujeres es que sean divertidas.  Por eso ahora escribo una comedia.
©Libération
Airada respuesta de Florence Thomas

A propósito de Doris Lessing sobre el supuesto “fracaso de las feministas” habría que tener claro de qué estamos hablando.  Porque esta modita, que viene de los países desarrollados, de denigrar del feminismo
ya está perdiendo credibilidad, incluso en Europa. Elizabeth Badinter, ya algo senil,  había denigrado del feminismo en Francia en una operación más mediática-editorial que otra cosa. Pero para responder algunas de las denuncias de Lessing, diría que hoy el feminismo es una teoría y una práctica plural,  es decir que no hay un solo feminismo sino varios feminismos, como tampoco hay una sola práctica del feminismo sino una enorme variedad de formas de compromisos desde unos acuerdos mínimos de todas las feministas del mundo. En otras palabras,  es muy distinto haber participado de las primeras luchas feministas en los años 50 a ser feminista hoy. Y es muy distinto hablar desde Europa que desde América Latina y,  específicamente, desde Colombia. En ese sentido hablo de un feminismo situado y de feministas que siguen trabajando en contextos muy distintos las unas de las otras.
Pero, incluso cuando Lessing habla de las mujeres en Europa, exagera, tergiversa y manipula. Creer que la mayoría de las mujeres europeas se comporta igual que las muñequitas de “Sex and the City” es un exabrupto que se cae por su propio peso.  Miles de mujeres del viejo continente se han beneficiado de las luchas feministas y siguen haciéndolo. Sin embargo, esta revolución pacífica está inconclusa. Las legislaciones, las prácticas cotidianas, los derechos sexuales y reproductivos están ahí. ¡Pero la condición femenina aún no es, ni mucho menos, un jardín de rosas!  Los ámbitos político y económico siguen siendo campos de hegemonía masculina.  Subsisten, en especial en los países mediterráneos,  estadísticas espeluznantes de violencia contra las mujeres; y el desempleo sigue siendo mayoritariamente femenino,  entre otros estragos de la discriminación. Su condescendencia con los hombres victimizados daría para un debate más amplio.  En cuanto a las críticas que hace contra Simone de Beauvoir, verdadero ícono de mi generación, son simplemente injustas. Esta humanista, con su libro El segundo sexo, publicado en 1949, fue la primera mujer,  por lo menos del siglo xx, en poner en palabras el malestar de millones de mujeres.  Por supuesto, lo hizo desde donde podía hacerlo en ese momento, es decir, desde un feminismo de la igualdad radical que hoy puede ser discutible pero que en su momento develó los mecanismos que generaban la discriminación de las mujeres del mundo patriarcal. Lo demás es literatura.

 

FUENTE:

http://www.semana.com/on-line/articulo/entrevista-las-feministas-no-hanentendido-nada/77017-3

 

El Conejo de Alicia 11 – Pikara Magazine – Cambios hormonales

24 de febrero de 2016

MACHIRULO arriba

El Conejo de Alicia 11 – Pikara Magazine – Cambios hormonales

 

https://www.youtube.com/watch?v=w2HzxzH9jS4

http://www.pikaramagazine.com www.atravesespejoalicia.blogspot.com

Claves para entender la llamada violencia de género

22 de febrero de 2016

https://youtu.be/tqveGtb22jU?list=PL2FeVa5ZEf0u3usTSHbOvTPTKRcw9rPB1

https://www.youtube.com/watch?list=PL2FeVa5ZEf0u3usTSHbOvTPTKRcw9rPB1&v=tqveGtb22jU

 

Dolors Miquel: Polémica por una poesía en forma de Padrenuestro

16 de febrero de 2016

Dolors Miquel: Polémica por una poesía en forma de Padrenuestro

 

https://youtu.be/1Tujxt6Byyg

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=1Tujxt6Byyg

 

Josep Angel Saiz, obispo de Terrasa, ha reaccionado ante la lectura en el Ayuntamiento de Barcelona de una modificación de una oración cristiana para convertirla en un texto de contenido sexual. 

