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LA MASCULINIDAD SE CONVIERTE EN UNA CONDICIÓN PATOLÓGICA

2 de julio de 2019

LA MASCULINIDAD SE CONVIERTE EN UNA CONDICIÓN PATOLÓGICA
Alain de BenoistAlain de Benoist
junio 26, 2019sin
Entrevista a: Alain de Benoist

El feminismo de antes luchaba por promocionar los derechos de las mujeres. El actual neofeminismo ha pasado a negar las nociones mismas de masculinidad y de femineidad. ¿Cómo explicar esta transformación?

Se ha producido en dos tiempos. En un primer momento, las feministas de tendencia universalista (las que conciben la igualdad como sinónimo de mismidad) quisieron mostrar que las mujeres son “hombres como los demás”. Se trataba, por ejemplo, de probar que no hay ningún oficio reservado por naturaleza a uno u otro sexo, que puede haber mujeres soldados, mujeres pilotos de avión, etc. ¿Por qué no? Pero evidentemente, si deja de haber “oficios de hombres”, todos los oficios se convierten en unisexuales. Al mismo tiempo, se exigía paridad en todas las áreas, presuponiendo que ambos sexos tienen no sólo las mismas capacidades, sino también los mismos apetitos y aspiraciones. Este requisito se ha ido extendiendo gradualmente hasta lo absurdo, ¡aunque todavía no abundan las basureras o los comadrones! Por supuesto, la falta de paridad sólo se presenta como chocante cuando se ejerce en beneficio de los hombres: que la magistratura esté feminizada en el 66% (más del 86% entre los jóvenes de 30 a 34 años), que el personal de la Educación Nacional lo esté en el 68% (un 82% en la enseñanza primaria) no provoca la más mínima protesta. Cuando hoy se mira un telefilm policiaco, ¡hasta resulta difícil imaginar que también hay hombres en la policía nacional!

Las cosas han empeorado con la ideología de género, que, negando que el sexo biológico sea un factor determinante en la vida sexual, hace de él una “construcción social” y lo opone a la multiplicidad de “géneros”. La idea general aquí es que al nacer, todo el mundo es más o menos transexual. Ya habrá notado usted la importancia de lo “trans” en el discurso LGBTQI+: aunque los verdaderos transexuales son sólo una pequeña minoría, el uso de la visión del mundo queer hace posible afirmar que todo está en todo y viceversa. A los niños de cuatro o cinco años se les dice que pueden elegir su “género” como mejor les parezca.

Así pues, se niegan las nociones de masculinidad y femineidad, pero al mismo tiempo, bajo la influencia de la corrección política, se resucita constantemente lo masculino para ponerlo en la picota. Por un lado, se afirma que lo biológico no determina absolutamente nada, mientras que, por otro, se afirma que el hombre es por naturaleza un violador potencial y que el patriarcado (la “cultura de la violación”) está de alguna manera inscrito en sus genes. Se impugna la idea de lo “eternamente femenino”, pero se esencializa al macho con el argumento de que siempre ha sido agresivo y “dominante”.

¿Nos orientamos entonces hacia una devaluación general de la masculinidad?

Sí, incluso cabe decir que se ha declarado la guerra contra el cromosoma Y. No sólo hay que perseguir el “sexismo” hasta en sus manifestaciones más inocuas, ya que habría continuidad de “acoso” hasta el “feminicidio”, sino que hay que hacer todo lo posible por lograr que los hombres renuncien a su hombría —a lo que ahora se llama “masculinidad tóxica”. Ayer las mujeres querían ser “hombres como los demás”; hoy son los hombres los que deben aprender a convertirse en “mujeres como las demás”.

La masculinidad se convierte en una condición patológica. Nueva consigna orwelliana: el hombre es una mujer (Dios también, sin duda: lesbiana, además). Por lo tanto, los hombres deben feminizarse, dejar de “comportarse como hombres”, como se les recomendaba antaño, dar rienda suelta a sus emociones (se recomiendan lágrimas y jeremiadas), acallar su gusto por el riesgo y la aventura, decantarse por los productos de belleza (lo cual complace mucho al capitalismo y a la sociedad de los propulsores de cochecitos de bebé) y sobre todo —sobre todo— nunca considerar a las mujeres como un objeto de deseo. E ésta una nueva versión de la guerra de sexos, donde el enemigo es llamado a redimirse deshaciéndose de su identidad.