La paciencia de los católicos se agota ante los ataques públicos a sus sentimientos religiosos. Es lo que ha expresado el obispo de Terrasa, Josep Angel Saiz, a través de su cuenta de Twitter después de conocer la lectura por parte de la poeta Dolors Miquel de un “padrenuestro sexual”.

“En el ayuntamiento de BCN leen un texto blasfemo. Recuerdo a Cicerón: Quousque tandem abutere, Catilina, patientia nostra? ¿Hasta cuándo?”, ha sido la respuesta del prelado a esta ofensa a los sentimientos religiosos en un edificio público y ante la presencia de la alcaldesa de la ciudad.

Un mensaje similar fue lanzado por el portavoz del Partido Popular, Alberto Fernández Díaz, quien no sólo abandonó la sala en la que se hacía entrega de los premios ante la lectura blasfema, sino que denunció que “con los católicos se atreven a todo”.

Menos contundente se ha mostrado la Conferencia Episcopal Española, que a través de la cuenta de Twitter de la Oficina de Prensa se ha limitado a señalar cómo rezan los católicos la oración del Padrenuestro, sin hacer referencia al acto que ha provocado la polémica.

Este lunes, en el marco de la entrega de los premios Ciutat de Barcelona a los que acudió la alcaldesa de la ciudad, Ada Colau, la poeta Dolors Miquel procedió a la lectura de un texto blasfemo que transformaba la oración del ‘padrenuestro’ católico con frases de contenido sexual.

 

 

http://www.libertaddigital.com/espana/2016-02-15/colau-preside-una-entrega-de-premios-con-una-parodia-sacrilega-del-padrenuestro-1276567872/

http://www.elmundo.es/cataluna/2016/02/15/56c23e83268e3eb8398b45a0.html

¡Qué graciosos son estos chiquitos! Y mi felicitación al concejal del PP por levantarse e irse.

el “feminismo”, el enemigo de las mujeres

15 de septiembre de 2009

Algunas consideraciones tomadas de una entrevista a S. Exc. Monseñor Richard Williamson, de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, que se publicó en The Ángelus (octubre del 2006) y luego en The Catholic, enero-marzo del 2007, pp. 12-15.

 

 

La “emancipación” femenina, motor de la decadencia actual
Una primera consideración concierne al papel decisivo que, en el ocaso actual, ha jugado y sigue jugando la denominada emancipación de la mujer. Monseñor Williamson llega a ella por un camino original, pues parte de la religiosidad presente en la música de Wagner, que podía así “ofrecer una dimensión religiosa sin la fe, o sea, un sucedáneo de redención”, cuyo instrumento era, en el fondo, “la mujer, sobre todo en El Holandés Errante y en el ciclo de El Anillo del Nibelungo”. En efecto, las protagonistas de ciertos dramas wagnerianos llevaban a cabo una acción “redentora” respecto del hombre. Pero esta acción redentora cesó con la emancipación (aunque no sobre la escena) y se trocó en su contrario. Mas ¿por qué la mujer podía aun ser vista como “redentora” en el siglo XIX? “Porque –explica S.E.- según San Pablo (I Cor. 2), así como Cristo es cabeza del hombre, así y por igual manera el hombre es cabeza de la mujer. Ahora bien, se puede afirmar que, desde la época de la Revolución Francesa, el hombre moderno renegó, en general, del señorío de Cristo. Sin embargo, a fin de mantener las cosas, la mujer permaneció bajo la autoridad del hombre durante cierto tiempo. Así “salvó” la mujer la situación por un siglo más o menos, durante el tiempo en el que Wagner escribía sus obras. Pero en el siglo XX dijo que ya estaba harta, y comenzó su “emancipación”. ¡Desde entonces, los fundamentos de la sociedad y de la moral comenzaron a arruinarse sin cesar!”.

Durante la Revolución Francesa, anoto por mi parte, el feminismo ya intentó alzar la cabeza, pero Robespierre hizo guillotinar en seguida a su principal representante; el movimiento fue abortado así, y tampoco halló espacio para desarrollarse con la “restauración” napoleónica, aunque el Código de Napoleón el Grande introdujo el divorcio, por desdicha, que constituyó, en una sociedad católica, el primer paso hacia la mencionada “emancipación”. Me parece de gran interés que S. E. considere a las heroínas wagnerianas como a las últimas representantes, ya harto laicizadas a despecho del ropaje mítico nibelúngico, de un ideal femenino que encontró tal vez su más alta encarnación en el personaje de la Beatriz dantesca. Pero ya se echa de ver la mengua del ideal en las desenvueltas y masculinizadas heroínas de Ariosto. No por nada el poeta reivindica la igualdad de los sexos en su obra Orlando furioso, junto con la consiguiente libertad en punto a comportamiento sentimental, a la cual, según él, tan acreedoras son las mujeres cuanto los hombres.

El vicioso igualitarismo de las feministasSiempre me he preguntado por qué, cada vez que las mujeres reivindican la igualdad, nunca dejan de exigir al mismo tiempo una libertad sexual absoluta, como si el tipo masculino al cual, según parece, deben equipararse las féminas no pueda ser más que el del libertino, o sea, el del hombre de costumbres disolutas. El hecho es que, en el pasado, se consideraba ya a la mujer, en cuanto prometida, esposa y madre de familia (en suma, en cuanto honrada y virtuosa), se consideraba ya a la mujer, decíamos, igual al hombre en el plano moral y espiritual, si es que no se la reputaba por francamente superior a éste a causa de la capacidad de entrega, aguante, sacrificio y fuerza de ánimo de que hacía gala a menudo. La reivindicación feminista de la igualdad esconde, en realidad, el deseo de poder desahogar libremente los peores instintos de lo que antaño se estigmatizaba como hedonismo burgués. Dicho deseo sólo puede satisfacerse, piensan las feministas, a condición de gozar de independencia económica, una independencia que sólo la igualdad puede garantizar al ser impuesta por la ley en la familia y el trabajo. Pero las legislaciones occidentales no se han contentado con imponer la igualdad de marras, sino que han dado cabida también a las pretensiones más inmorales de las feministas, desde la legalización del uso de la “píldora” al horrendo “matrimonio homosexual” de que tanto se habla hoy, pasando por la facultad de la mujer para abortar ad libitum a gusto, a voluntad.

 

La culpa de la disminución actual de los nacimientos recae principalmente sobre las mujeres

Nadie había tenido hasta ahora el coraje de poner de relieve, ni siquiera en el campo católico, el papel decisivo que desempeña la corrupción de costumbres de las mujeres. Me alegro, pues, de la intervención de Monseñor Williamson. La letalidad pasada y presente de dicho papel la demuestra un hecho incontrovertible. Los demógrafos nos dicen que, si continúa la tasa actual de disminución de la natalidad, Europa casi habrá desaparecido hacia mediados del presente siglo (y puede que incluso antes). Los alemanes, p. ej., se verían reducidos a ser unos veinte millones (de 80 millones que son ahora). Reducidos a vegetar, agrego por mi parte, en condición servil o semiservil entre millones de inmigrantes (casi todos musulmanes), que se habrían vuelto mayoría en el interín. También para Italia la perspectiva es la de la extinción. Ahora bien, un decrecimiento tan grande de la natalidad no puede imputarse sólo a las mujeres: también los varones ceden en su gran mayoría al hedonismo dominante; mas, así y todo, la culpa principal de esta monstruosa disminución de la natalidad debe atribuirse a las mujeres, dado que ellas, secuaces ciegas del feminismo, hace tiempo que dejaron de considerar el matrimonio, la familia y los hijos como valores fundamentales de su existencia. Incluso los desprecian abiertamente. Al dar a su vida individual un significado absolutamente hedonista, no hacen ya obrar rectamente a los hombres, quienes, como no pueden habérselas ya con la feminidad verdadera, la virtuosa, que los constreñiría a dar lo mejor de sí mismos, se hunden a su vez en el hedonismo más abyecto. Hoy la inmensa mayoría de las mujeres no piensa en otra cosa que en afirmarse a sí propias, en gozar de la vida, inmersas como están en el carpe diem (goza del día presente). Lo que quieren ante todo es trabajar y ganar mucho dinero para ser autónomas, independientes y divertirse de la manera que estimen más oportuna.