Las marisabidillas de la escritura inclusiva y las amazonas del girl power lo que ahora exigen son hombres que se unan a la “interseccionalidad” de las luchas “descoloniales”, que comulguen en una virtuosa devoción con las “vencedoras” del fútbol femenino, que militen por la “ampliación de la visibilidad de las sexualidades alternativas” y se movilicen contra la “precariedad menstrual”, esperando sin duda en convertirse en un generalizado conjunto andrógino en un mundo transformado en gineceo regido por Big Mother, el Estado terapéutico prescriptor de conductas. ¡Basta de “cisgéneros”! ¡Paso a los “no binarios”, a los “géneros fluidos” que han logrado extraerse de los estereotipos del universo “heterocéntrico”!

Esta es la razón por la que a nuestra época no le gustan los héroes y prefiere a las víctimas. Vea cómo, durante las ceremonias del fin del centenario de la Primera Guerra Mundial, se intentó “desmilitarizar” el evento, celebrando el “retorno de la paz” para no tener que hablar de victoria. ¡Como si los poilus[1] sólo quisieran poner término a los combates, sin preocuparse de quién terminaría ganando la guerra! De lo que no cabe duda es de que las clases trabajadoras admiran espontáneamente el heroísmo de un coronel Beltrame o el de los dos comandos muertos en Malí, Cédric de Pierrepont y Alain Bertoncello. El espíritu de la época, en cambio, pide reconocerse en el travesti Bilal Hassani, “representante de Francia” en Eurovisión y titular del “premio LGBTI” del año. No se trata exactamente de la misma humanidad.

Habla usted de la devaluación del heroísmo. Pero entonces, ¿cómo explicar la moda cinematográfica de los “superhéroes”? ¿Es una forma de compensación?

Sin duda, pero no es lo esencial. Se ha de tener en cuenta que, en realidad, el superhéroe no es ningún héroe exponencial, sino que es incluso todo lo contrario del héroe. El héroe es una figura trágica. Es un hombre que ha elegido tener una vida gloriosa pero breve, en lugar de una vida cómoda pero anodina. El héroe es un hombre que sabe que un día u otro tendrá que dar su vida. No hay nada de ello en los Iron Man, Superman, Spiderman y demás tristes producciones de DC o Marvel. No son héroes porque son invencibles, no sienten el más mínimo miedo, no hay nada trágico en ellos. Son superhombres sólo desde el punto de vista de la testosterona. No son, propiamente hablando, más que “hombres incrementados”, tal como se los imaginan los defensores del “sobrehumanismo”. Estamos a mil leguas de Aquiles o de Siegfried.

Entrevista efectuada por Nicolas Gauthier. © Boulevard Voltaire

[1] Literalmente, “los peludos”: denominación con la que se designa en Francia a los soldados franceses de la Gran Guerra. (N. del T.)

©El Manifiesto
—FUENTE:

LA MASCULINIDAD SE CONVIERTE EN UNA CONDICIÓN PATOLÓGICA

Ideología de género y lavado de cerebro

21 de noviembre de 2018
CORRISPONDENZA ROMANA

Ideología de género y lavado de cerebro

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Génesis 1, 26). La ideología de género es una revolución que tiene como meta destruir esa imagen y transformar totalmente al género humano. Por eso se dice, con profundidad y acierto, que constituye una revolución diabólica, pues al no poder el demonio destruir al mismo Creador, quiere destruir su imagen en los hombres.

De acuerdo con esa ideología, nadie nace hombre o mujer. Es el cerebro el que, con el pasar del tiempo, determina el sexo que se va a elegir. Es por ello que el niño, al nacer, ¡no debe ser registrado con el sexo masculino o femenino, sino el indefinido!