Pero, aparte toda consideración ética y moral, el hecho es que si las mujeres se incorporan de una manera cada vez más absurda y masiva al mercado laboral y a cualquier posible actividad, sea ésta la que fuere, no tienen tiempo, evidentemente, ni para engendrar hijos ni para educarlos. ¡Es consiguiente, entonces, la disminución de los nacimientos y la desaparición de las naciones! Parece que las propias mujeres no se dan cuenta de que su estilo de vida nos está llevando a la extinción. Pero ¿cuántas de ellas quieren de hecho tener hijos? Para engendrar hijos es menester asimismo amar a los hombres con los que engendrarlos, y no, por el contrario, verlos como el enemigo que hay que combatir. En efecto, el objetivo esencial de las mujeres de hoy parece ser el de querer hacer todo lo que hacen los hombres para probar que ellas lo saben hacer mejor, con la mira puesta en formar finalmente una especie de gobierno mundial de las mujeres, cuya tarea fundamental debería ser, naturalmente, la de resolver ante todo los (presuntos) problemas de las féminas. La solución de estos “problemas” (o sea, todo el poder para las mujeres, mayoría “iluminada” de la humanidad) traería la paz universal. Se trata de pura chifladura, como puede ver todo el mundo. Plumas de Molière o de Swift, ¿dónde estáis?

Pero hay poco de qué reírse. El sainete es trágico. Se vive en un ambiente de guerra permanente entre los sexos, querido por las mujeres y alimentado a diario por los medios de comunicación de masas, que están ampliamente colonizados por los grupos de presión feministas y homosexuales (ambos se han revelado capaces de condicionar a clases dirigentes enteras). El feminismo le ha abierto de hecho el camino a la homosexualidad en tanto que perversión que quiere imponerse en la sociedad para volverse un fenómeno de masas, exactamente igual que aquel, y borrarnos de la faz de la tierra. Una subcultura mortífera está empujando poco a poco a los pueblos al suicidio colectivo, con la complicidad inaudita de sus gobiernos, que no han comprendido aun que deben cambiar de derrotero por completo y cuanto antes si no quieren que la ira divina siga acumulándose sobre sus cabezas y las de sus desdichados súbditos.

El catolicismo, perseguido y reducido a la clandestinidad

Monseñor Williamson formuló también, en la entrevista citada,, una previsión o prognosis (no pretendía ser una profecía) sobre el futuro de persecución y clandestinidad que podría abatirse sobre los católicos a causa, también, de la decadencia imperante, que se manifiesta, como es obvio, cada vez más hostil a Cristo y la Iglesia. Afirmó lo siguiente al responder a una pregunta que versaba sobre la diferencia entre el modo en que el mundo miraba la tradición católica en 1970 y la manera en que la considera hoy: “En lo que atañe al orden y la salud mental en el mundo circundante, se ha verificado un enorme deterioro desde 1970 hasta hoy. El mundo actual ejerce una presión más que rígida, inexorable, sobre los católicos”. Esta “presión” parece destinada a incrementarse en el futuro y a volverse cada vez más dura. Monseñor Williamson no excluye que los católicos, empezando por los seguidores de la tradición de la Iglesia, puedan hallarse el día de mañana sobreviviendo en la clandestinidad. Una situación semejante podría ser provocada, v.gr., “por un victorioso ataque ruso o chino” contra Occidente.

¿Política-ficción? Monseñor Williamson se explica así ante la sorpresa del entrevistador: “No pretendo ser un experto, me remito al Antiguo Testamento. Aplicándolo a nuestro tiempo, vemos que el Occidente apóstata está engolfado en una marea de pecados semejante a las que el Señor “solía” castigar en el Antiguo Testamento con un azote humano, como fue, por vía de ejemplo, la invasión asiria del antiguo Israel. ¿Cuál sería o podría ser hoy el azote?”. Un análisis específico, que sería demasiado largo reproducir aquí, patentiza que “el azote” podría ser China, o la Rusia cada vez más nacionalista, recompuesta por el férreo Putin, o ambas a la vez.

La decadencia militar de occidente

Pero ¿no parece enorme, imbatible, la fuerza militar de occidente (es decir, de América)? Monseñor Williamson invita a no fiarse de las apariencias, sobre todo si los medios de comunicación de masas las difunden con sospechosa unanimidad. No es que dichos medios mientan necesariamente. El caso es que poco sabemos de la renovación militar rusa y china, que está en curso desde hace tiempo. Creo que es una profecía fácil afirmar que el ataque bien planificado de un ejército ruso renovado arrollaría en poco tiempo a las fuerzas de la OTAN en Europa sin necesidad de recurrir a las armas atómicas y/o a improbables quintas columnas de simpatizantes veterocomunistas. También las fuerzas armadas occidentales son expresión de nuestra sociedad, que está echada a perder irreversiblemente, en lo moral, desde hace decenios, y en donde nadie tiene realmente ganas de batirse. Hace poco, un historiador militar israelí, Mertin van Creveld, uno de los más reputados del sector, se paró a estudiar el factor mujer de nuestra decadencia militar. La introducción masiva de las mujeres en los ejércitos occidentales (excepción hecha del turco), en los escuadrones de combate inclusive, una introducción, recuerdo, no impuesta por los Estados Mayores (todo lo contrario), sino por sentencias increíbles de los diferentes tribunales supremos y constitucionales, ha tenido efectos deletéreos en la organización, la disciplina, la moral de combate, el adiestramiento (y, añado yo, la ética). Las mujeres no se integran en los ejércitos, su presencia no cesa de crear problemas (desde las preñeces ilegítimas a las molestias sexuales, pasando por la injusta queja de estar “discriminadas”). Como mínimo, hay que separarlas de los hombres en los cuarteles, lo que entraña un incremento inútil de los gastos al paso que una bajada de los niveles de preparación. La guerra no está hecha para ellas: la historia lo ha demostrado ampliamente.

Consideraciones exactísimas, que se agravan, añado yo por mi parte, si se piensa en que en dichos ejércitos hace tiempo que se da el problema de los homosexuales, aunque en algunos de ellos, como el norteamericano, no pueden declararse como tales (todavía), so pena de expulsión. Pero ¿hasta cuándo? En el ejército británico hay ya soldadas lesbianas que viven sin tapujos en “unión civil”, “como casadas”, y son objeto de admiración para toda la prensa que lo cuenta. Lindo, ¿no? (pero ¿hemos de conformarnos nosotros, en Occidente, con desaparecer en esta ciénaga, sin reaccionar?). Los problemas principales de los ejércitos occidentales parecen concernir hoy no tanto al adiestramiento y al armamento (ambos en declive a causa de los recortes continuos del gasto) cuanto a la disciplina, o sea, sobre todo al modo de respetar “los derechos” de las mujeres y los homosexuales en filas.