Después de haber sido desenmascarados por innumerables estudios científicos, los propulsores de esa farsa ahora quieren abstraer del problema de la “identidad” sexual con las hormonas masculinas y femeninas como afirmaban antes. De acuerdo con el Prof. Joshua D. Safer, endocrinólogo del Mount Sinai Health System de Nueva York, “lo que nosotros no conocemos son todos los factores biológicos en juego que explican la identidad de género. Por lo que nosotros -quienes pertenecemos a la comunidad médico-biológica tradicional- sabemos en 2018, es programado, es biológico, no es totalmente hormonal, y nosotros no identificamos los genes, por lo que no podemos específicamente decir que es genético”.[1]

Conforme el Dr. Safer (fotografía), “ser transgénero no es una cuestión de elección. Es una percepción aplastante de que su género no es el que consta en el certificado de nacimiento”.

Innumerables estudios de renombrados científicos -el del Dr. Paul R. McHugh, Profesor de Psiquiatría en la Universidad Johns Hopkins y ex Psiquiatra en jefe del Hospital Johns Hopkins, en Baltimore, Maryland- afirman que el cambio de sexo es biológicamente imposible: “La cirugía no transforma al hombre en mujer o vice-versa. Por el contrario, ellos se transforman en hombres afeminados y mujeres masculinizadas”. El médico dijo además que las personas que promueven dicha cirugía están colaborando para producir y promover un desorden mental. [2]

Se estima que el 41% de las personas que se someten a una cirugía de cambio de sexo incurren en suicidio. Es lo que revela un importante estudio publicado por The New Atlantis, titulado “Sexualidad y Género: hallazgo de las Ciencias Biológica, Psicológica y Social”. Sus autores, los Drs. Lawrence Mayer y Paul McHugh, son dos de los principales estudiosos sobre salud mental y sexualidad de nuestros días.[3]

Los actuales defensores de la ideología de género, sin embargo, quieren probar lo contrario. Ellos niegan que el motivo de los suicidios sea la terapia aplicada en el cambio de sexo sino, más bien, de acuerdo con el periodista Denise Grady, que “la aflicción en virtud de esta discrepancia puede volverse particularmente intensa en la época de la pubertad y el riesgo de suicidios aumenta considerablemente entre los jóvenes que se encuentran en esa situación”. (“The New York Times”, reproducido por el diario “O Estado de S. Paulo”).

Después del fracaso de esas cirugías, como en el caso de los gemelos Reimer, ahora ellos reconocen que estaban “equivocados”. Afirma el periodista Grady: “Estaban equivocados. En la medida en que crecieron y se hicieron adultas, muchas tenían la clara sensación de ser hombres. De acuerdo con un estudio realidado en 16 de ellas, más de la mitad terminó identificándose como hombre.” [4]

El mismo Dr. Safer reconoce que se trataba de una “limpieza”, es decir, de un lavado de cerebro: “Considerando el hecho de que es posible hacer un lavado de cerebro en algunas personas en lo que dice respecto a cualquier cosa, fallar con tantas es catastrófico”. En efecto, como la ideología de género no tiene base científica, quiere imponerse a través de un proceso parecido con el del denominado “lavado de cerebro”. Para ello cuenta con el apoyo de ciertos gobiernos y el del activismo jurídico en los países donde no consigue aprobar leyes como la del Estatuto de la Diversidad Sexual [5] propuesto en Brasil por la Senadora Marta Suplicy, del fracasado Partido de los Trabajadores (PT).

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Notas:

[1] https://internacional.estadao.com.br/noticias/nytiw,pesquisadores-afirmam-que-identidade-de-genero-vem-do-cerebro-nao-do-corpo,70002566247

[2] https://ipco.org.br/mudanca-de-sexo-e-desordem-mental-diz-psiquiatra/

[4] https://ipco.org.br/a-ideologia-que-nasceu-morta/#.W9spk5NKjIU

[5] https://ipco.org.br/descricao-pls1342018/#.W9sxTpNKjIU

por Jurandir Dias in Agência Boa Imprensa (San Pablo, Brasil), 14 de noviembre de 2108

L’articolo Ideología de género y lavado de cerebro proviene da Correspondencia romana | agencia de información.


FUENTE:

https://adelantelafe.com/ideologia-de-genero-y-lavado-de-cerebro/


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