Todos o casi todos los ejércitos son ya profesionales, pero el reclutamiento de los varones es deficitario debido a la disminución de los nacimientos. Por eso se abren aún más las puertas al enrolamiento femenino, que ya oscila, como media, en torno al 15% de las fuerzas armadas. Un porcentaje bastante alto. En consecuencia, se ha bajado en ciertos ejércitos a 1,57 m. el límite mínimo de altura requerido: ¡un aflujo de soldadas enanas es precisamente lo que hace falta para revitalizar la institución militar! Mas también aquí hay poco motivo de risa. Faltan hombres para nuestros ejércitos, pero en su lugar se presentan las mujeres que deberían parirlos, y dentro de poco ni siquiera serán ya las mujeres las que se presenten, no habrá nadie: el desierto, con los bárbaros perfilándose en el horizonte, como justo castigo de nuestros pecados. Los rusos o los chinos, o algún otro en su lugar, no necesitarán apresurarse: sólo tendrán que esperar a que el feminismo y la homosexualidad, así como el generalizado espíritu imberbe y decadente, hayan enervado por completo los ejércitos y las sociedades de Occidente. Después de lo cual el invadirnos será tan sólo un paseo.

Predomina por todas partes un mortífero espíritu particularistaLas predicciones de Monseñor Williamson, que se basan en la teología veterotestamentaria de la historia, pueden parecer sinceras hasta la brutalidad. A mí me parecen más que dignas de reflexión. En efecto, lo que preocupa en el Occidente actual es el desmoronamiento interno, cuya causa profunda estriba ni más ni menos que en la irreligiosidad, que se difunde cada vez más, que se apoya cada día más en un ateísmo militante. Y agrego que además del enemigo externo está también el interno: todas las fuerzas (políticas y no políticas) de la disolución organizada, que detentan todo tipo de poder y echan mano de las más variopintas minorías y diversidades, por decirlo así, para conservarlo. Pero se puede hacer siempre frente al enemigo, por numeroso e insidioso que sea, si hay unidad de intenciones, si se tiene fe en una religión, una patria común, una nación, un pueblo, un Estado. En Occidente, en cambio, particularmente en Europa, predomina un espíritu de disolución que se extiende a todo y que se inició hace unos cuarenta años con la crisis moral de la jerarquía católica, fruto del Vaticano II. Así están las cosas: disolución de la fe y de la cosa pública, de las naciones y de los Estados en nombre de un individualismo desenfrenado que todo lo invade. Y este individualismo constituye asimismo la verdadera raíz de las autonomías indebidas, de los regionalismos miopes, de los secesionismos suicidas, auténticos estafadores desde el punto de vista de la Historia, que, en el plano institucional y en el de las costumbres, afligen de manera cada vez más grave a varias naciones europeas, la nuestra inclusive.
Les doy las gracias por su atención.
Carta firmada.”

Nota de YRANIA:  Sobre este informe ved también: URANIA, convicciónradio y lapuertaangosta . Y un tema relacionado es “La feminización de la sociedad”, aportación de Arjun en La yijad en Eurabia.

EL FEMINISMO Y LAS SOCIEDADES MATRIARCALES

16 de mayo de 2008

 

Publicamos un texto de Miguel Serrano, que tomamos de

 www.europans.org con  el fin de abrir las puertas a  ideas

 que, precisamente por estar perseguidas y marginadas por

 los omnímodos poderes hoy dominantes, merecen ser conocidas.

 Lo que sigue es sólo el comienzo:

 

 En las sociedades matriarcales adquieren preponderancia los jóvenes
imberbes y pretenciosos. La madre muestra preferencias por los más
jóvenes. Siente rivalidad por los hombres maduros y por los ancianos.
En los Estados Unidos de América, los niños y los jóvenes imponen sus
caprichos. En Chile, en los últimos años, han controlado la economía y
la vida del país, con toda clase de experimentos y teorías nefastas.
El tecnócrata, el economista, las sociedades de consumo son productos
típicos del matriarcado. En las organizaciones patriarcales gobiernan
los hombres maduros, sin prestarse a experimentos teóricos ni
a especulaciones. Los ancianos aconsejan. A ellos se escucha y
se recurre en las pequeñas y grandes crisis. El matriarcado siente
preferencia por el cientificismo, las teorías y la tecnología,
desplazando al filósofo, destruyendo la Weltanschauung,
la concepción tradicional del mundo.
(…/…)———————Para leer más pinchar aquí.  

 

 

 
 
 
 
 

 

Military lion shorn of his equipment after women troops protest

18 de diciembre de 2007

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The proud motto of northern Europe’s crack rapid-reaction force is ad omnia paratus. Prepared for everything, everywhere. But the heraldic lion above the Latin tag now sends a less plucky message – he has just been digitally emasculated and, though technically still a lion rampant, he does not seem to be ready for anything, anywhere.

The change was implemented after a group of women Swedish soldiers protested that they could not identify with such an ostentatiously male lion on their army crest. A complaint of sex discrimination was then lodged with the European Court of Justice.

“We were forced to cut the lion’s willy off with the aid of a computer,” Christian Braunstein, from the Tradition Commission of the Swedish Army, said.

Now the Nordic Battlegroup, a force of 2,400 soldiers, is looking deeply embarrassed. For sceptics who already consider the Nordic Battlegroup to be something of an oxymoron – it is led by the Swedes, who were last in battle in 1809 – the operation on the lion is not an auspicious omen.

“A castrated lion – the perfect symbol for European defence policy,” an American military blogger sneered.

There are 18 battle groups in the European Union and the Nordic one, comprising Sweden, Finland, Norway, Estonia and Ireland, goes on standby on January 1, 2008.

Most upset, though, was Vladimir Sagerlund, the designer of the crest from the National Archives. “A heraldic lion is a powerful and stately figure with its genitalia intact and I cannot approve an edited image,” he told öteborgs-Posten, a Swedish daily. “The Army lacks knowledge about heraldry. Coats of arms containing lions without genitalia were given to those who betrayed the Crown.”

The Swedish Army still has crests that feature well-hung animals, some of which were also designed by Mr Sagerlund. The eight-legged horse that represents the Logistics unit of the Swedish Army has a distinct bump. Various home army groupings also have crests that feature visibly male animals.

Even so, the heraldic norm seems to lean towards castration.

Royal coats of arms in Norway, Finland, Belgium, Luxembourg and Scotland feature rampant lions who have been snipped. Some crests are ambiguous, but the message remains clear: the lions are supposed to display courage and nothing else.

As for the three lions that feature prominently on the English crest – the pride and joy of England fans everywhere – they are as clean-cut as a eunuch in an Ottoman harem. Perhaps that goes some way towards explaining England’s recent performances on the football field.

—-

http://www.timesonline.co.uk/

tol/news/world/europe/article3054270.ece

CASTRACION , MUTILACIÓN CONTRA NATURA

17 de diciembre de 2007

Muchos juristas
consideran la mutilación el delito más grave después del asesinato.
…Ocurre que algunos leones de los escudos heráldicos están siendo emasculados, es decir desposeídos de su masculinidad.
Al león heráldico del municipio de Alpedrete… le han desaparecido sus señas de identidad de macho…ha sido castrado y ahora, le ha llegado el turno nada menos que el león del Nordic Battlegroup del Reino de Suecia, cuyo lema es AD OMNIA PARATUS (Preparados para todo)… El león sigue conservando su característica melena pero ya no es un león completo. Su pene se ha esfumado por obra y magia de maniobras “feministas”…en colaboración con la “Corte Europea de Justicia”… En definitiva, se trata de atacar el principio masculino que es la base de ls autoridad del “parter familias”. Es una mutilación genital completa y tanto o más grave que la que sufren muchas mujeres en algunos países musulmanes.
Por suerte, el León del Escudo de León es todavía macho, al igual que el de Finlandia y otros muchos… pero es de temer que con la estúpida política
llamada de “igualdad de género” la integridad sexual de algunos leones corra peligro… Esperemos que se conserve la integridad viril del león heráldico de la provincia española donde vivió un “feminista” como ZP, presidente por “accidente” –dicen– del Gobierno del Reino de España.
G. Tresmontes, 17 de diciembre de 2007

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